
Viene de «El peor concierto de sus vidas (2)»
Lo que va a ocurrir en estos artículos es rastrero e infame, pero históricamente curioso. Accidentes ante micrófonos, tensiones entre los músicos, playbacks humillantes, Ángeles del Infierno homicidas y un rapero con buen tránsito intestinal. Los peores conciertos de sus vidas.
Un público difícil
En mayo de 1968, la tropa de The Beach Boys decidieron rediseñar su espectáculo en directo tras una gira fallida, y optaron por hacerlo con la que podría ser la peor decisión posible tomada por una banda de rock: convertir sus conciertos en actos donde la banda se dedicaba tocar solo medio setlist, y dejar el resto show en manos del gurú indio Maharishi Mahesh Yogi para que ofreciera una charla espiritual a los asistentes. En los sesenta la peña era bastante hippie, pero todo tiene un límite y las turras sobre meditación del hombre fueron recibidas con abucheos, espantadas y, finalmente, la cancelación total de las funciones. Los chicos de la playa se lo tomaron fatal, pero qué se puede esperar de unos tíos cuyo disco más loado tiene una portada con la banda de visita a una granja escuela, y un repertorio de melodías ideal para pinchar en un entierro, por lo cerca que cabalgan de la muerte cerebral.

Andy Summers, miembro de The Police, explicaba que el peor concierto del grupo tuvo lugar durante los primeros años de rodaje, cuando sus directos tan solo acumulaban un centenar de personas. Ocurrió en una pequeña sala de Oxford en algún momento de 1978. Sting, Steward Copeland y Summers estaban tocando tranquilamente cuando «a mitad del repertorio, treinta skinheads se presentaron en la sala vestidos de cuero, con botas de suela gruesa y luciendo tatuajes de esvásticas. Y todos pensamos «Mierda». Los recién llegados se colocaron en primera fila y, tras unos minutos, comenzaron a corear un «¡Sieg heil, sieg heil, sieg heil!» dirigiéndose a nosotros. Ninguno sabíamos cómo iba a terminar aquello». Con el auditorio bastante tenso, y los músicos algo nerviosos, Sting decidió que para calmar el ambiente lo mejor era invitar a los adorables visitantes a subir al escenario. Los treinta rapados brincaron con ilusión sobre las tablas y comenzaron a hacer pogos y golpearse alrededor de una banda que no había dejado de tocar en ningún momento. De repente, el evento se había convertido en una actuación con obstáculos en forma de nazirulos gañanes.
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El peor concierto de mi vida fue uno en el que me empezaron a doler las muelas del juicio. Peor le fue al líder del grupo, que se tiró en plancha del escenario y nadie del público lo sujetó. Tenía cita en el Hospital de Ciudad Real para que me quitasen las muelas el día siguiente, y allí en maxilofacial estaba el famoso. Lo de la mandíbula no salió en la prensa porque fue lo de menos. Menudo guarrazo que se pegó. También vino la Electric Light Orchesta a la Royal City en un concierto gratuito y nos juntamos 26 personas incluyendo la orquesta, los de sonido y los dos del ayuntamiento. Eso fue peor.
¿Alamont, Cuebas? ¿No será Altamont? Es que tie una questar entodo leches!!
Isobel, una cosa que siempre quise saber pero hasta ahora no me atreví a preguntar: ¿Es usted una chica Almodóvar?
No, soi un tio con bigote y con cohones mu peludos.
Aznar?
Mas bien tirando a Fredy Mercurio anque sin fama i con vida.
Me alegro mucho que sea así, que además la fama dicen que es un incordio, y que
ni estando vivo se disfruta.
Osea,, es usted una chica Almodovar
Me sobran las pullas gratuitas hacia algunos de los grupos que protagonizan estos «divertidos» sucesos, y probablemente sea el más flojo de los tres artículos, pero sigue siendo una lectura entretenida.
Merci.
En noviembre de 2015 actuó en la sala Malandar de Sevilla la magnífica Dayna Kurtz. Ya fuera por la mala promoción previa del concierto o porque sigue siendo bastante desconocida por estas tierras, no seríamos más de ocho o diez en personas en la sala, que aunque no es muy grande, lo cierto es que era bastante desolador ver como una artista de su talla no era capaz de llenarla como sí había hecho Micah P. Hinson poco antes, haciendo la similitud de artista tampoco demasiado conocido y underground. La buena de Dayna -y su acompañante a la guitarra, Robert Maché- dio un concierto como si fuera ante dos mil personas, nos hicimos fotos luego, firmo los discos que compramos y admiramos su belleza y altura codo con codo.
En spain recuerdo como nos descojonabamos del ridiculo de Nacho Cano con los ventiladores, tocando como si estuviese asistiendo a la creacion del universo, solo que la musica «era una mierda como el sombrero un picaor».
Si llega a tocar como Jon Lord de los Purple, a ver quien se le acerca.
Esto no viene muy a cuento pero tenia ganas de dejar por escrito lo malos que eran los Mecago, no digamos ya sus seguidores. Para muestra segun un documental reciente, el nº 6 del club de fans de Mecago, era Mario Vaquerizo. Eso explica muchas cosas. El tipo era ridiculo ya desde la primera adolescencia. La de hostias merecidas que se hubiese llevado en mi barrio un tipo que con 14 años es fan de Mecago. Hay que ser pocasangre y ridiculo.
Lo cierto es que tenían talento; buenas melodías. No sé qué será lo que le gusta a usted.
Recuerdo con horror un concierto de Morticia y los Decrépitos en el Pub 13 Cotinos sito el Barrio en Alicante, aún me chirrían los oídos. Y otro de Alaska y los Pegamoides o los Trogloditas en Murcia en los 80. Cómo desafinaba la metro y medio. Telita.
«…qué se puede esperar de unos tíos cuyo disco más loado tiene una portada con la banda de visita a una granja escuela, y un repertorio de melodías ideal para pinchar en un entierro, por lo cerca que cabalgan de la muerte cerebral.» En fin…. Y es Paul KantneR no Paul Kantne.