Hoy es el futuro: Los buffet libre chinos - Jot Down Cultural Magazine

Hoy es el futuro: Los buffet libre chinos

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Fotografía: Photocapy (CC).

Hace veinte años, en una tienda de Fruto Seco, sin ese, en la calle Espíritu Santo de Malasaña, decidieron poner a la venta trocitos de papel de plata, tamaño cuartilla, para fumar heroína. Costaban veinticinco pesetas y el fenómeno, como concepto, representaba la esencia misma del capitalismo. Hasta ese momento, muchos yonquis que no habían salido de casa preparados tenían que buscar el papel de plata entre los restos de los bocadillos de los obreros, prepararse la heroína en chinos con plata arrugada y pringada de lomo con queso o fritanga.

Los chinos, los individuos asiáticos, devolvieron la dignidad a los fumadores de chinos, el artilugio de papel de plata. En el Fruto Seco, si querías un brick de leche a las cuatro de la mañana, te lo vendían. Helados en diciembre a menos tres grados, ahí estaban. Platica pa’ tal, pues por veinticinco pesetas. ¿Y chinos de heroína electrónicos para el hipster del mañana? Al tiempo.

Mi sabio padre explicaba este concepto con alemanes y estadounidenses. Decía que los alemanes eran capaces de fabricar el vaso pequeño perfecto, el vaso mediano perfecto y el vaso grande perfecto. Pero ¿y si tú querías un vaso entre mediano y grande? El alemán te contestaría que ese es un deseo absurdo, el vaso o es grande o es mediano y querer otra cosa son ganas de molestar, provocar a la gente honrada y escupir en el rostro de la eficiencia nacional. Sin embargo, un estadounidense diría: dígame con plena libertad qué clase de vaso quiere usted. Y ya le podías pedir un vaso con forma de balón de rugby que te lo iba a fabricar encantado. A él lo que luego hagas con tu vida se la suda. Y los chinos, que ya se vio en el feeling que tenían Nixon y Mao, pertenecen a este segundo tipo de capitalistas.

Por eso, muchos chinos que llegaron a España, a la hora de buscar audazmente cómo satisfacer nuestras necesidades, no tardaron en advertir que los españoles teníamos hambre. No faltaba comida, tampoco dinero, pero en el ADN estaba el gen de que cuanta más comida, mejor. Cogieron el tamaño medio de un estómago humano, sacaron la calculadora para ver cuántos elementos sólidos cabían al cabo de un día y de ahí surgió el precio del infinito. En España, infinito «con bebida siempre llena», cuesta 7,5 euros.

Después solo hubo que ponerle baldosas al restaurante, que el suelo no fuese de arenilla para evitar que los españoles cuando no les cupiese más arroz lo enterrasen para volver otro día a por él, y ya estaba el negocio montado. Había nacido el buffet libre chino.

Fotografía: Stavers (CC).

A mí, desde que descubrí el svadbarski kupus serbio, el cocido madrileño me parece una frivolidad de elBulli. Y por otro lado, el pienso que le compro últimamente a mis gatos veo que está tan bueno que a veces dudo si ponérselo a las visitas junto con los pistachos y las aceitunas. Es decir, soy la clase de persona que en un buffet libre chino de 7,5 euros «con bebida siempre llena» puede observar matices, advertir sutiles detalles y, en definitiva, ser feliz; feliz en el dolor, pero feliz al fin y al cabo. Así que les cuento.

La primera impresión. La entrada al buffet libre chino tiene que recordarnos al comedor del crucero de Lunas de hiel (Roman Polanski, 1992). Si al acomodarte en tu mesa no te da la sensación de que la mano fría de un borracho en silla de ruedas va a reclamar tu atención para relatarte al oído con voz cazallera las hazañas sexuales de su mujer en el París de los ochenta, ese sitio no es un buffet libre chino de 7,5 euros «con bebida siempre llena». Puede que se trate de un lugar normal, incluso de calidad. Salga de ahí en el acto.

Ya estoy sentado, ¿y ahora qué? Bien, pues levántese. Aquí no se sirve a la gente. Tiene que hacerlo usted mismo. Pero escuche: se trata de todo un arte. No se me ocurre otro ámbito para calificar las presentaciones de los platos que componen los clientes sabiéndose libres de miradas inquisidoras, rodeados como están de serditos, con ese, como ellos.

