Juan Bonilla: "En un país donde el escritor nacional es Camilo José Cela ya está casi todo dicho" - Jot Down Cultural Magazine

Juan Bonilla: “En un país donde el escritor nacional es Camilo José Cela ya está casi todo dicho”

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Juan Bonilla (Jerez de la Frontera, 1966) es uno de esos autores difíciles de catalogar. Viviendo entre el periodismo y la literatura, cautiva a sus lectores con una poesía desgarrada de sus propios miedos y pasiones, novelas que han traspasado fronteras dando el salto a la gran pantalla, libros de relatos galardonados con reconocidos premios, jugosas colaboraciones en la prensa nacional y viajes, muchos viajes narrados en su obra. Su último libro de relatos, Tanta gente sola (Seix Barral, 2009), contiene guiños a Borges y Perec entre otras sorpresas. El autor nos cita en un pintoresco bar de Sevilla durante una soleada tarde de julio, como si de un nuevo cuento se tratase.

Resulta difícil concretar qué género literario predomina en el conjunto de tu obra compuesta por poemas, relatos, artículos de opinión y novelas. En ese sentido, y si me permites parodiar a Jonathan Franzen, ¿quién es Juan Bonilla?

Empezamos fuerte (risas)… Estaría bien cambiarle el tiempo verbal a la pregunta, situarnos en el año 2055 y preguntarnos quién fue Juan Bonilla. Seguramente seré un escritor menor, por el que se interesaron cuatro profesores de Houston o de una ciudad parecida, apenas reeditado y al que alguien, asiduo a las librerías de viejo, a lo mejor alguna vez descubre, se lleva una grata sorpresa y empieza a investigar. Con que le alegre unas cuantas tardes, unas cuantas veladas, unas cuantas noches, con un poema que le diga algo, que le resulte potente o algún cuento que se le quede en la memoria estaré satisfecho.

En muchas de tus obras hay referencias a autores que de alguna manera te inspiraron y nos han servido a tus lectores para descubrirlos, como por ejemplo Georges Perec. ¿Cuáles son tus autores clásicos favoritos o que te han inspirado más?

Tengo una especie de faro al que me prohíbo releer demasiado porque noto que su influencia es excesiva y me hace escribir como él. A mi edad uno debería tener una voz propia, buena o mala, pero propia. Hablo de Nabokov; siempre que lo releo me deslumbra, creo que realmente no se puede escribir mejor, que no se puede llegar más lejos y con tanta potencia. Y luego tengo temporadas. Tuve una temporada de ser borgiano acérrimo y de repente, supongo que porque empezó a interesarme más la vida que la literatura, Borges empezó a decirme menos cosas, aunque sigo reconociendo que tiene una prosa muy personal y que puede ser muy perjudicial con ciertos soniquetes que te acaban viciando. En el terreno de la poesía me gustan mucho más aquellos poetas que se dedican a decir cosas que aquellos que se dedican a decir cosas bonitas. Pessoa, por ejemplo, me parece un poeta inmenso, de ésos que te bloquean. Y últimamente esta autora polaca a la que le han dado el Nobel, Wisława Szymborska; tiene poemas impresionantes. Me doy cuenta de que la poesía es justo lo memorable, que uno diga “esto no lo he encontrado en otra parte y este autor ha dicho algo que yo de alguna manera necesitaba que fuera dicho”. Luego hay autores que me gustan mucho aunque no han dejado huella y autores que sin gustarme tanto seguramente sí han dejado huella en mi obra. Inevitablemente uno es hijo de quien fue, del adolescente que fue, y autores que hoy no me dicen nada como Herman Hesse o Martín Vigil, por decir un disparate, van mentando quién eres. Ese estilo de Herman Hesse de contar cosas importantes para el alma y el espíritu seguramente creó un poso en mí que me impide dedicarme sólo y puramente a frivolizar. Y no digo que eso sea bueno, digo que es así.

Dicen que un artista es más creativo cuanto más atormentado se encuentra, ¿tiene mucho que ver el insomnio en tu producción poética?

