Ciencias

Cómo Kepler inventó la ciencia ficción y defendió a su madre en un juicio por brujería mientras revolucionaba nuestra comprensión del universo

Johannes Kepler

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Así es como me lo imagino:

Un matemático de mediana edad, delgado, con una mente privilegiada, el corazón destrozado y la piel ajada, es zarandeado en la parte trasera de un carruaje mientras el frío, de un enero alemán, le cala hasta los huesos. Desde su juventud, ha estado inscribiendo en libros familiares y álbumes de amistad su lema personal, tomado de un verso del antiguo poeta Persio: «¡Oh preocupaciones de los hombres, oh cuán fútiles son!». Ha sobrevivido a tragedias personales que derribarían a la mayoría. Ahora está atravesando a toda prisa la extensión alabastrina y helada del campo con la esperanza precaria de evitar otra: cuatro días después de Navidad y dos días después de su cuadragésimo cuarto cumpleaños, una carta de su hermana le ha informado que su madre viuda está siendo juzgada por brujería, un hecho por el cual se considera responsable.

Ha escrito la primera obra de ciencia ficción del mundo —una alegoría ingeniosa que avanza el controvertido modelo copernicano del universo, describiendo los efectos de la gravedad décadas antes de que Newton la formalizara en una ley, imaginando la síntesis de voz siglos antes de los ordenadores y anticipando los viajes espaciales trescientos años antes del primer alunizaje—. La historia, destinada a contrarrestar la superstición con la ciencia a través de símbolos y metáforas que invitan al pensamiento crítico, ha provocado en cambio la acusación mortal de su anciana madre analfabeta.

El año es 1617. Su nombre es Johannes Kepler (27 de diciembre de 1571–15 de noviembre de 1630), quizás el hombre más desafortunado del mundo, quizás el mayor científico que jamás haya vivido.

Habita en un mundo en el que Dios es más poderoso que la naturaleza, el Diablo más real y omnipresente que la gravedad. A su alrededor, la gente cree que el sol gira alrededor de la Tierra cada veinticuatro horas, impulsado en un movimiento circular perfecto por un creador omnipotente; los pocos que se atreven a apoyar la idea tendenciosa de que la Tierra rota sobre su eje mientras gira alrededor del sol creen que se mueve a lo largo de una órbita perfectamente circular. Kepler desmentiría ambas creencias, acuñaría la palabra órbita y extraería el mármol en el que se esculpiría la física clásica. Sería el primer astrónomo en desarrollar un método científico para predecir eclipses y el primero en vincular la astronomía matemática con la realidad material —el primer astrofísico— demostrando que las fuerzas físicas mueven los cuerpos celestes en elipses calculables. Todo esto lo lograría mientras elaboraba horóscopos, defendía la creación espontánea de nuevas especies animales surgidas de pantanos y exudando de la corteza de los árboles, y creyendo que la Tierra misma es un cuerpo con alma que tiene digestión, que sufre enfermedades, que inhala y exhala como un organismo vivo. Tres siglos más tarde, la bióloga marina y escritora Rachel Carson reimaginaría una versión de esta visión tejida de ciencia y despojada de misticismo mientras convertía la ecología en una palabra familiar.

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6 comentarios

  1. Manuel Queimaliños Rivera

    Magnífico. Simplemente magnífico artículo sobre ciencia e ignorancia.

  2. Gracias por el excelente artículo.
    Quisiera puntualizar que el retrato que se utiliza de Kepler es un falso retrato de Kepler: probablemente se trata de Michael Maestlin, quien fuera mentor de Kepler (https://pubs.aip.org/physicstoday/article/74/9/10/928309/How-a-fake-Kepler-portrait-became-iconic). También podría haber estado bien señalar que la óptica de Kepler significa el nacimiento de la óptica moderna; en particular, fue el primero en proporcionar una teoría básicamente de la visión.

  3. Guillermo Guevara Pardo

    Excelente artículo sobre esa tragedia familiar del gran Kepler. Muy interesante el contraste entre ciencia e ignorancia y el papel del poder religioso en contra del avance científico. Felicitaciones para Jot Down y para la autora

  4. El tipo de artículo que uno espera encontrarse en Jot Down y la razón por la que uno vuelve por aquí. ¡Gracias!

  5. Muy buen artículo. Felicidades.
    Recuerdo con entrañable afecto un volumen de Arthur Koestler titulado «Los Sonámbulos» del que se extrajo como libro autónomo el dedicado a Kepler.
    En un mundo cada día más sombrío en el que caminamos imparables hacia la extinción de los ecosistemas y la pujanza de los conflictos bélicos una figura como la de Kepler sigue siendo un rayo de esperanza.

  6. Alejandro Villarreal

    Como la mayoría de los artículos que hablan sobre la madre «bruja» de Kepler, se cuidan de mencionar que dicha persecución la hizo la iglesia luterana.

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