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Amparo Llanos: «Jane Austen sabía que era una genio. Todas las personas geniales lo saben»

Amparo Llanos para Jot Down

Esta entrevista es un adelanto de nuestra revista trimestral Jot Down #53 «Intimidad», ya disponible aquí

La primera vez que escuché la guitarra de Amparo Llanos (Madrid, 1965) no fue en un escenario ni en una entrevista, sino en una máquina recreativa en cuyo videojuego de snowboard tenía como banda sonora la canción «Loli Jackson». Después llegaron los discos, la devoción y esa forma tan suya de hibridar rabia y luminosidad en una vibración que atravesaba a toda una generación. Ahora, en el 250 aniversario del nacimiento de Jane Austen, Amparo reaparece como una lectora apasionada, una estudiosa minuciosa y, sobre todo, una intérprete íntima de una autora a la que define sin titubeos como una diosa cercana.

He quedado con Amparo en su casa, donde los libros cubren todos los espacios, para que me cuente dónde nace su fascinación por la autora inglesa y cómo ha sido el proyecto de recopilar y traducir sus cartas selectas en Afectuosamente tuya. En cuanto empieza a hablar de Austen, despliega una mezcla de entusiasmo, pudor y claridad que desmonta estatuas y devuelve a la escritora inglesa su respiración cotidiana: la ropa que quería comprarse, los bailes que frecuentaba, las comidas que preparaban en casa. Esa humanidad —dice— es la que revela la genialidad. Una genialidad que no baja del Olimpo, sino que brota de la vida común.

En el prólogo hablas con mucha admiración de la diosa Jane y de la tensión entre la figura mítica y la mujer real. ¿Cómo has equilibrado esa mirada doble al trabajar sobre cartas tan íntimas?

Porque en realidad es muy fácil, las cartas te llevan a una Jane Austen real. No hay manera de engañarse. Es una Jane que habla de la ropa que quiere comprarse, de los bailes a los que va, de la vida doméstica, de las comidas que preparan en casa. Lo explico en el prólogo. Ese desconcierto de los primeros críticos que la adoraban y que no sabían cómo enfrentarse a una Jane auténtica, a veces incluso banal según su mirada. Claro. Pero quienes, además de admirarla, somos devotos y devotas de leer cartas y diarios de personajes famosos sabemos que, justamente, ahí está la gracia: que la genialidad es humana.

El aniversario parece que devuelve a Austen a la conversación pública, aunque en realidad nunca ha dejado de hablarse de ella. ¿Crees que se está celebrando realmente a la autora ahora en España?

Me da la sensación, como siempre, de que, al ser una autora inglesa, en el mundo anglosajón se celebra más que en España. Aquí se celebra también porque es una figura importantísima, entre otras cosas no solo por su obra literaria, sino por las adaptaciones cinematográficas que han hecho que sea tan conocida. Claro, pero realmente es una buena manera de llevar a la gente a Jane Austen. A través del cine y de las series sí creo que aquí tiene importancia su figura. Quizá falta que se la lea un poco más, sobre todo que la lean los hombres, que tienen mucho miedo a las tacitas, cuando realmente descubrirían a una autora que está al nivel de Cervantes y de Shakespeare.

Cuando describes a Jane Austen como una divinidad, es una divinidad cercana que arropa. ¿Sugieres que sus lectoras y sus lectores buscan una especie de consuelo emocional en ella? ¿Qué papel juegan sus cartas en esto?

Efectivamente, Jane Austen tiene esa aura de diosa protectora, y para sus lectoras y lectores supone entrar en un mundo más o menos cerrado, con muy pocos cambios, un mundo ideal y seguro. Y está bien que sea así. Yo he leído en muchas ocasiones de mi vida las novelas de Jane Austen como un refugio, como un consuelo, como una evasión. La lectura de evasión la encuentro maravillosa. Para eso son las novelas, para evadirse con la imaginación.

Las cartas tienen de bueno que te hacen apreciar cómo una persona como tú y como yo, como somos todas y todos, puede tener a la vez la capacidad de crear mundos. Y ese don, casi divino, que lo tienen poquísimas almas contadas, es lo que es la creación artística. Es un acercamiento, como un vislumbrar lo divino por unos segundos que luego se desmorona cuando sales de ahí.

