‘Jurassic World: Dominion’. Un insecto atrapado en ámbar

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Jurassic World: Dominion
Jurassic World: Dominion. Imagen: Universal Pictures.

¿En qué se diferencia una película de acción de una de aventuras? Ambas se caracterizan por sus escenas trepidantes, persecuciones, tiroteos y dinamismo. Pero nadie confundiría el género de En busca del Arca perdida con el de The Fast and the Furious, ¿verdad? ¿Dónde está entonces el límite, esa frontera tan difusa como la que, en el mapamundi cinematográfico, separa al thriller y al suspense? Posiblemente, en un rasgo identitario del cine de aventuras que, sin embargo, suele estar ausente en el género actioner (lo que mi padre llama «películas de tiros», para entendernos), y que tiene que ver con una idea muy sencilla de sentir, pero muy difícil de lograr: el sentido de la maravilla.

Ahora, claro, tocaría definir el sentido de la maravilla. Podríamos ponernos de perfil y decir eso de «no se puede describir, pero lo reconoces cuando lo ves». Como el amor, o una tortilla de patatas bien hecha. Pero no se trata de hacernos trampas al solitario, así que procede mojarse y profundizar un poco. ¿Es por las localizaciones exóticas? No parece, porque James Bond se ha pateado el globo varias veces (y hasta parte del espacio, pero no vamos a hablar de eso) y, salvo una o dos entregas, la saga está firmemente asentada en la acción pura y dura. ¿Es quizá el componente mágico, fantástico, que hay en Indiana Jones pero no en Misión imposible? Tampoco, y ahí están Michael Curtiz, David Lean o Howard Hawks para desmentirlo. Entre otros muchos. Habrá que concluir, entonces, que el sentido de la maravilla se encuentra en otra parte, lejos incluso del propio guion de las películas. Sencillamente, se esconde en la puesta en escena.

Sirva el estreno de Jurassic World: Dominion para ejemplificar a la perfección esta teoría. Han pasado casi tres décadas desde que Spielberg devolviera a la vida a los dinosaurios en una de las cintas de aventuras más rotundas y duraderas de la década de los noventa. Un film que suponía la enésima revolución en efectos visuales, pero que tiene sus verdaderos hallazgos en el manejo de la cámara, los encuadres, el uso perfecto de la partitura de John Williams, los cortes de montaje de precisión quirúrgica de Michael Kahn… Por eso una de las escenas más sobrecogedoras de Parque Jurásico ni siquiera tenía dinosaurios: estarán de acuerdo conmigo en que el acercamiento del helicóptero a Isla Nublar es tan vibrante como cualquier escena con los velocirraptores o el tiranosaurio. Claro que esa larga secuencia culmina con la visión del primer braquiosaurio, pero es la forma de Spielberg de anclar la cámara en la mirada de Alan Grant y, justo después, en la de Ellie Sattler, lo que termina de vender el plano inmediatamente posterior con el dinosaurio en todo su esplendor CGI pasado de moda. Parque Jurásico, como el King Kong de Cooper y Schoedsack de 1933, sigue funcionando treinta años después por la forma de maravillar a los espectadores a través de una idea, no de un muñeco de goma o unos miles de líneas de código informático.

Por eso, ni siquiera el regreso de Sam Neill, Laura Dern y Jeff Goldblum a la franquicia que ellos mismos originaron puede salvar a esta última entrega de la más dolorosa mediocridad. Porque Colin Trevorrow, que contaba dieciséis tiernos años cuando se estrenó Parque Jurásico, parece haber olvidado las sensaciones que aquella provocaba. O quizá solo ha olvidado cómo replicarlas. Y así, si la primera película era un ejemplar relato de aventuras, Jurassic World: Dominion es inequívocamente un film de acción, y se pierden muchas cosas por el camino que va de un género al otro. Todo aquí está articulado como una sucesión de escenas trepidantes, pero el resultado es más cercano a las persecuciones del Bond de Daniel Craig en Skyfall o Sin tiempo para morir. Y no habría nada que objetar a ello, si no fuera porque eso supone dejar al margen el corazón y el alma de la saga: los dinosaurios, vistos siempre con ojos de niño.

Y no es que no haya dinosaurios en la película. Los hay, y a puñados. Por todas partes. Pero, con alguna excepción muy puntual, aquí los animales tan solo sirven para mantener a los personajes humanos en movimiento (preferiblemente huyendo despavoridos). Lejos queda la mirada asombrada, pura e infantil de la cámara de Spielberg ante el nacimiento de un bebé raptor, o al filmar la respiración profunda y trabajosa de un triceratops. A Trevorrow le cuesta extraer emoción de sus propias imágenes, y desaprovecha un puñado de buenas ideas que, por primera vez desde 1993, parecían hacer avanzar a una franquicia que se ha construido por repetición, sin atreverse a romper sus propios esquemas. Al césar lo que es del césar: Bayona lo intentó en Jurassic World: El reino caído, pero solo obtuvo un híbrido mal cosido entre una cínica primera mitad que se recreaba en el sufrimiento de los animales (por virtuales que estos fueran) para tratar de arrancar alguna lagrimilla deshonesta al espectador, y una segunda parte donde el cineasta parecía reinterpretar El orfanato con bichos prehistóricos y niños clonados. Ninguna de las dos funcionaba por separado, y juntas lo hacían aún menos. 

