Ciencias

Vajont, el Titanic de las presas

Publicado por

“Lo peor no es cometer un error, sino tratar de justificarlo, en vez de aprovecharlo como aviso providencial de nuestra ligereza o ignorancia”.

Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina (1852-1934)

Una serie de accidentes ocurridos durante el siglo pasado en destacadas obras de ingeniería han dejado una huella imborrable en el inconsciente colectivo. Curiosamente, muchas de estas desgracias se produjeron cuando la ambición o prepotencia cegaron el sentido común y el rigor profesional, transformando records del mundo en tragedias: el bamboleo del puente de Tacoma, el incendio del dirigible Hindenburg… y por supuesto, el Titanic, el buque que alardeaba de ser, además de insumergible, el más grande y lujoso de su tiempo pero su primer (y último) viaje solo le llevó al fondo del océano Atlántico dejando tras de sí unos 1500 muertos. Menos conocido, el incidente de la presa bóveda de Vajont (Italia), que con sus 261,6 metros era la más alta del mundo en el momento de su inauguración, costó la vida a más de 2000 personas(1) la noche del 9 de octubre de 1963. Cuando la mayor parte de los habitantes de la zona estaban en la cama o viendo un partido de fútbol por televisión, una ola gigantesca proveniente del embalse de Vajont arrasó pueblos enteros… pero tanto aguas arriba como aguas abajo del valle. Y la presa aún permanece intacta hoy en día. ¿Qué había sucedido?

Panorámica de la presa de Vajont antes de la catástrofe. Para apreciar la escala de la fotografía, la coronación de la presa (abajo, a la izquierda) mide 190,50 metros

Un desprendimiento colosal

Parte de la ladera del Monte Toc, uno de los accidentes geográficos que delimitaban el vaso por el lado sur, se deslizó y cayó sobre el embalse desalojando la mayor parte del agua que contenía, que en ese momento se encontraba a unos 20 m por debajo de su máxima capacidad. Si nos fijamos en las cifras nos comenzamos a dar cuenta de la magnitud del accidente: se desprendieron unos 250 millones de metros cúbicos de terreno, que cayeron a una velocidad cercana a 100 km/h en el embalse que en ese momento albergaba unos 150 millones de metros cúbicos de agua (2).

Para los que prefieran otras unidades más visuales para captar esas magnitudes volumétricas, midamos por ejemplo en yokozunas, luchadores de sumo del rango más alto: suponiendo que un yokozuna pesa unos 150 kg y que la densidad del cuerpo humano es del orden de unos 980 kg/m3, se obtiene que cada yokozuna ocupa un volumen de 0,153 m3; por tanto, 250 millones de metros cúbicos equivalen a ¡más de 1600 millones de yokozunas! Ahora, imaginen a esos 1600 millones de luchadores de sumo amontonados, con sus taparrabos ceremoniales y bien untados de Aceite Johnson’s para niños para evitar fricciones indeseadas, lanzándose ladera abajo al doble de la máxima velocidad punta que ha conseguido jamás Usain Bolt. Una imagen estremecedora.

La presa de Vajont el día después de la catástrofe. La ladera del monte Toc ahora llena parcialmente el embalse, mientras que la estructura de la presa no ha sufrido daños aparentes. Que mil millones de chinos salten a la vez no cambia la órbita terrestre, pero ojo con que se bañen a la vez 1600 millones de yokozunas

Al irrumpir esa imponente masa de millones de metros cúbicos (los que quieran seguir hablando en yokozunas, que transformen las unidades) en el embalse, el agua fue desplazada con violencia en todas las direcciones:

— Hacia la orilla opuesta al deslizamiento (norte), generando una primera ola que llegó hasta la localidad de Casso, que se encontraba a la cota 928 (la coronación de la presa está a la 722,50), y que incluso dañó parcialmente algunos edificios: el agua empujada por el deslizamiento se elevó creando una ola/salpicadura de unos 240 m de altura medidos respecto la lámina libre del embalse. Una vez disipada la energía que impulsó esa ola verticalmente, el agua cayó de nuevo sobre el vaso que ahora estaba ocupado parcialmente por el desprendimiento, por lo que solo pudo tomar dos caminos: hacia aguas arriba o hacia aguas abajo.