Las cartas te llevan a darte cuenta de que, si miras a tu alrededor, puede que estés cerca de alguna genia o genio que nadie sabe que lo es. Es una cosa muy curiosa. Poder estar en presencia de alguien genial y no saberlo. Probablemente, en su momento, cuando Jane Austen era Jane Austen viva, de carne y hueso, por lo que se lee en las cartas es posible que se la diera un poco por sentada. Era la tía Jane, la hermana Jane, la amiga simpática y witty, ingeniosa, que bailaba y tal, pero no sabían que estaban en presencia de la genialidad.

En muchos momentos dices que la humanidad desbordante de Jane puede ser incluso traumática.

Claro, porque puede ser traumático ese paso de «quiero que sea ese ídolo» que sé que va a proteger a todos sus personajes. Sus heroínas pasan por cosas, por supuesto, porque ella está reflejando lo supuestamente fácil, pero a la vez muy difícil que era ser una mujer en su tiempo, a pesar de pertenecer a una clase más o menos privilegiada y protegida. El paso traumático se produce porque, en la vida de Jane, te das cuenta de que bajo esa pátina de bailes, ropa, viajecitos a ver a sus hermanos y «aquí no pasa nada», sí pasaba mucho.

Era una mujer soltera que dependía totalmente de la buena voluntad —o no— de sus padres y, más tarde, de sus hermanos cuando su padre murió. Tenía siempre esa sensación de inseguridad y precariedad, pero a la vez sabía —aunque no hay muchos fragmentos de cartas en los que hable de su obra— que tenía un talento inmenso, y cómo mezclaba eso con su día a día. A lo largo de su vida vivió en varios sitios y se refleja: en la etapa de Bath hay una cierta tensión porque no estaba a gusto, porque dejó de ser productiva artísticamente; en Southampton igual, una sensación de incertidumbre hacia el futuro. Y de repente, cuando llega a Chawton, esa sensación de «bueno, ahora ya, por lo menos sin casa no nos quedamos» y empieza otra vez a producir artísticamente.

Amparo Llanos para Jot Down

Una cosa que recorre el libro es el vínculo entre Jane y Cassandra. En esa relación epistolar entre las hermanas, ¿qué te aporta? ¿Ves alguna similitud con la relación con tu hermana?

Sí. La relación de Jane y Cassandra, como se nota en las cartas, debió de ser absolutamente cercana, íntima, de conocimiento profundo del carácter de la otra y de sus reacciones, pero a la vez dentro de que somos mundos. Y somos mundos. Como decía Leibniz, somos mónadas sin puertas ni ventanas. Conocer al cien por cien es imposible; yo a mi hermana cien por cien no la conozco y ella cien por cien a mí tampoco. A pesar de que nos conocemos, nos intuimos muchísimo, hemos pasado años juntas y seguimos en contacto diario, contándonos nuestras cosas, anticipando cómo va a reaccionar la otra ante ciertas cosas que no vienen dadas como una carrera en la vida, etc.

El punto en común que veo entre Jane y Cassandra y Cristina y Amparo es el afán de protección mutua. Yo las veo a ellas y me identifico mucho con la relación que tengo con Cris: protegernos a lo largo de los años, querer que la otra esté siempre lo mejor posible. Fíjate que mi hermana Cristina es diez años menor que yo y, durante los años de Dover, hice mucho de protectora de Cristina; pero Cristina es muy protectora mía también, muchísimo. Yo la protegí escudándola del público, de la prensa o tal, y ella me protegía a mí durante años siendo ella la que estaba ahí, delante, en el escenario. Y luego teníamos una relación profundísima de confianza a la hora de trabajar juntas artísticamente.

Eso no lo hacían Cassandra y Jane, pero Jane sí tenía confianza absoluta con Cassandra para enseñarle siempre los manuscritos antes que a nadie. Le seguiría algunos consejos literarios, etc. Ese respeto profundo y esa sensación de estar totalmente compenetradas en cuanto a opiniones literarias, artísticas —musicales en nuestro caso—, eso lo tenemos conectado las dos.

Una de las cosas que me encantan de Jane Austen, y creo que también a ti, es la ironía, esa vena satírica tremenda que además aparece en las cartas. ¿Cómo dialogan esas dos Janes: ¿la genia y la que está en tierra, irónica?

Es curioso, bueno, en el fondo es normal. Jane Austen, escritora de novelas, utiliza una ironía sutilísima e inteligentísima. En prácticamente todas las páginas hay una frase absolutamente rotunda y genial por parte de la narradora o incluso de lo que dicen los personajes, donde se ve esa inteligencia suprema. En las cartas esa ironía tan sutil y difusa es menos sutil y menos difusa; a veces llega a ser humor negro. Siempre elegante, pero a veces golpea.

