
Los que pueden hacer que creas absurdidades, pueden hacerte cometer atrocidades.
(Voltaire)
La religión cristiana, tal y como está organizada en sus iglesias, ha sido y sigue siendo el principal enemigo del progreso moral en el mundo.
(Bertrand Russell)
O te pasas o no llegas,
y el no llegar da dolor…
Mas ¡ay de ti si te pasas!
¡Si te pasas es peor!(Pedro Muñoz Seca, La venganza de Don Mendo)
El de la Santísima Trinidad parece, a primera vista, un misterio por exceso: ¿por qué tres personas divinas si, a todos los efectos, basta y sobra con una? Pero, en realidad, es un misterio por defecto: ¿por qué solo tres personas? Si el infinito amor del Padre por sí mismo engendra al Hijo, y este es tan Dios como aquel, también se autoamará infinitamente y engendrará al Nieto, que a su vez…
Análogamente, la pujante islamofobia de nuestra sociedad supuestamente laica puede parecerles excesiva a las personas más tolerantes y, sin embargo, es defectiva: lo que la convierte en una idiotez moral —o una idiotez a secas— es el hecho de que no vaya acompañada de una judeofobia y una cristianofobia igualmente combativas y vigilantes. Lo que debería suscitar el rechazo enérgico de las gentes de bien es la religión misma en sus manifestaciones institucionales y, muy especialmente, las tres grandes religiones del libro: el judaísmo, el cristianismo y el islam. Si la islamofobia no es un aspecto de la Bibliofobia —con be mayúscula— propia de cualquier persona mental y emocionalmente sana (dentro de lo que cabe), es, además de un agravio comparativo, una forma especialmente obtusa de supremacismo cultural. Como lo es la recurrencia de la expresión «terrorismo islámico» en unos medios que nunca hablan del terrorismo judeocristiano (mejor dicho: sí que hablan de él, y mucho, pero lo llaman guerra), incomparablemente más grave. A este respecto, escribí hace veinte años un artículo (que solo apareció en algunos medios alternativos, por lo que puede considerarse inédito) en el que decía:
«Si los informativos insisten en hablar de “terrorismo islámico”, no habrá más remedio que salir en defensa de la razón, la justicia y el lenguaje esgrimiendo —tendiéndoles a modo de espejo— la inevitable fórmula complementaria. Porque, del mismo modo que no se puede hablar del “terrorismo etarra” sin hablar también —y ante todo— del terrorismo de Estado, no se puede hablar de terrorismo islámico sin hablar también —y ante todo— del terrorismo judeocristiano, incomparablemente más brutal, abyecto y devastador.
Frente a la invasión de Iraq, frente a los bombardeos sistemáticos de barrios residenciales, escuelas y hospitales, las atrocidades del terrorismo islámico son chapuzas de aficionados. Frente a la ocupación sionista de Palestina, frente a las masacres y demoliciones sistemáticas en los campos de refugiados, los mártires que se inmolan en un autobús o un restaurante son meros gritos de desesperación. Las tropas de ocupación que en Iraq disparan contra manifestantes armados de piedras son terroristas judeocristianos que no merecen otra valoración ni otro trato que los más desalmados sicarios del crimen organizado. Como los sionistas que matan a mujeres y niños desde sus tanques y sus helicópteros.
Con la particularidad de que el terrorismo judeocristiano no solo es infinitamente más brutal, abyecto y devastador que el terrorismo islámico, sino que además es su causa directa y necesaria (del mismo modo, dicho sea de paso, que la religión judeocristiana es la madre del islamismo, y que el fundamentalismo judeocristiano es el padre del fundamentalismo islámico). Sin el criminal embargo que, a lo largo de doce años, mató a dos millones de iraquíes y sin la masacre sistemática del pueblo palestino, no habría habido un 11-S. Sin el criminal contubernio del “trío de las Azores”, no habría habido un 11-M. Y quienes insisten en negar lo evidente (algunos políticos del PP siguen diciendo que el apoyo de su Gobierno a la invasión de Iraq no tuvo nada que ver con los atentados de Atocha) constituyen el execrable “entorno” —devolvámosles también ese término que tanto les gusta— del terrorismo judeocristiano».
Y el 12 de septiembre de 2001, en un artículo titulado Contra el Imperio (que ningún periódico quiso publicar y que acabó convirtiéndose en un libro y una página web), escribí:
«Independientemente de quiénes hayan sido los autores materiales de los ataques del 11-S y sus promotores directos, el Gobierno de Estados Unidos, su Ejército y su oligarquía económica tendrán que asumir y pagar su enorme parte de culpa. Que nadie se asombre de que su complicidad con el sionismo genocida y sus brutales agresiones a pueblos como el iraquí, el sudanés o el libanés hayan convertido a Estados Unidos en el principal blanco de la cólera islámica.
Que nadie se asombre de que el principal productor y exportador de terrorismo del mundo acabe probando su propia medicina. Que nadie se deje engañar por quienes intentan convertir los ataques del 11-S en una justificación de sus proyectos genocidas e imperialistas. Si hay una internacional del terrorismo, es la orquestada por las grandes multinacionales y sus políticos a sueldo. Que nadie se deje engañar por quienes intentan criminalizar toda forma de disidencia o de protesta social, desde los okupas hasta los movimientos antiglobalización…
Combatamos, sí, el terrorismo, pero empezando por sus formas más brutales e intolerables: el terrorismo de Estado y el terrorismo del capital. Las torturas sistemáticas en comisarías y prisiones, la brutalidad policial en la represión de las manifestaciones, la explotación despiadada de los recursos naturales y humanos, los embargos e incursiones militares contra poblaciones indefensas: esos son los más graves atentados terroristas contra la libertad, la dignidad y la vida. Hasta que no acabemos con ellos, no podremos hablar de democracia, ni siquiera de civilización».