Hombre… a ver, el insomnio es medio protagonista de mi primer libro de relatos, El que apaga la luz, y era más bien una metáfora: el insomnio como esa incapacidad para olvidarse uno de quién es, de que la realidad y la vida no nos da una tregua, una posibilidad de privarnos de nosotros, de descansar de nosotros mismos, de esa conciencia permanente. Luego el insomnio como anécdota biográfica para mí es un gran problema que me obliga a empastillarme, quiero decir, no estoy contento y no me parece que sea algo para alardear. Cuando alguien me dice que duerme a pierna suelta diez horas me dan ganas de matarlo. A nivel físico el insomnio es un castigo y me cambiaría por cualquiera que durmiese sin ningún tipo de problemas.

A lo largo de toda tu poesía se pueden entresacar algunos motivos y elementos comunes que aparecen con cierta regularidad. Uno que nos llama particularmente la atención es el motivo del espejo. ¿Qué o quién es el espejo en tus poemas?

Hay un tema fundamental en mis libros de poemas que es la pregunta sobre la identidad, o sea, quién soy yo. Y claro, eso donde mejor se contempla, nunca mejor dicho, es en la superficie de la realidad de lo que se es. Luego me interesa mucho esa especie de guerra entre la identidad entendida como aquello que eres por obligación, definido por la propia realidad de lo que te hacen ser: en mi caso un tipo de 44 años que vive en Sevilla y se dedica a escribir en contraste con la intimidad, es decir, aquello que sólo tú sabes de ti y nadie más que tú sabe. Ese combate está mejor expresado en un espejo que en cualquier otro sitio. Ahí están los dos: el que eres por fuera y el que eres por dentro. Y como elemento poético me parece muy moderno; aunque tiene un prestigio evidente desde el Barroco me sigue pareciendo una fuente de alimentación con mucho potencial.

En tu poema Balada baladí encontramos un verso que dice “la poesía es un arte marcial”. ¿De qué o de quién se defiende Juan Bonilla?

Bueno, hay un juego de palabras, evidentemente, entre lo que representa el arte marcial en cuanto a lucha, a pugna, a combate… y también es un homenaje a un poeta que me gusta mucho, como es Marcial, que venía a decir que utilizaba la poesía para poner en entredicho la sociedad de su tiempo, la hipocresía, la mentira; incluso con epigramas muy personales y muy determinados.

[EXTRAÑA MÚSICA…]

Extraña música:

los pájaros son notas

sobre los cables

El Viajero

Allí de donde vengo nadie me detenía
Sé que nadie me espera donde voy.

Por la ventana inmóviles desfilan los paisajes
Sería hermoso no llegar a ningún sitio.

Permanecer así:
viajando de un lugar que ya no existe
a otro que jamás existirá.

 

Muchos de tus poemas hablan de la muerte, de la falta de sentido del día a día, el amor perdido o la guerra. ¿Hasta qué punto el lector interpreta acertadamente lo que quieres comunicar con tus poemas quedándose con este pesimismo?

Sería bastante injusto si obviara elementos fundamentales que se dan en muchos de los poemas: el humor y la ironía. Soy un nihilista, pero un nihilista con buen humor, no de los que te dicen “te vas a morir, nada merece la pena” sino justo lo contrario. Mi propuesta es decir “te vas a morir, nada tiene sentido, pásalo lo mejor que puedas”. Si al hablar de lo que yo he escrito se pasa por alto la importancia del humor y de la ironía, del sarcasmo incluso, sería una injusticia. No me considero un autor lúgubre.

En el existencialismo, que tuvo a Nietzsche como uno de sus precursores, se habla de un hombre libre y responsable de sus actos, determinando así el significado de su vida. ¿Consideras que hay bastante de existencialismo en tu poesía? ¿Ser escritor te hace ser más un superhombre?

