Sociedad

Machismo ilustrado

El último tango en París machismo
El último tango en París (1972). Imagen: United Artists.

Aunque la situación de las mujeres ha mejorado de forma significativa en las últimas décadas, el machismo sigue siendo la principal lacra de nuestra cultura. Las feministas, con su lucha tenaz y a menudo heroica, con su crítica sistemática de las instituciones patriarcales, han transformado nuestra sociedad y nuestra visión del mundo; pero la mayoría de los hombres (seguramente todos, en alguna medida) se resisten a renunciar a sus privilegios.

El feminismo ha puesto en evidencia, mejor que ninguna otra corriente de pensamiento, tanto la arbitrariedad del psicoanálisis como la insuficiencia del marxismo, es decir, ha cuestionado los dos grandes relatos totalizadores del siglo XX. Algunos creen (o quisieran creer) que posmodernos, «nuevos filósofos» y relativistas culturales han acabado con el socialismo, cuando lo único que han hecho ha sido demostrar su propia futilidad. Las feministas, por el contrario, se han fortalecido (y han fortalecido la lucha antisistema) en su confrontación con la izquierda institucional.

En general, los partidos políticos han intentado colonizar o sucursalizar el feminismo, pero solo lo han conseguido (y no del todo) con sus tendencias menos combativas. Y con objeto de neutralizar a las incómodas feministas, algunos supuestos revolucionarios vienen repitiendo desde hace décadas que la liberación de la mujer está supeditada a la de la clase obrera. Este burdo argumento mecanicista (que es una forma de posponer indefinidamente, cuando no de negarlas, las reivindicaciones específicamente femeninas) ilustra el anquilosamiento de una dialéctica contaminada por el mismo dogmatismo que pretende superar (es decir, el bloqueo a nivel institucional de la pugna «metadialéctica» del propio materialismo dialéctico con la ideología dominante), y en los años setenta del siglo pasado suscitó entre las feministas un encendido debate sobre el problema de la «doble militancia». ¿Se puede militar a la vez en el feminismo y en un partido político? Y, a un nivel más general, ¿es compatible el feminismo con el socialismo?

La primera pregunta hacía referencia, obviamente, a los partidos de izquierdas, puesto que la derecha es, por definición, impermeable a cualquier propuesta transformadora. Y, por tanto, muchos (y muchas) consideraban que responder afirmativamente a la segunda pregunta era el requisito indispensable para poder tan siquiera plantearse la primera. Paradójicamente (y una paradoja, como decía Hegel, es una verdad cabeza abajo), lo cierto es justo lo contrario, como comprendieron algunas feministas radicales: precisamente porque el feminismo es inseparable del socialismo, no era posible la doble militancia, puesto que los partidos pretendidamente socialistas lo eran de un modo espurio y oportunista.

¿Ha cambiado la situación en la actualidad? En los grandes partidos de izquierdas, desde luego que no: están tan empantanados en la ideología y en sus propios intereses como hace treinta años, si no más, y, por consiguiente, siguen siendo incompatibles tanto con el feminismo como con un socialismo digno de ese nombre.

Socialismo y feminismo

A primera vista, la semántica parece una parte de la semiótica. Puesto que la semiótica estudia los signos en general y la semántica se centra en los significados de las palabras, que son un tipo concreto de signos, parece obvio que la segunda está contenida en la primera. Pero la semiótica se formula mediante palabras, y por tanto es una de las innumerables construcciones lingüísticas cuyos significados estudia la semántica; consiguientemente, la primera está contenida en la segunda. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?

Si pensamos de forma mecanicista, la paradoja se convierte en aporía, del mismo modo que el problema del huevo y la gallina nos arroja al abismo sin fondo de una regresión infinita. Pero para el pensamiento dialéctico una paradoja es una verdad cabeza abajo, que nos recuerda, en primer lugar, que «arriba» y «abajo» son conceptos relativos (interrelacionados), que se determinan mutuamente y se pueden —se deben— «sintetizar» para superar la contradicción. La semiótica y la semántica se contienen mutuamente, forman un todo indisoluble, y su desarrollo conjunto es un proceso dialéctico que seguramente se inició con los primeros gestos y los primeros gruñidos que nuestros remotos antepasados utilizaron para comunicarse.

