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Empiezo a leer el libro de memorias de Albert Speer, el que fuera arquitecto de Hitler y ministro de Armamento del Tercer Reich durante la Segunda Guerra Mundial. Después condenado a 20 años de prisión por el tribunal de Nuremberg, en 1948. Otra docena de ministros y altos cargos del régimen nazi fueron condenados a muerte. Los ahorcaron.
¿Por qué se libró de la horca Speer, ministro del periodo más genocida del régimen y uno de los más cercanos a Hitler durante mucho tiempo? ¿No sabía que se exterminaban judíos, extranjeros y disidentes en la Alemania también gobernada por él?
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El prólogo parece escrito por Baroja. Escrito desde el escepticismo, en un tono ciertamente pesimista. Prólogo datado en 1969, ya era libre. Escepticismo sobre todo ante la continua tecnificación de la sociedad. En 1948, en su discurso final ante el tribunal y ante el mundo (que sigue atento el proceso), dijo: «… cuanto más se tecnifique el mundo será más necesario que, en contrapartida, se fomente la libertad individual y el respeto de cada hombre hacia su propia dignidad».
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¿Autojustificación? Sí, claro: «…me parece que la desesperada carrera contra el tiempo, la testarudez obsesiva por las cifras de producción se superpusieron a todas las consideraciones y sentimientos de humanidad»[Pág. 675]. Pero todo escrito autobiográfico es una autojustificación. Uno de grandes motores de la escritura es el sentimiento de culpa. Hemingway decía que había que escribir enamorado. Le faltó decir enamorado de otra.
Speer escribe este libro para comprender su culpa, su responsabilidad. «Porque hay cosas —escribe unos días después de conocer su condena a 20 años en Spandau— de las que uno es culpable incluso cuando pueda disculparse, sencillamente porque la enormidad del crimen es tan desmesurada que anula cualquier disculpa humana» [Pág. 928].
Intento recordar cuál era la imagen que tenía del autor de estas memorias antes de leerlo, o cuando lo estaba aún empezando a leer. De vez en cuando tomaba notas, pero no veo que nada de lo anotado me sirva realmente de mucho. Antes de leer el libro pensaba leer las memorias de un nazi culto. O ni siquiera eso. Un nazi, un antisemita, en todo caso. Speer; un nazi con talento literario. El hecho de que el libro esté editado en español por Acantilado y de que ya hubiera leído por ahí que era bueno en lo que a calidad literaria se refiere reforzaba esa imagen.
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Pues hace unos días vi un documental sobre Eva Braun y, la verdad, ni su perra Blondi parecía estar muy contenta cuando Hitler se le acercaba.
Respecto a sus amigos, leí hace poco un libro escrito por un amigo de adolescencia de Hitler, titulado: “Hitler, mi amigo de juventud”.
Escribí un post, por si es de vuestro interés: http://horizontefbt.blogspot.com.es/2013/04/hitler-mi-amigo-de-juventud-un-libro.html
De hecho, para aquél o aquella interesado o intrigado por este personaje, es también muy recomendable el libro ‘Conversaciones con Albert Speer. Preguntas sin respuesta’ de Joachim Fest (ed. Destino). :)
Bueno, en realidad el libro sí tiene una referencia indirecta a los campos de exterminio. Se trata del capítulo donde cuenta la visita que le hizo su amigo Karl Hanke, en la que éste le dice que ha visitado un campo de prisioneros en Silesia y ha visto cosas que no le puede contar, y le aconseja que no se le ocurra acercarse allí.
Speer se confiesa culpable moral por no haber indagado más en ese asunto, pero como siempre, resulta discutible hasta qué punto es sincero y hasta qué punto postureo post-guerra. Personalmente, siempre he pensado que la escena que describe (Hanke con cara de terrible remordimiento, advirtiéndole de un misterioso campo prohibido que no debe visitar) es algo peliculera.
Por lo demás, habría que recordar que en el proceso de Nuremberg tampoco se acusó nunca a Speer de complicidad en el exterminio de judíos, al contrario que Goering, Heydrich, etc. La principal acusación contra él era la de haber usado esclavos para la industria bélica. (Claro que entonces no se conocía aún el contenido del discurso de Posen).
