Política y Economía

El final de una era

Era
Revolución Industrial Alemania. Fotografía: Roger Viollet.

The lamps are going out all over Europe, we shall not see them lit again in our life-time.

La frase es de Edward Grey, ministro de Exteriores del Imperio británico. La dijo, según cuenta en sus memorias, la noche del 3 de agosto de 1914. Alemania acababa de declarar la guerra a Francia; al día siguiente haría lo mismo con Bélgica. Grey sabía que al día siguiente el Reino Unido iba a sumarse a la contienda. La Gran Guerra había empezado. Era, de forma indudable, el final de una era. 

La crisis de julio, en 1914, no fue vista en un principio como algo que podía desembocar en un cataclismo que traería la caída de cuatro dinastías y la disolución de tres imperios. Una vez empezó, sin embargo, nadie pareció dudar de que la Primera Guerra Mundial representaba el final de una era, y del resultado del conflicto dependería qué ideas e instituciones se acabarían imponiendo en Europa. Los campos de batalla de Flandes, Galitzia y los Balcanes eran el escenario de un cambio de época. 

¿Cuándo vemos el final de una era? Hay veces, como en la Europa de principios del siglo XX, que el cambio es completo, dramático y terrible. La Viena de 1910, esa ciudad bohemia, artística, políglota, soñadora y rabiosamente intelectual, se convirtió en una ciudad dividida, hambrienta, caótica y humillada en 1919. Nadie en San Petersburgo en 1920, con el país sumido en una guerra civil, iba a dudar de que las cosas habían cambiado. Hay ocasiones, sin embargo, en que una sociedad, un país, vive transformaciones tremendas, profundas y duraderas que serán vistas años después como momentos históricos, pero apenas nadie esos días era consciente de ello.

Hablemos, por ejemplo, de Thomas Malthus y su a menudo incomprendido trabajo de historia económica. Malthus escribía en 1798 que el mundo se dirigía a una era de hambrunas; la población crecía en una progresión aritmética mientras que la producción de alimentos lo hacía de forma geométrica. Esta divergencia iba a crear una creciente escasez de alimentos y una lucha incansable por recursos, abriendo la puerta a violencia y guerra.

La teoría de Malthus resulta ser correcta, siempre que estuviéramos mirando los primeros diez mil años de civilización previos a Malthus. La historia de la humanidad había sido hasta entonces una lucha constante contra los límites de su producción agrícola. El problema es que ni el pesimista inglés ni sus contemporáneos eran conscientes de que estaban viviendo en una nueva era: la Revolución Industrial había cambiado la ecuación del crecimiento en el Reino Unido. La mecanización del campo, la introducción de nuevas técnicas de cultivo y la migración hacia las ciudades estaban trayendo consigo un espectacular aumento de la productividad agrícola. Ese aumento de la productividad fue al principio lento, casi imperceptible, y durante años apenas fue capaz de mantener a la naciente clase obrera inglesa comiendo nada que no fueran garbanzos y pan duro. El mundo, no obstante, estaba cambiando, por mucho que en ese momento fuera difícil darse cuenta de ello.

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13 comentarios

  1. El artículo está muy interesante. Especialmente porque no invita al pesimismo habitual acerca de la automatización.

    De todos modos, en el texto:

    «… la población crecía en una progresión aritmética mientras que la producción de alimentos lo hacía de forma geométrica.»

    es un error. Las progresiones aritméticas crecen de forma lineal (sumando un número en cada paso), mientras que las geométricas lo hacen de forma exponencial (multiplicando por un número en cada paso). Eso haría crecer, eventualmente, a la población a un ritmo más lento que la producción de alimentos. En la Teoría de Malthus, la población es la que crecía de forma geométrica, y los alimentos de forma aritmética.