— Hacia aguas arriba (este): unos 50 millones de metros cúbicos de agua remontaron el curso fluvial, alcanzando hasta un máximo de 40 m de altura de ola en algunos puntos, afortunadamente deshabitados. No obstante, la crecida en sentido antinatural del río se llevó por delante la vida de unas 160 personas.

— Hacia aguas abajo (oeste): otros 50 millones de metros cúbicos saltaron por encima de la presa, en una altura estimada respecto a la coronación de la misma de unos 100 m (es decir, unos 360 metros respecto al fondo), vertiendo a gran velocidad sobre el desfiladero que desembocaba en el valle del Piave y llevándose consigo los 62 trabajadores que había en ese momento en la presa. La combinación del caudal de agua desplazada con la estrechez del valle favoreció un efecto émbolo que arrancó ventanas, tejados y vidas humanas en Longarone, el pueblo que se encontraba frente a la presa, precediendo la llegada de la terrible marea artificial: siguiendo de cerca esa onda de choque (que según algunas fuentes, era el doble de potente que la sufrida en Hiroshima), el agua salió del angosto valle con una altura de unos 70 metros y una energía gigantesca, por lo que fue imposible que girase 90º siguiendo la dirección natural del cauce y se dirigió directamente hacia Longarone, que literalmente fue borrada del mapa dejando tras de sí un paisaje lunar, la pura esencia de la muerte. El paso de este torrente apocalíptico dejó unos 1900 muertos repartidos entre Longarone y otras localidades ribereñas como Pirago, Fae, Rivalta y Villanova.

Longarone antes (izquierda) y después (derecha) del incidente. Ni escombros, ni ruinas… lo que entró en contacto con el agua quedó prácticamente volatilizado

La tragedia podría haber sido aún mayor si la presa se hubiera derrumbado, vertiendo otros 50 millones de metros cúbicos que a pesar de todo permanecieron embalsados. Afortunadamente, la esbelta bóveda de Vajont resistió todos los esfuerzos generados por el deslizamiento, sufriendo apenas daños en la pasarela de servicio que discurría sobre el aliviadero.

La presa bóveda de Vajont

Torre Caja Madrid, de Norman Foster. El edificio más alto de España solo tiene ocupadas 3 de sus 45 plantas. Bankia, el despropósito sin fin

Una presa bóveda es una de las más complejas obras de ingeniería que se pueden construir. La mayoría de las presas son de gravedad, es decir, contrarrestan el empuje del agua con su peso propio. En cambio, las presas bóveda contienen el empuje hidrostático con su forma y lo transmiten al terreno a través de la doble curvatura (en planta y en alzado) de su estructura, buscando la antifunicularidad (3) de la misma. La presa de Vajont tiene casi 262 metros de altura (recordemos que el edificio más alto de España, la Torre Caja Madrid, mide 250 metros), con un grosor de 3,40 m en coronación y en cimentación, solo 22,11 m (prácticamente, una décima parte de la altura), mientras que una presa de gravedad necesitaría unos 180 metros de anchura en la base para contener ese mismo nivel de agua embalsada (una relación de 7/10, aunque esta proporción depende del terreno de cimentación).