La buena noticia es que Dominion no es una película cínica. La mala es que es, sencillamente, torpe. Torpemente hilvanada (aquí también hay dos películas que no llegan a confluir, la de Grant, Sattler y Malcolm y la de Claire y Owen), torpemente escrita y torpemente ejecutada. Al final poco importa que, en un golpe maestro, se haya traído de regreso al villano en la sombra del primer film, Lewis Dodgson, uniendo así ambas trilogías en un todo más cohesionado. Por si no lo recuerdan, con tan solo un par de minutos de metraje, Dodgson era aquel tipo que contrataba al informático Dennis Nedry para robar embriones del parque, causando así todo el percal. Aquí, y tras un necesario recast (el actor que lo interpretó en el 93 anda cumpliendo condena en la cárcel por abuso de menores) se erige en gran malvado megalómano, el verdadero lado oscuro de un John Hammond que tampoco fue precisamente una hermanita de la caridad. Para el caso, podrían haber creado a un personaje completamente nuevo, porque tampoco a este eslabón entre trilogías se le acaba sacando partido, y apenas queda como un guiño pretendidamente cómplice con el espectador. Uno más entre decenas. Durante dos horas y media se suceden los ecos nostálgicos, todos ellos inconsecuentes para la trama, intentando rescatar por la vía de la memoria los sentimientos que una vez provocó una vieja película. Pero, a fin de cuentas, quizá es mejor que las emociones permanezcan allí, atrapadas perfectas y puras en el ámbar del recuerdo, en lugar de intentar resucitarlas como una pálida sombra de lo que fueron.

Jurassic World: Dominion
Jurassic World: Dominion. Imagen: Universal Pictures.

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8 Comentarios

  1. No tengo más que estar de acuerdo con el autor.

    Ayer fui a verla con mi hijo de 9 años y nos pasamos el paseo de vuelta a casa sacando errores de la trama. Que ya tiene que ser mala la película que incluso un niño de 9 años le vea las costuras.

    El argumento tiene tantos agujeros, que una y otra vez te sacaba de la historia. Durante las excesivas dos horas y media, era un continuo de “Anda ya”, “Pero quien se va a creer eso”…

    Personajes que caen en lagos helados y ni siquiera tiritan al salir del agua, paracaídas que solo se abren a 300 metros del suelo, caen en un bosque de coníferas y el personaje ni siquiera sufre un raspazo porque no se rompe ni una sola rama, incendios que afectan a todo el área salvo qué casualidad a la zona donde están los personajes, una guarida del malo (ojo al parecido del malvado con Tim Cook y el edificio a Apple Park) hipertecnológica pero luego cualquiera puede entrar con llevar una pulserita… Y podría seguir y seguir contando detalles.

    Luego la trama per se. Abrían melones que luego no se cerraban ni por asomo, aparecían personajes en lugares que luego te preguntabas cómo leche sabía ese que los otros estaban allí…

    Lo único decente era la recreación de los dinosaurios, más real que nunca pero como se indica en el artículo, esta vez eran más atrezzo que nunca (como los zombis de The Walking Dead según van avanzando las temporadas).

    Entre el sableo por las palomitas y los 20 minutos de trailers y anuncios antes de la película (Cinesa Zubiarte de Bilbao queda apuntado en la agenda como lugar a evitar), me quedé con un pésimo sabor de boca.

    • Si algo nos enseñó The Book of Henry es que debemos mantener a Colin Trevorrow alejado de una cámara de cine a cualquier precio. Por el bien de nuestra cordura.

    • En el laberinto que tienes que recorrer para salir te da tiempo a escribir un guión más decente. Eso de que los cines estén en un centro comercial nunca me ha convencido.

  2. La idea de revivir dinosaurios extintos es apasionante (la primera, nos guste o no, es un hito en la historia del cine)…lo que no entiendo es como se insiste en estas desafortunadas secuelas, estos engendros cinematográficos que creía ya extintos…prometen que es la última, ojalá no nos engañen y cumplan sus promesas…

  3. Ya la primera tampoco me convenció en su día. Noté la desgana de Spielberg, la dirigió con el piloto automático (no digamos la secuela). Está claro que su cabeza estaba en “La lista de Schindler”. También vi la tercera, ya pura serie B. De la nueva trilogía he pasado.

  4. Lo mejor de Parque Jurásico fue el libro original de Michael Crichton, que leí (creo) en 1991, unos pocos años antes de que saliese la primera película. Buen libro, denso, con ideas interesantes y buena trama. Spielberg no hizo mala película, pero era evidente que su intención era mostrar al mundo unos efectos especiales muy dignos combinados con una trama simple (a fin de cuentas los protagonistas de la película eran los dinosaurios, no los actores).

  5. Si la viera Amy diría que es igual que los cazadores del arca perdida, los dinosaurios sobran, es lo mismo si salen o no para la trama, pobre por cierto.

  6. Buenas tardes.
    “Amos” a ver: que es una película de entretenimiento, no de pensar. Acción, persecuciones, caídas, sustos; jolines.
    ¿Porqué nos ponemos a diseccionar estas películas?
    Los dinosaurios parecen reales. Y otra ” cosuca”, como decimos por aquí, hay películas de serie B que no desmerecen a las consideradas como de 1ª.
    Por lo tanto, o por consiguiente, vayamos al cine a pasar un buen rato, y no pensemos en otras cosas. Que las interpretaciones no son de Óscar, no pasa nada. No vayamos siempre al cine a ver “obras maestras”.
    Divirtámonos.
    Hasta pronto y sin acritud.

    Chemi.

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