A la segunda pregunta te respondo que no. Sin lugar a dudas ser escritor no te hace para nada ser un superhombre, en todo caso te puede llevar a lo contrario. En cuanto a la primera pregunta, considero que sí hay bastante existencialismo en mi poesía. Si hay un filósofo cuyo sistema de pensamiento de alguna manera se refleja en mi propio pensamiento, en mi manera de ver el mundo, es sin lugar a dudas Nietzsche. Además de crear esa especie de personaje fantástico que es Supermán, nos traza un itinerario que a mí particularmente me encanta: primero tienes que ser un león y ganar un territorio, después ser un camello y retener agua para cruzar el desierto y luego llegar al punto máximo de esplendor humano que es ser un niño. Reconvertirse en un niño después de haber sido un león, de haber ganado un territorio y de haber cruzado un desierto siendo un camello para después llegar a ser un superhombre, sólo como ficción, me parece mejor que el cuento de Caperucita. Me parece uno de los grandes cuentos. Nietzsche entra en la filosofía como un elefante en una cacharrería, aconseja que con la túnica de Platón nos hagamos una sábana para acostarnos con quien queramos, con la toga de Tomás de Aquino un mantel para la casa y así con muchos otros. Se lo carga todo, es el último gran filósofo. Los que han llegado después de Nietzsche son grandes comentaristas. En mi opinión ninguno ha planteado un nuevo paradigma tan revolucionario como el que hizo él.

Juan Bonilla

En muchas de las reseñas biográficas sobre tu persona que aparecen en la red o en tus libros se menciona al Juan Bonilla viajero. De hecho, uno de tus títulos, Academia Zaratustra, podría definirse como un libro de viajes poco convencional. Te planteamos una doble pregunta: ¿qué busca Juan Bonilla el escritor cuando viaja? ¿Tienes razones concretas para evitar escribir un libro de viajes convencional?

Pues sí, tengo razones concretas porque nunca me ha gustado la literatura de viajes que me cuenta lo que hay allí, donde yo mismo podría ir a ver lo que hay. Si no hay algo más no me interesa. No estoy entre los lectores de los libros de viajes, sobre todo cuando la literatura de viajes se propone ser sólo una guía bien escrita. Yo necesito algo más, necesito encontrar una columna vertebral al libro. Hace un mes estaba en Senegal, había ido a hacer un reportaje sobre la lucha senegalesa y he reflexionado sobre qué sentido tiene, para descubrir que ninguno. El redactor jefe del periódico en lugar de enviarme a mí podría haber localizado a alguien realmente involucrado en lo que ocurre allí. Ahora estoy terminando el reportaje tras darle una vuelta de tuerca al planteamiento inicial. Me he centrado en un solo luchador, en contar la historia de un tipo, es decir, he llegado allí para descubrir a ese tipo y contar su historia. Esto sí lo considero como algo mío, algo propio, algo que se me ha ocurrido a mí, que nadie hubiera contado si yo no hubiera estado allí.

Si en un viaje haces demasiados preparativos, no hay viaje: lo que hay es una excursión. Y si no haces ningún preparativo y te vas directamente, tampoco hay viaje: hay una huida. El viaje está entre la excursión y la huida. El éxito del mismo creo que está en hallar el punto medio, en no hacer demasiados preparativos.

Con La literatura nazi en América de Bolaño ocurre lo mismo que con tu Academia Zaratustra, fantasía y realidad se engarzan en la narración de tal manera que es imposible escapar de su embrujo sin acudir a Internet para comprobar qué es lo que pasa. ¿Te viene a la mente algún autor con un título en esa línea? ¿Tal vez Haruki Murakami?

Apenas he leído a Murakami, la única novela que leí no me pareció nada excepcional, quizá tenga que leerlo más para apreciarlo. Sin embargo, lo que hace Bolaño en ese libro suyo o lo que hago yo y otros muchos en el fondo es muy borgiano, digamos que de la mejor parte de Borges es la que ha envejecido mejor y seguramente es la parte en la que Borges ha sido juguetón. Borges se divertía con las colaboraciones, cuando escribía junto con Bioy [Casares] era un punki total. Tiene un libro que a mí me parece maravilloso llamado Crónicas, firmado por Borges y por Bioy, en el que hace la literatura nazi de Bolaño. Es un libro maravilloso, muy poco conocido, en el que habla de arquitectos, de poetas vanguardistas y de músicos que se inventa. Es un libro verdaderamente delicioso. G.K. Chesterton en su libro de ficción Tipos diversos inventa biografías y en esa misma línea también es recomendable Vidas imaginarias de Marcel Schwob.

