Entrevistas Sociedad

Mikel Ayestaran: «El periodismo apunta hoy más al corazón que al cerebro»

Mikel Ayestaran

La de Mikel Ayestaran (Beasain, 1975) es la historia de un chaval que estudia Periodismo, consigue un trabajo en una redacción con unas condiciones que ya nunca volverán a existir y acaba dejándolo todo para reportear desde las zonas más convulsas del mundo. Durante casi dos décadas, Ayestaran se ha pateado toda la geografía del desastre: hay barro de Kabul en sus botas, polvo de Bagdad en su chaqueta y humo de Donetsk en sus pulmones. Le gusta, lo hace bien, y hoy es uno de los rostros más conocidos de ese periodismo que se hace en todos los formatos, incluido el de un buen puñado de libros. ¿Premios? Otro puñado.

Un día de 2015, cansado de pasar más tiempo en el aeropuerto de Bilbao que en casa, decide mudarse a Jerusalén con su mujer y sus dos hijos, aunque, cuando se leen estas líneas, los Ayestaran acaban de instalarse en Estambul. Es difícil coincidir con él en el espacio y en el tiempo, por lo que no podemos desaprovechar una ventana que se abre milagrosamente en Donostia (pocos días después de llegar de Ucrania y horas antes de volar a Afganistán). Hablamos del oficio de contar el fin del mundo, de algo tan vocacional que cuesta llamarlo «trabajo», aunque será una de las palabras que más se repita durante la entrevista. Lo corroboran las más de mil vidas que ha esbozado en su libreta. Hoy es la del cronista la que nos interesa.

Una parada en casa entre dos coberturas. ¿Qué haces estos días? ¿Consigues desconectar?

Más o menos, sobre todo trato de no llevar el teléfono conmigo y bajar el ritmo en redes. Mi plan ideal es disfrutar de los días nublados y no alejarme demasiado del barrio del Antiguo. Vengo muy a gusto a casa, pero también me voy muy a gusto.

«Corresponsal en Oriente Medio»; «corresponsal en zonas de conflicto», «periodista de guerra»… ¿Qué eres exactamente?

Soy un periodista que va a las guerras, que cubre conflictos y, sobre todo, postconflictos. Durante muchos años trabajé enviado especial y en 2015 establecí mi base en Jerusalén para intentar ser corresponsal. En Oriente Medio te tocan momentos puntuales de extrema violencia y son siempre los más mediáticos, pero cuando pasan te das cuenta de la importancia de ir cubriendo las etapas entre pico y pico de violencia, sin ese contexto no entiendes los porqués. La etiqueta de «corresponsal de guerra» está muy manida, es muy peliculero y yo soy un actor mediocre.

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