
Casi nadie es capaz de imaginarse la realidad.
(Goethe)
Cuando los conquistadores de América vieron fumar a los indígenas, les llamó la atención y quisieron probarlo, ya que no conocían el tabaco.
Tiempo después, los indios se quedaron sorprendidos al ver cómo fumaban los españoles y les dijeron:
No sabéis fumar. Lo hacéis en cualquier circunstancia, sin tener en cuenta nada de lo que está ocurriendo en ese momento. Se fuma para conmemorar situaciones especiales. Para celebrar el fin de la jornada de trabajo, o para sellar la paz después de un conflicto, o para conmemorar la unión de dos amantes. Para tantas cosas que tengan que ver con la celebración de la vida. Además, hay que fumar en comunidad y no individualmente como lo hacéis vosotros.
Este es el sentido del ritual y, cuando se vulnera a menudo, se abre una vía hacia la adicción. Si el consumo de una sustancia no tiene nada que ver con la atención y la celebración de algún suceso que esté ocurriendo en el contexto, tendemos a repetir el comportamiento para ver si en la próxima ocasión logramos encontrarle un sentido. Y como esta repetición se convierte en infructuosa comienza un proceso en el que el comportamiento repetitivo adquiere un aparente sentido en sí mismo. Podríamos decir que cada repetición es una búsqueda inconsciente de la experiencia vital que le da sentido. La información que falta en el texto está en el contexto.
Los espacios tienen memoria.
(Konstantín Stanislavski)
El pensamiento mantiene una relación esencial y profunda con el espacio que lo rodea. Muchas fobias y miedos están íntimamente vinculados con la proximidad o lejanía de los espacios que nos aportan seguridad1. Cuando hablamos de entrar o salir de nuestra zona de protección nos referimos a ello. Imaginemos a los antiguos habitantes de las islas griegas descansando en la costa cerca del mar cuando, de repente, veían aproximarse barcos llenos de gente a la isla. En muchas ocasiones, los invadiría el temor de no poder vivir todos en aquel pequeño territorio y desarrollarían comportamientos de rechazo. Aquella experiencia es el inicio del concepto de la xenofobia o miedo al extranjero.
A veces experimentamos este mismo rechazo con las nuevas ideas. Y el amor al nuevo conocimiento queda sustituido por la sensación de que lo novedoso amenaza nuestra propia seguridad. Esto inicia una búsqueda incesante y errática de nuevas palabras que den sentido a lo que me hace experimentar la vida.
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Estimado Bernardo,
Yo vengo programado con las funciones básicas del hombre promedio:
– Saludo efusivamente a gente que me cae como el culo.
– Me río de chistes que no me causan gracia.
– Maltrato al perro (es del vecino y tiene cara de venir a cagar).
– Toco culos en el metro.
– Voy al servicio y no me lavo las manos, especialmente si hay que dar la mano luego a trajeados (mi ilusión sería hacerlo en una recepción real).
– Estoy tomando clases con un contorsionista con la inteción de podérmela chupar.
. Me siento bien conmigo mismo.
Sin embargo, la pregunta que me asalta no es psicológica (si estoy bien socializado), sino metafísica: ¿Iré al cielo?
¿Qué opina usted?
Desde luego, el contorsionismo le acerca,.
Estimado Abel, creo que ya habita en el cielo. El objetivo ahora será conseguir que cuando lo desee visite la tierra (que le vio nacer) Gracias por sus comentarios
Es un extraordinario texto. Estoy muy agradecida por haber tenido acceso a este. En Latinoamérica se usan hoy muchos mecanismos de censura porque la vieja escuela política necesita que la gente no piense, sino que crea cualquier cosa, así si les dicen hagan esto, ellos y ellas juiciosos/as lo hacen sin reflexión. Por ello quienes abogan sinceramente por educar, no sientan bien, se necesita gente bruta, para vivir como rey de la Edad Media.
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