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Manual del escritor pulp español (y 3): Eduardo de Guzmán, memoria y voz de los olvidados

Eduardo de Guzmán (DP)
Eduardo de Guzmán (DP)

Viene de «Manual del escritor pulp español (2): Pseudónimos, redención anarquista y memoria bajo el franquismo»

Novena regla, falsa, del manual: nadie se acordará de nosotros cuando hayamos muerto

«Yo ya sabía que iba a perder ¡Llevo perdiendo desde los veinte años, y estoy tan acostumbrado que me parece natural! Nuestro proyecto es irrealizable, porque entonces dejaría de ser anarquismo. Pero lo importante es mantener esa ilusión. Si conseguimos mantener despierta a la sociedad para que comprenda que siempre hay un mañana alentador, es suficiente».

Esta respuesta de Eduardo de Guzmán en una entrevista en El País la recoge Noelia León Rubio en el final de su tesis, realizada hace diez años, calificada con sobresaliente cum laude, y que dejó generosamente en abierto, gracias a lo cual podemos encontrarla, descargarla, y leerla sacándola de ese maravilloso repositorio online que es DialNet. Aunque como toda tesis tiene sus partes áridas, muchos de sus apartados pueden leerse como un ensayo de divulgación, y ojalá algún editor la encuentre y valore con la autora volcarla en un libro para el gran público. Porque no existe una investigación tan exhaustiva y minuciosa sobre este escritor. Si la lectura de su trilogía atrapa a cualquier lector, incluso si se desentiende que está hablando de un suceso histórico, el texto de la profesora eleva el placer literario al profundizar en la biografía y obra de autor que lo soportó todo, lo superó todo y que lo escribió todo.

Noelia León Rubio es doctora en Filología Hispánica, y actualmente es profesora de Lengua Castellana y Literatura en un instituto de La Rioja. Hablé con ella sobre su tesis para elaborar este artículo, cuya información procede casi en exclusiva de su trabajo. Incluyo sus respuestas como final a este Manual del escritor pulp español, que no existiría sin ella.

¿Por qué elegiste a Eduardo de Guzmán como tema de tu tesis?

Durante el periodo previo a la elaboración del trabajo de investigación establecí mi primer contacto con la literatura anarquista (anteriormente casi desconocida para mí) gracias a un curso que ofrecía la Universidad de La Rioja. Conocí algunas obras de autores más conocidos que Eduardo de Guzmán, como la de Félix Martí Ibáñez o la de Amparo Poch. Fue en ese momento cuando el profesor que impartía esa materia, Julián Bravo Vega, me propuso la idea de crear un catálogo bibliográfico con todos los materiales que se conservaban en el domicilio del autor palentino. Carmen Bueno, la viuda de Eduardo de Guzmán, insistió en que este sería un buen punto de arranque para recuperar la producción literaria y periodística de su marido. Me abrió las puertas de su casa y me mostró la ingente cantidad de documentos (publicados e inéditos) y obras que conservaba. El material era tan numeroso y significativo que, sin duda, podía emplearse para un trabajo de esa magnitud. Ese fue el primer acercamiento que tuve a la vida y a la obra del escritor anarquista.

¿Fue difícil encontrar su obra de quiosco, dónde la conseguiste?

Como he comentado en la cuestión anterior, Carmen Bueno me permitió revisar todos los rincones de su casa, ya que, prácticamente, en cada una de las estancias, se conservaban cartas, obras, artículos y otros documentos que me sirvieron para elaborar mi tesis doctoral. Las novelas del Oeste (al igual que las de aventuras y las policiacas) las encontré en una leñera que permanecía oculta tras una puerta en el salón principal del domicilio. Allí, bajo una sábana y el polvo de varias décadas, descansaban las novelas de quiosco, aquellas que Eduardo de Guzmán tuvo que escribir como medio para ganarse la vida tras haber sido condenado a muerte durante la guerra civil, indultado cuando esta hubo terminado y marginado de las redacciones y editoriales con las que anteriormente había colaborado. Pude leerlas en profundidad y elaborar una serie de conclusiones que fueron recopiladas en mi estudio.

¿Qué sensación te transmitieron sus novelas del Oeste, en cuanto a calidad y como lectora?