Eres licenciado en periodismo. ¿Te hubiera gustado ser corresponsal de guerra como en su día lo fuera Arturo Pérez-Reverte?

No, para nada. El que te está contestando hoy te dice claramente que no. Cuando me licencié hubiera dado la vida, en fin, lo hubiera dado todo porque me mandaran a una guerra a cubrirla, lo consideraba el súmmum de la profesión, para lo que uno había nacido. Ahora no me interesa, me parece que es de esas profesiones que se han perdido, que tenían sentido en la Primera y en la Segunda Guerra Mundial. Hoy en día lo que tienes que hacer en una guerra es ponerte en contacto con quien la está padeciendo, con la gente que está allí, ponerle el micrófono o dejar que sus cámaras y sus voces digan todo lo que hay que decir. También es cierto que a mi edad uno ya tiene bastante experiencia en la profesión y ha visto modos de trabajar que no le gustan. Por ejemplo: cuando un periódico manda a un corresponsal a un conflicto cualquiera; para que sea rentable ese corresponsal tiene que permanecer en ese lugar un tiempo determinado, de tal manera que en ocasiones tiene que estar informando de cosas que a lo mejor no han sucedido o no tienen ninguna importancia.

En uno de tus artículos titulado La Firma de La holandesa errante y con la ayuda de Cy Twombly, nos das tu opinión sobre cierto arte vanguardista. Algunos pensamos que no hace falta irse a Houston para hablar del tema. ¿Qué opinión te merece el “calcetín” de Tàpies?

Es que debo haberlo dicho en alguna parte, creo que en un artículo de El arte del yo-yo. El “calcetín” de Tàpies me parece exactamente lo mismo que a vosotros y que al camarero de este bar, e incluso lo mismo que a los grandes comentaristas de Tàpies aunque no lo reconozcan en público. Es una tomadura de pelo y nada más, no merece ningún comentario.

Es difícil pensar que obras de ensayo como En defensa de la intolerancia de Žižek o Tiempos líquidos de Zygmunt Bauman puedan convertirse en éxitos de ventas, sin embargo Indignaos de Stephan Hessel lo ha conseguido. ¿A qué crees que se debe el éxito mediático de esta obra?

En mi opinión, ni los mismos que se dedican al negocio editorial saben decir por qué  una obra funciona y otra no. Žižek es un gran personaje pero es muy difícil de leer, no es un autor que esté al alcance de cualquiera. Es medio raro que sus libros lleguen a la cuarta o quinta edición, sin embargo, llegan. Es decir, aquí, ¿qué es lo que funciona? Obviamente funciona cierto tipo de curiosidad elemental que tienen los cultos de decir: “voy a asomarme a ver si” y eso suma muchos lectores. El Indignaos es un panfletillo donde se dicen doscientas cincuenta y siete obviedades y sin embargo se ha convertido un poco en el gran testimonio de nuestro tiempo, aunque dice poco en favor de nuestro tiempo.

En la literatura juvenil actual, novelas como las que forman la saga Crepúsculo hacen furor entre el público adolescente. ¿En qué momento se han desenamorado de Helena?

¿Estuvieron enamorados alguna vez? Cuando iba al instituto, en los años 80, no había literatura juvenil, no había literatura adolescente. El primer gran golpetazo de la literatura juvenil fue La historia interminable. La literatura juvenil como la conocemos hoy es un invento comercial, los jóvenes son una gran masa de población y se hacen productos diseñados expresamente para ellos. Otro gran éxito que se debe seguramente a los “malos bachilleratos” es El mundo de Sofía, una especie de colección de solapas sobre filósofos que fue un gran éxito de taquilla. De repente estas  modas comerciales triunfan, eso no significa más que se ha etiquetado a la juventud en una serie de productos. De la misma manera que nosotros ya no vamos en monopatín porque sería un poco grotesco, podría resultar grotesco que todos leyésemos novelas sobre zombis o vampiros, porque eso es lo que pega en el mundo juvenil. Son productos para apartados muy concretos del mercado. Cuando yo era adolescente nos hacían leer La fontana de oro de Benito Pérez Galdós o La Regenta de Clarín y uno buscaba por sus medios. De repente veía a alguien leyendo a Bukowski y me preguntaba: “¿Quién coño es Bukowski?” Y entrabas en ese mundo. De alguna manera Bukowski es un autor juvenil, sin embargo el mercado no le reconoce esa categoría. Quienes sí pueden disfrutar hoy a Bukowski son los jóvenes. A una persona de cuarenta no le dice nada, pero a un chaval de dieciocho años todavía tiene veneno que meterle en el cuerpo. Prefiero con mucho el sistema antiguo donde los chavales se buscaban la vida ellos solos, cuando no había en las librerías una sección para ellos.