Hay que tener en cuenta que una presa ha de soportar todas las situaciones posibles, un amplio abanico que comprende desde el llenado completo rebosando por el aliviadero, hasta en vacío y con el viento soplando contra el paramento de aguas abajo. Las solicitaciones son radicalmente diferentes pero la estructura tiene que seguir siendo funcional y estable. Además, un factor determinante en la estabilidad es el agua, que penetra por el contacto entre la presa y la roca creando unas presiones intersticiales que afectan al estado tensional tanto de la propia estructura de la presa… como del vaso. Es necesario por tanto un cálculo cuidadoso (y una ejecución acorde) para que esa flexible y delgada capa de hormigón que contiene millones de toneladas de agua cumpla con su cometido, pero tan importante o más que su estabilidad estructural es su conexión con el terreno, por un lado para evitar filtraciones y, sobre todo, para que el empuje del embalse no la arranque de la roca y se la lleve por delante. Por eso, la cerrada ha de tener unas condiciones topográficas y geológicas muy determinadas que no siempre posibilitan la elección de esta tipología. En este caso, la flexibilidad de la bóveda de Vajont, la campaña de anclajes que la cosía al terreno y la resistencia de la roca de la cerrada hicieron posible que soportara los enormes e inesperados esfuerzos que generó el desprendimiento.

Planos de construcción de la bóveda de Vajont, donde se aprecia la doble curvatura de la presa y su esbeltez

Eppur si muove: pasos hacia la tragedia

Las obras se iniciaron en 1957. Carlo Semenza, el ingeniero jefe de construcción de la Sociedad Adriática de Electricidad (SADE), promotora de la presa, siempre estuvo preocupado por la estabilidad de la ladera del Monte Toc, por lo que durante las obras encargó dos estudios específicos a personas de su total confianza:

Leopold Müller, un experto en geomecánica con prestigio mundial con el que ya había trabajado anteriormente. Se le contrató como asesor debido a la inquietud que produjo un desprendimiento en 1959 en la cercana presa de Pontesei similar (pero de mucha menor envergadura) al que posteriormente sufriría Vajon.

— Edoardo Semenza (su hijo) y Francesco Guidici, ambos geólogos, prepararon un informe para SADE en junio de 1960 en el que pronostican que se podía producir un desprendimiento de 50 millones de metros cúbicos.

Las obras se finalizaron sin incidencias destacables en 1960, tras lo cual comenzó el primer intento de llenado que se abortó cuando aún faltaban 70 metros para llegar a la cota máxima porque se produjo un deslizamiento —sin víctimas— del orden de un millón de metros cúbicos en 10 minutos. Hasta ese momento, los movimientos de la ladera (hasta algún pequeño desprendimiento) se asumían como normales porque es habitual en la ejecución de presas que el terreno se vaya acomodando a la nueva situación progresivamente, incluso con eventuales episodios sísmicos de baja intensidad, hasta que se estabiliza.

Primer paso hacia la catástrofe: no suspender el llenado hasta caracterizar sin lugar a dudas la ladera del Monte Toc. Este desprendimiento de un millón de metros cúbicos podría asimilarse a que el Titanic hubiera rozado un iceberg pequeñito y el capitán Edward John Smith aún tuviera dudas sobre si debería reducir la velocidad del buque.

Imagen parcial de la grieta de más de dos kilómetros de longitud que apareció en la ladera del monte Toc tras el desprendimiento de noviembre de 1960. El tipo de cosas que deberían dar mala espina a cualquiera. Fotografía tomada por E. Semenza durante la corrección de su informe

Tras ese deslizamiento, E. Semenza y Guidici corrigieron su informe al observar la gigantesca grieta que había aparecido en el Monte Toc y lo reestimaron en unos 200 millones de metros cúbicos, reconociendo la existencia de un paleodeslizamiento que se había reactivado. Lamentablemente, algunos de los sondeos que se ejecutaron para caracterizar la ladera no llegaron hasta el plano de debilidad, por lo que las conclusiones del estudio no fueron determinantes en cuanto a la velocidad a la que se produciría el desprendimiento. Por eso Müller, que también corrigió su informe y coincidió en la cifra de 200 millones de metros cúbicos que estimaban E. Semenza y Guidici, consideró que el movimiento iba a ser lento, tipo creep (reptación).