Tiene sentido porque ahí no está creando un mundo, está reaccionando ante cómo es la vida. En sus novelas utiliza la ironía para crear un mundo lo más ideal y perfecto posible, pero con ese toque absoluto de humanidad, de conocimiento de la naturaleza humana. Es lo que la une a Shakespeare, por ejemplo, o a Cervantes: para mí, los tres genios en dar en el clavo con las palabras más sencillas sobre cómo somos las personas, incluida la narradora. En sus cartas, en cambio, está reaccionando a la vida, a cómo le vienen las cosas, y esa ironía a veces se vuelve mordaz y satírica. A veces la sátira tiene un punto de escepticismo y de desconsuelo, mientras que esa ironía más sutil, al revés, está hecha de creer en la naturaleza humana, en lo bueno de la naturaleza humana, de creer que hasta lo malo que tenemos, como es humano, al final es bueno.

Has mostrado a Austen viviendo, corriendo por Londres, tomando el sol, escuchando a la gente de la iglesia o peleándose con sus editores. ¿Qué hallazgo cotidiano te hizo sentir más cerca de ella? ¿Con qué dijiste «hostia, esto me identifico»?

Yo había leído las cartas de Jane a lo largo de los años muchísimo y, como he leído mucho sobre ella, cada vez que una experta o un experto hablaba sobre Jane, volvía a esa carta y la leía. Me hace gracia porque reconozco lo que he ido subrayando por los colores de los rotuladores que utilizaba o los post-its. Me he dado cuenta de que lo primero que me arrebató y que señalaba muchísimo eran los momentos en los que iba a comprar ropa, hablaba de este vestido o de aquel, porque me parecía que nos conecta a las mujeres. Muchas, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido interés por la ropa. Ella, en varios momentos, también dice que está harta y aburrida, que se ha hecho unas cofias para no hacerse nada en el pelo y que la olviden; que le gustaría que la ropa se pudiera comprar hecha y no tener que andarla haciendo: quería ya el prêt-à-porter en el siglo XVIII. Me llamó mucho la atención porque habla de la moda como eso que es importante para las mujeres, pero a la vez una imposición, una pesadez. Y lo subrayaba con fruición.

Me encantaba también cuando hablaba de su proceso de creación, cuando contaba que estaba corrigiendo Orgullo y prejuicio y que le estaba gustando mucho. Leerla como autora en sus cartas me daba un placer enorme. Y luego estaban sus cosas cotidianas —qué comía, qué le gustaba—; cuando mencionaba comida… Yo, que soy una persona muy comilona, aunque no lo parezca, disfrutaba muchísimo. A mí las cartas y los diarios, incluso cuando no amo al personaje, me ayudan a terminar amándolo. He leído cartas de autores y autoras que no me interesaban y, de repente, he podido verles… O con quienes tenía una relación de amor-odio —por ejemplo, con Freud—: lees sus cartas y piensas que es humano también. Todo el mundo es humano, sí, aunque vaya pontificando aquí y allá sobre cómo son las mujeres; pero luego es una persona, es humano.

Y cuando ya amas al personaje, como me pasa con Jane —como con Virginia Woolf, con Emilia Pardo Bazán, con tantas autoras que adoro—, mientras traducía las cartas sentía algo que no sé si es arrogante decir, aunque lo viví con total humildad. Estaba sudando tinta china durante horas, y no tenía la sensación de que Jane me hablara, sino de que hablaba por mí, a través de mí. Me sentía completamente sumergida en Jane.

Ahora hay un boom de un género llamado romantasy: lo romántico como fantasía. ¿Crees que Jane Austen es precursora del romantasyy que estas chicas jóvenes la reconocen como figura?

Yo creo que el romantasy lo que hace es llevar a Jane Austen no solo a chicas jóvenes, sino a chicos jóvenes también. Y eso está bien, que los chicos jóvenes se permitan acceder a Jane Austen, porque es que no saben lo que se pierden. Creen que es un mundo que no tiene por qué interesarles porque es un mundo de mujeres. Y, por un lado, aprenderían qué supone ser una mujer, qué supone ser una chica. Identificarte y meterte en la piel de una heroína siendo un chico me parece un trabajo de imaginación interesantísimo y debe dar resultados buenísimos. Por otro lado, claro, leer a Jane Austen tal cual ella escribió sus novelas es lo suyo. No te va a pasar nada en la vida si no la lees, pero si la lees va a ser mejor para ti, seguro. Vas a disfrutar muchísimo. Y luego, todas esas secuelas, toda esa manera de meterte en mundos y provocar la imaginación a base de la lectura me parece maravilloso. No es tiempo perdido.