Análogamente, puesto que el socialismo lucha por la liberación de todos los oprimidos y el feminismo combate la opresión de las mujeres, el segundo parece una rama del primero. Pero puesto que, como nos recuerda Engels en El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, la explotación de la mujer por el hombre es la primera de las explotaciones y la base de todas las demás, el socialismo es una extensión, una ramificación del feminismo troncal (y radical, valga el juego de palabras). ¿Qué fue antes, el árbol de la ciencia o la fruta prohibida que contiene su semilla?

La cuestión, una vez más, escapa a cualquier intento de explicación ideológica o mecánica. El socialismo y el feminismo se contienen mutuamente, como dos manos entrelazadas, forman un todo indisoluble, y su desarrollo conjunto es un proceso dialéctico que se inició cuando los primeros guerreros empezaron a tratar a las mujeres como si fueran esclavas y a los esclavos como si fueran sumisas mujeres.

Explotación y machismo

Aunque no es del todo equiparable a la lucha de clases, la relación histórica entre hombres y mujeres tiene muchas de sus características. Quienes, incapaces de renunciar a la tranquilizadora apariencia de seguridad que ofrecen los dogmas (lo que en alguna ocasión he denominado «nostalgia de la religión»), han convertido los clásicos del socialismo en recetarios de cocina política, verán en esta afirmación una herejía; dirán que, por definición, una clase social no puede venir determinada genéticamente, pues en ese caso ya no es una clase social sino biológica.

En principio, la objeción parece razonable; pero cuando lo biológico determina sistemáticamente —sistémicamente— la misma situación social, se produce una equivalencia de facto. Si en un lugar y un tiempo determinados (por ejemplo, en Estados Unidos antes de la Guerra de Secesión) la inmensa mayoría de los negros son esclavos y la inmensa mayoría de los esclavos son negros, la negritud y la esclavitud vienen a ser, en la práctica, una misma cosa, y los negros constituyen, a todos los efectos, una clase social. Y puesto que en casi todo el mundo y en casi todas las épocas la inmensa mayoría de las mujeres han estado sometidas a los hombres, la más clara y universal relación opresor-oprimido —además de la primera, como señaló Engels— es la relación entre los géneros.

Los fractales —y su fascinante corolario, las dimensiones fraccionarias— constituyen uno de los grandes desarrollos matemáticos del siglo XX y han permitido una mejor modelización —es decir, una mayor comprensión— de numerosos fenómenos naturales; y aunque los resultados obtenidos en el campo de la física y la biología no pueden extenderse mecánicamente al ámbito de las ciencias sociales sin caer en el más burdo reduccionismo, algunos de esos resultados sugieren interesantes vías de análisis. Un objeto fractal es semejante a sí mismo a diversas escalas (a todas las escalas, hasta el infinito, si es un objeto matemático); por ejemplo, una línea costera vista desde un avión tiene el mismo aspecto que la sinuosa orilla del mar en una playa de esa misma costa vista desde el suelo, y si nos arrodillamos en la arena y contemplamos de cerca unos pocos centímetros de esa fluctuante línea, de nuevo veremos el mismo patrón. Si observamos al microscopio una pluma de ave, descubriremos que cada barba es como una pluma en miniatura, y cada minibarba de esa minipluma es a su vez una micropluma…

Las sociedades humanas son mucho más complejas que cualquier objeto físico, pero también en ellas se observan pautas y modelos que se repiten a distintas escalas o niveles. Los individuos tienden a agruparse en familias nucleares, que a su vez se agrupan en familias extensas, clanes, tribus, poblados, ciudades, provincias, naciones…, y en cada uno de esos niveles hay relaciones de intercambio semejantes, basadas en la explotación de unos individuos o unos grupos por otros.

Ver la lucha de clases como el enfrentamiento de dos grandes ejércitos sociales compactos y homogéneos es un tanto simplista, y no podemos olvidar que un obrero explotado en la fábrica puede ser a su vez un explotador en su casa. En el seno de las sociedades históricas siempre se han librado al menos dos batallas simultáneas y solapadas (en ambos sentidos del término): ricos contra pobres y hombres contra mujeres.

