Música

Arctic Monkeys: la última gran banda de la Antigüedad

Arctic Monkeys
Alex Turner y Jamie Cook, de Arctic Monkeys, 2018. Fotografía: Timothy Norris / Getty.

En un artículo publicado en el diario El País sobre el aplaudido ensayo de Lizzy Goodman Nos vemos en el baño (Neo-Person, 2018), Diego Manrique sostenía que las últimas grandes escenas musicales de la historia habían sido tres: la escena grunge de Seattle, a mediados de la década de 1990, con bandas como Nirvana, Pearl Jam, Soundgarden o Alice in Chains; la escena britpop de Inglaterra, a finales de siglo, con Oasis, Blur, The Verve, Ocean Colour Scene y Pulp, entre otros; y la escena neoyorquina de los primeros 2000, que se extendió por todo el país para terminar diluida en un extraño e irregular panorama musical mundial.

Fue ese movimiento, conocido como post-punk/garage rock revival, el que logró aupar a la música indie hasta las ligas comerciales. En el caso de Nueva York, aquella escena estaba integrada por grupos como Interpol, The National o Yeah Yeah Yeahs, y en el momento en que se abrió a todo Estados Unidos tuvieron cabida en ella otros grandes nombres como The White Stripes, Kings of Leon o The Killers. Poco después se irían adhiriendo bandas de todas partes, especialmente del Reino Unido, como Franz Ferdinand, The Libertines o The Kooks, pero también de lugares tan dispares como Australia (Jet, The Vines) o Suecia (The Hives). No obstante, si un grupo merece una mención especial por haber inaugurado aquella escena neoyorquina original, si hubo un rompehielos que sirvió de referencia a muchas de las demás bandas de la escena, fueron The Strokes

«Yo solo quería ser uno de los Strokes» es el primer verso de «Star Treatment», la canción que abre el sexto álbum de estudio de los Arctic Monkeys, Tranquility Base Hotel & Casino. En el disco más maduro y reflexivo de todos los que ha escrito Alex Turner, la primera frase que le escuchamos cantar es que él solo quería tocar en los Strokes. Como tantos otros músicos de su generación, a comienzos de siglo él también era un adolescente deslumbrado por aquella nueva y desbordante banda con la que echaba raíces una escena musical a la que, cinco años más tarde, se acabarían incorporando los Arctic Monkeys con su primer trabajo, Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not, el álbum debut más vendido de la historia de la música británica. Un disco y un grupo que, paradójicamente, serían responsables de que aquella fuese la última gran escena del rock y de que no haya habido otra.

Porque con ellos cambió todo. Con ellos comenzó una nueva era. El de Alex Turner fue el último grupo que se unió a una escena todavía asentada sobre las reglas clásicas del negocio, invariables desde los años setenta. Y fue así como se convirtieron en la última gran banda de la Antigüedad: dinamitando los cimientos de ese modelo y dejándolo atrás. En 2006, la juventud necesitaba a alguien que representase a su generación, la primera que tenía internet en casa, la primera que podía comunicarse y compartir sus hallazgos a través de la red social. Para ellos, Oasis y Blur eran dos viejos hooligans borrachos peleándose de madrugada en un bar. Y Nirvana, un cadáver del pasado. Pero a lo largo y ancho de MySpace circulaban las canciones de un grupo desconocido, originario de Sheffield, que no les hablaba a los jóvenes sobre vivir eternamente u odiarse a sí mismos, sino sobre hacerse mayores, salir de fiesta los sábados y vivir en el barrio. Y todo ello construido sobre aquel sonido garaje resucitado por los Strokes, sumado a las armonías propias de la mejor tradición pop británica y una electricidad punk en los riffs de guitarra que por momentos recordaba a The Kinks y a The Jam. Una pizca de altivez, un poco de espíritu underground, et voilà: the next big thing.