Hmm. No es un libro que se pueda leer con candidez ni con indulgencia. Esas memorias tuvieron mucho éxito y le hicieron hacer una gira por occidente. Y en Alemania, quizás por la mala conciencia y la necesidad de tener el «nazi bueno» le pusieron en un altar.
Pero el tiempo ha resuelto ésto hace tiempo. Hace mucho que se sabe y con pruebas que el bastardo de Speer mentía miserablemente en sus memorias. Se distancia deliberadamente de Hitler cuando realmente le tenía en un altar y le obedeció ciegamente. Y mentía cuando alegaba no saber nada del Holocausto. No sólo fue responsable directo de la muerte de muchos prisioneros sino que estaba perfectamente al tanto de los planes de exterminio. No sólo por el discurso de Posen.
La verdad es que el libro es más expresivo por lo que calla y lo que falsea que por las maquilladas estampas de la época.
La verdad es que lo de Speer es vergonzoso . Y dice mucho que gran parte de los responsables de toda la financiación , organización y construcción del III Reich salieran con leves penas y/o recolocados tras la guerra.
Por lo que tengo leído sobre el hombre este, estoy con lo que indica Miguel. Su mentira y el personaje que se montó tras la rendición, ya fue desenmascarado hace tiempo. Ya se sabe que tenía conocimiento de todo y de su participación en el genocídio.
Ese personaje intelectualmente distante, e ignorante de la realidad de sus compañeros nazis, era una gran mentira.
Albert Speer es, probablemente, el más sutil y astuto manipulador del Tercer Reich. Sus memorias son fascinantes y el personaje que construyó a través de ellas lo es todavía más. Su inteligencia, capacidad de seducción y sutileza le convierten, a mi modo de ver, en un auténtico peligro.
Una gran mentira y un gran peligro. Las dos definiciones son muy acertadas. Pero es que algo similar se puede decir de una parte importante de la nación alemana de esos años.
Es muy significativo es que al salir de prisión Speer contara con la simpatía y la admiración de gran parte de la sociedad alemana. Al fín y al cabo se podía alegar razones prácticas para justificar la reincorporación al sistema de tantos policías, militares jueces, maestros, ingenieros y todo tipo de trabajadores que habían sostenido el régimen voluntariamente. Pero ¿nada menos que recuperar a Albert Speer? Los alemanes estaban deseosos de poder creerle o al menos hacer como que le creían. Y de decir, con él, que no sabían nada y habían sido engañados por un puñado de locos, cuando la mayoría de los alemanes siguió a Hitler con entusiasmo y tantos medraron cuanto pudieron sin mirar a los lados, como poco.
Lamentablemente la guerra fría alimentó esa integración en el aparato económico y político de los antiguos nazis y la huída hacia adelante culpable de toda una sociedad.
Los intentos más potentes para sacar de ese marasmo a los alemanes fueron demasiado marginales y enloquecidos (como los de la RAF) y con la Unificación y el liderazgo de la Unión Europea, definitivamente no parece que estén todas las lecciones aprendidas. Vaya, el S. XX está demasiado cerca aún y la historia reciente de Alemania y Europa todavía está por perfilar.
En cualquier caso, interesante recordar estas memorias y todo lo que remueven. Gracias, Marcos.
El libro es fascinante, pero hay que leerlo, claro, teniendo en cuenta que hay más ficción en ese género llamado «memorias» que en muchas novelas. Esa aproximación a una vida de la parte más interesada (uno mismo) tiene siempre más de reconstrucción obligada por el presente que por la intención de ser fiel a lo que cree cierto. Ajustar cuentas con el pasado; ah, es que hay pasados muy jodidos, y el de Speer requiere un ejercicio de maquillaje literario impresionante.
De todas formas, y partiendo de esto, los retratos que hace de esa cuadrilla criminal son buenísimos, de un talento literario innegable. Hay mucha bibliografía histórica de la época y biográfica de todos ellos, pero de primera mano, y tan bien escrita, muy poca. Creo que, con toda su subjetividad, siempre nos acerca mejor un acontecimiento o época la literatura autobiográfica que la supuesta objetividad histórica.
Sobre se sentimiento de culpa de la sociedad alemana es un asunto que daría para otro artículo. Complicado. Sebald trata en Sobre la historia natural de la destrucción la devastación de las ciudades alemanas y civiles por los bombardeos aliados y el absoluto silencio que cayó sobre ello por parte de la propia sociedad alemana. Un libro muy recomendable; Sebald repasa la literatura de la época y se pregunta por qué casi todos miraban hacia otro lado.