La corbata y los tacones

La tradicional división de la sociedad india en castas (que no fue abolida hasta mediados del siglo XX) no solo era una aberración moral, sino también taxonómica, pues dejaba fuera a la mitad de la población; no solo discriminaba a las mujeres, sino que ni siquiera las tenía en cuenta como entes clasificables. Como es bien sabido, las castas eran cuatro: brahmanes (sacerdotes), guerreros, comerciantes y artesanos. A los parias o «intocables» no se los consideraba parte de la sociedad; y, al parecer, a las mujeres tampoco, pues no había sacerdotisas, ni guerreras, y las pocas que se dedicaban a la artesanía o al comercio lo hacían como sirvientas de los hombres.

En el recién abolido sistema indio, las castas monopolizaban las distintas formas de poder (religioso, militar, económico) y lo ponían todo en manos de los hombres. Pero ¿es muy distinta la situación actual en las supuestas democracias occidentales? El poder religioso, militar y económico sigue siendo muy mayoritariamente masculino, aquí y en India. Ahora hay bastantes mujeres soldado, es cierto, y algunas monjas muy activas; pero la única generala es la Virgen del Pilar, y la Iglesia es un patriarcado tan férreo o más que hace dos mil años.

Por eso casi todos los hombres de clase media o alta llevan uniforme, como los sacerdotes y los militares, los arquetipos del poder. Y el uniforme masculino es el traje de chaqueta con su complemento indispensable, la corbata. En Occidente, la mayoría de los hombres se ven obligados a llevar corbata en su trabajo y en muchos lugares y situaciones; lo contrario equivaldría a desclasarse, a renunciar simbólicamente a su hegemonía, puesto que la corbata es el emblema del «señor», que lo distingue tanto de la mujer como del marginado. La mujer, cuando se pone «elegante» (es decir, cuando reafirma su estatuto social mediante la indumentaria), tiene innumerables opciones. El hombre, solo una: el traje y la corbata, el uniforme del macho dominante.

A pesar de su inofensiva apariencia ornamental, la fálica corbata es uno de los más importantes símbolos de nuestra cultura patriarcal y clasista. Tiene algo de pendón y de estola clerical, de banda militar y de aristocrático pañuelo de seda. Su generalizado (y a menudo obligado) uso por parte de los hombres nos recuerda que constituyen una casta, un cuerpo, y que no están dispuestos a renunciar a sus privilegios de clase.

En el extremo opuesto (tanto de la anatomía como de la simbología), los zapatos de tacón, que limitan la movilidad de la mujer y realzan (nunca mejor dicho) su condición de objeto erótico, y que no en vano son los fetiches predilectos de legiones de machitos enajenados (la brutalidad con la que muchas culturas han castigado los pies de la mujer, por no hablar de otras partes de su cuerpo directa o simbólicamente relacionadas con su autonomía, no podría ser más significativa).

El guerrero avasallador ya no se ciñe a la cintura una espada de duro acero: ahora se ciñe al cuello un suave espadín de seda, porque la dominación ya no se ejerce tanto desde el vientre (sede de las vísceras y de la fuerza) como desde la cabeza. Un sedoso lazo, un refinado nudo corredizo —ambivalente emblema de poder (masculino) y de sometimiento (al orden establecido)— es el arma simbólica, a la par que la argolla, del depredador urbano, del macho ilustrado, que lo convierte a la vez en amo y en esclavo, en verdugo y en víctima de su nefasto rol social.

(Continuará)

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25 Comentarios

  1. Jordi_BCN

    «En Occidente, la mayoría de los hombres se ven obligados a llevar corbata en su trabajo […]».
    Dios mío, ¿es que el autor solo visita sucursales bancarias y El Corte Inglés?

    • Aunque creo que se puede deducir por el contexto, debería haber especificado que me refiero a los trabajos de cara al público.

      • Jordi_BCN

        A esos mismos trabajos me refiero yo. Está visto que como público, vivimos en realidades diferentes.

        • Frabetti

          Vale, preciso: los trabajos de cierto prestigio y supuesto nivel. Y lo mismo ocurre con los actos sociales y convencionales. Y aunque el uso de la corbata se ha relajado, se mantiene la idea de «uniforme masculino». Ya se ve a algún presentador de televisión sin corbata, pero con camisa y americana.