El éxito de Arctic Monkeys en MySpace era tal que, en cuanto sacaron a la venta sus dos primeros singles —antes incluso de haber editado ningún disco—, se fueron directamente al primer puesto de las listas de ventas. Publicaron su primer álbum después de fichar por un pequeño sello independiente llamado Domino y el primer día vendieron más copias que los demás grupos y artistas del Top 20 juntos. Y sin necesidad de publicidad, campañas de marketing ni grandes canales de distribución. Porque, por primera vez en la historia, el hábitat natural de una banda superventas no eran los programas de radio y televisión, sino internet. En ese medio daban a conocer su música, y a través de ese canal la distribuían. No necesitaban valerse del entramado comercial de las poderosas compañías discográficas, acostumbradas a manipular el mercado a su antojo. De hecho, los Arctic Monkeys siempre han trabajado con el pequeño sello con el que empezaron, para desesperación de los gigantes de la industria.

De repente, gracias a esa nueva vía abierta que se alejaba de lo analógico, la escena musical pasó a ser global, heterogénea e inmediata. Las canciones de un grupo japonés de rockabilly triunfaban en una cancha de baloncesto del Bronx, una banda noruega de doom metal tenía en Sevilla su mayor número de fanes, etc. Las escenas musicales clásicas, con una ubicación geográfica e histórica concreta, como la escena punk de Inglaterra de mediados de los años setenta, la escena soul de Filadelfia o la escena disco de Nueva York y su Studio 54, eran cosa del pasado. Ahora la escena estaba hecha de innumerables escenas interconectadas, ninguna de ellas con una influencia suficiente para poder hablar realmente de una gran escena musical. Con los Arctic Monkeys había comenzado una nueva era en la que la única escena era internet.

Y esta nueva era se distinguía, además, por un rasgo añadido: la desaparición de la guitarra eléctrica en el mainstream. Es algo que viene sucediendo desde los propios inicios del rock. La guitarra eléctrica siempre se muere y siempre resucita. En los años noventa fue el auge del grunge el que sirvió para rescatar a la guitarra del secuestro al que la había sometido la década de los ochenta. Incluso a The Beatles —tal y como relata Mark Lewisohn en The Complete Beatles Chronicle— se les rechazó en Decca Records cuando comenzaban su carrera porque los grupos de guitarras a principios de los años sesenta estaban «de capa caída» y, por tanto, «The Beatles no tienen futuro en el mundo del espectáculo». Menudo vaticinio. 

Hoy en día, el último gran grupo de guitarras que todavía sobrevive en las listas de éxitos son los Arctic Monkeys. Pero la guitarra eléctrica regresará. Y lo hará colgada a los hombros de una nueva banda que represente a una nueva generación. Para entonces, los Arctic Monkeys, como antes les ocurrió a Nirvana, a Led Zeppelin o a The Beatles, serán una banda del pasado. Y ese grupo de chavales salidos de la nada, y que surfearán la ola de algún nuevo revival, serán la primera gran banda de la modernidad. No tardaremos en tener noticias de ellos. 

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16 Comentarios

  1. «Hoy en día, el último gran grupo de guitarras que todavía sobrevive en las listas de éxitos son los Arctic Monkeys.»

    Como melómano me chirría tanto esa frase maximalista que basta con mencionar a los Black Keys para echarla por tierra.
    Por lo demás, me encantan los Arctic Monkeys así como el proyecto paralelo de Alex Turner, The Last Shadow Puppets.

    • He pensado lo mismo. The Black Keys y unos tal Muse que creo que meten algo de distorsión de vez en cuando.

      • Sí bueno, yo me refería a grandes bandas fieles a su esencia y que hacen por evolucionar en su sonido, ahí está el «Turn Blue» de los de Auerbach para atestiguarlo o, como se ha mencionado en otro comentario, el «Currents» de Tame Impala que me parece una obra maestra. De Muse no tengo nada bueno que decir hasta el «Origin of symmetry». A partir de ahí un productor avezado les propuso ser una banda llenaestadios y perdieron la personalidad. Legítimo querer ganar pasta por supuesto, pero no será una banda que la gente recuerde en el futuro. Pudieron ser los nuevos Radiohead y se han quedado en una copia de Queen, grupo que representa todo lo que detesto en la música. Caso aparte es la deriva de Coldplay, estos merecen directamente ser procesados en La Haya.