Parece que se han puesto de moda los duetos conversacionales como los de Dragó y Boadella o los de Houellebecq y Bernard-Henry Lévy. ¿Con quén te gustaría entrar en ese subgénero?

No lo había pensado, de hecho es un formato que me recuerda los diálogos que sostuvieron Umberto Eco y el Obispo de Milán Carlo Maria Martini en la revista italiana Liberal.

¿Tal vez con Arcadi Espada?

No, porque estaría de acuerdo con él en muchas cosas y en las que no estuviéramos de acuerdo no quiero discutir con él. Es un tipo con los argumentos muy bien trenzados.

Dices que no escribes cuentos por encargo, pero ¿te has visto alguna vez tentado a escribir libros por dinero siguiendo determinadas directrices?

A escribir por dinero no es que me haya visto tentado, es que escribo por dinero. Siguiendo directrices nunca; miento, nunca firmando, pero sí que he escrito siguiendo directrices como un “negro” para una estrella de televisión.

Con la gracia que le es innata, Arcadi Espada reseñó un poema tuyo titulado Cuanto sé de mí, en el que de forma sarcástica te describes como un conjunto de usuarios y claves. ¿Por qué no podemos encontrar a Juan Bonilla en Facebook, Twitter y similares?

Porque no estoy. Necesito imponerme a mí mismo una serie de hábitos y que nada los ponga en riesgo. Me da la sensación que me harían perder el tiempo ocupándome de cosas que no me interesan, como saber qué están haciendo mis amigos en todo momento. No quiero ser un hombre tecnológico, aunque utilizo Internet muchísimo para otras cosas como comprar libros y enterarme de cosas que me interesan. En cualquiera de mis sesiones de Internet el piloto soy yo.

Juan Bonilla

¿Te consideras un escritor cercano a tus lectores?

No sé quiénes son mis lectores y no quiero saberlo. No son ellos por los que escribo o publico. Me gusta en cualquier caso no saber quién está al otro lado. Me encanta encontrarme con alguien que ha leído y disfruta mis libros, pero no mucho más.

¿Se pueden leer las Greguerías de Gómez de la Serna o tus LI.PO.TIMIAS en un lector de libros electrónicos?

Supongo que se podrá, en un futuro no habrá más remedio. Si las nuevas generaciones empiezan leyendo en libros electrónicos y no conocen otros medios, les parecerá de lo más natural del mundo. A mí me parece particularmente difícil de creer que alguien pueda leer el Ulysses de Joyce en un medio que no sea papel. Me parece que los lectores electrónicos están más enfocados a los textos breves. En mi opinión el libro en papel es la evolución natural del libro electrónico. El electrónico es el pasado, el libro de papel está mejor hecho. Es como la rueda.

En algunas especialidades terapéuticas se utiliza el lenguaje metafórico de los cuentos para reorganizar emocional y vitalmente a personas. ¿Hasta qué punto consideras que tus cuentos y relatos pueden influir en la vida de tus lectores cuando escribes?
La persona como ente general no sé cómo es. Dependerá de la edad, de su vida, de su experiencia la biografía, etc. A ciertas edades ya no encontramos en la literatura verdades absolutas. Leo muchos libros al año y no hacen que me haga preguntas que no me hacía antes. Me cuentan historias, se me quedan en la memoria algunos personajes, me pueden hacer gracia y divertir, pero más allá de eso creo que no tengo edad para estar influenciado. Cuando tenía dieciséis años sí que ansiaba encontrar en los libros grandes preguntas y grandes respuestas. He perdido esa capacidad de buscar aunque no la de emocionarme o divertirme. Mis propios libros no pueden dar aquello que previamente no está en el lector.

