Fotografía: Begoña Rivas

Política, literatura y ciencia convergen en su biografía y en los distintos proyectos editoriales que ha puesto en pie. Fundó y ha dirigido durante años revistas míticas y tan influyentes como El Viejo Topo, que acaba de celebrar su cuarenta aniversario, o Quimera. Aún las mantiene ambas, junto a su mujer, Elisa Nuria Cabot. A eso hay que sumar cuatro sellos con los que edita libros: Piel de Zapa, Montesinos, Biblioteca Buridán y, otra vez, El Viejo Topo. Ha visto mucho, ha hecho más todavía, ha conocido a casi todo el mundo. Sin él, la cultura y la izquierda de las últimas décadas hubieran sido distintas en España. Hablamos con Miguel Riera de la convulsa Barcelona de los setenta y de algunos de los personajes que la poblaban, de la Cataluña actual, de los nuevos partidos de izquierda, del desprestigio de la crítica, del papel del editor, del sombrío panorama de la venta de libros en nuestro país y de mil temas más.
¿Qué hacías antes de El Viejo Topo?
Es que mi historia es muy rara. Yo soy químico, estuve cinco años investigando en el CSIC, pero tenía un vecino con el que me llevaba muy bien, Ángel Casas.
El famoso Ángel Casas.
Sí, él. Vivíamos en el mismo rellano, teníamos una niña pequeña, él y su mujer estaban siempre en casa y un día vino muy amargado. Tenía el proyecto de sacar una revista de rock y confiaba en que se la financiara Oriol Regás, el de Bocaccio. Pero le dijo que no porque los números no salían. Yo me ofrecí a mirárselos y, seguramente equivocándome, vi que los números salían. Entonces él la puso en marcha con la condición de que yo le ayudara. Y así empezó todo. La revista fue Vibraciones.
Y desde ahí decidiste montar tu propio proyecto.
Fue dentro de ese mismo tinglado, en la misma empresa que hacía Vibraciones empezamos a publicar cómics underground con Nazario, Mariscal y gente así. Pero es que yo en Vibraciones no aportaba nada, solo la gestión. Tenía ganas de hacer algo que me llenara más y eso fue El Viejo Topo.
¿Cuál era la idea inicial de El Viejo Topo?, ¿respondía a lo que luego fue?
No, para nada. El proyecto inicial fue una gran ingenuidad, porque fuimos una generación muy ingenua que quería cambiar el mundo, pero no sé si teníamos mucha idea de cómo hacerlo. Yo le dije en un pasillo a un amigo, Josep Sarret, que por qué no hacíamos una revista donde la izquierda pudiera discutir, porque en esos momentos había muchos grupos de extrema izquierda y mucho odio entre ellos. La idea era esa: un medio para debatir ampliamente y con un componente cultural. Y él, con la misma ingenuidad, me dijo que sí. Entonces pensamos que necesitábamos a alguien que cubriera el campo de la contracultura y recurrimos a Claudi Montañá, que ya estaba en Vibraciones. Pensamos en hacer una revista semanal en papel de periódico, con el formato de Disco Express. Pero teníamos que pedir permiso en el Ministerio de Información y Turismo. Llevé el proyecto a principios de 1975, no nos lo daban, fui a hablar con el director general y nos comunicaron que no nos lo autorizaban porque estábamos intentando colarles una revista política como si fuera una revista cultural. Empezaron las discusiones, las modificaciones del proyecto y al final nos autorizaron siempre y cuando la revista no costara menos de setenta y cinco pesetas. Con ese precio ya no podía ser en papel de periódico, así que la convertimos en una revista mensual. Como yo tenía la experiencia de Vibraciones, le pusimos colorines, y ese yo creo que fue el secreto del éxito de El Viejo Topo.
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Si alguien puede, que le transmita un saludo a Miguel Riera de parte de uno de esos autores que publicó aunque imaginara que no iba a ganar un duro. Gracias.
Salud y gracias, Miguel.
Por el trabajo realizado, y por las cientos de miles de páginas que han enriquecido las vidas y las reflexiones de tantxs.
Qué interesante entrevista. Agradecida por haber podido leer esta conversación llena de sinceridad, testimonio de alguien que ocupa un lugar único en la cultura de décadas llenas de expectativas. Gracias a Vilá por este regalo
Qué placer leer ahora a Riera. Tengo el largo placer de haber leído desde mi adolescencia universitaria «El Viejo Topo» y la antigua «Quimera», algunos libros de Montesinos, etc. Pero hasta ahora no había leído una entrevista a Miguel. El placer se mantiene: personaje afable, sincero y a las claras. Me encantó eso de que prefiere no leer historias narradas al nivel de COU. Y lo por es que no resulta desviado su dardo. También el papel de los críticos tiene su miga. Resulta denigrante para su profesión que se entreguen al bordado en la crítica (o ese «verdad que ha quedado bonito», que suelen afirmar). Por suerte hay esperanzas, nuevos libreros, nuevas editoriales y nuevos modos de leer, todo ello independiente de las grandes corporaciones editoriales. Resulta un alivio personal y, por lo que veo, compartido.
Saludos desde un expatriado en Estados Unidos.
Magnífica entrevista. Da gusto leer opiniones con criterio,…
Muy buena la entrevista. Pero estoy leyendo «Del tiempo y el río» de Thomas Wolfe de su editorial Piel de Zapa y está lleno de erratas…
¡Gracias!