Segundo paso: los sondeos no aportaron pruebas definitivas e irrefutables del mecanismo de deslizamiento.

A partir de este momento, los constructores de la presa ya tenían claro que se iba a producir un desprendimiento de gran envergadura, aunque la duda residía en la velocidad del mismo. En este sentido, se tomaron dos decisiones:

— Ejecutar un túnel de 2 km de largo y 5 m de diámetro que uniría los extremos del embalse para evitar que el desprendimiento dividiera en dos el mismo, con los problemas que ello acarrearía para la población aguas arriba. Para ejecutar el túnel-bypass se tuvo que vaciar el embalse hasta la cota 600, lo que más tarde se supo que aplazó el fatal deslizamiento.

— Encargar un modelo hidrodinámico a escala 1:200 del impacto que tendría en el entorno de la presa ese hipotético desprendimiento.

Tras casi un año de trabajos, se finalizó el túnel y se comenzó a llenar de nuevo el embalse. Poco después, en octubre de 1961, cuando tenía que tomar una decisión trascendental porque su propio hijo, en el que confiaba plenamente, ponía en tela de juicio nombres tan destacados como el de Müller o geólogos asesores de SADE como Francesco Penta, o el profesor universitario Giorgio Dal Piaz, C. Semenza murió de un derrame cerebral.

Tercer paso: el informe de E. Semenza y Guidici pasa a segundo plano porque su principal valedor, Carlo Semenza, muere.

En cierto modo se entiende la decisión de SADE porque, al fin y al cabo, E. Semenza y Guidici no eran nadie frente a Müller, Dal Piaz o Penta… y las propuestas de su informe (no llenar la presa) eran muy desfavorables para los intereses de la promotora, claro.

Mientras tanto, el estudio hidrodinámico realizado por el Instituto de Hidráulica de la Universidad de Padova concluye que en el peor de los casos, el desprendimiento generaría una ola de unos 20 metros de altura por lo que si la lámina de agua del embalse está a la cota 700, no se crearía ningún problema grave.

Cuarto paso: El modelo con el que se experimentó estaba mal ideado o no se facilitaron los datos correctos. Ni el volumen (no representaba los 200 millones de metros cúbicos), ni el material (gravas, que no recreaban el comportamiento de prácticamente sólido rígido del desprendimiento), ni la velocidad (mucho más lenta) se ajustaban a la situación que se quería modelar.

Evidentemente, no es lo mismo que si uno de nuestros amigos yokozuna se quiere bañar en una piscina, baje a la misma por las escalerillas o se lance de bomba desde el trampolín. Y recordemos que estamos hablando de una piscina que es más pequeña que el propio yokozuna.

El nivel del embalse alcanzó la cota 700 en noviembre de 1962; se dio por válida la prueba y se procedió a su inauguración oficial. Pero en marzo de 1963 el gobierno italiano decidió nacionalizar SADE a través del Ente Nacional de Energía Eléctrica (ENEL) por lo que la presa de Vajont pasaría a manos públicas tras acordar un precio, que dependería de la altura de llenado alcanzada: si llegaba a la cota 715 su valor sería superior.

Quinto paso: Realizar con urgencia un tercer llenado buscando la cota 715 (que no se había alcanzado con ninguno de los dos anteriores) para vender al mejor precio posible la presa.

Gráficas donde se ve la relación entre las precipitaciones, el nivel del embalse, el movimiento de la ladera y el nivel freático. Blanco y en una botella que pone “leche” (Hendron y Patton, 1985)

En septiembre de 1963, cuando el embalse estaba a la cota 710 (a 5 metros del máximo que se quería alcanzar), los desplazamientos de la ladera se consideraron alarmantes, motivo por el que se decidió bajar a la cota 700, que era segura según el estudio hidráulico. A partir de las últimas mediciones de los movimientos se estimó que el deslizamiento se producirá el 15 de noviembre, fecha para la cual se esperaba tener prácticamente vacío el vaso.

