
1. Todo se debe a un hecho fortuito.
Comienza con la fotografía de más arriba: el rostro de una persona con una sonrisa incierta, disimulada, casi una mueca, a smirck que se podría decir en inglés: una mueca en la que se intuye una sonrisa algo displicente, de alguien que piensa que sabe algo que uno desconoce. Y cabe preguntarse —asegurarse—, ¿se trata de una sonrisa o no? La mitad del rostro que nos desvelaría definitivamente si se trata de una sonrisa ladeada, una sonrisa que ocurre por una de sus comisuras, está bajo una sombra.
Un hecho fortuito, insistamos, este texto es una crónica de la casualidad. Porque apareció, de súbito, vagando una noche por internet —desde esa oscuridad—, esta fotografía como un misterio emocionante. Expliquémoslo: vemos un rostro duplicado, una persona debajo de la otra —¿la misma?— y una frase bajo la fotografía: the path I was going up it was darkness: «el sendero que (yo) ascendía era el de la oscuridad» o «el sendero que ascendía era la oscuridad». El rostro, confiado, cae encima del pie de foto, como si se dejara describir por las palabras que lleva debajo, como si la frase informara sobre los dos hombres idénticos (de hecho, la informan: habrá de tomarse, en este sentido, la tercera acepción del verbo «informar» que da el DRAE, «fundamentar, inspirar»). Pero habita esa fotografía de una persona desconocida y su doble —doble que se podría pensar incluso más guasón que el original por su duplicidad, hecho que quizá evoque una farsa— lo siniestro que la cubre cual sábana translúcida. La frase junto a la fotografía aumenta esa sensación y el conjunto nos acecha, nos asedia: we feel haunted —verbo, este último, de difícil traducción—, o hanté —en francés—, por la imagen y sus palabras; en definitiva, vemos algo propio del modo de habitar y de ser de los espectros. Y es que nos da la impresión de que un hombre que vive junto a su doble, ya lo tenga encima o debajo —cuál sea el «yo» original (el que da origen al otro) es una cuestión que no dejará de atormentarnos—, es un hombre maldito, que carga con algún tipo de maldición. Pero acaso todo esto no sea sino una intuición todavía. Y me habita esta asechanza, esta sospecha, del mismo modo que a ese hombre extrañamente satisfecho.
2. Finalmente, una amiga me pone sobre la pista e identifica la fotografía. La foto con el pie de fotografía aparece en un libro de Piero Heliczer, The Soap Opera (La telenovela o El culebrón: raro nombre, pensamos, para un libro).
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