Amparo Llanos para Jot Down

Has dedicado muchos años al estudio de escritoras anglosajonas entre el siglo XVIII y el XX. Estás trabajando en un libro sobre Virginia Woolf, también para Renacimiento. ¿Por qué empiezas por Austen? ¿Qué significa dentro de ese linaje? ¿Y qué relación tiene con el feminismo? Aunque no hay teoría feminista en el libro tal cual, parece que quieres trabajar con esta autora también para hablar de feminismo.

Con Virginia Woolf no hay ninguna duda. Jane Austen no se consideraría… no habría utilizado nunca para sí misma el término feminista. Para empezar, era un término novísimo entonces. Pero a lo largo del siglo XX y XXI ya hay muchísima crítica feminista aplicada a Jane Austen, trabajos buenísimos. Y lo evidente es que ella, a pesar de no ser Mary Wollstonecraft, de no querer romper con su mundo en absoluto, vivía dentro de una clase social con unas normas muy concretas que se sabía de memoria y que estaba dispuesta a cumplir… hasta un punto. Y eso se ve clarísimamente en las cartas. Están esos momentos en los que cree que… ¿por qué tiene una mujer que parir once hijos? ¿Por qué parir once hasta que se muere en el número doce ya, porque no puede más? Cuestiona, de hecho, a pesar de creer que lo que tienen que hacer las mujeres en su entorno social es casarse. Pero ella no se casa. Y además cree —se ve cuando aconseja a su sobrina Fanny— que no hay que tener prisa, que no se case con el primero que aparece, que por qué se tiene que casar con dieciséis años. Eso, que parece poco, es muy importante. Es, de una manera práctica, terminar diciendo lo que dice Mary Wollstonecraft: las mujeres tenemos que tener vida autónoma, acceso a educación, etc.

Y eso ella lo intenta siempre, pero dentro del mundo que le tocó vivir; no se planteaba escaparse con un señor, no era algo que entrara en sus planes. Todo eso ya lo resolvía a través de la ficción. Era una mujer clásica. En sus novelas casa a todas sus heroínas, sí, pero hay una parte enorme —muy visible en su ironía— en la que creo que las casa porque desea para ellas una buena vida. Sabe por experiencia propia que, si en ese mundo ideal las une a hombres que las quieren de verdad, que valoran su inteligencia y las respetan como seres humanos completos, es porque quiere asegurarles lo mejor, sabiendo que ella misma ha sudado tinta china en más de un momento. Cuando su hermano vende el libro por diez libras y ella no puede recuperarlo del editor… Y, aun así, tampoco se casa, pudiendo hacerlo. Llegó a recibir una propuesta en toda regla del hermano de unas amigas que, además, era rico. Y no se casó. Eligió una vida incierta antes que aceptar un matrimonio cómodo, creo que porque tenía un respeto absoluto por su yo genial, por su yo artístico, por su propio talento.

Un par de preguntas sobre la edición. Por un lado, me ha hecho gracia descubrir cómo eran las cartas: se pagaba según el papel y se aprovechaba cada esquina. ¿Has llegado a ver físicamente esas cartas? ¿Y por qué decidiste utilizar saltos de párrafo para que fueran más legibles?

No he llegado a verlas físicamente. Creo que solo tienen acceso a esas cartas los y las expertas, aunque las que están en Oxford puede que este año hagan algo para enseñarlas al público. Yo lo único que he visto es, por ejemplo, a Kathryn Sutherland —hay un vídeo en YouTube enseñando las cartas porque ella sí tiene acceso—; de hecho, hizo una recopilación de las cartas manuscritas.

La decisión de cómo he hecho la edición fue así. Son cartas muy largas, sin puntos y aparte. Primero fui a las cartas que a lo largo de los años más me gustaban. Son cartas seleccionadas, no todas. Fui también a las que creía que aportaban una continuidad de cómo se iba desarrollando la vida de Jane, aunque de repente unas fueran un pelín más aburridas que otras, pero mostraban su estado de ánimo. Sobre todo, en los últimos momentos, que son cartas muy diferentes; además, algunas son muy parcas porque no tiene energía.