Sexto paso: Las lluvias. Entre septiembre y octubre se produjeron fuertes precipitaciones que elevaron el nivel freático, penetraron por la grieta que fotografió E. Semenza y además dificultaron el rebaje de la cota del agua embalsada.

Pero los movimientos no decrecieron al vaciar el embalse, sino que aumentaron rápidamente, midiéndose 1 cm por día la semana del 18 de septiembre, de 10 a 20 cm/día la semana del 25, de 20 a 40 cm/día del 2 al 7 de octubre, 40 cm el 8 de octubre y hasta 80 cm el 9 de octubre, antes de que deslizase súbitamente.

El día 9 de octubre, viendo la velocidad que estaba adquiriendo la ladera, informaron a las localidades próximas al embalse que quedaba prohibida la presencia humana por debajo de la cota 730, confiando en todo momento en la veracidad del estudio hidrodinámico ya que habían conseguido bajar a 700 la cota del embalse (aunque a duras penas, por las dichosas precipitaciones). El Titanic comenzaba a levantar la popa y no solo no había botes salvavidas para todos, sino que únicamente ofrecían un par de manguitos de Bob Sponja.

Séptimo paso: cuando la ladera desaparece bajo tus pies.

A las 22:39 se consuma la tragedia; la velocidad de la ladera pasa de unos 4 cm por hora a 30 metros por segundo, convirtiendo el valle del Piave y el entorno de la presa de Vajont en un infierno. El temblor generado por el desprendimiento se registra en sismógrafos de toda Europa. Quince minutos después, solo queda lodo, destrucción y cadáveres.

Cortes geológicos con la situación previa (1) y la posterior al desastre (2). Recordemos que ese diminuto triangulito que representa la sección del embalse mide unos 250 metros de altura (E. Semenza y Ghirotti, 2000)

Según se ha confirmado después, a través de los cientos de estudios del incidente de Vajont, la acción del agua durante los distintos llenados del embalse afectó la precaria estabilidad del Monte Toc cuya capa exterior (de unos 100 metros de espesor) estaba formada por los restos de un deslizamiento muy antiguo que descansaba sobre unas arcillas de poca potencia, que a su vez se asentaban sobre un estrato más estable. El llenado de la presa introdujo gran cantidad de agua en las arcillas, donde las presiones intersticiales reactivaron el paleodeslizamiento. Los movimientos iniciales fueron de escasa entidad y lentos, pero aceleraban cuanto mayor era la cota de la lámina libre y el nivel freático. Finalmente, la acción del agua transformó las arcillas en un lubricante, generando un plano de deslizamiento sobre el que resbaló la ladera como si estuviera en un tobogán.

Video con una recreación infográfica del desprendimiento y la riada

You know now

En una traducción libre del inglés tejano-aznariense, viene a significar que, una vez vistos los testículos, todos sabemos que se trata de un espécimen macho. Y recuerdo esta frase porque ahora parece que siempre se supo lo que iba a ocurrir con la ladera del Monte Toc, que era tan evidente que hasta un niño lo hubiera predicho. Es más sencillo explicar un fenómeno que ya ha ocurrido (y quedar como un señor) que predecirlo, sobre todo en disciplinas tan inexactas que dependen de tantas variables como la geotecnia y la geología.

O la economía, ¿verdad?

Una de las críticas más oídas, con las que se intenta achacar a los técnicos su falta de preocupación, es que Monte Toc significa en un dialecto de la zona podrido/disgregado, lo que debería haber dado una pista sobre el posible colapso de la ladera (algo que ya hemos dicho que se supo prácticamente en todo momento, las discrepancias residían en la velocidad del mismo). Bien, es cierto que en algunos casos los nombres locales sirven de utilidad. En Cantabria, por ejemplo, existe un pueblo llamado Correpoco que debe su nombre a que está edificado sobre una ladera que se mueve muy lentamente, tipo creep. Pero por otro lado, en los topónimos no está siempre la verdad, porque se puede echar mano de ejemplos ilustrativos como Villaviciosa o el puerto del Pozo de las Mujeres Muertas, nombres que pueden dar lugar a razonables malentendidos.