Sebald reclama una literatura testimonial.
Gracias por las aportaciones a todos.
Marcos: sí estoy de acuerdo en que no existe la historigrafía objetiva; solo la que es rigurosa o no. Pero yo dudo mucho que la literatura autobiográfica nos acerque mejor una acontecimiento o época, al menos por sí sola, mejor que la investigación histórica. En realidad es parte de ésta, tomada con las debidas cautelas.
En cualquier caso, por supuesto que es un libro muy interesante. Yo opino por que lo he leído también. Con repugnancia pero con interés. Y habiéndolo leído, tus reflexiones me parecen fenomenales.
Otro asunto interesante son la desmemoria y mistificaciones, con deliberado borrón y cuenta nueva respecto el período hitleriano en la RDA, Austria o incluso Francia. Tantos asuntos por desvelar…
Es muy llamativo que menos de un siglo después Alemania vuelva a ser quién reparte el pastel en Europa y que aquel país, asfixiado por el peso de la deuda y humillado por las potencias occidentales que dio lugar al Tercer Reich, utilice hoy los mismos métodos con sus «socios»). Si en las declaraciones sobre los países del sur de Europa, cambiáramos el sujeto por el «pueblo judío», el escándalo sería mayúsculo, pero con los PIGS o PIIGS parece haber barra libre. Es una pena que los ciudadanos de Grecia, España, Italia y Portugal (mientras Francia no mire al sur) no hayamos sido aún capaces de hacer bloque.
Y ya, si tenemos en cuenta la enorme deuda que se les perdonó a ellos…., entre ellos España…
Vaya que lo es. Y la desmemoria por la Guerra Fría y la brutal absorción de la RDA, con la expropiación de todo un país tienen mucho que ver con el papel posterior de Alemania en Europa.
Hay tesis muy interesantes al respecto, como las del profesor Monedero. Que no por ser de izquierdas es un tonto o un friquique conoce bien Alemania.
http://www.youtube.com/watch?v=YPTTK1_z7pE
A título personal, y más pedestre, recuerdo bien la mala leche que me ponían las críticas despectivas y condescendientes de un amigo alemán –al que tratábamos fenomenal– hacia los españoles. Coño, acababa de leer Los Verdugos voluntarios de Hitler de Goldhagen y ganas me daban de contestarle: Vale, tío, pero tus paisanos masacraron a millones de personas y arrasado Europa y yo no pontifico sobre «los alemanes»
«Aunque Hitler no era religioso creía en una especie de providencia que le protegería y le llevaría por el camino del éxito hasta el fin de sus días.»
Pero es que precisamente eso es ser religioso: creer en una entidad sobrenatural que escucha nuestros ruegos en forma de oraciones y nos ‘guia’ por el buen camino. Se le puede llamar Yahveh, Zeus, Allah, Odin o una abstracción como ‘providencia’ como parece que hacia Hitler, pero eso es ser religioso.
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Interesantes comentarios y artículo.
La lectura de memorias (y las de Speer son el perfecto ejemplo, como las de Churchill por otro lado) requieren un conocimiento previo del periodo (a través de libros de historiadores) para no caer en las trampas que nos ponen los «autores».
En particular, en el caso de Speer, recuerdo que al final comenta que pensó en verter Zyklon B por los respiraderos del bunker de la Cancillería… muy creíble
Pero no hay duda de lo interesante de sus memorias para comprender muchas cosas del periodo que vivió, como lo vivió y porqué Alemania inició y perdió la guerra.
Un saludo.
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Ya, José Ignacio, pero creo que se entiende perfectamente al indicar que no era religioso para referirnos a que no creía concretamente en ninguna de esa providencias concretas y nominadas. Se puede ser creyente, opino, y no caer en ninguna de las religiones que existen.
Mi padre, filologo alemán me introdujo en estas historias, y especialmente el la figura de Speer, es una suerte viajar a Alemania junto a un experto, y que te cuente de manera «aseptica» parte de esta historia, en una ocasión asistimos a una muetra de arquitectura nazi, y la maqueta que reflejaba las ideas de como Hitler queria que fuese Berlín son increibles, dejando atrás a ciudades como París en lo que arquitectura se refiere.
