Cine y TV

‘District 9’: la vieja historia de la humanidad

District 9
District 9. Imagen: TriStar Pictures.

Desde el primer fotograma de District 9 (Neill Blomkamp, 2009), todo nos dice que no estamos ante otra película de temática extraterrestre. El caso es que aquel año, un director sudafricano, semidesconocido para el gran público y al abrigo de Peter Jackson, entregaba a la gran pantalla una de las mejores películas de alienígenas que el que escribe estas líneas jamás haya visto. Por eso ya desde aquí les advierto: si lo han hecho y no les gustó, o si les pareció convencional, dejen de leer. Porque lo que sigue es una sarta de alabanzas hacia un filme ucrónico que soporta múltiples lecturas, todas válidas, comenzando por la obvia alegoría del apartheid, pero que habla de nosotros mismos, del ser humano como especie depredadora.

Estamos en 2010, han pasado veintiocho años desde la llegada de una nave alienígena a Johannesburgo. Más de dos décadas después del contacto, los extraterrestres conviven con los humanos aunque confinados en lo que primero tomó forma de un campo de refugiados y acabó convertido en un gueto. Pueden decir que el punto de partida no es nuevo, ahí están Enemigo mío (Wolfgang Petersen, 1985) o Alien Nation (Graham Baker, 1989), entre otras, la convivencia entre especies; pero nunca antes esto se había representado de una manera tan cruda y realista. Porque nada en esta película cede un milímetro a la esperanza de un futuro limpio y próspero, más bien al contrario, como el propio Blomkamp se encargaría de dejar claro en su segundo y nada desdeñable filme, Elysium (2013). Esto es el Distrito 9 Soweto, pero también el gueto de Varsovia o cualquier otro agujero en el que el ser humano ha confinado a sus iguales a través de la historia, que ahora pretende ser desalojado por la fuerza para trasladar a sus habitantes a otro agujero en mitad de la nada, un hipotético Distrito 10.

«Nadie sabe muy bien qué ocurre en el Distrito 9», dice uno de los personajes entrevistados en los primeros minutos de metraje. Porque esto es otra cosa a subrayar en la ejecución de la película: la mezcla de géneros permite una crítica acerca del papel de los medios en situaciones de crisis. Blomkamp juega con convencionalismos de una narración documental que poco a poco se irá difuminando para presentarnos la historia de Wikus Van de Merwe (ojo a la interpretación de Sharlto Copley que le valió una merecidísima nominación al Óscar), el empleado de la multinacional MNU, una empresa de servicios de defensa y seguridad contratada por el Gobierno (¿les suena?) para llevar a cabo trabajos sucios, como la limpieza del campo. Van de Merwe es un civil, un poco tonto y bienintencionado que simplemente trata de hacer su trabajo, es el funcionario Eichmann, burócrata encargado de supervisar el cumplimiento de las órdenes al que no le gusta la violencia, que corre a cargo de los paramilitares a sueldo de la MNU. Ello no significa que no participe de la ideología general («puedes abortar a uno si quieres», le dice a otro empleado en mitad de la operación cuando descubren un criadero de aliens) hasta el momento en el que, más bien por accidente y egoísmo, le toca ocupar el lugar de «el otro».

Una cita falsamente atribuida a Sigmund Freud dice lo siguiente: «La más clara prueba de que existe vida inteligente en otros planetas es que aún no han venido a visitarnos». La frase apócrifa nos viene como anillo al dedo para divagar un poco sobre esa obra maestra que es District 9. Pese a las apariencias, la duda de quién es el ser inteligente sobrevuela toda la película. El contacto entre seres no es espectacular más allá de tener una gigantesca nave espacial varada sobre una ciudad, pero sí lo es lo que se encuentran los equipos especiales una vez que acceden al interior de la misma. Nada distinto, por cierto, de lo que se encuentran los equipos de salvamento que rescatan barcazas frente a las costas de Lampedusa o los voluntarios que prestan ayuda en las montañas de Melilla. Porque ahí radica otra de las lecturas del filme: el racismo y el miedo a una convivencia juzgada como «invasión». La película es un manual de la deshumanización de «el otro»: poco importa que aquí ese otro sean unos juzgados como «inferiores en inteligencia» a los que, según las reglas del especismo, se ha bautizado como prawns (langostinos) de la misma forma que los judíos eran identificados como roedores por los nazis.

Por último está el gran negocio de los últimos años: el terrorismo y la supuesta seguridad que ha dado alas a empresas como la MNU: «cuando trate con los aliens, sea amable y respetuoso. Recuerde que una sonrisa es más barata que una bala». District 9 no es perfecta, nada lo es, pero sus pequeñas imperfecciones me las guardo para otro momento.

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3 comentarios

  1. Una película sobrevaloradísima de un bluf de director, que en sus posteriores filmes demostró ser un auténtico manazas como cineasta.

  2. A mí me encantó la película cuando la ví. Toca temas que dan que pensar. Y también Elysium, clara referencia al Madrid de Aguirre y Ayuso.

  3. Juan Miguel

    Es una pelicula excelente, no tanto por la vigencia del mensaje, sino porque es entretenida, caotica, divertida, cruda y lo mas importante, hace pensar.
    La excelencia filmica la dejo a los criticos de arte, tan pagados de si mismo como incapaces por lo general, de crear, siendo mas sencillo, destruir.

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