Un relato de aventuras medioambiental para la generación CRISP.

¿Qué comiste?, le pregunta el comité de investigación a Lena al empezar la película. Tenía raciones para dos semanas y ha estado desaparecida dos meses. «No recuerdo haber comido nada», les responde. Si Perséfone queda atrapada en el Averno cuatro meses al año por haber comido cuatro granitos de granada, ¿qué ha comido Lena en el otro lado y cuánto le va a costar? Así empieza la segunda película de Alex Garland, después de su celebrado debut ExMachina. Está basada en la novela de Jeff VanderMeer, primera entrega de la trilogía The Southern Reach. Está protagonizada por Natalie Portman y Jennifer Jason Leigh.
Imprescindible aclarar que el desencuentro del director con la productora y su subsiguiente estreno mundial en Netflix no es indicativo de la calidad de la película, que no es perfecta pero está llena de homenajes exquisitos y desafía las leyes del mercado con un ritmo desacelerado y magnético. La novela, que ha recibido entre otros los Premio Nébula y Shirley Jackson, afianzó la fama de VanderMeer como el heredero legítimo de Lovecraft. En el centro, la paradoja de la mutación como agente de progreso y de destrucción al mismo tiempo. Como decía la gran Aeon Flux, lo que no te mata te hace más extraño.
En principio, Aniquilación es el típico relato de exploradores espaciales a la Royal Society donde una bióloga se aventura en convoy con otras cuatro especialistas (física, antropóloga, paramédico y psiquiatra) a un lugar llamado Área X para documentar la fauna, flora y meteorología local. Solo que el planeta extraño no es Marte sino un extraño campo de fuerza surgido del impacto de un meteorito al norte de Florida que crece sin explicación. Ni Southern Reach, la agencia estatal secreta que las manda, sabe muy bien cómo catalogarlo («un acontecimiento religioso, un acontecimiento extraterrestre, una dimensión superior»). Desde fuera, la zona de exclusión parece una gran pompa de jabón iridescente. Han enviado once expediciones anteriores y nadie ha vuelto, salvo por una excepción. Como todas las exploradoras interestelares de nuestro tiempo, nuestra protagonista ha perdido algo. «¿Marido o bebé?», le pregunta una de sus colegas. Peor: Lena ha perdido a Oscar Isaac, que ha vuelto de la pompa hecho un guiñapo y agoniza esperando la muerte o un milagro. Lena entrará con la esperanza de rescatarlo y, también, de recomponer su matrimonio o palmar en el intento. Como todo el mundo sabe, las mujeres no salimos a la aventura si no es para salvar la vida de un hijo o de un apuesto señor.
Como en ExMachina, la película negocia el tema de nuestra supervivencia en un universo cambiante, y la paradoja del progreso que destruye a su creador. En el debut de Garland, donde un programador se enfrenta a los encantos de una inteligencia artificial, la pregunta era si puede ser vida lo que imita a la vida. En esta, si el exceso de vida produce muerte o, simplemente, otro estadio en el curso de la evolución. Por ejemplo: si por exceso de vitalidad me multiplico, ¿soy yo dos veces o soy otra cosa? Para la psicóloga, la muerte es parte de la naturaleza humana, «cada célula humana preprogramada para la autodestrucción». En 1961, Leonard Hayflick y Paul Moorhead demostraron que las células humanas derivadas de tejido embrionario pueden dividirse un número finito de veces, antes de empezar a deteriorarse y morir. Para la bióloga, se trata de un descuido divino reprogramable, como si J. F. Sebastian hubiese calculado mal la caducidad de Pris. «Coges una célula, te saltas el límite de Hayflick y puedes prevenir la vejez. (…) Significa que una célula no envejece, se vuelve inmortal. Podría seguir replicándose sin morir jamás. La vejez es natural pero es de hecho un error en nuestros genes».
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Por favor, no la vean. Yo llegué al final por sus escenarios de «colorinchis» pero la peli no vale nada de nada. Es un rollo, lenta sin sentido.
Desde luego si es usted la clase de persona que elige una pelicula por sus «colorinchis» este film no es para usted.
Usted va más al «intríngulis» claro…
El peor petardo del año.
Es completamente absurda. Y no vale decir que es una metáfora.
De Netflix tenía que ser.
No es una produccion de Netflix.
Tan solo la distribuyen.
Excelente, mi interes por verla ha aumentado exponencialmente aunque ya sabía cosas de la trama; Ya va mucha gente de confianza que me la ha recomendado y muy probabalemente la recomendaré también. Saludos.
Aprecio la falta de pretenciosidad, el sentido del humor y los toques de erudición sin pedantería. Gracias.
(Del artículo, no de la película)
Me gusto bastante. No esta a la altura de las espectativas que me genera per me parecio buena.
Se la he recomendado a gente con similares gustos a los mios. Entiendo que no puede gustar a todo el mundo.
tenia todo lo q suelo odiar en una peli… y me parecio extraordinaria.
j
Opino que esta buena e interesante película es una metáfora del cáncer. Todabía no sabría explicar por qué, pero pienso que los que hayan padecido esa horrible enfermedad de cerca, por algún familiar o persona cercana, hasta el punto de escuchar las explicaciones de los oncólogos, me entenderán.
Petardo!!
Película infravalorada, más que nada porque no es apta para palomiteros. Hay que verla con calma, absorbiéndola. No es que sea extraordinaria, pero desde luego ni por asomo merece las críticas desaforadas y despectivas (el signo de los tiempos) que se está llevando.
> Pero prefiero mil veces el exceso que los ensayos estelares perfectitos de los últimos años, tan espectaculares y olvidables como un témpano de vidrio.
Si eso es una pulla a Interstellar yo digo: bien.
Veanla, hay varios conceptos que dan que pensar. Uno te lleva a otro… Si se añade «La maldición del hombre mono», como libro, no me extraña todo lo k pasa en este planeta.