
Ciertamente, los ensayos políticos suelen pecar de oportunismo. En no pocas ocasiones, su finalidad, más que analítica, es confirmar tesis concebidas a priori que sirvan de munición. Sin embargo, los del periodista Esteban Hernández (Madrid, 1965), jefe de opinión de El Confidencial, tienden más al método deductivo. A apreciar más la norma que la excepción. Sus obras, como El tiempo pervertido, El fin de la clase media o El rencor de la clase media alta y el fin de una era, insisten en el aumento de la desigualdad que ha conllevado eso que durante muchos años se definía como progreso. Un desequilibrio interno de nuestras sociedades occidentales que no tiene solución de continuidad. Quedarán las desigualdades o los sistemas democráticos, pero no ambos.
La encuesta de condiciones de vida dice que en España la población en riesgos de pobreza o exclusión social rondaba el año pasado el 27 %. La tasa más alta de Europa junto a Rumanía, Bulgaria y Grecia.
Es parte de una dinámica que lleva desarrollándose bastantes años que produce un doble efecto. Por un parte, tienes a las clases populares que trabajan en el sector servicios, con unos salario bajos, que se enfrentan a un coste de la vida creciente, lo que les lleva a una economía de subsistencia, y por otro lado, las clases medias van hacia abajo porque aquellos sectores que eran típicos para el ascenso social, los cuadros intermedios, profesionales, pequeños empresarios, sufren dificultades porque se van eliminando sus puestos de trabajo, porque el trabajo profesional cada vez está peor pagado y porque los pequeños empresarios lo tienen cada vez más difícil.
Esto configura una sociedad en dos direcciones, en la que una parte de la población vive en malas condiciones o muy malas, y otra vive en malas condiciones pero sale adelante con ayuda familiar o institucional, aunque carece de perspectiva de futuro.
De ese estudio también se extraía que un 10 % de la población con titulación superior también está en riesgo de pobreza.
El problema es que esa bifurcación se ha dado también en clases sociales más afortunadas. Antes, la herramienta para mantener una clase social era la formación. Con estudios te iba a ir más o menos bien en la vida, pero ahora esa formación se ha devaluado. Ahora vuelve a haber un doble circuito. El que hace el posgrado en una universidad extranjera, preferentemente anglosajona, igual no tiene la vida solucionada pero sí un recorrido profesional adecuado. Sin embargo, si has hecho la carrera en la Complutense o la Autónoma de Barcelona, dependiendo del sector en el que estés, si es más o menos demandado, también te puedes encontrar en una situación con pocas expectativas aunque hayas estudiado.
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Es cierto lo que dice Hernández: el rojipardismo no existe, no hay ninguna organización.
En sentido estricto, clásico, es una modulación del fascismo, la que se escora intensamente hacia la cuestión social. Hubo pocos de esos y hace mucho tiempo: Niekisch, los Strasser, en general las alas «izquierdas» de los movimientos fascistas.
Actualmente, en España, se llama rojipardismo desde las izquierdas establecidas (o sea psoe, pdms, iu y toda la patulea de izquierdas cantonalistas) a toda organización, corriente, etc, más o menos izquierdista que discrepe en cuestiones territoriales del federalismo/confederalismo/separatismo políticamente correctos o del progresismo/wokismo en cuestiones identitarias. En definitiva, un término con ánimo descalificatorio y poco riguroso para insultar a gente que tiene muy poco que ver entre sí, pero que es heterodoxa respecto a las izquierdas realmente existentes.
Eres un tanto obtuso, Máximo. Para rojipardismo, el de este señor y «El Confidencial» en pleno. Diario aparentemente progresista, pero en cuanto se acercan las elecciones, distribuidor de bulos al por mayor a todos los tontos que lo tomen como fuente. Y si se les ve el plumero, que suele ser que sí, entonces sacan esporádicamente algún artículo a propósito de las «fake news» que «se ha creído todo el mundo». Ya. Este diario es como Ferreras. Se dirige al caladero progresista para que un porcentaje de sus lectores se sientan inteligentes quedándose en casa el día en que se abren las urnas.
Usted en cambio es muy listo y deduce más de la cuenta. Tanto que se le cae la baba. No tiene pajolera idea de lo que hago o dejo de hacer.
También me imagino que es de esos demócratas que cuando se vota «bien» dice que «el pueblo es sabio» y que cuando se vota «mal» dice que «la gente es imbécil». Y si no lo dice, a efectos prácticos, ese es su discurso.
Ay, ese tonito elitista y progre para decir qué es o qué no es inteligente o correcto, con la que está cayendo. Un poquito más de humildad, enterao.
Para humilde, el tonto que nació para rey pero termino de maestro de escuelas. Si tanto sabes, habrías dejado hace mucho tiempo las aulas.
Eh, Kukuba, te veo muy constante en tus faltadas, enterao.
A Ronald Reagan le pusieron en la mesa un dossier sobre cómo la URSS podía quedar disuelta. Se sabía el modo de antes, desde los años sesenta, el «residuo de Solow», «la medida de nuestra ignorancia». Se siguió y la profecía quedó cumplida, solo que después de hecho algunos demonios han quedado sueltos.
Me encanta Esteban Hernández y la objetividad de sus análisis. No acabo de entender cómo es el jefe de opinión de El Confidencial, tirando – creo – hacia la izquierda, pero eso supongo que me lo hace más interesante.
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De algo hay que vivir
Pongo mi ciudad, Cádiz, como ejemplo. Dos manantiales que nutrían la clase media eran los profes fijos de la pública y los sanitarios. La educación pública mengua ante la concertada: menos sueldo, menos seguridad laboral y más horas. Lo mismo con los sanitarios cada vez más proletarizados. A esta gente se refiere Monasterio con lo del estado nos roba.
Los bancarios, otra fuente de clase media, se extinguen.
En Cádiz había también una poderosa clase obrera ahora en completa decadencia. No era culturalmente clase media, pero económicamente casi.
A cambio tenemos la multiplicación de apartamentos turísticos y hoteles. El precio de la vivienda empieza a ser prohibitivo para la decadente clase media.
Ahora bien quien tenga un pisito bien ubicado puede vivir cómodamente de rentista. Éste, según Monasterio et alii, no roba a nadie.
Se puede actuar contra ello políticamente en teoría; en la práctica es casi imposible.
Los profesores de la pública cobran menos, tienen más inseguridad laboral y trabajan menos horas?
En comparación con la concertada, están mejor (cada vez menos).
Pero es cierto que están mucho peor de lo que estaban hace treinta o cuarenta años en sueldo y en horario.
Son los de la concertada los que cobran menos, tienen menos seguridad laboral y trabajan más. Por eso se los prefiere a la pública, que según la teoría de Monasterio sería el estado ladrón. Es una agresión a la clase media para que los ricos paguen menos impuestos. Pura lucha de clases. Se enarbola la libertad de elección, pero es una farsa
Simplemente la clase media hay que crearla. El estado tiene un papel esencial: redistribuye ingresos y fomenta una educación de calidad para que gente bien formada y con iniciativa generen trabajos de clase media. El estado español ha casi renunciado. De ahí el ascensor social gripado, las universidades paupérrimas, falta de vivienda social, justicia lentísima y del todo partidista, sanidad degradada, etc. El malestar consecuente se difumina en redes sociales y medios llenos de odios y prejuicios, en una sociedad de idiotas (sentido griego) atomizados. La destrucción, cada vez más evidente, de lo público va por ahí. Se habla de un nuevo feudalismo.
El ascensor social sigue igual. El problema es que sólo hay tres pisos, que van hacia abajo: regular, bajo y muy bajo.
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