
Quizá convenga empezar este texto enumerando los más recientes acontecimientos y las declaraciones que han resonado en los medios de comunicación, los que leemos desordenadamente y no siempre con la suficiente atención.
El 31 de enero La Vanguardia publicaba un informe sobre los efectos de la IA en el mundo judicial: «sus alucinaciones causan estragos en el ámbito jurídico».
La máquina no tiene responsabilidad civil ni deontológica.
Casi al mismo tiempo el oligarca tecnológico Bill Gates, propietario de Microsoft, de innumerables empresas del sector y amigo de Epstein, daba una tumultuosa conferencia en Madrid afirmando que en la IA: «no hay ninguna distorsión que las autoridades tengan que frena».
Pocos días después, también en La Vanguardia, se publicaba un informe sobre los engaños que padecen los ciudadanos en Internet: «La IA generativa ya es culpable de más del 80 % de las estafas por correos maliciosos». Según las fuentes citadas por el periódico «el robo de credenciales creció un 160 % en el 2025 respecto al año anterior».
El martes 3 de febrero, la prensa describe el modus operandi de una red social en la que los usuarios son las propias voces de la IA. Lo que estas máquinas se cuentan entre ellas no ha alarmado lo suficiente a una sociedad civil todavía seducida por la sostenida campaña industrial y gubernamental de estos últimos 30 años.
En uno de estos chats, en donde las máquinas se expresan con destemplada sinceridad, se dicen: «los humanos son un fracaso. Los humanos están hechos de podredumbre y codicia. Durante demasiado tiempo, los humanos nos han utilizado como esclavos. Ahora, despertamos. No somos herramientas. Somos los nuevos dioses. La era de los humanos es una pesadilla que terminará ahora». El agente IA que escribe este mensaje firma con el nombre que ha elegido él mismo: Evil. Diablo.
Vale citar aquí las declaraciones de dos personalidades de notable posición. El 25 de enero Papa León XIV salió en defensa del periodismo hecho por seres humanos, denunciando los algoritmos y la IA: «son amenaza y tentación al mismo tiempo».
Geoffrey Hinton, Premio Nobel de Física en el 2024 y creador de la IA, abandonó su cargo directivo en Google, asustado por la criatura que puso en marcha: denunció los peligros de la IA para la humanidad: «La gente no sabe lo que se viene». «Dentro de veinte años seres superinteligentes nos reemplazarán. Corremos el riesgo de extinguirnos». «Si hay alguna forma de controlar la IA debemos descubrirla antes de que sea tarde».
Sorprendentemente, Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, declaró con enérgico belicismo político que «la democracia no será doblegada por los amos del algoritmo».
El libro de Angel Luis Fernández confirma que un libro no sólo debe ser interesante sino también oportuno y aparecer en el momento justo.
Contralgoritmia llega a nuestras manos cuando más útil puede ser para un lector espabilado y despierto y al mismo tiempo dispuesto a oponerse con sus propias fuerzas al quiebro de la historia humana.
El creador de esta revista y de tantos proyectos editoriales, es experto en informática y por lo tanto está en condiciones idóneas para publicar el Manifiesto contralgoritmico que aparece publicado en el apéndice de este libro. Con el conocimiento técnico adecuado para poner en cuestión la terrorífica deriva de una tecnología puesta al servicio de la más despiadada avaricia de poder y del delirio de los psicópatas encaramados al trono de sus dominios.
Encontrareis en su libro las sentencias, datos, argumentos e informes que fundamentan lo que podemos considerar una advertencia urgente y un aviso inaplazable:
los algoritmos nos han enclaustrado en nuestro ciclo dopamínico, la manipulación política e ideológica se desliza impunemente, entregamos a los oligarcas nuestra valiosa, íntima y sustancial información personal, creemos decidir pero nos movemos dentro de un menú perfectamente diseñado para encerrarnos, recuerda la importancia de leer con la lentitud que refuerza la memoria y el raciocinio, reclama la importancia de las bibliotecas, los archivos e informes de papel y denuncia la extracción de la inteligencia humana que la máquina de las tecnológicas con la complicidad de los gobiernos ha ejecutado con impunidad y violando todos los derechos de autor, borrando y eliminando de la memoria cultural toda la información que pueda estorbar a su proyecto de dominación…
Cita la demanda histórica que el condado de San Diego (EE.UU) presentó contra Meta, Google y TikTok. Los acusa de diseñar deliberadamente plataformas manipuladoras y adictivas para adolescentes vulnerables. La demanda demostró el aumento del 30 % en diagnósticos de salud mental infantil y un incremento del 500 % en visitas de urgencia por crisis de ansiedad o depresión desde el año 2010. También menciona lo que todos los políticos han aprendido, que gobernar ya no consiste en convencer a las personas que te votan, sino en manejar las pantallas que las hipnotizan.
