Fotografía: Lupe de la Vallina

Judith Thurman (Nueva York, 1946) es de las que ejerce la labor de escuchar como un arte mayor. Padece el vicio obsesivo de escrutarlo todo, de mirar muchísimo. Tan legítimo es tratar de presentarla como escritora, guionista, periodista o crítica cultural del New Yorker como insuficiente. Porque es una de esas mujeres libérrimas, que lo mismo se presenta en albornoz blanco para almorzar que se va a cenar con Robert Redford para superar un divorcio. Suya es la escena en la que Meryl Streep recibe el lavado de cabello más erótico de la historia del cine, y también la mejor biografía de Colette. Entre medias, elevó la escritura sobre moda a algo que va más allá de la cháchara superficial. Si la buscan, podrán encontrarla peleándose con un primer párrafo o chapurreando en italiano o vietnamita. Añora el humo del cigarrillo y también a su amigo Philip Roth, aunque solo una de las ausencias la devorará siempre. Nos sentamos a charlar con ella de espaldas al Mediterráneo, en el marco de la entrega del Premio Formentor de las Letras y las Conversaciones Literarias organizadas por la Fundación Santillana y patrocinadas por el Hotel Formentor. Esta vez Judith Thurman vuelve a vestir de negro, pero no hace las preguntas. Respondiendo resulta igual de volcánica.
Empecemos por la moda, por ejemplo. Escribiste durante años sobre ello en el New Yorker.
Cometí un error: pensé que sería fácil. Estaba tan equivocada, pensando: «¡Podré pasármelo bien!», no fue así para nada. Fue muy duro. Porque, como escritor de libros, tienes textos, la vida, un tema… tienes material. Pero ¿en la moda? ¿Cuál es tu tema? Tienes que ir a cubrir las colecciones, crear una narrativa fuera de los shows, de las idioteces que dicen los diseñadores. Ojo, no digo que sean estúpidos, pero las palabras no son lo suyo. Tú usas las palabras para hablar de ello, pero ellos no, ese no es su mundo. Por eso supone mucho más trabajo, encontrar cuál es el significado de lo que hacen y dar con las palabras. Calculé mal el esfuerzo que eso conlleva. Pero es también muy desafiante, un reto, o al menos eso fue para mí encontrar cosas que decir sobre la moda que fueran interesantes. No estoy segura de haberlo hecho, pero fue un error de cálculo enormemente divertido.
Empezaste a hacerlo cuando David Remnick tomó la dirección de la revista, y te sugirió que escribieras de algo que no fuera libros o arte, lo que habías hecho hasta entonces. ¿Qué te contestó cuando le sugeriste escribir sobre moda?
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Vaya mujer| Un gusto leer su espontaneidad y frescura
Hay grandes líderes que demuestran su grandeza en pequeños grandes gestos.
https://dametresminutos.wordpress.com/2018/10/29/el-ejemplo-de-un-lider/
A los genios de diseño de jotdaon: a algunos nos interesa saber quién hace la entrevista antes de leerla. La próxima, si os parece, en vez de una fuente azul sobre fondo verde, podeis escribir el nombre de la periodista con gominolas fosforescentes.