  2. Hasta el Basement compro, pero es que justo en ese disco ellos solitos son los que dejan la guitarra de lado (nada malo en ello). Parecido a lo que hacen Tame Impala en el Currents, o King Gizzard (éstos son el siguiente gran grupo de guitarras; ni siquiera next big thing, son una realidad ya) en el Butterfly 3000.

  3. Para nada de acuerdo con este artículo. Arctic Monkeys pudieron ser la nueva gran banda del rock pero desperdiciaron sus buenas canciones por la egolatria de Alex Turner. Pude verles en concierto en el Madcool y fue de los conciertos mas decepcionantes a los que he asistido. Los Strokes son mil veces más importantes y si que supusieron un soplo de aire fresco. De todas maneras ni de casualidad lo compararía al grunge o al brit pop, esos si fueron los dos últimos grandes movimientos en cuanto al rock se refiere.
    Ninguna de las nuevas bandas ha podido llegar a ese nivel que auna crítica y público, algunas de las que aquí se mencionan como Muse palidecen directamente ante esos grupos( una explosión de virtuosismo con pocas canciones). Si acaso Radiohead se hubiese podido acercar a ese nivel pero optaron por la experimentación cada vez más bestia y eso les ha hecho desaparecer del foco.

  4. Hola:
    Yo entiendo que el articulo se refiere a que Artic son la «última» banda antes de que cambiasen las reglas del juego. Ya nadie -ni en bandas ni solistas- espera vender tantos discos como a principios de milenio, ya es muy difícil que se creen movimientos -importantes o no-. La música se ha atomizado y todo va en pequeños departamentos.
    Para mí lo más discutible es «pero la guitarra eléctrica regresará». Creo que estamos viviendo, bajo nuestras narices, la edad de oro de la guitarra eléctrica: nunca se han vendido tantas guitarras (Gibson, «ayer» en bancarrota, a renacido), nunca ha habido guitarras baratas tan buenas, nunca ha habido tantos tutoriales a un click de todo el mundo. Eso sí; ya dicen que nadie sabe cuántos músicos de dormitorio existen… pero que falta la enooorme sensación que nace de tocas varios personas juntas.
    Un saludo, Manuel.

    • Billy Hunt

      Yo soy músico de dormitorio, no nos queda otra. El rock de guitarra languidece y, salvo milagro, esta abocado a desaparecer de las salas de concierto y de los programas musicales. La edad media en las salas es cada vez más alta y qué te voy a decir de las radios? o vas a un programa especializado o te echas a llorar cambiando de dial….

      Siguen saliendo grupos de vez en cuando, si, pero ya no veo fenomeno de masas, ni escenas musicales tal y como las describe el artículo. Ojala volciese a nacer para poder escuchar por primera vez el Never Mind the Bollocks, o tantos otros.

      Mi hijo tararea canciones de la Jefferson Airplane si las pongo en casa, porque ha crecido con ello, pero cuando se pone él el, Spotify escucha Bizarap y cosas por el estilo. Es descorazonador. Soy pesimista.

      • Hola Billy
        Yo creo que el fallo lo tienes precisamente en eso, en ser pesimista. En lugar de mirar el entorno se trata de tomar posición sobre lo que sea y buscar tu camino.
        Lo que intento decir es que nunca antes se había podido «asistir» a una conversación como esta (aunque no sea tu tipo de musica) https://www.youtube.com/watch?v=bbYNd5CFmpk
        Si te gustan las guitarras y el rock supongo que revisaras a Chris Buck en (chrisbuckguitar), Robert Baker, Pete Thorn o a algún otro más afín a tus gustos. Hay infinidad de gente buscándose las castañas en internet y muchos de un nivel muuuy alto.
        Ya no saldrán grandes grupos, eso es casi seguro, pero que nunca se han vendido tantas guitarras eléctricas como ahora también es indiscutible. Un saludo.

  5. Con los gustos musicales pasa como con los culos; cada uno tiene el suyo y normalmente le dan asco los de los demás. Pero la tesis del artículo está muy bien tirada y desarrollada con tino.