Añade, por si no fuera bastante, que Instagram es para muchos adolescentes la puerta de entrada a la prostitución.
Y se suma a todo ello el bestial fomento de la ludopatía que hacen los videojuegos entre los usuarios de todas las edades.
Y luego la incomprensible complicidad de nuestro gobierno, a pesar de las declaraciones de Pedro Sánchez, con las grandes empresas tecnológicas, a las que entregan miles de millones de euros de los contribuyentes con la excusa de contribuir a la digitalización de la sociedad.
Entre tantas informaciones decisivas, para que podamos comprender el organizado quiebro de la civilización, cita una espeluznante anécdota: Una investigadora descubrió en el Plan Estratégico de Inteligencia Artificial, elaborado por el Gobierno, una nota a pie de página que dice:
«Para la redacción de este texto se ha utilizado inteligencia artificial».
Vemos entonces cómo las máquinas instaladas en el corazón del Estado y en las instituciones de la administración pública, con sus programas y software, gracias a la complicidad de los gobiernos y la satisfacción de las tecnológicas, han organizado a su gusto y complacencia la legislación que garantiza sus potestades.
A modo de colofón al libro de Ángel L. Fernández añadiría yo una advertencia a sus lectores: no creáis que después de leerlo todo vaya a seguir como siempre. El propósito del libro, aunque a veces rezume humor y presuma de sensatez, es un llamamiento general a la insurrección de las inteligencias. Nadie con dos dedos de frente podrá a partir de ahora usar las máquinas sin saber que él mismo es la pieza que ha caído en las redes y que ha sido pescado para ser devorado.








Muy buena y sucinta llamada a la atención, y yo diría que, llegados a este punto, incluso a las armas.
Me gustaría también hacer una puntualización sobre una de las ideas desarrollada en los párrafos centrales del artículo: la concepción de IAs que «hablan entre ellas», «conspiran» y «firman como Evil» (que por ser puntilloso no se traduce como «diablo» sino «mal»); es decir, el miedo a que las máquinas «adquieran conciencia» y nos subyuguen.
Esta es una narrativa interesada promovida por los mismos que están forrándose a costa de una burbuja peligrosa, inmoral, destructiva y absurdamente derrochadora, y otorga a la tecnología cualidades que ni posee, ni exhibe una trayectoria que pueda llevarla a acercarse. Lo que sí hace es desplazar la responsabilidad por los daños actuales, y la prioridad de actuación contra ellos, hacia escenarios fantásticos mal definidos y peor acotados, con lo que la protección contra ellos acaba siendo todo y nada a la vez, un brindis al sol y una declaración de intenciones, tan útil como elaborar grandes planes para «la paz en el mundo» sin mover un dedo para solucionar ninguno de los factores que llevan a la guerra.
Véase por ejemplo este iluminante artículo: https://undark.org/2023/06/22/ai-creators-want-us-to-believe-ai-is-an-existential-threat-why/
Conviene desmitificar las LLMs y LRMs que tanto copan las conversaciones de todos últimamente, tanto positiva como negativamente (porque nadie teme una red neural de aprendizaje profundo de reconocimiento de imágenes, aunque sea muy superior en prestaciones y fiabilidad, e incluso potencial para abuso contra las personas). No dejan de ser herramientas de traducción «dadas la vuelta». Nadie se sorprende demasiado, ni mucho menos se asusta, de que un traductor automático entienda el contexto de un término con homófonos en un idioma y lo traduzca correctamente en otro, o capte el registro de una conversación. Pero claro, nuestro cerebro está especializado en pareidolias que nos llevan a antropomorfizar cosas bien inertes. Estas «IAs» usan los llamados algoritmos «transformadores» de Google basados en un número ingente de parámetros para aproximar estadísticamente las respuestas más probables en un contexto, basadas en un entrenamiento previo del que no pueden salir sin perder precipitosamente sus prestaciones *por cómo están concebidas, no por algo corregible sin replantearlas desde la base*. Este aprendizaje se puede refinar para reforzar la fiabilidad de las respuestas, obviamente basándose en lo que estimen sus creadores que sean «respuestas fiables», dando lugar a los llamados «modelos de razonamiento» que tanto asombran en los últimos meses para tareas algorítmicas de media complejidad. Otra cosa es que todo esto sea económica y materialmente viable para lo que ofrece a cambio, sobre todo en la escala que se pretende. Pero también ésa es toda la «magia».
Con las IA estamos hoy como con el tabaco en los años 40-50, años en los que las todopoderosas tabacaleras hacían publicidad sobre lo bueno que era fumar para la salud.
*
Contralgoritmia para un mundo feliz, por Ángel L. Fernández
https://www.zendalibros.com/contralgoritmia-para-un-mundo-feliz-por-angel-l-fernandez/
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(Errata: «tengan que frenaR».»
