Cine y TV

‘Inventing Anna’: a la mayor gloria de Julia Garner

inventing anna Imagen Netflix
Inventing Anna. Imagen: Netflix.

La estrambótica historia de Anna Delvey era digna de ser contada. Hay quien piensa que actualmente existe una saturación de ficción basada en casos reales, pero no estoy de acuerdo, ¡en absoluto! Mientras esa ficción sea de calidad, nunca hay suficiente. El mundo es un sitio extraño repleto de gente extraña, y cualquier guionista con dos dedos de frente sabe que la realidad es una constante fuente de inspiración.

Para quien no esté muy al tanto, Anna Delvey —cuyo verdadero nombre es Anna Sorokin— pertenece al selecto grupo de los estafadores más notorios del siglo XXI. Y eso es mucho decir, porque la competencia es variada y selecta. Para resumir con pocas frases sus andanzas, diremos que durante cinco años, y siendo una veinteañera inmigrante aparentemente salida de ninguna parte, Anna hizo vida de millonaria en Manhattan, durmiendo en los hoteles más lujosos, comiendo en los restaurantes más caros, codeándose con la alta sociedad y viajando por el mundo… sin tener prácticamente un dólar a su nombre.

Quienes la conocen la describen como una depredadora manipuladora y ambiciosa más allá de toda medida, pero también extremadamente carismática e inteligente. No me cabe ninguna duda de ambas casos. Mientras consiguió mantenerse en un inexplicable apogeo social, no solamente estafó a ciudadanos individuales, sino que consiguió engañar a grandes bancos estadounidenses para que aceptasen tramitar préstamos de decenas de millones de dólares. Esos mismos bancos que se arrancarían las uñas antes de darle un dólar a cualquiera que no esté respaldado por una fortuna previa.

El truco de Anna, que pese a ser un truco no era nada fácil de llevar a cabo, consistió en ocultar su verdadera identidad —una rusa de clase trabajadora— y hacerse pasar por la heredera de un imperio empresarial alemán. Mediante un espectacular dominio de las expectativas ajenas, consiguió que todo el mundo en Nueva York, desde periodistas a banqueros, se tragase sus patrañas. Hizo un uso astuto y extensivo de las redes sociales, Instagram en particular, para vender esa imagen (la Kim Kardashian de la escena neoyorquina, salvo porque en los bolsillos de Anna solía haber más telarañas que billetes).

Pese a ejercer como una auténtica pionera del pijerío en Instagram, lo suyo no era solamente imagen. Con su acento indefinible —una mezcla del residual acento ruso que no conseguía ocultar del todo, de alemán fingido, y de una imitación de las pijas estadounidenses—, Delvey era capaz de mantener conversaciones convincentes sobre asuntos de lo más variado. Podía hablar como una especialista en moda, pero también demostraba saber mucho de arte, literatura, gastronomía, vinos, etc. A ojos de las clases altas neoyorquinas, que aún hoy miran con fascinación todo lo que suene a abolengo europeo, la repentina aparición de esta exótica connoisseur alemana fue como el paso de un cometa, así que compraron ciegamente sus mentiras. Envalentonada, Delvey empezó a apuntar cada vez más alto, hasta que las mentiras resultaron insuficientes para mantener sus alocadas ambiciones. Semejante castillo de naipes no estaba destinado a durar para siempre y terminó derrumbándose con estrépito. Anna Delvey ha pasado una temporada en la cárcel y, mientras escribo estas líneas, sigue esperando a que los servicios estadounidenses de inmigración decidan qué hacer con ella.

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3 comentarios

  1. De acuerdo sobre Garner en Ozark.
    Un detalle sobre ésta, el último capítulo que he visto, el último de la primera parte de la cuarta temporada, bastante malo, atropellado, confuso, metiendo demasiado en demasiado poco tiempo. Una lástima porque los anteriores capítulos no están mal.

  2. The Lady of Shalott

    Solo por puntualizar: Anna no es una psicópata, sino una sociópata. Muy recomendable también la serie de HBO «Jóvenes estafadores». Conocí a este personaje en esa serie junto a otros sociópatas que llevaron a cabo hazañas similares.

  3. No se si la sociópata es ella o los que se dejaron engañar,curiosamente los engañados eran mujeres jovenes con ganas de destacar o hombres maduros asentados. Se deja ver de maravilla,placer culpable.
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