Haciendo referencia directa a uno de los relatos publicados en tu libro Tanta gente sola, ¿recitarías poemas tuyos en la boda de uno de tus admiradores?

Es que ese cuento es completamente biográfico del principio al final. La respuesta está en el relato.

Tu novela Nadie conoce a nadie fue llevada al cine por Mateo Gil en 1999. ¿Te gustaría ser guionista de tus propias adaptaciones cinematográficas? ¿Cuál de entre tus otras novelas o relatos te gustaría ver en un futuro en la gran pantalla?

No, porque cuando he tenido ocasión de serlo no he aceptado. Está escrito en otro lenguaje que no domino. Por otro lado, cuando te llega esa oportunidad casi siempre estoy en otra cosa y no me compensa dejar lo que estoy haciendo en ese momento. Hay muchos cuentos y relatos que podrían hilarse al estilo de la película. Con Vidas cruzadas, basada en los cuentos de Carver, podría hacerse una película. De hecho Gonzalo Suárez estuvo a punto de hacerlo, pero me quedé con las ganas.

En tu producción literaria destacan los cuentos y son varias las ocasiones en las que has mencionado a Jorge Luis Borges como gran maestro del género. ¿Te has planteado explorar otros géneros, quizás más cultivados al otro lado del océano, como el de la mini-ficción o los microcuentos que tanto popularizara Augusto Monterroso?

Me pasa todo lo contrario, me resulta muy difícil acabar los relatos porque se me alargan aunque no lo suficiente para que considere que ahí hay una novela. Necesito explorar más a los personajes, me siento cómodo entre las 10 y las 20 páginas. Nunca llegué a hacer un microrelato porque no los disfruto como lector, muchos de ellos me parecen chistes, aforismos, gracietas u ocurrencias. No le he encontrado a ese formato la gracia como lector.

¿Vives del cuento?

Fundamentalmente vivo del cuento de ser periodista, del cuento a secas no.

Has traducido a autores como Coetzee, Conrad o Housman. ¿Qué autor te planteó más problemas a la hora de traducirlo?

Nunca he traducido a Conrad. Una vez le puse un prólogo a una novela de Conrad, Tifón, de Ediciones B. Como no aparecía el traductor en los derechos que adquirieron pusieron al prologuista como traductor. A Coetzee sí y a  Housman y el Libro de los gatos sensatos de la vieja zarigüeya de T.S. Eliot. El que más problemas me planteó fue Coetzee porque lo hice por dinero y no por placer, por el sudafricano y porque me pusieron fecha de entrega. Los poemas de Eliot los traduje porque me gustaban mucho y me permitían hacer malabarismos por las rimas y los de Housman también, por lo que eran trabajos de disfruté. Era casi descanso en mi trabajo cotidiano.

Coetzee era matemático y en tus Partes de guerra señalas la íntima relación entre poesía y ecuaciones, ¿de qué naturaleza es esta relación?

Me parece que tienen mucho que ver porque las matemáticas y la poesía en el fondo tratan de decir lo indecible, lo invisible, lo que sabemos que está pero no se puede expresar de otra manera, y alcanzar a decir eso con una formulación lo más económica posible.
De alguna manera es una definición que vale de la misma manera para la poesía como para las matemáticas. “Las vidas son los ríos que van a dar a la mar” es una cosa tan definitiva como la famosa ecuación de Einstein. Están dichas así y no se pueden decir de otra manera, y por eso me gusta esa relación entre dos lenguajes que a priori parece que no tienen nada en común.

Georges Perec pertenecía al grupo francés Oulipo, grupo de autores que experimentaban con ciertos aspectos formales de la escritura. En Italia tienen la enigmística, disciplina en la que se juega con las palabras. Piegiorgio Oddifreddi desvela los juegos matemáticos ocultos en la literatura en su último libro publicado en nuestro país. ¿Por qué en España huimos de las matemáticas?

