
Las canciones no solo nos acompañan o nos entretienen, también nos describen. Cada año se publican más de cincuenta millones de temas, pero aún de un espejo fragmentado es posible entrever rasgos comunes. Un muestreo de los temas internacionales de enero a agosto del 2025 más reproducidos en plataformas o mejor valorados por la crítica dibujan un estado de ánimo compartido: más allá de la música festiva (al principio no fue el verbo, fue el ritmo), se percibe la ansiedad generada por vivir en una exposición constante, la obsesiva búsqueda de validación afectiva y social y la mercantilización de la intimidad. También abundan como nunca canciones atmosféricas, con coros celestiales, sintetizadores suaves y voces susurradas, en búsqueda de sosiego y de cierta espiritualidad.
Otra conclusión nace de una paradoja: mientras los países se amurallan y sus gentes se polarizan, la música es híbrida, se han abolido las fronteras entre estilos y culturas, incluyendo las piezas con intervención de la IA. Desde el Intelligence Dance Music/ambient/glitch de Sola, de Arca a Killin’ It Girl, de j-hope y Glorilla, de la experimentación latinoamericana como EQ, chicarica, weed240 o Lila tirando a violeta, a Judeline con Yerai Cortés (Un puente por la bahía) a Dafodil, que reúne a Jamie xx, John Glacier, Kelsey Lu y Panda Bear; Enji, que mezcla jazz europeo con folk mongol; el afrobeat latino de Rema, o Hiromi, jazz japonés con virtuosismo global.
Si en España ha sido el verano de Rusowsky y su Malibú, en el primer año del mandato Trump, se encaraman a la lista del Bilboard Hot 100 Ordinary, un himno para bodas de esposas tradicionales (tradwife) del tiktoker cristiano Alex Warren, y el country de Morgan Wallen, género genuinamente norteamericano si bien actualizado con toques pop y trap, compitiendo con el K-pop coreano. Golden, de Huntr/x, es un himno de autoempoderamiento para chicas que se sienten invisibles, malinterpretadas o atrapadas en sus propias inseguridades, que quiere «despertar y sentirme como yo misma», sin dobleces, miedos ni mentiras y vivir «como la chica que todos ven». Eso, sí, ganando mucho dinero y en la cima de la cima. Your idol, de los Saja Boys, aunque ficticios (del film de animación K-pop demon hunters, demonios que se apoderan de la energía de sus fans), no deja de ser una representación exagerada de cómo la industria puede fomentar sumisión emocional y alienante respecto al líder: «dáme tu deseo», dice, y prometer salvación, meterse bajo su piel, controlar su mente: «estás de rodillas, soy tu ídolo». Rumi, la líder antidemonios, simboliza esa lucha por la autenticidad en un sistema que glorifica la perfección, la imagen, el éxito visible, cuando internamente muchas personas luchan contra la soledad, el temor al fracaso y el vací emocional. Los demonios en la película no solo son enemigos físicos, sino también metáforas de emociones destructivas: ansiedad, ira, vergüenza. Las canciones tienen poder real de sanar y superar las crisis personales y Rumi debe aceptar sus raíces espirituales y familiares para desbloquear todo su poder.
Hombres niños, hombres tóxicos
Manchild, de Sabrina Carpenter (26 años), retrata la masculinidad de la inmadurez, un hombre-niño que exige atención, rehúye toda responsabilidad y reciprocidad y apela a mujeres emocionalmente agotadas, que han de hacerse cargo de su pareja y de sí mismas. Girls feels good, de FKA Twigs (37 años), comienza con un comentario sobre la masculinidad tóxica que nace de la inseguridad, enmascarada con violencia, para reivindicar la autonomía emocional femenina, mientras Sexyy Red y Central Cee (los dos, 27 años), muestran en Guilt trippin las turbias complejidades de una relación de manipulación mutua y maltrato: «Tú eres feminista, no crees en roles de género/ Y aún así te tengo en la cocina preparando la comida».