  2. Muy interesante. Sobre alguna de las cosas que has escrito:

    Respecto al psicoanálisis, sí creo que puede ser importante para analizar fenómenos que escapan al análisis de clase y al análisis de sexo. No sólo hay lucha entre ricos y pobres, y lucha entre hombres y mujeres; lamentablemente hay pobres contra pobres, asalariados en mejor posición contra asalariados más pobres; obreros españoles contra inmigrantes negros, trabajadores mayores contra trabajadores jóvenes, etc… Todo esto suele pasar desapercibido en los análisis de clase tradicionales (parece que no existiera). Fíjate, los que asesinaron a Alex Pretty creo que son dos hispanos metidos en el ICE (aterrador).

    • Sí, tienes razón, el asunto es muy complejo y no se puede reducir al enfrentamiento entre dos -o cuatro- bandos. En cuanto al psicoanálisis, tiene el mérito de haber subrayado la importancia de cuestiones de las que se hablaba poco y mal; el problema es que una serie de observaciones y sugerencias interesantes han sido convertidas en afirmaciones supuestamente científicas, presentando meras conjeturas como hechos comprobados.

      • Entiendo. Estoy de acuerdo en que el psicoanálisis tiene su lado «religioso» y sus sectas (lacaniana y otras…). Pero sí creo que, especialmente en este momento, le inconsciente sí explica gran parte del éxito de las propuestas neofascistas. El ser humano tiene un parte irracional mucho más fuerte de lo que la Ilustración pensaba.

        Esto lo ha explicado bien una politóloga joven como Alicia Valdés: en Argentina conoció a gente (incluidas mujeres) que votaban a Milei porque «este tío hace las cosas con un par». Yo conozco a gente que vota a este tipo de individuos porque quiere parecerse a ellos.

        • «El ser humano tiene un parte irracional mucho más fuerte de lo que la Ilustración pensaba». Muy cierto, y Freud nos hizo tomar consciencia del poder del inconsciente, valga el juego de palabras; en ese sentido, su aportación al pensamiento contemporáneo ha sido muy importante. Lástima que, como apuntas, haya dado pie a derivaciones «religiosas» y por ende seudocientíficas.

  3. Otra cosa que me gustaría comentar:
    Hay un feminismo que luchar porque las mujeres puedan participar en el IBEX 35 igual que los hombres. Hay otro feminismo que lucha por abolir el IBEX 35.

    ¿Llamarías feminismo a las dos posturas? Sólo por saber tu opinión.

    Yo soy de los que piensan que es necesario cambiar los valores de la sociedad. A veces veo mucha testosterona y mucha heroicidad guerrera en los movimientos revolucionarios marxistas. Esto me repele un poco, pero por otro lado es cierto que la URSS pudo hacer frente a los nazis empleando la violencia; sin ello no lo hubieran conseguido. Yo tengo un conflicto interno con esto.

  4. No creo que querer imitar a los hombres sea feminismo. Y, sí, hay mucha testosterona por todas partes, también en la izquierda. En cuanto a la violencia, me temo que ese conflicto interno del que hablas es inevitable. Suena muy bien decir «estoy contra todo tipo de violencia»; pero, a poco que se piense en ello, es una frase sin sentido, un flatus vocis. Hay situaciones en las que la violencia es la única vía, y gestionarla nunca es fácil.

  5. Fray Gerundio de Campazas

    ¿En qué situaciones, pues, es justificable la violencia?

    • Frabetti

      Insisto, no creo que se pueda generalizar, ni en cuanto a las situaciones ni en cuanto al tipo de violencia. Si hablamos de violencia extrema, como matar a alguien deliberadamente, en muy pocos casos, en mi opinión. Por ejemplo, se puede entender un magnicidio cuando no hay otra forma de desactivar a un dictador sanguinario. Si un comando judío hubiera matado a Hitler, no creo que nadie se lo reprochara.

      • la pregunta, creo, seria, ¿hay alguna sociedad actual, que haya llegado a nuestros dias, sin violencia?

        • No, no la hay. La violencia está en todas partes, tanto a nivel individual como social. El reto es minimizarla y gestionarla adecuadamente.

