
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Que es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía… eres tú.(Gustavo Adolfo Bécquer)
Todos los poetas se creen genios, incluso los que lo son. Por eso suelen ser tan pesados; especialmente los que, además de escribir versos, teorizan sobre la poesía. Decía Neruda que todos los poetas son buenos, incluso los malos; pero se trata, obviamente, de una sentencia poética. En un sentido más prosaico, cabría decir justo lo contrario: todos los poetas son malos, incluso los buenos; al menos como compañeros de viaje. Y sobre todo si el viaje dura más de diez horas.
Un azar travieso lo sentó a mi lado en un vuelo transoceánico, y cometí el error de mostrar cierto interés por la poesía. No debía de tener más de treinta años, era bastante atractivo y vestía con la estudiada negligencia de algunos intelectuales de izquierdas. Y parecía muy satisfecho de haber tenido la inmensa suerte de ser precisamente él.
—Ningún poeta se llama Luis a secas —dijo en un momento dado—, a no ser que sea realmente grande, como Cernuda. Los poetastros y los poetas mediocres se llaman Luis Alberto, Luis Antonio, Luis Eduardo, Luis Felipe, Jorge Luis…
—Puede que Vivanco y Borges no sean grandes poetas, pero tampoco los llamaría poetastros —repliqué.
—De acuerdo, no son poetastros, y puede que los demás Luises que he mencionado tampoco; hoy me siento magnánimo. Pero sí que son poetas mediocres, literalmente hablando.
—¿Literalmente hablando?
—Solemos utilizar el término «mediocre» de forma despectiva, como eufemismo de malo, pero en realidad significa mediano. Piensa en la aurea mediocritas horaciana… En el caso de Borges, además, debo admitir que el segundo nombre tiene una clara justificación estética: Jorge Borges es un pareado bisílabo cacofónico, casi ridículo…
Yo tenía más ganas de dormir que de pensar en Horacio o en los pareados bisílabos; pero mi compañero accidental prosiguió implacable:
—Y los Luises son los más discretos; al fin y al cabo, es bastante normal que su nombre, por lo monosilábicamente breve, vaya emparejado con otro: José Luis, Juan Luis, Luis Miguel… Pero ¿qué me dices de los Carlos Edmundo, Marcos Ricardo, César Antonio, Justo Jorge…?
—Ese es uno de los pocos casos en los que la utilización de un segundo nombre está justificada: tenía que diferenciarse del Conejo Blanco, su nefasto padre. Pero los demás… ¿Sabes por qué lo hacen?
—No tengo una teoría al respecto —admití, temiéndome que fuera a comparar la prolongación del nombre con el alargamiento del pene. Si hay algo más peligroso que un joven poeta, es un joven poeta lacaniano.
—Para que su nombre alcance la longitud y la sonoridad de un verso —dijo separando las manos como para indicar el tamaño de su conclusión—, generalmente heptasílabo u octosílabo: Luis Felipe Vivanco, Carlos Edmundo de Ory… La clave y el emblema de la poesía no es la metáfora, como muchos creen, sino la metonimia: a los poetas les gustaría ser poemas. Seguro que lo de «poesía eres tú» lo dijo Bécquer mirándose al espejo. Uno de los pocos grandes con dos nombres, por cierto, tal vez el único. La excepción que confirma la regla.
Me acordé de Jaime Gil de Biedma, que solía decir que, más que poeta, él quería ser poema.
—En cierto modo —prosiguió mi no elegido compañero de viaje—, el alargamiento del nombre es una metametonimia: una metonimia de la propia función metonímica de la poesía. Y también una expresión inconsciente de la frustración del casi.
—¿La frustración del casi?
—Es mucho más fácil escribir un poema mediocre que una novela mediocre. Un poema mediocre lo podés escribir en un momento, en la servilleta de papel de un bar, mientras que una novela, por mediocre que sea, requiere muchas horas de reflexión y de trabajo. Y, sin embargo, es mucho más difícil escribir un buen poema que una buena novela. Como decía Jorge Guillén, hay muy pocos poetas verdaderos e incluso esos pocos lo son pocas veces. Por eso hay muchos más poetastros y cuasipoetas que seudonarradores y cuasinovelistas. Y, como la poesía es algo tan etéreo y tan difícil de definir, y tan ajeno a los dictámenes del mercado, los poetas mediocres pueden —y suelen— tener la sensación de estar a punto de alcanzar la excelencia, e incluso les puede salir de vez en cuando un verso bueno, o casi bueno, así que se alargan el nombre como quien alarga la mano para coger algo que parece a su alcance… Por cierto, creo que, casualmente, llevo en el bolsillo el borrador de mi último poema…
En general, no me importa no ser rico; pero reconozco que hay ocasiones en las que me gustaría tener dinero de sobra, como cuando he de hacer un viaje largo en avión. Me encantaría ir en primera, para no pasar diez o doce horas en posición semifetal ni tener el codo del vecino clavado en las costillas flotantes. Y porque los poetas no suelen viajar en primera, sobre todo los jóvenes… Pero ¿qué estoy diciendo? Hace tiempo que decidí no volver a viajar en avión. Ni hablar de poesía con desconocidos.