(Puede que mis amables lectoras y lectores piensen que reproduzco tal cual estos textos antiguos por comodidad o pereza; pero, por una vez, no es así: me costaría muy poco reescribirlos actualizándolos, pero creo que es revelador —a la par que alarmante— lo poco que han cambiado algunas cosas en las últimas décadas).
Y por lo que respecta al terrorismo patriarcal, misógino y feminicida, el más abyecto y extendido tanto en el espacio como en el tiempo:
El rabino que da gracias a Dios por haber nacido varón y el obispo que les niega a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo no son mejores que el fundamentalista islámico que les impone el velo y la reclusión doméstica. Los tres son herederos directos del patriarca primigenio que vio en Eva el apéndice de Adán y el origen del pecado. Y con los tres hay que acabar definitivamente —inauguralmente— si queremos que la humanidad salga de la ciénaga moral en la que lleva siglos enfangada.








«El horror, el horror» El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
Por una vez, tu comentario recurrente es del todo adecuado.
«Hodor, Hodor» Juego de Tronos, George R. R. Martin.
Gracias. Me ha encantado este punto de vista
Gracias a ti. No es un punto de vista muy popular, y en su día me costó más de un disgusto. Es reconfortante encontrar algún respaldo.
Los de Vox cuando hablan se parecen a cuando,los Guerrilleros de Cristo Rey amenazaban .
Cuando los de Vox atacaron en Torre Pacheco el barrio donde viven muchos marroquís me acordé de cuando en Alemania los nazis asaltaron los barrios judíos en la llamada » Noche de los cristales rotos » .
De hecho, es el mismo mecanismo. La única diferencia es que son menos y tienen menos poder.
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Como los de Vox vayan a más van camino de terminar como terminó Amanecer Dorado en Grecia.
Van camino, sí. Lo que no debe extrañarnos, pues vienen del mismo sitio: unos son herederos de la dictadura de los coroneles y otros de la dictadura del generalísimo.
«El rabino que da gracias a Dios por haber nacido varón y el obispo que les niega a las mujeres el derecho a decidir sobre su propio cuerpo no son mejores que el fundamentalista islámico que les impone el velo y la reclusión doméstica». Falacia de falsa equivalencia.
Señor Frabetti, yo creo que usted es inteligente. Entonces me quedan solo dos opciones: o necesita urgentemente quitarse la venda ideológica de los ojos o práctica la demagogia y la manipulación de forma consciente y malintencionada. Espero sinceramente que sea lo primero.
O no lees con atención, o interpretas de forma sesgada. Por esa vía tardarás mucho en llegar a Ítaca.
Si eres del Barsa, no puedes ser del Madrid!
Pero se puede disfrutar de un buen partido de fútbol sin verlo como una batalla campal. Es muy significativo que haya partidos «amistosos», pues eso significa que normalmente son «enemistosos».
¿solteros contra casados?. Sin la rivalidad, el fútbol, sería popular como la petanca.
Una cosa es la rivalidad y otra la ferocidad de los hinchas y la locura de quienes sufren un infarto cuando pierde «su» equipo. Ojalá el fútbol fuera tan (genuinamente) popular como la petanca.
Gracias Carlos por el artículo. Las causas justas lo son siempre, de ahí que valga ahora, hace 100 ó 20 años, o en el futuro tan negro que algunos tanto hacen por conseguir.
Salud y república.
Gracias a ti por tus asiduos y siempre interesantes comentarios. Salud y república (socialista, si no es mucho pedir).
A mí las supersticiones de cada cual me traen al pairo. Siempre y cuando no sirvan como excusa para reventar un tren lleno de gente que va trabajar pero la mañana. En eso caso me parecen supersticiones tirando a peligrosas.
Totalmente de acuerdo. Pero las supersticiones tienden a convertirse en conductas, a menudo peligrosas.
Al final, el profesor sólo quería volar la habitación…
Pero, al final, el profesor no voló la habitación…
Es necesario y aleccionador ver los vídeos de los fundamentalistas islámicos somalíes llorando cuando su parlamento votó una ley que les impedía casarse con menores (ley que, según parece, fue necesario retirar). A ver, todas las religiones son inmundas, pero aún no he visto un video de los curas catolicos llorando porque no les dejan violar a niños…. E identificando ese derecho a la violación con una ley divina. Así, la persona violada ni siquiera es una víctima, sino un despojo propiedad de alguien. Si todas las religiones son el mal, el Islam es solo la religión más desfachatada y violenta. Luego podemos seguir con católicos judios y budistas (igualmente execrables), pero no mantengamos un escrupuloso silencio para no molestar a los amigos emiratíes y al rey de Marruecos. Por último, un pequeño recordatorio a los ateos: los religiosos quieren vuestra obediencia o vuestra cabeza: no se van a conformar con vuestro silencio. No hay que pactar con ellos, ni concederles espacio, ni comprar sus pretextos… (el más infantil y sórdido es la Islamofobia) .nunca. Toda estrategia tiene que centrarse en impedir su capacidad de presión y proliferación. Y toda actitud contemporizadora costará océanos de sangre, injusticias y horror. La religión no es el único mal, pero con el capital convive maravillosamente, y con el militarismo y la represión… son serpientes en un saco…