  6. “Aunque la situación de las mujeres ha mejorado de forma significativa en las últimas décadas, el machismo sigue siendo la principal lacra de nuestra cultura.”
    Esto es una tontería. Que aparezca en una adversativa no la vuelve mejor, sino que implica que el que escribe la tontería sospecha que puede estar haciendo el tonto y se inmuniza.
    La tesis, sin coartada condescendiente con el lector (al parece somos tontos), dice: “el machismo sigue siendo la principal lacra de nuestra cultura.”
    El primer problema es que la cultura no existe. Lo que existe es la civilización. La cultura ha muerto, cosa que le queda clara a cualquiera que entre en esta revista. Si ésta es cultural, es claro: la cultura ha muerto.
    No he pasado de esa primera tontería. Ya la estupidez ni siquiera se esconde detrás de un estudio sociológico, porque los sociólogos apuntan por otro lado.
    Había signos preocupantes sobre la deconsolidación de la democracia en favor de líderes fuertes. Allá por 2017 esos resultados, que anteceden al primer mandato de Trump, explicaron el triunfo “inesperado” de éste, o el giro cada vez más dictatorial de Putin y el Sr. Ping:
    https://www.ned.org/wp-content/uploads/2016/12/FoaMounk-JoD-28.1-PRE-PRINT-VERSION.pdf
    Lo mismo la lacra de la civilización se encuentra en otra parte, a pesar de que los gurús de una cultura que ya no existe, se empeñen en buscarla en otro lado (lo que no confirma sino el hecho de que la cultura ha muerto y sólo queda la civilización, que veremos cuánto aguanta). Lo mismo no conviene tomar un síntoma por la enfermedad, ni un efecto secundario por origen de nada.
    Después los bulos son las chorradas que largan los otros.

    • Intento responder a todos los lectores que se toman la molestia de comentar mis artículos, incluso a los maleducados; pero no entiendo lo que dices.

      • 1. Yo no le he llamado tonto, lo que sería tener mala educación. Lo que he dicho es que usted escribe una tontería, que, además, no apoya en estudio alguno, sino en una especie de intuición intelectual o valor moral (aunque más bien parece fundarla en el argumento de la autoridad, que para eso es escritor).
        2. Su argumento, más allá del de la autoridad, es una falacia «propter hoc» de libro. Toma la causa por una consecuencia. ¿Por qué?
        3. Porque lo que constata la sociología científica es de que en las sociedades occidentales la mayoría de los jóvenes (< 40 años) optan por apoyar gobiernos de hombre fuertes y no a las democracias. Léase el pdf. Mire la figura 1 si no comprende el inglés.
        4. Generaciones de jóvenes archiconsentidas, a quienes los papás le han llenado las manos de cosas que ni siquiera necesitan, educados en instituciones en donde han titulado por contribuir a la calefacción del lugar, buscan ahora políticamente un Gran Padre que resuelva sus vidas. Lo que colapsa es la democracia, no una cuestión de política y ética de géneros.
        5. Confunde usted cultura y la civilización, y son dos cosas distintas. Después de Zama los romanos no encontraron civilización alguna que se les opusiera. Fin de la cultura romana. Fin de la expansión de las ideas. Se calcificaron. A vivir de las rentas. Queda la civilización. Un mecanismo muerto que va dando botes, hasta que, por fin, las facciones de su oligarquía y el empuje de los germanos acaban con ellos. Pero no existe cultura romana propiamente después de Zama. Desaparece la creación. Sólo hay civilización romana. Un organismo moribundo.

        • Gracias por la aclaración. Ya me siento un poco menos tonto.