Amores que duelen, o no
Aunque la palabra «love» ha perdido terreno ante «like», el amor y el desamor siguen siendo los tema estelares. «¿Es amor o suicidio?», pregunta Wet Leg en CPR. Saya Gray poetiza la desilusión en This is why (I don’t spring 4 love): la voz poética se aísla, se congela: «Hola, nieve, estoy sola». Frente al abandono, la respuesta no es rabia ni deseo, sino congelamiento emocional. En Eso que tú llamas amor, de pablopablo, hay tres personajes que comparten una experiencia común: haber amado a alguien que no sabe amar de vuelta: «eso que tú llamas amor no es para dos». Morgan Wallen en What I Want o Just in case, muestra el corazón herido: relaciones de una noche, porque nunca se vuelve a enamorar, «por si acaso». Muchas canciones tratan la dificultad de dejar una relación tóxica de control.
Si Kendrick Lamar (38 años) y SZA (35 años) ofrecen fuerza y ternura en Luther, y hablan de proteger, confiar, y construir esperanza juntos, a la vez que reconocen las heridas y desafíos personales, Back to me de The Marias (31 años) refleja la obsesión por historias inconclusas. Hay un deseo de tener una segunda oportunidad, ansía y teme a la vez el compromiso duradero, una mezcla muy millennial/Gen Z de romanticismo y ansiedad afectiva, como en Tonight, de Pink Pantheress. En cambio, Lana del Rey (40 años) en Henry, come on, se despide sin dolor de un hombre errante, incapaz de quedarse: no se puede perseguir a un fantasma, hay que soltarlo.
Raíces o lujo como identidad
Hay hartazgo de los temas que exhiben marcas de lujo, dinero, armas, drogas y mujeres cosificadas, pero la música (el flow) o el look del vídeo pueden más que las letras y no decae la lógica neoliberal más cruda envuelta en estética Scarface, la generación Lamine Lamal. «You Know, I’m a G». «Yo soy un gansta, el capo, duro y confiable», dice Rema en Baby It’s a crime. «Vida recia, lujos, fama, joyas, culos / Tengo todo y nada me llena / El billete no vale verga», se lamenta el mexicano Fuerza regida en Por esos ojos. Drake en Nokia sigue encarnando el yo-hiperprotegido que narra su herida sin cuestionar el contexto que la produce. What did I miss? es para él más que una guerra de egos con Kendrick Lamar, pues trata de no saber bien en quién confiar, de vivir relaciones frágiles, donde el conflicto con otros hace que se tambaleen vínculos propios ¿Me rodeo de personas que me quieren de verdad o solo por la imagen que proyecto? Y entonces se echa mano del sarcasmo o la agresividad, porque no se sabe cómo expresar el miedo a estar solos, a no ser reconocidos.
En la onda del triunfador que presume de lujo y haber salido de la miseria por medios ilícitos (hustle) o esfuerzo (grind) sin conciencia de comunidad, figuran, con distintos matices, Natael Cano (El juez), Neton Vega & Peso Pluma (Morena), Travis Scott (4×4), y en una zona mixta, Metro Boomin, Tyler The Creator o Playboi Carti con I am music, donde colabora la plana mayor: Lamar, Future, Travis Scott, The Weeknd, Young Thug, Lil Uzi Vert y Ty Dolla $ign. Incluso en Get better de Zlatan, donde hay un deseo genuino de mejora y trabajo duro para cambiar la vida, con conciencia de las dificultades y la volatilidad del éxito, también hay fijación con el lujo, la fama, la ostentación y la validación social.
Con mayor conciencia social, Clipse se junta con Kendrick Lamar, Push T., Tyler The Creator y No Malice para denunciar en Chains & Whips las cadenas de oro que esclavizan, lujo que empobrece. DeBÍ TiRAR MáS FOToS, de Bad Bunny, refleja una generación que, entre la celebración y la melancolía, busca autenticidad, reconexión cultural y valorar los momentos reales. En el vídeo de Nuevayol, añade una voz de Trump recreada con IA en la que dice que son los emigantes quienes han hecho grande Estados Unidos. Look Down On Us del grupo Maruja es un grito contra los sistemas que deshumanizan, pero también invita a reconectar con el amor, con los demás, y con nosotros mismos. Fusiona protesta con poesía, furia con sensibilidad, y desesperanza con posibilidad: «El genocidio abunda y todos miramos hacia otro lado», claman (una denuncia que comparte Blackxwash en History of violence)
La sociedad de la ansiedad
La necesidad de ser queridos, deseados, pero también aprobados, de acumular capital emocional de likes aparece en muchos hits. Doechii describe en Anxiety lo que muchos jóvenes sienten día a día: vigilancia, autoexigencia, cansancio mental. «Mi ansiedad, no puedo librarme de ella/Alguien me observa». Aunque también tiene una lectura política: ser persona negra en EE.UU., bajo amenaza de la violencia policial, el asesinato por asfixia. Fontaines DC transforma Starbuster, nacida de un ataque de pánico, en la celestial In The heaven, de David Lynch. Perfume genius en It’s Mirror expone inquietud, ansiedad, memorias y la tensión entre quedarse encerrado o arriesgarse a salir al mundo, mientras Bon Iver en Sable, fable, aborda la transformación personal y la conexión con uno mismo y el entorno.