    • Jorge Aparicio García

      Correcto, el autor haría bien dando fe del error. Gracias por la puntualización.
      Adicionalmente y para pensar:
      ¿Cómo afectó el robot tractor a la vida de la humanidad?
      La humanidad había cambiado muy poco antes de Malthus, pero mucho en el último siglo.
      Las necesidades siguen siendo las mismas: vivir primero y luego conquistar momentos felices, cada uno como pueda.
      Cómo satisfacer las necesidades en cada época es lo que varía…
      Qué difícil es ser ecuánime en las apreciaciones:
      ¿Es que USA no ha dejado de sumar clase media a su población después de los 50? En valor absoluto es un hecho incontestable, en valor relativo, permanece invariante.
      USA sigue creando clase media, si es que no se quiere negar la realidad… que no se circunscribe sólo a los más ricos…
      Por supuesto sólo la mitad de la población quiere seguir sin dejar a nadie atrás… ¿la otra mitad no quiere?
      ¿No es lícito fiscalizar el cómo?
      ¿No es obligación de cada uno buscar su utilidad dentro de la sociedad de la que recibe tanto?
      ¿Se puede pensar diferente y argumentar o se descalifica con base en el mensajero?
      ¿Podemos reconocer en alguien tan difícil como Trump el haber sido el único presidente USA sin entrar en guerra durante su primer mandato?
      Qué difícil es ser periodista y ecuánime.
      Bonito artículo de fondo, que invita al debate sano, si, gracias por el trabajo. S2 cordiales

  2. Lo siento, pero el artículo carece por completo de rigurosidad. No atendamos a los periodistas, atendemos a los eruditos que analizan el tiempo presente. Desde hace varias décadas se vaticina un cambio de época y no una época de cambios precisamente no por los cambios sustanciales sino consustanciales.

    Cuando miramos el futuro el problema no es si seguiremos hacia delante sino entender hacia dónde caminamos. La crisis es humana, no tecnológica. Aspirar a «un mundo tranquilo, opulento y ocioso» es ya un error. No podemos vivir anestesiados del dolor; eso no es humano. Igual la mayor frustración es frustrarse. ¿Por qué tendemos a ser más máquinas que humanos?

    Por otro lado, los cambios históricos como apunta se han dado durante largos períodos de tiempo; sin embargo me parece innegable que jamás se habían introducido tantos cambios como en la actualidad y además a un nivel global. Como profesora, esa velocidad aseguro que asusta.

    Pobres chavales, no les deseo un mundo tranquilo, opulento y ocioso. Les deseo un mundo en el que ellos puedan jugarse su libertad, con criterio, y sobre todo, acompañados. No en esta soledad de alguien tranquilo al que nada le perturba.

    • Estoy de acuerdo. Es cierto que he visto muchos inclinados a ver el futuro con sombrío pesimismo. Pero también he visto demasiados como este, que pecan de todo lo contrario. Un edulcorado optimismo no nos librará de las sacudidas. Y es fácil cuando olvidan, como hace el autor, que hay seres humanos, vidas truncadas, detrás de todo lo que explica.
      En resumen: superoptimista y elitista. No le doy un gran valor a este escrito.

  3. Pingback: ¡ARRANCAMOS! ENERO 2021 #PLANESTHINKSEMANALES – TH'NK ATRESMEDIA

  4. Felicitas se despertó con una nueva pregunta, pero inmediatamente miró el reloj para saber si estaban a tiempo. El dia anterior tuvieron que correr como locas para despertar, rogar, lavar, peinar, engañar, convencer, amenazar y preparar el desayuno a la otra Felicitas, la única hija de ella y Francis para que llegara en horario al jardín de infantes. Su pareja, como siempre, dormía plácidamente, y romper su placidez le causó una de esas felicidades cotidianas. La despertaría como si una catástrofe estuviera por acontecer. Y lo consiguió, visto su reacción que, después de comprobar que tenían sobrado tiempo se encerró en un mutismo amenazador mientras corría hacia la habitación de Feli junior. Mientras calentaba el chocolate recordó que una semana atrás se había despertado preguntándose porqué no inducir un mutación en la cadena dinámica del ARN de ese mamífero asiático en vías de extinción. Fue una revelación. Se precipitó al laboratorio dejándo a su hija y a Francis solas y con la boca abierta mientras desayunaban, llegó, hizo pocos cálculos y durante toda la mañana se dedicó a convencer a sus jefes y colegas de lo viable de su intuición. Las pruebas posteriores le dieron razón. Ese bichito con nariz de payaso no se extinguiría. Se necesitarían años, pero los resultados eran contundentes. Pero hoy se había despertado preguntándose porqué los robots a distancia que usaba Francis para realizar tareas de albañil desde su hogar -un oficio que, por más que se lo hubiera explicado en manera racional no llegaba a entender tal elección- no tenían tetas. Sabía borrosamente que no siempre la sociedad en la cual vivían había sido únicamente femenina. Hubo un pasado tan lejano e imposible que no le llamaba la atención, pero esta vez quiso saber más. Una niña en el limbo matutino y una genitora con modorra amenazante observaron a la otra que buscaba afanosamente una respuesta que no tardó en llegar: A pesar de que la zona púbica de tales artefactos semi inteligentes presentase todas las características de una mujer, la falta de senos era conducible a la mentalidad masculina imperante en aquellos tiempos que revolucionaron la humanidad.

