
17 de octubre, lunes
El vuelo UX071 a Caracas va casi lleno. A mi lado, en la fila 15, se sienta Beto. Es portugués y vive en Euskadi. Nos presentamos. Le pregunto si ha ido muchas veces a Venezuela. Hace un gesto con los dedos de la mano derecha, uniendo y separando las puntas, y dice que «un montón». Cuando admito que en mi caso es la primera, considera que me será de provecho saber que la corrupción empieza en el aeropuerto, con la policía. «En mi primer viaje, me pusieron la maleta patas arriba. Tomaban la ropa, o los enseres, y meneaban la cabeza, o chasqueaban la lengua, como si aquí las camisas a cuadros o el desodorante estuviesen prohibidos. Me dejé treinta dólares en mordidas». Se quedó un rato pensando, colgado de la última frase, hasta que me tocó un brazo y añadió con gravedad: «No salgas mucho del hotel».
Me pregunta qué voy «a pintar» yo a Venezuela. «A trabajar», digo, por decir algo. «¿A qué te dedicas?». Lo pienso un poco, y al final confieso que soy escritor, y que me han invitado a la Feria del Libro de la Universidad de Carabobo (FILUC). «¿Escritor? ¿Escribes libros?». Asiento con escasa convicción. «¿Y qué clase de libros?». No lo sé. No escribo una clase de libros. Explicarlo me llevaría tiempo, así que prefiero mentir y suelto que escribo novela de terror; qué más da. Cuando estoy a punto de precisar —lanzando otra mentira— que también cultivo la poesía, se vuelve hacia mí, no muy serio, pero tampoco muy en broma, y afirma: «Yo no soy mucho de leer, ¿sabes?». Asiento otra vez.
Para no enredar la conversación, después le pregunto a qué se dedica él. «Al petróleo», dice engordando la voz. Me quedo en silencio, adivinando si será un magnate, un químico, un geólogo, un sismólogo, un ingeniero, un economista o tal vez uno de esos trabajadores de las plataformas petrolíferas, destinados al área de servicios, como un panadero o un lavandero. Lo miro de reojo, por si pudiese obtener alguna pista a partir de su aspecto.
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Un placer su lectura…
Saludos,
Cada día escribes mejor.
¡Que cómico lo del poeta y el guaparo inn!… eso de «visión de conjunto» ¿en serio esta de moda? Que buena crónica.
Gracias por la «visión de conjunto» sobre cómo es mi país -lamentablemente-. Gracias por arriesgarse a visitarlo y gracias a Dios que ha podido volver para contarlo. Soy Una Venezolana Viviendo Desde Hace 4 Años en Madrid.
La verdad, excelente crónica; me llevaste de nuevo a mi pais.
Me encantó la lectura, quedé atrapado. Aunque, ahora que lo pienso y siendo un residente del país al cual visitaste, atrapado estoy desde hace un tiempo ya.
Espero que en algún momento puedas volver.
Saludos.
¡ Buen día, señor Thallon ! Me he conseguido la nota en esta magnífica revista, Venezuela es un país con riquezas naturales, pero que el gobierno actual y la sociedad han hecho un gran daño. Ese daño no es solo económico y político, también es cultural.
En la ciudad en la que vivo, San Cristóbal, han cerrado casi todas las librerías, de dos cadenas importantes ( Nacho y Tecniciencias ), sobreviven solo dos, y hay que reunir bastante para poder comprar un libro. Desde hace un año he dejado de comprar libros, ahora busco por Internet lo que se pueda conseguir, o algún libro usado en los trueques de libros que hacen cada mes en mi ciudad.
Gracias señor Thallon, por revivir en sus letras la realidad de mi país, he disfrutado la nota. Ojalá pueda volver cuando la situación tanto cultural como social y económica se encuentren de la mejor manera, no solo por el gobierno, también el aporte que tengamos que hacer como ciudadanos.
Magnífica crónica. Muchas gracias.
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Soy catalán y llevo viviendo en Venezuela 64 años.Felicito al Sr.Quim Monzó que en solo ocho días captó un clara visión del país y su gente.Muy bueno su artículo y magnificas descripciones de gente y lugares.Muy bueno el título.
Una delicia esta nota, no paré de leerla.
La estoy leyendo en 2020. Ni pensar que la Venezuela que narras es un paraíso en comparación a la actual.
Un abrazo
¡Gracias!