    El mundo ha cambiado y también la música; los chavales ya no quieren ser como los Strokes y las nuevas generaciones no escuchan rock, sino reggaeton. Si antes proliferaban los grupos de rock y las guitarras eléctricas, ahora todo es Bad Bunny y C-tanganas. También llegó el fin del country y las canciones de cowboys, y no pasa nada (o sí)

    Me sangran los ojos al leer que Black Keys están al nivel de los monos. Arctic Monkeys ha sido una banda generacional, si bien la frialdad y narcisismo de Alex T les ha podido pasar factura a la hora de enganchar al público y yo también fui a aquel concierto del Madcool que me dejó frío. Pero un mal día lo tiene cualquiera; el concierto de la ceremonia inaugural de los JJOO de Londres, muestra cuál es su sitio en la historia musical reciente: muy en el top.

    Es interesante como internet lo ha cambiado todo, y si a Arctic Monkeys les catapultó MySpace, ahora hay un exceso de mediocridad y cualquier tonto con una guitarra puede triunfar en las redes.

    Lo que me pregunto es qué pasa con esa rebeldía juvenil, esas ganas de comerse el mundo que representan muchos grupos mencionados en el artículo y tambuén los Arctic. ¿Cómo canalizan los adolescentes de hoy en día esa angustia existencial, ese sentimiento de estar más perdido que un pulpo en un garaje en este mundo de mierda?. En fin, todas esas cosas que se les pasan por la cabeza a cualquier joven que se va haciendo adulto y no quiere o no sabe o no puede serlo, en un mundo de mierda donde solo escuchar música consigue evitar que uno se tire por la ventana y se baje de la vida. No sé qué hacen hoy en día, pero mal está la cosa si ahora el modelo es el violador de Cecilio-G o demás niñatos que hacen «música» que uno solo puede escuchar borracho en un tugurio asqueroso a las 5 de la mañana mientras te limpias el vómito que te salpicó los zapatos.

    Yo recuerdo saltar como loco con «I Bet You Look Good on the Dancefloor», querer tener el carisma de Liam Gallagher, idolatrar a Matt Berninger y su voz suave y grave, sentir un extásis no muy lejos del orgasmo cuando escuché ese disco de los chicos de Montreal llamado Funeral, convertir Mr Brightside en mi himno generacional, en fin consumir como loco todos esos grupos de prinicipios del siglo XXI que querían hacer rock o al menos lo intentaban y así sobrevivir a los peores años de la adolescencia.

    Vale que ya no se vendan LPs y que todo esté en Spotify, vale que todo sean festivales gigantescos donde solo importa el postureo, vale que sigan triunfando tíos blanditos que hagan pop que aunque vayan de rockeros son más blandos que la mierda de pavo, pero las futuras generaciones necesitan que se siga haciendo Música con mayúsculas o estaremos perdidos porque nadie puede sobrevivir escuchando anime o reggaeton, y descubrimientos atípicos como Billie Elish son un buen intento pero yo quiero ser como los Strokes y es triste que lo mejor que haya escuchado en los últimos 2 años sea The New Abnormal o el reciente intento de los Arcade Fire

    La deriva de la música es una símbolo de la deriva de la sociedad, de esas nuevas generaciones que no aprecian nada y viven de la superficialidad, de lo vacuidad, de la absoluta falta de carisma y falta de interés por todo lo que no sea el LOL y hacerse

    • No solo al nivel, sino que dominan muchos más resortes musicales, como productores que son aparte de sus propios discos, de un tal Dr. John que es una puta leyenda de la música.

    • Me sentí tan identificado con tus palabras. Tengo 23 años, crecí inspirado en bandas como los arctic al cual le agarre un cariño enorme. A veces, me pongo pensar que será lo que trajo a estas generaciones a crear y escuchar lo de hoy en día. Será la falta de creatividad? Será que nací en un momento equivocado? Será que bandas y artistas del pasado dejaron la vara muy alta para las bandas y artistas del presente? o Quizás me este convirtiendo en un viejo amargado que se pone melancólico.
      Algunas conversaciones con adolescentes que he tenido son bastante interesantes, sobre todo cuando le muestro algunas de las canciones bastantes icónicas del pasado y se quedan pensando en lo que hoy en día están consumiendo, ni hablar cuando se trata de algún concierto. Ej: Oasis Live at Knebworth.
      Ni idea, pero lo que si tengo claro y, lo digo con total seguridad, es que varios artistas de hoy en el futuro no serán recordados como «Esos que marcaron una época allá por los años 20$$…»