    • Vaya mantra el de que Trump es el primero en no meter a USA en una guerra.
      ¿En qué guerra entró Obama en sus dos mandatos?
      Porque él heredó de Bush jr. los marrones de Afganistán e Iraq, y salvo el bombardeo de Libia se mantuvo al margen de los demás conflictos, como Siria y Ucrania.
      Vamos, que una cosa es una intervención desde el aire con aviones o drones, o mandar comandos, que eso lo hacen todos, y otra es una guerra de verdad cuando mandas miles de tropas sobre el terreno.
      Porque Trump sí bombardeó Siria, y mató al general iraní Solemaini en Iraq de un misilazo, lo que es un casus belli pero que los ayatolas no se atrevieron a responder.
      Pero lo que es invadir un país con tropas no lo han hecho ninguno de los dos.

  5. (El final de mi comentario anterior, por un error mio, no fue publicado)

  6. Leído justo ahora un libro, que por coincidencia se llama «La Era del vagamundo», donde dice algo curioso al respecto, de cómo es imposible un cambio en el sistema económico y social sin un cambio previo en el comportamiento individual del ser humano. No sé explicarlo tan bien pero es evidente al leerlo; por tanto, todos estos artículos y millones de litros de tinta vertidos a lo largo de la historia hablando de cambios, sistemas, revoluciones, etcétera, a día de hoy me parecen patrañas absolutas. No sólo eso, si no formas de perpetuar lo existente, el poder, etcétera.

  7. DENTRO DE MIL AÑOS NO HABRA NI TIOS NI TIAS SOLO HABRA GILIPOLLAS….ESA ES LA VERDAD MAS ABSOLUTA DEL FUTURO QUE NOS ESPERA. NOS OS COMAIS TANTO EL TARRO..

  8. Hombre, como panfleto propagandístico al estilo de moda, (Pinker o Harari), habrá que reconocer que está muy visto. Sr. Serrich, no tener en cuenta al ser humano más que bajo la óptica del capitalismo tecnológico y consumidor es problemático. A la historia del siglo XIX y XX y XXI nos remitimos: El sueño húmedo del triunfo del sistema laminando al hombre en una economía que propugna la no crítica de sus fundamentos, el positivismo rancio del XIX, la desigualdad económica y social y el reduccionismo de las cifras previamente escogidas para presentar el resultado favorable maquillado como mucho es de una ceguera preocupante. Os prometo birras y diversión, pan y circo, libertad para elegir que aplicación instalar y que serie de plataforma seguir. ¿Pero no es éso engañarse peligrosamente?. Aunque que usted escriba en Jotdown o Voxpopuli, mientras una máquina no le sustituya, es sintomático. El sistema elige y premia el discurso.

    Y ahora vamos con otras cuestiones de su texto que me han chirrido. No, la Revolución Industrial no trajo un cambio en la ecuación de crecimiento. De hecho los primeros años de la Revolución Industrial trajeron un descenso en la esperanza de vida de la gente que marchó del campo para trabajar en la ciudades, bastante insalubres y con trabajos cercanos a la esclavitud. Lo que cambió la ecuación demográfica fueron las mejoras implantadas en la agricultura, el método Norfolk, los nuevos cultivos, el mejor abonado del campo que se dió en el XVIII. Las sembradoras mecánicas, aunque hubo algunas en el siglo XVIII, fueron más bien anecdóticas.
    Y la globalización no es algo de los años 90 del pasado siglo que Trump pueda amenazar. Empezó en el siglo XV, y 2 siglos despues, ya teníamos un mundo de relaciones globalizadas, de tal manera que la paces de Westfalia o Utrecht tenían consecuencias en Canadá, Indonesia, o Mozambique.

  9. Pingback: Esteban Hernández: «Occidente venció la guerra fría por ser un modelo aspiracional, deberíamos recordarlo en la nueva guerra fría» - Jot Down Cultural Magazine

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