«Comparo mi vida con la nueva it girl/La envidia es como el mar, me arrastra hacia abajo», canta la tik-toker Addison Rae en Headphones on. Ca7riel y Paco Amoroso reflejan el síndrome del impostor. En Tetas lo resumen así: «Si quieres sеr alguien, no puedes ser tú / Tienes que ser alguien que no seas tú/ Y si quieres ser tú, no vas a ser nadie, solo serás tú», un dilema para el que tienen antídotos Little Simz en el poderoso manifiesto Flood, Valeria Castro en Los cinco sentidos y Kae Tempest en Know yourself, un viaje interior para dejar atrás una antigua identidad (una especie de muerte del ego) para convertirse en alguien más auténtico, aunque eso desconcierte a quienes la rodean.
Ethel Cain es Hayden Anhedönia, mujer trans bisexual, muy diferente de Chappell Roan, que ha subvertido los clichés masculinos del country, o de las letras caóticas y atmósferas intensas y cambiantes de aya en el experimental hexed!. Cain lleva tatuados en la piel los nombres del demonio Asmodeo y del arcángel Gabriel, en los nudillos las palabras «God sent», y dice cosas como: «Dentro de mí hay tres personas: un punk de 16 años, la abuela con la que vivo y el demonio que está en nuestro sótano.» Es una narrativa multialbum (Preacher’s daughter y Willoughby Tucker, I’ll always love you) sobre la historia de una mujer atrapada entre el deseo de amor, la religión, el trauma y la muerte (¡acaba canibalizada!). Hayden Anhedönia usa esta historia para explorar temas como el abuso, la identidad queer, la fe cristiana, la violencia masculina, la femineidad y la autodestrucción.
Celebrando la vida
Por supuesto en el 2025 hay canciones celebratorias del amor, el deseo y la vida. Vaitimbora, de Mariana Froes & Trinix, explora la relación mística entre los humanos y la naturaleza. Malibu, de Rusowsky y Lotus de Mushkaa alegran las fiestas adolescentes, Judeline colabora con Yerai Cortés en Un puente por la bahía. La plena, de W Sound, Beéle y Ovy on the drums, da un retrato del deseo, la atracción física entre dos personas que se acaban de conocer y que sienten una conexión inmediata. Show me love de WizTheMC, bees& honey y Tyla es una canción sobre el amor sin adornos ni lujos. Shake it to the max de Moliy es una canción explosiva y afirmativa, donde Moliy, Shenseea y Skillibeng representan distintas caras de la cultura afrocaribeña contemporánea: la mujer libre, poderosa y deseante; y el hombre que admira, y a veces intenta dominar ese poder. La canción celebra el cuerpo, el baile y la independencia, pero también lanza una advertencia: no confundas sensualidad con debilidad. Aquí las reinas mandan.
La selección de canciones de enero a agosto de 2025 se ha realizado a partir de herramientas de medición de audiencia como Music Metrical Vault, YouTube Charts, Billboard Tik-Tok, y otras fuentes como Jot Down, Spotify editor, SoundCloud, Consequence of Sound, Apple Music, Bandcamp, Pitchfork, NME, Les Inrockuptibles, Rolling Stones, Genius, Vulture, Guardian Music, Enderrok y Mondosonoro.








El horror, el horror…
ya sabía yo que el lector medio de JDno podría aguantar referencias tan modernas, pero a mí me ha descubierto algunas cosas muy chulas.
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