Cine y TV

‘Apocalypse Wayne’: el wéstern como distopía del fin del mundo

wéstern posapocalíptico
Centauros del desierto / Mad Max Fury Road. Imágenes: Warner Bros.

El wéstern, lejos de ser un simple relato de vaqueros e indios, anticipó la estética posapocalíptica: territorios sin ley, héroes errantes y paisajes devastados donde la justicia depende de la voluntad individual.

En las representaciones del mundo posapocalíptico hay una serie de elementos habituales que configuran la imagen del infierno en la tierra. Se despliegan como una gama cromática de la catástrofe, y van desde el holocausto nuclear hasta el alzamiento y la tiranía de las máquinas, el resurgir de los zombis, las invasiones extraterrestres y toda clase de desastres naturales y epidemias globales que ponen a la humanidad al borde de la extinción, si es que no acaban con ella por completo.

En cada uno de estos escenarios trasciende la misma idea: el planeta se ha ido al carajo, y donde antes había civilización y progreso ahora solo quedan paisajes yermos, ciudades arrasadas, travesías peligrosas, bandas de saqueadores, hambre, violencia y calamidad. Un mundo donde casi todo ha sido destruido, pero también el punto de partida desde el que volverlo a construir.

Sin embargo, estos mimbres con los que la cultura contemporánea da forma al apocalipsis y sus secuelas son bastante antiguos. Todos esos antihéroes solitarios, gentes humildes oprimidas por malhechores, viajeros hostigados por salteadores de caminos, caras resecas y labios agrietados por la intemperie ya los habíamos visto, ya estaban ahí mucho antes de que Rick Grimes se despertase del coma y se pusiera a reventar zombis en The Walking Dead, incluso antes de que Charlton Heston se bajase de la nave en un planeta dominado por una raza de simios superinteligentes.

wéstern posapocalíptico
The Walking Dead. Imagen: Image Comics.

En concreto, llevamos viéndolos desde los años treinta del siglo XX, cuando el género wéstern floreció en el cine estadounidense —poniéndole imagen y sonido a las ya populares novelas por entregas—, y a la expansión del fenómeno se le añadieron posteriormente los cómics y la todopoderosa televisión. Nace así el panorama de polvo y desolación que conforma el entorno natural del viejo Oeste, un horizonte devastado no por la guerra nuclear o un desastre climático, sino por las consecuencias de la conquista, que dejan amplios territorios sin ley ni instituciones oficiales, y donde la supervivencia depende de la fuerza bruta, la astucia y la suerte.

John Wayne en Mad Max

El parecido con las ficciones posapocalípticas contemporáneas es bastante evidente. Cuando estas surgieron y se popularizaron en el último tercio del siglo pasado no partían de cero, únicamente actualizaron con una mano de pintura radiactiva los códigos del wéstern. En muchas de estas historias futuristas —y no tan futuristas—, el contexto cambia, pero la lógica social se mantiene. La estética del fin del mundo no es tanto una innovación como una reconfiguración. Los elementos pueden variar (radiación, androides, mutantes, motos voladoras o coches herrumbrosos ensamblados a golpe de soplete), pero la lógica sigue siendo la del salvaje Oeste.

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3 comentarios

  1. En el lore de la ciencia fición, star wars sería una space opera melodramática. En el género de cine post apocalipsis, éste, sea cual sea, debió siempre ser provocado, o como poco acelerado en su momento por viles decisiones de los políticos.

  2. José Manuel López

    Gran artículo de divulgación.

  3. Manuel Queimaliños Rivera

    Estupendo artículo.

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