
El ser humano es una fabulosa máquina de fabricar mierda. Cada uno de nosotros genera anualmente unos cincuenta y ocho kilos de excrementos y cuatrocientos setenta y cinco litros de orina, que se dice pronto. Sentados en nuestros modernos retretes, parimos monstruosas boñigas que hacemos desaparecer en menos que canta un gallo, apretando un botón. Pero esto no siempre fue así.
Si tuviéramos una máquina del tiempo y viajáramos a la Prehistoria, veríamos cómo los hombres primitivos, al igual que el resto de los animales, hacían sus necesidades al aire libre. El eminente antropólogo J. F. Williams elogia el sabio proceder de aquellos trogloditas que obraban siempre en cuclillas: «Es la postura ideal para la defecación, con los muslos flexionados sobre el abdomen. De esta manera, logra reducirse enormemente la capacidad de la cavidad intestinal y aumenta la presión intraabdominal, lo cual estimula la expulsión de la masa fecal».
Pese a que le iba muy bien haciendo el mono, el ser humano, siempre complicándose la vida, se empeñó en fabricar un cómodo y sofisticado trono donde descansar sus reales posaderas a la hora de hacer de vientre, poniendo la estética y la pulcritud por delante de su fisiología. No en vano, una de las señales de que estás tratando con humanos y no con animales es la vergüenza que sienten con respecto a sus excrementos: para librarse de ellos, no dudan en contravenir las más elementales leyes de la naturaleza. Y no solo por el aberrante hecho de cagar sentados en una taza de cerámica, sino también por librarse de esas inmundicias tirando de una cadena que vierte a tierra, mar y aire los detritus humanos, acompañados de productos químicos, papel higiénico, colillas y mucha pedrería. Se estima que una familia de cinco personas que usa el retrete a diario, contamina más de ciento cincuenta mil litros de agua al año con unos doscientos cincuenta kilos de heces y dos mil quinientos litros de orina. Esto, en la presunta «civilización». Porque en el mal llamado «tercer mundo» todavía hay dos mil quinientos millones de personas que no tienen váter, ni sistema de saneamiento alguno. De ellos, mil millones aún defecan al aire libre, cual bestias, como bien aconsejan los científicos del mal llamado «primer mundo».
Paso trascendental de la zanja a la cisterna

Para encontrar al antepasado más remoto de los actuales retretes tendríamos que irnos a la ciudad egipcia de Tell-el-Amarna, hacia el año 1350 antes de Cristo. Allí evacuaban en asientos de piedra caliza, con un orificio tipo cerradura en cuyo fondo había una vasija para recibir los excrementos.
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Lo de cagar (por seguir con el casticismo del autor) en cuclillas, es desaconsejado en personas muy mayores u obesas o ambas cosas a la vez. Yo sigo un sistema que consiste en que sentada en la taza, flexiono el tronco hacia delante lo más posible, cabeza abajo y manos en los tobillos con lo que se obtiene la posición más parecida a estar en cuclillas. De esta manera, se facilita el tránsito de zurullos sin perjudicar las articulaciones.
¡Qué bonito…! Su novio debe estar embobado con usted…
Pues sí, porque como es coprófago…
Al respecto de este tema, y para aquellos que no tengan problemas con el inglés, creo que este vídeo es de obligado visionado:
https://www.youtube.com/watch?v=YbYWhdLO43Q
yo me quedo con «mi agüita amarilla» de los Toreros Muertos
Aquí unos discípulos:
https://www.youtube.com/watch?v=gLlHtdVGe-k
Se dice que en la cultura Minoica ya contaban con sistemas sanitarios en toda regla, de acuerdo con los restos encontrados. Recuerdo una película menor, con Salma Hayek y el tipo de la serie Friends, Matthew Perry, en donde ella irrumpe en el váter a hacer sus deposiciones frente a su horrorizado novio. Más enfocado en un supuesto choque de culturas.
Hasta donde yo sé (y créanme, sé algo de esto) los más «tempranamente» civilizados son los minimos domésticos quienes desde su más tierna infancia se apartan instintivamente del rinconcito donde hicieron su última deposición, a pesar de la escrupulosa limpieza que las Gatas ejercen en su nido. Y no contentos con su muy higiénico comportamiento, todos los felinos procuran -además de enterrar su excrementos compulsivamente- siempre asegurar una mínima cobertura que impida (a sí mismo o a otros) pisar encima mediante algún ramaje ó corteza arrastrados con la zarpa… si eso no es Cultura, que venga dios y lo vea.
Cagar es un placer…, genial…, sensual… ¡Cagando espero…!
Póngase la música de «Fumar es un placer», de Sarita Montiel
Otra prueba mas de que el planeta esta sobrepoblado .
El mismo año que Buñuel filmó «El fantasma de la libertad» (1974) Liliana Cavani dirigió «Portero de noche», tremenda película donde vimos por primera vez a una Charlotte Rampling sometida y depauperada, hacer sus necesidades ayudada por un perverso Dirk Bogarde.
De los placeres sin pecar el mejor es el cagar . Con un pucho encendido queda el culo agradecido y la mierda en su lugar .
El «trono» de Isabel II en el Museo del Romanticismo de Madrid
Puestos a hablar de cine y deposiciones, el autor olvida la gran «En el curso del tiempo» de Wim Wenders, donde Rudiger Vogler suelta un mojón como la manga de un abrigo delante de un bonito encuadre en blanco y negro.
Voilà: https://i.ytimg.com/vi/-ryQoEztq_o/hqdefault.jpg
Creo que esta frase puede servir de cierre, la escuché hace muchos años.
«No tenemos reino, pero si tenemos trono». Fin de la cita.
No olvidemos Dogma y su demonio hecho con la mierda de los crucificados en Golgota
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