También se suele hacer hincapié en que una periodista del diario l’Unità llamada Tina Merlin alertó de lo que iba a ocurrir y nadie la hizo caso. Aunque el tiempo le dio la razón en lo referente a que se produjo un desprendimiento catastrófico, en sus primeros reportajes no aportó ninguna evidencia científica y su argumentación se basaba en declaraciones de algunos vecinos de Eerto (4), una población cercana a Vajont. Debido a sus incendiarios artículos fue denunciada en 1959 por SADE, en un proceso con un marcado componente político porque l’Unità es un periódico de ideología comunista, tal y como dicen en su cabecera: “órgano del partido comunista italiano”. Sinceridad ante todo; no como aquel célebre lema que decía “diario independiente de la mañana”, que cuando lo leías era como si te guiñara el ojo y te diera un codazo cómplice. Merlin, que en la película del año 2001 Vajont (cinematográficamente regulera y periodísticamente poco ajustada a la realidad), representan como una especie de intrépida y sosegada Erin Brockovich, finalmente fue absuelta y continuó con su acoso a SADE. Su artículo más famoso a posteriori se publicó en febrero de 1961, cuando aseguró que se iba a producir un desprendimiento de 50 millones de metros cúbicos pero que “no se sabe si el deslizamiento se ralentizará o si se producirá un terrible accidente”. O lo que es lo mismo, no dijo nada con exactitud e incluso su artículo era más conservador que los informes de Müller y E. Semenza que ya tenía SADE. Después de ocurrir el accidente, Merlin, poseída tal vez por el espíritu del ácido bórico, culpó en uno de sus artículos a las autoridades de un “genocidio a sangre fría” (!!!) por lo ocurrido en Vajont.

Y respecto a los reproches sobre los retrasos en la presentación de algunos documentos en el Gobierno italiano, tampoco es creíble que su tramitación puntual hubiera evitado la pérdida de vidas humanas.

Otra fotografía de los restos de Longarone tomada por el ejército de Estado Unidos el día después de la catástrofe

El juicio condenó en 1971 a dos de los acusados a penas que, tras indultos y reducciones por buena conducta, rondaron los dos años de cárcel. Otros dos acusados murieron durante el proceso (uno por muerte natural y otro se suicidó). El pago de las indemnizaciones no se acordó hasta el año 2000.

Seguramente, si en alguno de los pasos comentados anteriormente se hubiera tomado otro camino, se podría haber evitado la tragedia; haber prestado más atención a los informes desfavorables, haber insistido en ejecutar ensayos y sondeos que aportasen datos irrefutables o, en última instancia, haber desalojado el valle del Piave. Puede ser. Lo que está claro es que la presa de Vajont, que era un orgullo para toda una nación, una obra de ingeniería superlativa que iba a aportar energía eléctrica y trabajo a una zona humilde, acabó con la vida de más de 2000 personas. Que no vuelva a ocurrir.

Para saber mucho más y bastante mejor

— La noticia en los periódicos de la época:

    • La Vanguardia, edición del 11/10/1963 (1, 2 y 3).
    • ABC, edición del 11/10/1963 (1, 2 y 3).

— Documentación técnica disponible vía web:

— Documentales:

— Recopilación de artículos de Tina Merlin (italiano).

(1)  Las cifras de muertos presentan muchas variaciones en función de las fuentes, pero todas se encuentran en el entorno de ese número.

(2)  Al igual que sucede con el número de muertos, todos estas cifras (volúmenes, velocidades, etc) varían dependiendo del estudio técnico consultado.

(3)  Ya hablamos de antifunicularidad aquí. Para el correcto comportamiento estructural de la presa en servicio, la parte interior de las curvas en planta y alzado tiene que quedar hacia el exterior del embalse.