  6. King gizzard….Cory Wong….guthrie…billy strings hay otros mundos con guitarras aparte del mainstream de los.2000 …y el punk rock d los strokes, los artic monkeys …q no aguantan el paso del tiempo nada bien…. Los.mismos sleafrod mods les dan un repaso bien grande a todos estos 2000ers con un simple portátil y actitud. Las guitarras siempre estarán , o no, me la suda…solo les importan a los sectarios del.rock q no ven más allá y q, seguramente menosprecian a Ana vidovic y su guitarra clásica o al tango de Stephanie Jones ….
    Bye bye artic monkeys …black Keys…etc por favor …..piraros ya!!!
    Dejad paso ???

  7. Lux Interior

    «…rescatar a la guitarra del secuestro al que la había sometido la década de los ochenta.» ¿En serio? precisamente la explosión guitarrera de los 80 no tiene fin en cuanto a grupos y calidad, y si no que pregunten en Valencia en su escena de clubs en los ochenta antes de que llegase la ruta…eran guitarras y solo guitarras enterrando la música negra y música disco que había «mandado en los 70 y primeros 80. La lista insisto es infinita…A Popular History of signs, B.F.G., The Migthy Lemon Drops, The Rose of Avalanche, The Mission, Flesh for Lulu, Echo & The Bunnymen, P.W.E.I, Kiss the Blade, New Model Army…y podría seguir hasta mañana, definitivamente los ochenta no secuestraron a la guitarra.

  8. Ambituerto

    El primer disco de los AM es cojonudo. El segundo está bien. El resto, se salvan cosas, pero ya no harán nada que vuelva a dejar huella. Se ve premeditado, porque lo fácil era seguir la estela de los dos primeros, pero han preferido tocar otros palos. Y, haciéndolo, han dejado de ser extraordinarios. Qué se le va a hacer.

    Al menos siempre son agradables de escuchar.

  9. Asumidlo: las guitarras ya no le importan a casi nadie. La gente que veis en los festivales es siempre la misma. Desde finales de los 80 hay una cosa que se llama rap que, con todos sus derivados (reggaeton incluido), ha arrasado con todo. Los festivales de calvos (no por nada, solo porque el tiempo va pasando) primero los despreciaban con su rollito snob y ahora ponen a Bad Bunny de cabeza de cartel y si les llega traen a un rapero americano de primer nivel. A mí, que siempre me ha gustado el rap y que nunca desprecie el reggaeton (nunca me sume a la modita de despreciar a Don Omar, Daddy Yankee y cia.), me hace gracia como ha cambiado todo.

    Dicho esto, las 3 escenas de las que nos habla el artículo en su primer párrafo son importantes, pero ceñirse solo a ellas habla del poco pelo que le queda al carroza que lo escribe. ¿Cuántos raperos han salido de NYC, Los Angeles, Atlanta? ¿No es Death Row, por decir uno, más influyente que cualquiera de las 3 escenas citadas? ¿Cuántas ciudades pueden identificarse con un género concreto que ha definido a generaciones (todavía con pelo)?

    Que manía con las guitarras (y conste que también me gustan)

  10. Benson Señora

    Si hablamos de guitarras creo que aparte del Grunge o Brit Pop estaría bien recordar algo llamado Stoner, donde Kyuss supone un una vuelta de tuerca a las bandas de rock de los 70, bebiendo de las fuentes de Black Sabbath y compañía, en este caso con un vocalista excepcional John Garcia y a la guitarra Josh Homme con un sello personal que hace que con un acorde lo reconozcas. De aquí nace Queens Of The Stone Age, un grandísimo grupo que desde su primer disco ha sabido evolucionar experimentando con nuevos sonidos pero sin alejarse del rock ni de las guitarras.

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