Libros Arte y Letras Entrevistas

La Botica de Lectores: «Los libreros unidos podemos conseguir cosas ante las instituciones que por separado serían imposibles»

La Botica de Lectores

En Sevilla saben bien que de un naufragio puede nacer una travesía. Cuando la librería Beta cerró tras casi cuarenta años, tres de sus libreros —María Eugenia Rodríguez, Rafael Rodríguez Núñez y Miguel Ángel Neva Laynez— decidieron hacer lo impensable: capitalizar sus paros, renunciar a meses de sueldo y levantar desde cero La Botica de Lectores. Ocho años después, aquella locura con aroma a desesperación se ha convertido en un referente cultural y acaba de recibir el premio a la mejor labor librera en los I Premios AEA de Edición y Promoción del Libro.

Nos reunimos con ellos en un bar de Los Remedios, un barrio en el que tienen dos de sus librerías, para hablar de vértigos y aprendizajes, de Beta como escuela y herida, de anécdotas delirantes en el mostrador, de vampiros que vuelven a ponerse de moda y de cómo una librería de barrio puede convertirse en una verdadera botica para la ciudad.

¿Por qué Botica? ¿Acaso los libros son un remedio bálsamo para el alma?

M.E. El nombre viene de una anécdota. Cuando trabajábamos en la librería Beta, un pequeño cliente que no podía pronunciar librería, decía que aquello era una tienda de libros. Quisimos jugar con esa idea de tienda —botica en italiano— y con la palabra cura, como si fuéramos farmacéuticos. De ahí surgió el nombre.

Empezamos desde el principio, ¿qué recordáis de Beta?

R.R. De aquella etapa nos queda de todo, también cosas buenas. Allí nos conocimos y compartimos una plantilla en la que había grandes libreros. A los mejores los seguimos teniendo, porque ahora forman parte de Botica, Fue nuestra escuela, nuestra fórmula de aprendizaje. Luego está el mal recuerdo de cómo terminó todo: un final injusto para una empresa que había funcionado en Sevilla durante casi cuarenta años. Fuimos sufridores y víctimas de aquella mala gestión que acabó en concurso de acreedores, pero también fue el inicio de algo nuevo. Esa ruina nos dio la oportunidad de crear Botica de Lectores.

¿Y hubo vértigo? Cuando uno piensa «tengo que capitalizar el paro»…

R.R. El miedo y la inseguridad eran enormes: llevábamos más de seis meses sin cobrar y tuvimos que dar por perdidos esos sueldos. Después vinieron los primeros meses de la nueva aventura, en los que tampoco ingresamos nada. Capitalizamos el paro y nos lanzamos a abrir dos librerías. Visto con la distancia, pienso que hoy no habríamos sido capaz de hacerlo. Pero entonces estábamos en un callejón sin salida: o lo hacíamos, o lo hacíamos. No había otra opción. Éramos libreros, sabíamos que ese era nuestro oficio y reconocimos en aquel momento la oportunidad de seguir siéndolo.

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Un comentario

  1. ¿Cómo puede uno de los entrevistados asegurar que las Meditaciones de Marco Aurelio fueron «concebidas para mantener a los esclavos conformes»?

    El texto no fue escrito para ser leído por el pueblo, ni por esclavos, ni por nadie más. Es un diario privado de Marco Aurelio, sin intención política ni pedagógica. Las copias sobrevivieron por azar histórico, y no circulaban en su época.

    Por tanto, la idea de que Meditaciones fue “concebido para mantener a los esclavos conformes” es fácticamente incorrecta. No hay evidencia histórica ni textual de que esa fuera su función o propósito.

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