(4)  Tampoco es que sea algo fuera de lo normal, solo hay que acercar un micrófono a los lugareños del entorno donde se proyecte cualquier presa para que comiencen a despotricar. Necesitamos agua, electricidad y un lugar donde tirar nuestra basura, pero casi nadie quiere vivir cerca de una presa, un vertedero ni, por supuesto, nada que tenga que ver con energía nuclear.

 

22 comentarios

  • Cojonudísimo

  • Increíble, gran trabajo, conocía el caso y muchos detalles, pero tantos ni de coña. Escalofriante la animación. Un saludo.

  • Me ha encantado, el texto claro.

  • ¿Alguien sabe si este hombre escribe en algún otro sitio? Más concretamente, aparte de los seis o siete artículos que ha publicado aquí sobre ingeniería civil, ¿ha escrito más?

  • Gran reportaje. ¡Esto es periodismo!

  • Magnífico articulo y realmente preciso, bien argumentado y documentado.
    ¿Que más se puede pedir? ¡Que no esperemos demasiado para leer el siguiente!

  • Fantástico articulo. Seguid así!

  • ¿Qué opina el autor sobre el recrecimiento del pantano de Yesa? ¿Y sobre el panano de Biscarrués?

    gracias y saludos

    Venancio

  • Para quién tenga algún tipo de interés, se hizo una película sobre éste tema.

    La podéis ver enterita y en español en youtube. Os dejo el enlace:

    http://www.youtube.com/watch?v=RIZcxoLlHoE

  • Enhorabuena, excelente artículo.
    Muy ilustrativo el tachado de “tan inexactas” refiriéndose a la geología y la geotecnia; realmente es tan complejo el terreno y costosas las pruebas a realizar, todo ello unido a la puesta en duda del diagnóstico que se haga según convenga al Promotor, que el resultado puede ser tan desastroso como éste. Geólogos y Geotécnicos seguiremos aprendiendo y trabajando para que cosas así no puedan volver a ocurrir, al mismo tiempo que Administraciones y Promotores deben sensibilizarse con la necesidad de gastar el dinero en hacer pruebas y atender a nuestras recomendaciones.

  • Una pasada de artículo. ¡Mi enhorabuena!

  • Es tremendo el articulo y sus ecos desbordan el ámbito del desastre tan fenomenalmente descrito.

    Se me ha quedado clavado el caso de la periodista que predijo lo que sucedió, pues su vaticinio no se fundaba en mas ni mejores pruebas que lo ya existente y conocido.

    Cabe suponer que tras el terrible suceso cualquier otro emprendimiento similar seria desechado ante indicios mucho menos significativos.

    Las decisiones políticas que se pretenda que cuentan con aval científico son por principio una falsedad. Las decisiones políticas son siempre una apuesta o conjetura, donde se decide que intereses han de prevalecer.

    La periodista percibió los signos del desastre e hizo una valoración pesimista pero sin añadir nuevos o mejores datos y/o analisis.

    Quienes decidieron hacia que lado inclinarse atendieron a sus propios intereses antes que a los riesgos que arrostraron quienes tuvieron poco o ningún peso en las acciones y decisiones tomadas.

    Ahora mismo estamos bajo los efectos y crecientes riesgos derivados de la catástrofe financiera y también de las medidas que se están tomando a su respecto.

    Muchos vaticinan/mos que las medidas que se están aplicando protegen los intereses de los menos a costa un creciente riesgo para los mas. Sin embargo los “científicos” de la economía no logran ponerse de acuerdo y ello propicia que ciertos intereses decidan, aun a despecho de los evidentes estragos ya presentes y ciertos.