La respuesta es muy sencilla, porque el escritor nacional durante 40 años fue Camilo José Cela. En un país donde el escritor nacional es Camilo José Cela ya está casi todo dicho. En España todo lo que ha tenido que ver con el juego, la investigación de la literatura hacia otros campos, ha sido siempre tachado de ocio de gente “tal”. Es que tenemos a uno de los más grandes escritores del siglo XX, el más inventivo, de los más rabiosamente humorísticos que es Ramón Gómez de la Serna, y aquí en España es un escritor menor. Ramón fue uno de los grandes del siglo XX en España. Dice mucho de nosotros que mientras en Italia uno de los grandes haya sido Italo Calvino, aquí en España haya sido Camilo José Cela.

22 comentarios

  1. Enorme autor, pero una entrevista demasiado formal o fría. No transmite.

  2. Excelente entrevista y excelente escritor. Enhorabuena a los responsables por tener unos contenidos tan amenos e interesantes.

  3. Bonilla me ha parecido siempre un escritor de relatos muy entretenido, ahora gracias a esta entrevista me parece también un tío la mar de lúcido.

    Lo que refiere sobre Bukowski a cuenta de la literatura juvenil es muy certero.

  4. No es objeto de la entrevista dar una visión sobre su idea del existencialismo y/o nihilismo pero ya que los menciona me parece que Bonilla toma una postura nada critica sobre estos asuntos y demasiado frívola acerca de sus consecuencias históricas. El tratamiento que parece darle a la figura del “Supermán” poco tiene que ver con los “valores morales” de nuestro tiempo.

    Aparte de eso parece un tipo con las ideas claras y me sorprende lo fácil y contundente que responde a preguntas complejas.

  5. Totalmente cierto el último parrafo. Todos en general pero el último mas si cabe. Aqui se fomentan más las papillas televisivas que la diversión matemática.

  6. Me gusta eso de que el futuro del libro digital es el libro de papel. Voy a adoptar esa frase.

  7. La única vez que leí a Bonilla fue hace unos quince años, cuando se le consideraba la gran esperanza blanca de la literatura española. Publicó “Nadie conoce a nadie” y corrí a leerlo. Dejando aparte el tema, estaba escrito de una forma churrigueresca hasta la náusea. Cada frase parecía reescrita para hacerla la más recargada posible, con subordinadas hasta el infinito, sobredosis de adjetivos, palabras sonoras para hacer “bonito”… Por si fuera poco, había un montón de palabrería que no venía a cuento, y que se notaba mucho que era un copy-paste: trozos de algún artículo, otro cuento, una reflexión de wáter, de cuya existencia se había acordado y que embutía en el texto sin preguntarse por qué ni para qué.
    En resumen, que mi primera experiencia Bonilla fue tan barroca que no me apeteció repetirla. Ahora me entra curiosidad por saber si ha seguido en ese plan (tal vez se refiera a esa época con lo de “temporada borgiana”), o si ha abandonado la idea de que para decir algo serio hay que emplear las metáforas de Góngora.

  8. Curioso este señor, al que no conocía de nada, echando pestes por lo bajini de un inmortal como Cela, del que he leído todo. Tiene mucha información que no le sirve de nada y muy poquita humildad.

  9. Magnífica entrevista.

    Siempre me ha gustado Bonilla, sus cuentos y sus poemas. Esa visión diferente, esa distancia que él mismo reconoce cuando dice que no sabe quienes son sus lectores y no son ellos por los que escribe. Sin embargo, transmite muy bien, o tal vez sea la capacidad de aflorar lo que está en el lector.

    Interesante reflexión sobre la literatura juvenil. Sin embargo, aunque lean cosas como Crepúsculo, cuando veo a adolescentes con un libro en la mano, siento que aún hay esperanza.

  10. Juan Bonilla, el escribano del vitíligo.

    Pistas:

    El modo en que hace entender que ha entendido a Nietzsche. No se ha enterado de un carajo. Y encima se muestra orgulloso de ello.

