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El fugaz resplandor de Mijaíl Tal (y 2)

Mijaíl Tal en 1973. DP
Mijaíl Tal en 1973. (DP)

Viene de «El fugaz resplandor de Mijaíl Tal (1)».

El genio de cristal

Era un hombre inusual. A veces creo que Misha voló desde otro planeta solamente para jugar al ajedrez, y que después voló de regreso a casa. (Sally Landau)

La coronación de Mijaíl Tal fue un canto a la poesía, a la creatividad y la fantasía. Intuición frente a lógica, imaginación frente a cálculo. Se cuenta que una vez Tal le dijo al joven Kaspárov: «Primero haz el sacrificio, ¡y después lo calculas!». La belleza y originalidad de sus partidas lo convirtieron rápidamente en un favorito de los aficionados, en una época donde lo que más se había estado valorando entre los Grandes Maestros era todo lo contrario: el orden estratégico y la disciplina teórica. Tal, por contra, ofrecía partidas excitantes, que eran como películas donde uno nunca sabía por dónde iba a saltar la sorpresa.

Además, su simpatía y su sentido del humor le ganaron rápidamente el cariño del público y la prensa. Incluso sus rivales, aquellos a quienes su ajedrez genialmente caótico sacaba de sus casillas, le profesaban un gran afecto. Tenía elogios para todos. La primera vez que perdió una partida contra Bobby Fischer, a quien había humillado no mucho tiempo atrás con aquel 4-0, le preguntaron qué había sentido al ser finalmente derrotado por el norteamericano. Tal se limitó a sonreír, diciendo: «Es difícil jugar contra la teoría de Einstein». Así era él. Siempre tenía una sonrisa en la boca, siempre una frase ocurrente; quizá por eso mucha gente no consiguió entender su autodestructiva deriva posterior.

Su reinado solamente duró meses. Los problemas de salud, especialmente renales, empezaron a martirizarlo apenas hubo conseguido la corona mundial. La brevedad de su dominio tuvo varias causas. Por un lado, Botvínnik se preparó concienzudamente para la revancha programada el año siguiente de perder la corona frente al joven Tal. Este siempre dijo que Botvínnik le ganó la revancha en buena lid, porque se había preparado más que él… pero a nadie se le escapa que por entonces Tal ya estaba empezando a sufrir los síntomas de la dolencia renal que lo martirizaría de por vida, y que le impedirían rendir a su verdadero nivel en el ajedrez. Aquel iba a ser el sino de su carrera. Estaba destinado a ser una estrella fugaz. 

De hecho, tras perder la corona su salud empeoró tanto que nunca más pudo volver a ser un serio candidato al título. Salvo en breves periodos de mejoría, las partidas de ajedrez —que suelen prolongarse por cuatro o cinco horas de máxima concentración— se convirtieron en algo inasequible para él. Sus rivales, consternados, veían cómo el todavía joven Tal se venía abajo después de solamente un par de horas de juego: su cuerpo sencillamente no lo aguantaba. Lógicamente su talento no desapareció, como muestra el hecho de que siguiese siendo un ajedrecista temible en torneos de partidas rápidas, donde la resistencia física ya no contaba tanto y el maltrecho Tal seguía venciendo sin problemas a todos los demás (excepto a Fischer) a base de aquella imaginación imparable.

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3 comentarios

  1. Magnifica explicación del proceso creativa la cita final.
    Y magnífica la descripción del ajedrez como el enfrentamiento entre dos vidas con todas sus complejidades.

  2. Un neopitagórico diría que la búsqueda de la excelencia estética y la búsqueda de la excelencia matemática son caminos convergentes. Excelente y muy oportuna reivindicación del gran Tal.

  3. No entiendo de ajedrez pero me gustan mucho sus historias

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