Sociedad

Se deshace el camino al andar

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Fathi Ben Khalifa.

Participar en aquellos encendidos debates en el Komsomol; descubrir el Cascanueces sobre la tarima del Bolshoi o al gran Tetriak, ¡Tetriak!, sobre el hielo del SKA Leningrad. En la Libia de Gadafi lo tuyo podía ser la geología pero, con toneladas de suerte, lo mismo acababas estudiando Química Nuclear en Leningrado.

Fathi Ben Khalifa era uno de esos chavales a los que le encantaba la geología aunque tampoco resulta extraño: Libia es un país donde nueve de cada diez viven en una franja de tierra que no era sino el fondo del mar hasta hace muy poco, y en el que todos beben agua fósil almacenada bajo tierra desde hace cuarenta mil años. Fathi soñaba con una de esas becas en el extranjero; sabía de chavales poco mayores que él que cursaban estudios en Londres, en Canadá, en Estados Unidos… Salir del país era un anhelo que estuvo a punto de truncarse con el asesinato de aquella policía en Londres en 1984. Se llamaba Yvonne Fletcher, y murió por un disparo desde la embajada Libia en la plaza St James frente a la que se había convocado una manifestación contra Gadafi. La muerte de aquella oficial llevó a la ruptura de relaciones diplomáticas entre Trípoli y Londres.

Justo cuando las universidades inglesas y el resto de las accesibles en Occidente se cerraban para los libios, la URSS abrió las suyas. Recién acabado el bachillerato, el expediente académico de Fathi le acreditaba entre los veintiséis estudiantes seleccionados para estudiar en el extranjero. Gadafi acababa de estrenar un reactor nuclear soviético al que se alimentaba con uranio traído de la vecina Níger pero, claro, también hacía falta gente que supiera manejar aquello. Donde Fathi escribió «Geología», el régimen leyó «Química Nuclear». Y así es como el libio acabó en Leningrado.

Rojo

Pónganse en los zapatos de un joven de un país tan hermético como la Libia de Gadafi y embarquen con él en Trípoli en ese vuelo a Moscú. Contemplen la inmensidad de esos bosques y lagos desde el tren a Leningrado, y piensen que se podría acomodar a todo el pueblo de Fathi en el museo del Hermitage. En realidad el parque móvil al completo de Libia entera apenas molestaría en la avenida Nevski. Así es como Fathi empieza a tomar conciencia del universo que se abre ante sus ojos.

El primer año en la URSS para los jóvenes extranjeros se dedicaba a estudiar el idioma en exclusiva. Como se esperaba de él, Fathi sacó la nota más alta en lengua rusa de entre los estudiantes foráneos. A las asignaturas propias de la especialidad —las prácticas las hizo en el laboratorio de Mendeleyev—, se les sumaban las de Historia del Comunismo, Teoría del Marxismo-Leninismo y la Historia de la Religión, más conocida como «Ateísmo». Que el núcleo atómico se podía separar ya lo sabía antes de poner pie en la facultad, pero nada, absolutamente nada, podía disociar la mente de Lenin de la de Marx.

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Un comentario

  1. Interesante artículo, toda una lección de historia contemporánea. Ojalá Fathi, María y sus hijos puedan seguir viviendo con dignidad entre tanta indignidad.

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