    La pubertad de sus faros: Nabokov. Luz que explica su pésima digestión de Nietzsche.

    Su falso eclecticismo literario. Para ser único, lo primero que tienes que asumr es que no eres único. Luego, igual consigues afirmarte sin tener que recurrir a “flamboyancias”.

    Un autor sorprendente. Sin duda, para los amantes de la literatura mollar.

    Bonilla “iridescente”. El viaje es al fin de la noche, señor yo-yo de los chinos.

    Menuda historieta.
    Bah.

    A.

  11. Tengo en mi biblioteca de cabecera 16 libros de bonilla y la gran mayoria de ellos son muy buenos, mejor que la gran parte de libros de autores españoles que aparecen cada año , pero tambien es verdad que en su literatura se le nota demasiado las influencias de sus autores preferidos , sin ser esto nada reprochable. Sus poemas son tambien excelentes en especial algunos de los incluidos en El Belvedere. Ademas sigo sin entender como ningun cineasta se decide a filmar Los Principes Nubios .

    • Completamente de acuerdo contigo en que Los príncipes nubios sería una gran novela para llevar al cine. El problema, creo, que quizá nuestro contexto social nos haga identificarnos más con boo, el nubio, que con Moisés Froissard, como seguramente hicimos en 2003, cuando salió el libro.

  12. El libro digital no es el sustituto, es la alternativa. Es genial para aquellos que no pueden permitirse gastar más de 100 euros en una saga de libros, por ejemplo.

  13. Pingback: ‘Memorias de un librero’ « Después del hipopótamo

  14. Pingback: Jesús Aguado, poeta anónimo | UDUAL

  15. Pingback: Seis libros en busca de lectores | Verlanga

  16. Nietzsche no pone primero al león y luego lo transforma en camello. Es a la inversa: el camello se transforma en león.

  17. Pingback: CIUDADES, SERES, RAMIFICACIONES, CONVERGENCIAS | CUADERNO CONTABLE

  18. Creo que no ha entendido la fábula del camello, el león y el niño: el sufriente, el dueño y el libre.

    Respecto a Cela si Bonilla ha sido capaz de escribir algo parecido a La familia de Pascual Duarte salgo mañana a comprarlo a cualquier precio. Me sorprenderia.

    Respecto a Borges lleva razón: cuando te interesa más la vida que la literatura va perdiendo interés. Todo el que Cela gana, por ejemplo.

  19. La familia de Pascual Duarte es un bluff de principio a fin: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo. Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y en destinarnos por sendas diferentes al mismo fin: la muerte. Hay hombres a quienes se les ordena marchar por el camino de las flores, y hombres a quienes se les manda tirar por el camino de los cardos y de las chumberas. Aquéllos gozan de un mirar sereno y al aroma de su felicidad sonríen con la cara del inocente; estos otros sufren del sol violento de la llanura y arrugan el ceño como las alimañas por defenderse. Hay mucha diferencia entre adornarse las carnes con arrebol y colonia, y hacerlo con tatuajes que después nadie ha de borrar ya.” Esto lo dice uno que trata de denunciar la incultura, el dolor y la angustia en que está sumida su familia y él mismo. Lo tendrían que poner en clase como ejemplo de inverosimilitud de la voz del narrador. Y luego todo ese tremendismo barato de la prosa que se gusta mucho a sí misma. Un bluff. Otra cosa es La Colmena, que es nuestro Manhattan Transfer. Una gran novela: pero una gran novela no justifica la condición de “escritor nacional” que tuvo Cela durante años y años y años. Marsé también escribía grandes novelas, y no fue nuestro “escritor nacional”. La de “escritor nacional” es una figura pública, no tiene nada que ver con que el tal escritor haya escrito una gran novela o no. Y como “escritor nacional”, qué quieres que te diga, Cela es penoso.

  20. Es que no es solo una novela,san camilo es una obra literaria de primer nivel,otra cosa es que la gente se haya quedado en leer la colmena y el pascual duarte.Lo mismo se puede decir de otras muchas(la rosa,pabellon de reposo,cristo versus arizona),ya que cela escribio alrededor de cien libros.

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