NB. La anécdota que, un tanto extrapolada, ha servido de base para este artículo, también es uno de los ejes narrativos de mi novela Detective íntimo. Espero que mis lectoras/es habituales, si tal cosa existe, sean indulgentes con mi poco comedida tendencia a la repetición.








Carlo, me he divertido mucho con el texto, espero encontrar y leer su novela pronto.
No le tenga temor a la repetición, ya que una anécdota, si es buena, puede ser dos veces buena.
Gracias, Rod. Si no encuentras la novela (no es fácil, creo que se agotó y no la reeditaron), te la puedo enviar por correo electrónico.
A mí últimamente me pasa que cuando admiro mucho la obra literaria de alguien, trato de no saber mucho de su vida, porque normalmente en la obra está lo mejor que tienen para dar. Un caso bastante representativo sería Truman Capote. Con Borges me ha pasado que empecé odiándolo en mi juventud prosoviética, hasta que un buen amigo me convenció de leerlo. En fin, que resulta muy creíble que el poema sea mejor que el poeta.
Es alarmante hasta qué punto es cierto lo que dices. A lo largo de mi larga vida, he conocido a muchos escritores y escritoras, y la mayoría son decepcionantes como personas.
A mí con Borges me pasó lo contrario que a ti: empezó fascinándome en mi juventud procubana y acabó aburriéndome. En cierta ocasión le dije (con cierta malicia, lo admito) que creía que era mejor poeta que prosista. Y estuvo de acuerdo (o fingió estarlo).
Excelente. A veces la vida nos pone a tiro de un intelectual engreído, sabelotodo, o en los territorios de un gran Poeta
Muy cierto. Pero no hay que salir huyendo: aunque sean insoportables, a veces dicen cosas interesantes.
Menos mal que la poesía es inmune a sus usuarios. Con su eternidad inquieta seguirá sin necesidad de ellos, buenos o malos que sean. Es tolerante, democrática, y sobre todo desconcertante como la mismísima vida. Ese personajes de “estudiada negligencia en el vestir”, daba la sensación de ser un pulcro y eficiente gerente de marquetin y no un poeta o escritor, señalando las virtudes de su producto (reciclado por cierto) mediante la onomástica en vez del contenido. “Aquí, sin dudas, por los restos y rastros hubo una civilización que por lo visto no floreció, se quedó con las ganas, penas y peanas…” dijo un viejo guitarrero de mis pagos, para preguntarse luego si esa frase, en boca de un fantástico viajero inter estelar podía ser considerada poesía catastrófica o el inicio de otra esperanza. “Es al cuete preguntarle a la vida pues no tiene respuesta alguna, quedate con la poesía que por lo menos no cuesta nada…” finalizaba. Lindo relato, Carlo. Gracias.
Gracias a ti, ER, por esta frase tan lapidaria como certera: «Menos mal que la poesía es inmune a sus usuarios». Menos mal.
Hans Magnus, en su divertido libro Reflexiones del señor Z, escribe que entre los poetas » hay muchos que no tienen ningún oído para la prosodia, la cadencia y la métrica». Además su número excede al de los lectores. A favor, dice el señor Z que «es barata, apenas estropea el paisaje urbano» y es inofensiva, en términos generales.
Hoy cualquiera escribe y se autoedita. Bien por ellos.
De inofensiva, nada. Y además estropea mucho el paisaje urbano, si tenemos en cuenta que la publicidad es una forma degradada de poesía:
https://www.jotdown.es/2019/08/los-poetas-malos/
Por cierto, HME era un buen poeta, a pesar de los dos nombres.
¿Ud. ha escrito poesía alguna vez? Yo sí. Fui «el niño poeta de Valparaíso», a los siete años.
Mi compatriota Zurita llenó las nubes de Chile con poemas en un avión.
Bolaño, el bueno, dijo que había «poetas maricones», en el buen sentido. Uno de ellos era Neruda, si no me falla la memoria.
Por cierto, qué opina Ud. de los llamados «slam poetry»? En mi ciudad, Alicante, se celebran muchos. Yo no he asistido a ninguno…
Yo tampoco he asistido a ningún slam poetry, pero me parece interesante la idea de un contacto vivo y directo entre poetas y público. Y, sí, he escrito mucha poesía y he publicado varios libros: es un gran amor no correspondido.