Quería que hubiera también cartas de la época de Bath o de Southampton, muy domésticas, en las que ya no habla tanto de bailes y tal, pero que son largas y muestran estados de ánimo. Y luego, al editar, si ella saltaba de una cosa a otra y de repente volvía al tema anterior, yo a veces me saltaba un inciso para unir esas dos partes y dar un poquito más de continuidad. Porque la edición está pensada para quien no tiene costumbre de leer cartas; pero, como Jane Austen es Jane Austen y de por sí tiene ese nombre y esa importancia, que al leerlas resulten apetecibles y entretenidas.

Amparo Llanos para Jot Down

Dices que tenías una deuda con Cassandra y publicas como epílogo una carta suya.

Sí. Es una carta muy curiosa. Ves a una Cassandra que debía de estar sufriendo muchísimo, aunque en los últimos meses ya se intuía que Jane no iba a recuperarse. Me pareció interesante que la gente pudiera escuchar, aunque fuera solo en una carta, a esa Cassandra que habla de su hermana, que cuenta cómo había sido su relación y que deja, además, ese documento histórico que es el relato de las últimas horas de Jane. Tiene un momento en el que Cassandra se sobrepone, que es, en realidad, como debía de ser también el carácter de Jane. Y, en general, era el espíritu de la época. Jane Austen no era victoriana, y Cassandra tampoco. Aún quedaba para eso, y el espíritu victoriano era otra cosa, mucho más melodramático. Ellas venían de la época augustana, una mezcla peculiar, siempre con un punto de sal, incluso en los momentos más duros. Y hay otro momento muy llamativo —también en la carta— en el que dice que cree que estuvo tan volcada con Jane, y Jane tan unida a ella, que quizá la muerte de su hermana haya sido un castigo divino por no haber atendido como debía a otras personas con las que, al menos Jane, mantenía una relación muy ambigua. Es curioso, sí.

La más difícil: ¿te entraron ganas de escribir una carta a Jane Austen? Y, en caso de hacerlo, ¿qué le contarías del siglo XXI?

No le escribiría una carta, no me atrevo. Cuando alguien se me acerca para decirme que ha sido muy fan, siempre me produce una emoción enorme, y para mí es un honor profundo. Soy timidísima para decirles eso a las personas que admiro. No sé si me atrevería, la verdad, a escribirle una carta. Pero, si lo hiciera, le contaría lo irónico que resulta que sea tan grande, tan reconocida mundialmente, tan aplaudida por su genialidad. Ella —no tengo ninguna duda— lo sabía. Es curioso, hay un libro de un experto inglés, John Mullan, que empieza preguntándose si Jane Austen sabía que era una genio; yo creo que sí. Todas las personas geniales lo saben. Ella, desde luego. Porque eso se lleva dentro, te habita. Es imposible que no lo supiera.

Pero, como en vida recibió un reconocimiento que a veces podía quedarse un poco tibio —aunque en el prólogo comento que Orgullo y prejuicio tuvo su momento de sensación cuando se publicó—, le contaría la admiración profundísima que tanta gente le ha tenido a lo largo de los años. Le hablaría de todo: del cine, de las adaptaciones, de las películas… Un poco como aquel discurso brevísimo que dio Emma Thompson cuando ganó el BAFTA, cuando hablaba como si fuera Jane Austen, «¿cómo reaccionaría Jane Austen?». Le contaría todo eso.

Amparo Llanos para Jot Down
Extracto de Afectuosamente tuya, Jane Austen (Cartas selectas). Traducción y edición de Amparo Llanos. Renacimiento, 2025.

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6 Comentarios

  1. Muy interesante.

  2. Llámalo pasión.

  3. Curioso que en la entrevista no se diga que de las más o menos 3 000 cartas que Jane Austen escribió, sólo se conservan 160. Y que su hermana Cassandra quemó muchas de ellas y censuró las que no quemó (Janet M. Todd, « Letters », Jane Austen in Context, 2005).

  4. Enrique García-Máiquez : «Feliz cumpleaños, Jane.»
    https://www.eldebate.com/cultura/20251213/feliz-cumpleanos-jane_364861.html

  5. roderick

    Magnífica entrevista, tan solo un apunte. Siendo Jane Austen una escritora colosal, y con todo el respeto a Llanos, no la situaría al mismo nivel que Cervantes, pero en todo caso da igual, lo que importa es disfrutar de su obra.

  6. Que nunca falte el comentario de un señor en cualquier artículo diciendo que una mujer no ha podido superar a un hombre en lo que sea. Qué cansancio.

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