
Espadas legendarias, espadas mágicas, espadas de héroes y reyes, espadas. Relacionadas con lo vertical y lo horizontal, con la vida y la muerte y con la trascendencia por la dureza de su acero. En la Edad Media simbolizarán el espíritu o la palabra de Dios y como cualquier ser vivo recibirán un nombre: Tizona, Zulfiqar, Joyeuse… Y de entre esas espadas famosas, hay quizá una que sobresale por encima de todas ellas, la espada del rey Arturo. O espadas, mejor dicho, porque en las leyendas artúricas se entremezclan Excalibur y Caledwlch. La primera es la espada casi mágica forjada por Merlín o por la Dama del Lago (según versiones) que será entregada a Arturo; la segunda, Caledwlch, la espada que el padre de Arturo, Uther Pendragon, clavará en una roca antes de su muerte y que gracias a Merlín y a un encantamiento quedará ligada al destino de Arturo, de tal forma que, cuando consiga sacarla de la piedra ante la admiración de los presentes, demostrará su regio linaje.
Creo que todos tenemos nuestro propio rey Arturo. Es casi imposible no tenerlo teniendo en cuenta la cantidad de poemas, libros y películas sobre su figura. Mi primer recuerdo del rey Arturo es de una película, pero no de Los caballeros del rey Arturo de Thorpe, ni del Lancelot de Bresson, ni siquiera del Excalibur de Boorman. Mi primer recuerdo de Arturo es de La espada en la piedra de Disney y mi rey Arturo es apenas un adolescente desgarbado y patoso, vestido con un sayo marrón, que es capaz de sacar una espada casi tan grande como él de una roca. A este recuerdo contribuyó el libro, también de Disney y también de dibujos. Aquellos libros de cómics que en las infancias sin VHS eran la única forma de ver las películas una y otra vez, aunque fuera a cámara lenta.
No me consta que Arturo fuera italiano. Tampoco tengo ningún dato que me lleve a pensar que Merlín fuera calabrés o Morgana de Turín. ¿Pero qué pensarían si les digo que Caledwlch, la famosa espada de la piedra, era y es italiana? La espada que Arturo sacó de la roca está en la Toscana y realmente Arturo no la sacó nunca, porque sigue clavada en una piedra cercana a la localidad de Chiusdino desde hace casi novecientos años. Chiusdino está en esa Toscana que no aparece en los folletos de los turoperadores ni de las agencias de viajes. Es la Toscana meridional, esa que queda debajo de Siena y en la que pocos turistas, al menos españoles, se aventuran; la Toscana de las colinas Metalíferas, repleta de bosques, valles, montañas de mármol y playas de arena blanca infinita, también conocida como «Toscana de la fe» por las muchas abadías, eremitorios e iglesias medievales que esconde. Y justo con la fe tiene que ver nuestra espada. Les he dicho que era de Arturo y, bueno, quizá les he engañado un poco. La espada de Chiusdino realmente perteneció a Galgano Guidotti, quien sería conocido más tarde como san Galgano.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Pingback: La espada en la piedra – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE
…. esa espada que un cafre rompió haciendo el idem y pegaron con cianocrilato…
Creo recordar que la película de Disney se llamó en España «Merlín, el encantador». La vi de niño y también leí el libro de dibujos que cita el autor, de la colección «Películas». Disfruté un montón en una infancia sin VHS ni videojuegos, sólo una TV en blanco y negro.
Pingback: Guía de lugares legendarios para turistas utópicos – El Sol Revista de Prensa
¡Gracias!