Marina Saura (Madrid, 1957) es la hija mayor del pintor Antonio Saura (1930-1998) y Gunhild Madeleine Augot (1929), traductora de sueco y francés y sobrina de Carlos Saura. Estudió en España, Francia y Suiza y después en The Drama Centre of London (entre 1976 y 1979). En España trabajó en obras de teatro, cine y televisión hasta la muerte de su padre en 1998, cuando se estableció en Suiza y creó la fundación Archivos Antonio Saura en Ginebra.
En 1985 le dijiste a Paco Umbral en una entrevista que te habías reconciliado con Madrid, pero ahora vives entre París y Ginebra. ¿Eso es que has cambiado de idea desde el 85 hasta ahora?
No, yo nací en un Madrid que no se parece en nada al de hoy. Era un Madrid triste, sucio, oscuro y deprimente. Aun y así me gustaba mi ciudad, pero cuando me marché a estudiar fuera, cada vez que volvía encontraba a la ciudad cada vez peor. Era el final del franquismo, y era una ciudad cerrada, España era un sitio donde no veía esperanza y con la impaciencia de la juventud veía que quedarme aquí era renunciar a todo, así que me marché. Me marché a Inglaterra a aprender inglés, a pelearme para entrar en las escuelas de teatro, que era dificilísimo, y cada vez que venía a Madrid me sentía rara. Como si no perteneciese a esa ciudad. Me reconcilié cuando empecé a trabajar. Yo siempre había actuado en inglés y no fue hasta que empecé a trabajar profesionalmente en el Teatro Español de Madrid con Miguel Narros —que acaba de fallecer— que me di cuenta de que mi ciudad era aquella donde podía hablar mi idioma y expresarme en castellano. Ahora las circunstancias de la vida han hecho que me marchara pero vengo todo el tiempo, ahora Madrid me gusta mucho más que entonces. Vivo entre París y Ginebra por azares de la vida, al fallecer mi padre me enamoré de un suizo, me casé con él y su trabajo está en Ginebra. Luego, al cabo de los años de luchar para intentar ver qué se hacía con la obra de mi padre y si conseguía encontrar una situación armónica en España para poder divulgar su obra, me rendí ante la evidencia de que era una ilusión vana, así que en 2006 creamos la fundación en Suiza, que es donde vivo desde que me casé en 2002. Ginebra es un sitio estupendo porque está en mitad de Europa, cerca de todas partes, está lleno de españoles, es pequeño y manejable, es una ciudad lacustre donde se tiene la sensación de estar en el agua todo el tiempo, en el viento, con unos vientos huracanados y unos cambios de temperatura increíbles; el verano es totalmente tropical… es una sensación muy estimulante la de vivir en un lugar de cruce, muy cosmopolita y pequeño a la vez, donde vas a todas partes en autobús o caminando. Un país que sin duda a los 20 años me habría parecido poco estimulante pero ahora de mayor me parece un lugar muy acogedor. Además nos han acogido muy bien, nos han dado todo tipo de facilidades. La fundación que hemos creado es privada, no tenemos subvención de ningún tipo, nunca hemos pedido nada, y ha sido declarada de interés público, lo que es un honor. Muy pocas fundaciones tienen ese estatus y eso nos permite divulgar la obra de mi padre desde el centro de Europa con todas las facilidades. Lo que más valoro en Suiza es que allí hay seguridad jurídica, quiero decir que es un país donde las cosas son como son, no cambian con cada nuevo gobierno y no he sufrido manipulación política ni de ningún tipo… En cambio en España hemos vivido una auténtica pesadilla durante nueve años.
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Tremendo artículo, gracias.
Qué gustazo de entrevista, larga y completa y genial.
estupenda entrevista, mi enhorabuena al entrevistador y a la entrevistada. un placer su lectura.
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En referencia al titular:
Para muchos políticos de cierta tendencia política y de cierta ubicación territorial, hay ciertos artistas vivos en España que han sido, son y serán muy interesantes.
un artista vivo o muerto, si es artista siempre lo será.nos queda la obra de su padre, que fué y sigue siendo un artista. Segundos fuera. Cordialmente.
Charlé brevemente con esta mujer una vez en el Círculo de Bellas Artes de Madrid en la presentación de algo que no recuerdo. Una mujer grande, guapa, más que guapa…majestuosa; e inteligente. Le dije que me gustaba la obra de su padre -que no es amable precisamente-, pero que me gustaba mucho también como escritor, lo que la gustó, me parece más aún, porque a pesar de estar bien editada (Galaxia Gutenberg) no está muy difundida. Me perdí en sus ojos y en su escote, porque soy un frívolo, un frívolo profundo, pienso inmodestamente. Me gustó mucho conocerla, como me hubiera gustado conocer a su padre el montón de veces que estuve por Cuenca y en el Museo ‘colgado’ de La March…Me alegro de que en Ginebra haya encontrado el sitio. Este es un país tan tremendo y a la vez tan mediocre…
Maravillosa entrevista, dura y sincera. Sin duda la hija de Antonio Saura, tenaz y clara, como la obra de su padre, que admiro tan profundamente.
Esperando con impaciencia la publicación del resto de su obra razonada.
Tremendos recuerdos.
Finales de los ochenta.
Teatro Calderon, cine, del de verdad – Ojos negros-.
Musa de Fernando Lara y de la Seminci.
Marina Saura: «Para los políticos un artista muerto es más interesante que un artista vivo», me ha parecido muy genail, me hubiera gustado que fuese más largo pero ya saeis si lo bueno es breve es dos veces bueno. Enhorabuena por vuestra web. Besotes.
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