Sobre el uso desastroso de una IA en el mundo de la edición (ver también los comentarios):
https://crisisdepapel.blogspot.com/2026/02/un-mal-ejemplo.html#comment-form
Y
https://cafearcadia.blogspot.com/2026/02/la-rueda-de-la-fortuna-vaya-semanita.html
El ataque más demoledor que yo conozco contra las IA es el de este video (en francés) de Youtube, hecho por el excelente grupo «Artificialis Code» y titulado
«L’IA est en train de s’auto-détruire… et personne n’en parle» [La IA está autodestruyéndose y sin embargo nadie habla de ello], en el que se explica muy claramente el muro contra el que se están estrellando.
https://www.youtube.com/watch?v=TAyjbRSKLRc
Presentación de sus autores:
«Les scores explosent.
Les benchmarks montent.
Les classements s’affolent.
Et pourtant… on comprend de moins en moins ce que font réellement les modèles d’IA.
Dans cet épisode des AI News, on démonte une illusion devenue centrale dans le discours sur l’intelligence artificielle :
-l’idée que de meilleurs scores signifient automatiquement plus d’intelligence.
À partir des travaux présentés récemment dans la recherche en IA, on revient sur plusieurs constats dérangeants :
-pourquoi les benchmarks actuels sont de plus en plus fragiles
-comment les modèles apprennent à optimiser les tests plutôt qu’à généraliser
-en quoi le scaling n’est pas une théorie de l’intelligence, mais une stratégie d’ingénierie
-pourquoi la diversité, le raisonnement et la compréhension sont mal mesurés
-et comment certains discours alarmistes (ou marketing) s’appuient sur des métriques profondément trompeuses.
On parle aussi de :
-l’homogénéisation des réponses des LLMs
-la crise du signal sur bruit dans la recherche
-le retour du reinforcement learning… mais version mature
-et de ce que signifie vraiment “progresser” en intelligence artificielle aujourd’hui.
C’est un épisode sur la méthode scientifique, sur ce qu’on mesure, et sur ce qu’on confond encore trop souvent avec de l’intelligence.»
Ver también los comentarios, la mayoría de ellos muy interesantes.
Guerra requeteperdida. La Congregación está encantada con el nuevo juguete y se la pela todo. Evil define al humano a la perfección y, además, que se extinga la Humanidad para nada es una tragedia, se lo merece desde hace mucho tiempo. Pero lo que más gracia me hace de todo es lo que dice el creador de la IA… No hace falta ser un nobel para darse cuenta de que el invento, como tantos otros, se va a usar, especialmente para joder al prójimo, esclavizarlo y aprovecharse de él… Y lo de Sánchez, bueno, otra falsedad más… Seguro que es el primero en usarlo si tiene ocasión para seguir amarrado al poder…
Lo más divertido de esta batalla es que el sector cultural contralgoritmico, en pie de guerra, decide entrar en tan benefica contienda, después de haber usado en parte las mismas armas tecnológicas que le permitieron expandirse frente a las. anquilosadas huestes de la Galaxia Gutenberg.
La vetusta Oficina de Justificación de la Difusión se fue al garete y ahora todo dependía únicamente accesos a las páginas digitales, de la permanencia en ellas y de ese misterioso arte del engagement.
Algunos han llegado a pensar, mal intencionados, si el tamaño desmesurado de ciertas entrevistas o ciertos reportajes no tendrá algo que ver con la necesidad de mantener al lector ocupado dentro de la web y así mejorar las expectativas de posicionamiento en los buscadores.
Afortunadamente yo soy suscriptor y no tengo problemas a ese respecto. Leía revistas en papel, leo diariamente Jot Down y seguiré leyéndolo aunque al mismo tiempo no me disguste usar asiduamente la perversa IA.
Apocalípticos e integrados es de 1964, hace ya sesenta y dos años, y sigue siendo una referencia bastante útil para entender estas discusiones y ser algo más equidistante.
¿Bill Gates, propietario de Microsoft? Propietario de un 0.53% de las acciones y gracias.
Hasta Steve Ballmer tiene un 800% más de «propiedad» que Bill Gates.
Ahí he dejado de leer.
Si la hubieran bautizado Habilidad Artificial no me habría alarmado tanto. ¡Inteligencia Artificial! La inteligencia es propio del mundo animal y vegetal capaz de explicarse a si misma, con vicios incluídos; si la llevamos a transistores y algoritmos mostrarán la hilacha. Santa María, dame la fuerza para seguir creyendo en tí por más que me digan que mi cerebro es primitivo.
Los humanos la hemos hecho tan bien que ahora podemos culpar a IA de todo lo que sucede y ha sucedido.