He leido, que Hiter, una vez se hizo con el control de París, decidió derrumbarla al completo, ya que no queria competencia con Berlin, y que fué Speer el que le disuadió.
Osea, que el ministro de armamento del Reich, que consiguió con su organización y sistema de trabajo que la guerra continuara al menos un año y medio más, no sabía que la mayor parte de la mano de obra de la industria alemana era forzada. Y tampoco sabía, pese a que tenía reuniones continuas con Thyssen e IG Farben que existían campos de concentración, pese a que algunos de sus productos, o al menos una parte de su producción se localizara en algunos de esos campos. Queda muy bonito escribir eso veinte años después, la pena es que los documentos que están saliendo a la luz y en los que Speer pide más trabajo forzado a la Organización Todt están ahí. Por cierto, este señor es el auténtico santo patrón de los tecnócratas modernos. Las estadísticas y cifras de producción por encima de las personas. Literalmente.
Yo creo que tu no has leido el libro (Memorias de Speer), según tus opiniones. Porque en él (el libro) Speer no niega en ningún momento desconocer que la mayor parte de la mano de obra es esclava. Yo lo leí hace ya varios años y en la versión leida (que no recuerdo la editorial, era .pdf bajada de internet) no solo deja claro su conocimiento sino que manifiesta su inconformidad por el estado y el trato de dichos esclavos y reclama, exige y promueve mejoras al respecto.
No puedo yo saber la veracidad de los hechos o de las palabras de Speer y no es mi interés juzgarlo o absolverlo pero si diese una opinión al respecto y, basándome en sus Memorias, lo haría estrictamente sobre lo escrito, sin quitar ni poner. Asi que lo tuyo es una percepción personal ajena al contenido y lectura del libro.
Donde dice que Hitler quería estar rodeado de subordinados «inferiores», creo que Reinhard Heydrich no era un «inferior» (hay que ser verdaderamente «bárbaro» para ser inferior a Hitler). Este tipo sí era inteligente y cultivado, y a diferencia de Speer, claramente fanático. Otra cosa es que sí fuese subordinado a Himmler y Hitler, pero si hubiese tenido tiempo habría llegado muy arriba (menos mal que no lo hizo).
Otra cosa relacionada, que supongo se apreciará en el libro, es como Hitler utilizaba el antiguo «divide y vencerás», alentando la división y competencia entre sus subordinados, las diferentes organizaciones, el Estado e incluso Alemania en general. Esta es una de las razones del caos organizativo que reinaba en su Tercer Reich, y una de las razones de la derrota de los nazis.
lo que es increible es que se tragaran el nurenberg las patrañas de semejante elemento i se librara de la oorca era otro de la misma calaña quien diseño los campos de concentracion sino el en fin soy un fanatico de loa historia de hitler no un seguidor sino un estudioso de ese personage historico
En el 38 Hitler ya intuia q una guerra exitosa no era posible.Lo sabia,lo comento y lo escribio
Coincido en que las memorias de Speer es de lo mejor que se puede leer acerca del III-Reich «desde dentro». Por mérito propio y por el muy bajo nivel de todo el resto.
Pero hay que ser cuidadoso con las mismas, con lo que cuenta, y con lo que se calla. En el caso concreto de los campos de concentración, los conocía y bien. No sólo por que tenía acceso a informaciones al máximo nivel, no sólo por sus contactos continuados con la organización Todt, sinó por que además está acreditada con fotografías su visita a Mathausen (las mismas que sirvieron para condenarle en Nürenberg).
Era un técnico con un gran talento organizativo. De no haber sido por él posiblemente Alemania habría perdido la guerra 6 meses o incluso un año antes. Pero su ambición era más fuerte que su ética, lo que le descalifica como ser humano.
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«..era un perfecto imbécil. Además de insensato, caprichoso, poco trabajador, muy influenciable y nada constante en sus amistades y afectos. Era además un optimista patológico, peligrosamente delirante…»
Esta descripción de Hitler se puede aplicar perfectamente hoy en día a uno de nuestros ex-presidentes.
como puedo bajar por internet las memorias de speer
Y qué tal el ensayo de Canetti sobre Speer, ilumina no sólo lo sombrío de éste personaje, sino aspectos siempre descuidados cuando se trata de pensar la obra de los arquitectos.
hombres geniales si los hubo, no ser zurditos ya los hace admirables.
Dice todo le q necitaba
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