Arte y Letras Filosofía

Schopenhauer: más Johanna y menos Arthur 

Johanna Schopenhauer (detalle) por Caroline Bardua
Johanna Schopenhauer (detalle), por Caroline Bardua.

De vez en cuando unas líneas de Johanna Schopenhauer dirigidas a su hijo Arthur se pasean por redes para recordar que hay algo más tremendo que sentirse abocado irremediablemente a la filosofía y tener que arreglárselas en la vida con ello: ser la madre de esa criatura. Esto es lo que escribía Johanna Schopenhauer a la suya intentando sentar las bases de una convivencia pacífica: «(…) podrás quedarte luego a cenar conmigo siempre que dejes aparte ese enojoso gusto tuyo por la disputa, que tanto me crispa, lo mismo que todas esas lamentaciones sobre el necio mundo y la miseria humana que siempre me hacen pasar mal la noche y tener sueños desagradables, ya sabes que a mí me gusta dormir bien». 

El jovencito Schopenhauer le quitaba el sueño a su señora madre desde antes incluso de llegar a su residencia en Weimar y hasta que desaparecía. Y en las cartas que ella le dirigió en esa época (1806-1814) los motivos quedan más que claros. Porque una cosa es afanarse en comprender El mundo como voluntad y representación y disfrutar los aforismos y pensamientos de Parerga y Paralipómena —sí, se puede— y otra bien distinta es que aquel que los escribiera y que consideraba la vida como una tragedia, una carga, una penosa y amarga tarea, y la existencia, un circo de seres atormentados y atemorizados que subsisten comiéndose unos a otros, se presente en tu casa a mesa puesta, se meta con tus amigos y tu forma de vida, te regañe y te explique el mundo entero acompañado, además, de un colega que se ha traído y del que también hay que ocuparse.

Pues este era Schopenhauer y esta su madre: «Me gustará mucho tenerte unos días conmigo; lo único que te pido es que te traigas contigo el buen humor y que dejes en casa ese espíritu tuyo de discusión a fin de que no tenga que pasarme tardes enteras discutiendo acerca de las bellas letras o las barbas del emperador». Ánimo conciliador y preavisos no faltaron por parte de Johanna Schopenhauer, aunque sirvieran para poco. Por mucho que su vástago estuviera llamado a convertirse en el reconocido padre del pesimismo metafísico, ella era una reina vitalista y animosa que había buscado y conquistado un espacio propio, que vivía feliz en él y que no estaba dispuesta a que viniera nadie, ni siquiera su hijo, a amargar sus días felices a golpe de aforismo y actitud.

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13 comentarios

  1. Hemos perdido mucho al desaparecer el marxismo y el análisis de clases. Los problemas entre Schopenhauer y su madre fueron los propios entre los componentes de la clase alta (léase «pijillos») de Dantzig. Johanna era una pija de marca mayor, lo mismo que su hijo. Hubiera arreado de bastonazos a cualquier sirvienta que la hubiera desobedecido mínimamente o no cumpliera con sus expectativas (por ejemplo, de que amamantara a sus hijos). Exige a su hijo la conducta de su clase, pero no por motivos morales o de justicia, sino de casta. Convertir en ídolos a la gente de la corte tiene como resultado inevitable pegarse un escopetazo en el pie. Le aconsejo que lea una obra de Matthew Stewart («El cortesano y el hereje») en la que enfrenta a dos filósofos (Leibniz y Spinoza) y comprenderá la distancia abismal entre la conducta superficial de la clase alta y los valores de los pequeñoburgueses (que no deja de ser a lo que usted se aferra, equivocándose completamente de bandera).
    Echo de menos un buen repaso a los análisis sociales del marxismo en nuestros días.

    • «El cortesano y el hereje», es un buen libro, que pude leer hace años.
      No tiene nada que ver con lo que usted dice; sí, desde su sectarismo ideológico-marxista; pero, recuerde que hablamos de la época de Spinoza y Leibniz, Marx no estaba ni en camino…
      Si quiere leer buen Marxismo» a día de hoy lea a David Graeber o a Slavoj Zizek (si lee en inglés, mejor que mejor).
      También, por supuesto, puede leer las biografías de Marx y Engels, y ver como trataban a la «clase trabajadora»: Marx teniendo hijos con su sirvienta (¿violada?) a espaldas de su mujer, por ejemplo… Entre otras lindezas…
      En fin, puede terminar leyendo los Grundrisse, corregidos por Engels (benefactor y amanuense de Marx), donde hablan del «Desecho Nacional», etnias político-sociales que debían ser laminadas en pro de la revolución proletaria, cita ejemplos como los galeses o los vascos, directamente debían ser eliminados de la faz de la tierra.
      Como ve, el marxismo entra mejor con un par de lingotazos encima…
      Un saludo.

  2. Con toda simpatía la autora del artículo no hay leído a Schopenhuer, quizás un resumen en 90 minutos y lo rodea de tópicos como el filósofo del pesimismo y referencias a su mal carácter… desconoce que Schopenhauer fue un gran defensor de la compasión entre todas las virtudes la más sabia y necesaria…
    Su pensamiento es de una altura filosófica que merece la pena no frívolizar sobre el bajo las acusaciones de machistas y ponerse al tajo… o será otro filósofo “ cancelado “ por que tenia supuesto mal caracter… en fin Pilarin ?

    • «De igual modo que las antorchas y los fuegos artificiales palidecen y cesan de brillar ante la llegada del sol, el ingenio, el genio e igualmente la belleza quedan eclipsados y oscurecidos por la bondad del corazón» («El mundo como voluntad y representación», II, capítulo 19).

    • Lo que uno defiende en sus escritos y lo que hace en su vida privada pueden ser mundos distintos. Louise May Alcott pudo escribir «Mujercitas», pero no le gustaban los niños. Harvey Weinstein fue el hombre que rompió el monopolio de los grandes estudios de Hollywood y abrió la puerta a todos el sistema de cine independiente… mientras iba violando actrices. Una cosa no quita la otra, y no creo que Schopenhauer vaya a perder valor filosófico porque resultase un trasunto del Sheldon Cooper de «The big bang theory».

  3. Raul Rojas Campos

    Hermoso, maravilloso post. Sublime.
    Gracias.

  4. Madre e hijo con un cerebro muy parecido y por eso no se soportaban.
    Nada nuevo.

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