          • Te sientes menos tonto (no lo eres, claro) pero no era esa la critica del comentarista. Su buena critica, que no has respondido, era que no aportas estudio alguno sociologico sobre el machismo. Esta no-respuesta, la enlazo con otra no-respuesta tuya a mi critica, desde la economia politica socialista, en tu articulo anterior sobre el machismo. En el, por un lado, te decia que no aportabas dato alguno, y, por otro, si te daba dos datos muy claros e irrefutables de a) no-explotacion hombre-mujer (los matrimonios en gananciales mayoritarios) y b) de un gran colectivo de mujeres que son integrantes de la clase capitalista mundial. Mujeres, por tanto, que si explotan a hombres y mujeres. Les da exactamente igual el sexo de quien explotan. Y eso sólo es por un motivo: la diferencia de sexo no da poder alguno a nadie, ni a hombres ni a mujeres. Lo UNICO que da poder en esta sociedad capitalista es el CAPITAL. Me dijiste que responderias ( deferencia que no era necesaria) con un articulo pero, me temo, que sigues teniendo el mismo problema: no tienes dato, evidencia alguna, mas o menos cientfica, de la explotacion del hombre sobre la mujer. Como sabes, el feminismo es una cuestion social. Y esas cuestiones las tratan las ciencias sociales. Las más potentes son la economia politica y la sociologia. Las dos exigen, como cualquier ciencia, evidencia. Y no aportas ninguna. No lo haces tu, y es mucho peor por su real efecto en la sociedad, ninguno de los politicos de la falsa iquierda actual que tiene al feminismo como portaestandarte. El Psoe, Podemos y Sumar. Y si no hay evidencia y pruebas ?de que estais hablando? ¿desde que conocimiento partis? ¿religion? ¿literatura? ¿lo dice mi cuñado?. Podrias esgrimir la filosofia ¿cual en concreto? como tu instrumento pero ya te advierto que ese conocimiento esta obsoleto frente la ciencias sociales. Obsoleta, precisamente, porque no aporta datos y pruebas (se limita a relizar encajes verbales en el cerebro sin enlace alguno con la realidad, con lo que sucede fuera del cerebro) y, por ese motivo, tampoco cuantifica (no numeros, no matematicas) sus argumentos, los cuales se vuelven vagos e imprecisos. Si alguien con tu potencia intelectual, aunque estes limitado a una divulgacion periodistica que, por definción, tiene que ser superficial en los temas, no tiene mas que decir a favor del femismo solo estas certificado lo que en realidad es. Un bluf. Un bluff del que vive, y muy bien como sabes, una abundante cantidad de malos politicos que han abondado a su suerte a los trabajadores en sus reinvidicaciones. Un saludo cordial

  7. Rafael Granero

    Cuatro malas noticias (para los hombres, ejemplares machos de la especie humana).

    La primera es que todos los hombres nacemos en mayor o menor medida machistas: la evolución manda. Negarlo nos quita capacidad de acción a los hombres. La segunda es que el machismo se expresa en función del entorno: un machista en alto grado en un ambiente favorable es una amenaza mayor que un machista en menor grado en un ambiente más igualitario. Pero la amenaza está ahí y es transversal al estatus, clase o tipo de sociedad.

    La tercera noticia es que si cada uno de los hombres luchamos contra esa predisposición, tanto a través del autoconocimiento como por la educación que damos, el machismo no desaparecerá, pero su expresión será con el tiempo mínima. No podemos esperar más, pero no debemos hacer menos. Y además el esfuerzo debe ser continuo y sin fin. 

    La cuarta, y última, es que la cultura igualitaria es necesaria, pero no suficiente; la autoconciencia es necesaria, pero no suficiente; no bajar la guardia es necesario, pero no suficiente; ser consciente de que la lucha no tiene fin, pues su base no es meramente cultural, es necesario, pero no suficiente.

    Todo esto es necesario, sí, pero ni cumpliendo con todo será suficiente, por eso hay que pensar que la lucha contra las expresiones del machismo no va a tener fin ni ahora ni en ninguna de las generaciones venideras, pero esto no nos debe frustrar, por el contrario, nos debe motivar a continuar, a no bajar la guardia, a luchar contra todas las expresiones del machismo, las propias y las ajenas.

    ¡Ah! Hay una quinta mala noticia: las mujeres también nacen machistas, pero el padecimiento que sufren, con real y evidente dolor y en sus propias carnes, les permite -les obliga a- ser conscientes antes.

    Todo lo dicho, especialmente la primera mala noticia, debe ser tomado como una hipótesis, a la cual le debemos preguntar si es capaz de contestar lo que la realidad nos plantea así como pedirle alguna predicción y valorar su comportamiento.

    Al margen, tus oportunas reflexiones sufren menoscabo cuando incluyes cosas como «supuestas democracias occidentales». Mejorables, siempre; necesarias, también; «supuestas», eso es una afirmación conspiranoica, y sé consciente del peligro que uno corre cuando juega con fuego…

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