  • Excelente. Esto es escribir estando informado y con claridad. La solifluxión de los terrenos vegetales sobre capas arcillosas es una de las espadas de Damocles más letales de las laderas. El continuo llenado y vaciado cargó de agua el terreno cuaternario superior e hincó y lubricó la arcilla subestante, promoviendo el deslizamiento masivo. Por motivos distintos, la presa del Atazar, en Madrid, estuvo a punto de colapsar: una capa de arcillas tuvo la culpa y si no se llega a hacer un cosido enorme, totalmente visible, de uno de los estribos de ataque de la presa a la ladera, el desastre habría sido mayúsculo. Mi enhorabuena.

  • Muy interesante el artículo. Con las referencias a Villaviciosa y el Pozo de las Mujeres Muertas imagino que es usted asturiano.

  • Excelente artículo. Me enteré de ese “desastre” el año 1964, tenía diez años y lo encontré casualmente en un cómic y, a los pocos dias en un extenso artículo de “Selecciones del reader’s digest” que comenzaba así: “Dicen que los animales lo presintieron…incluso un pájaro se extranguló en los barrotes de su jaula…” Desde entonces tuve una aunténtica obsesión por esa obra, la presa, Longarone. Hace once años aprovechando unas vacaciones en LAS DOLOMITAS” me acerque allá. Visité Longarone, un pueblo nuevo con más de 50 años. Vi la presa de cerca, las placas en homenaje y recuerdo a los operarios muertos, las flores, el enorme deslizamiento del Toc hoy cubierto de pinos y árboles. Y observé a muchas personas que, como yo, cumplían con el rito de visitar un escenario trágico que seguro pudo haberse evitado. Enhorabuena por que veo que aquello que pasó un 9 de noviembre sigue vivo en mucha gente, sin necesidad de “Glamur” como en el Titanic. Gracias

  • Nadie LE hizo caso. Por lo demás interesantísimo artículo.

  • Tremendo suceso, apocalíptico sin más, en mi vida había oido hablar de semejante tragedia. Verdaderamente la madre tierra nos sorprende con estos imparables y a la par fascinantes episodios y nosotros, los seres humanos, ahí en medio, los más listos, intentando desafiar las leyes de la naturaleza. Somos capaces de descifrar dichas leyes, pero cuando las desafiamos, la cagamos. Menudos subnormales estamos hechos la raza humana ¡¡

  • Magnífico artículo. Sólo dos apuntes: Tanto el nombre de VillaViciosa (Villa Fértil (que es el tercer significado de Viciso), que todos pueden ver por la abundancia de manzanos, fabes y otros cultivos), como El Pozo de las Mutseres Muertas (Muyeres o Mujeres parece ser corrupción y referirse originalmente a un tipo de tierras o piedras). Por eso, como en el caso del Monte Toc, la toponimia local suele ser acertada.

  • Desconocia esta tragedia.Espeluznante.Muy buen reportaje.Excelente.

  • Edoardo Semenza era amigo mio. Por eso, cada vez que miro mi pequeña colección de minerales me acuerdo de él.
    En ese tiempo vivíamos, él y yo, en Lido y nos conocimos porque tanto él como yo eramos de la Acción Católica. Bastante mayor que yo le apreciaba mucho por su entereza en todos los sentidos, pero especialmente por su gran amor hacia la montaña.
    De su trabajo en SADE no estaba enterado porque en esos años juveniles míos tenía otras prioridades, como la geología, la Accion Catolica y las excursiones en las dolomitas. Mi hijo se llama Eduardo en su homenaje.
    El artículo me parece muy bien y espero que tenga la divulgación que se merece. Sobre todo para que no vuelva a ocurrir.

  • YESA …

  • Pues aquí algunos siguen empeñados en algo parecido en el recrecimiento de Yesa. Siguen porque confiarán en que si algún día pasa algo como mucho un par irán un par de años a la cárcel. ¡Y la vida de los demás les importa nada!. Aquí el ingeniero jefe se llama Raimundo Lafuente Dios. El organismo culpable es la CHE hoy presidida por Xavier de Pedro ¡Que su nombre quede escrito!

Responder

— required *

— required *