Sin duda, la calidad de las novelas del Oeste escritas por Eduardo de Guzmán es inferior a cualquier otra producción (literaria o periodística) creada por el autor palentino. No pueden ser comparadas con Donde la vida peligra o Desesperados, con Madrid, rojo y negro o La muerte de la esperanza.  Se percibe que es una literatura escrita desde la urgencia. El periodista repite los argumentos, ciertas expresiones y los personajes se convierten en tipos asociados a una conducta y a una ideología. Según me contó Carmen Bueno, su marido debía presentar una novela a la semana si quería ganar el suficiente dinero como para poder llegar a fin de mes (aunque la cantidad que recibía por cada una de ellas era irrisoria).

No obstante, Guzmán supo cómo burlar la censura que le atenazaba e incluir entre sus páginas ciertos «guiños» en los que dejaba entrever su ideología (la lucha contra los dictadores, el reparto equitativo de las ganancias…). Así mismo, firmó la mayor parte de estos ejemplares con el seudónimo Edward Goodman, con el objetivo de que aquellos que le conocían —o conocían su obra— supieran que aquel wéstern era obra del antiguo redactor jefe de La Tierra. Del mismo modo, más del setenta por ciento de las novelas policiacas o del FBI fueron firmadas como Eddie Thorny, otro alias que enmascaraba su nombre real: «Edu Espinosa», ya que el nombre completo del autor era Eduardo de Guzmán Espinosa.

¿Cómo fue entrevistarte con Carmen Bueno, su viuda?

Conocer a Carmen Bueno fue la parte más gratificante de aquel periodo de investigación. Era una mujer dinámica y entusiasta, que no dudó en entregarle las llaves de su casa a una joven que quería trabajar en la obra de su marido. Ella deseaba que el nombre de Eduardo de Guzmán recobrase la importancia que había tenido antes de la guerra y, por ese motivo, se entrevistaba a diario conmigo (durante una o dos horas) y me contaba lo que no podía encontrar entre los miles de papeles amarillentos que se guardaban en su domicilio.

Me desveló la parte más personal y desconocida del periodista: detalles de su vida conyugal, de su ideología, de su forma de trabajar, de las alegrías y las decepciones laborales que sufrió… Sin duda, Carmen Bueno fue el medio que utilicé para llegar a un objetivo que, en principio, parecía inalcanzable. La admiré (y todavía la admiro) por la pasión con la que me narraba cada uno de los episodios por los que le preguntaba, por su energía inagotable (a pesar de su avanzada edad) y por el entusiasmo reivindicativo que mantuvo durante los más de catorce meses que conviví junto a ella.

¿Ha mejorado algo el conocimiento de él desde que hiciste la tesis?

Considero que el conocimiento que se tiene sobre Eduardo de Guzmán hoy en día es muy similar al que había hace diez años, cuando concluí el trabajo de investigación sobre su biografía y su producción bibliográfica. Sigue siendo un escritor y periodista reconocido en ciertos ámbitos. Se le conoce como cronista de Aurora Carballeira o como enviado especial en Casas Viejas (al igual que Ramón J. Sender). También se le cita como redactor jefe de La Tierra, como editorialista de La Libertad o de Castilla Libre o como el autor de la trilogía de novelas históricas que narran el final de la guerra civil desde la perspectiva de un narrador protagonista (La muerte de la esperanza; Nosotros, los asesinos y El año de la victoria). Sin embargo, la obra de Eduardo de Guzmán es mucho más relevante y extensa. Fue guionista, traductor y uno de los cronistas más lúcidos de la posguerra española y, a pesar de los esfuerzos de algunos autores y editores, como Rafael Torres, y algunas asociaciones, como la Fundación Ansel Lorenzo, su obra está muy lejos de formar parte de cualquier catálogo literario o periodístico conocido por la mayoría de la población.

Uno de los problemas de Guzmán es su posición de anarquista, de ahí que le hayan relegado más. Dado el mundo que vivimos, con ascenso de la ultraderecha, ¿tú crees que este olvido en que se le tiene mejorará en el futuro o empeorará?

No puedo vaticinar cuál será el futuro que le espera a la figura o a la obra de Eduardo de Guzmán. El gobierno socialista quiso impulsar hace varios años algunas actividades para recuperar la memoria de aquellos que habían padecido las injusticias derivadas de la guerra civil española. Sin embargo, considero que para llegar hasta Eduardo de Guzmán sería necesario cavar mucho más profundo. Las tumbas de los olvidados (simplemente por haber formado parte del bando de los «vencidos») se hallan muy por debajo de la superficie y, por consiguiente, sería necesario establecer otro tipo de medidas para rescatar a esos escritores y periodistas del olvido social y literario en el que se encuentran.

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