En estos lugares no es extraño ver cómo alguien se sienta a la mesa con un plato en el que hay ocho piezas de sushi, con su jengibre y su wasabi, patatas alioli, langostinos, arroz tres delicias, un filete de ternera y caracoles. Los artistas observan su obra como Guardiola una triangulación imposible de Messi, Xavi e Iniesta, conteniendo su orgullo y euforia creativa con una leve sonrisa de medio lado y la mano en el mentón.

Es gente que se cansa si tiene que levantarse diez veces. Clientes de edades avanzadas, los que ya no tienen nada que demostrar ni nada de lo que avergonzarse. Porque los jóvenes tienen un comportamiento sensiblemente distinto y muy fácil de detectar. Los criados bajo la filosofía del botón de Windows «sí a todo» lo que ven en el buffet libre chino no es la oportunidad de comer de todo como serdos, con ese, hasta reventar. No, ellos quieren algo muy distinto, una experiencia exótica de corte oriental: comer sushi como serdos, con ese, hasta reventar.

Hasta ahí bien. Yo no lo censuro. Incluso lo comparto. Vamos, que hago lo mismo. El problema es que el sushi no suele ser muy sushi. En uno de estos restaurantes que se encuentra ubicado en una céntrica calle de la capital de España, que recuerda mucho a la Unión Europea pues alberga una comisaría rodeada de puticlubs, mis ojos han llegado a ver sushi de chopped.

Llámenme morroputa si quieren. No sé si algún personaje de Murakami comerá sushi de chopped mientras pone ojitos y es la panacea, pero yo no me lo llevé a la boca. Y por este motivo, ese día, me quedé mirando fijamente la bandeja del sushi esperando que trajeran una simulación más convincente. Al cabo de un rato, por fin apareció otra oferta: sushi con algo granate oscuro en el interior. Dije: bien, atún. Me serví mis dieciséis piezas de rigor y al llegar a la mesa, de casualidad, porque el wasabi tal y como lo ponemos mata el sabor de cualquier cosa, descubrí que el atún… estaba pintado. O sea, no es que estuviera pintado, es que era una salsilla, como un ketchup revenido, que a medio metro parecía atún. Maestros del camuflaje.

Fotografía: Maderibeyza (CC)

De modo que el pescado en ese sushi brilla por su ausencia y lo que los chavales y yo nos llevamos a la boca por docenas no es otra cosa que pelotas de arroz blanco. Así, a modo de entrante, te puedes meter en el intestino más de un cuarto de kilo de arroz. Si vienes con la Escherichia Coli disparada y sufres de diarreas hemorrágicas, puede que hasta te venga bien. 

Sobre todo porque después del sushi de ficción te vas a enfrentar a un problema muy grave, el segundo plato. Es normal que después de cuarto de kilo de arroz blanco notes cierto cosquilleo sutil, como que estás a punto de vomitar. Pero has pagado por una unidad de infinito, el precio de la libertad de comer con botón de Windows «sí a todo», y te duele no hacer uso de ella. Entonces te diriges hacia el resto de platos, pero completamente estomagado y sin ganas de fritanga o mariscos —en uno del barrio de Hortaleza ponen ostras, lo que no hacen es reponerlas, pero ponerlas las ponen y lo que haces es lanzarte hacia algo que pegue con lo que pesa en tu interior porque temes que el choque de sabores en ese estado te dé arcadas. Es decir: más arroz. Es el turno de elegir el arroz tres delicias o, viviendo a tope en el mundo libre, arroz integral. Arroz de primero y arroz de segundo. Enhorabuena, también puedes presentar este menú como tesis doctoral sobre la democracia occidental de los últimos treinta años.

El surtido de postres puede variar, pero da igual si estás en Madrid o en Valencia, que el helado es el mismo. ¿De dónde proviene? Difícil saberlo. En los locales menos considerados ofrecen solo sabores de chocolate y plátano. Donde hay amor, debería haber, además de esos, naranja, vanilla, limón y fresa. Llegados a este punto, lo suyo es que te pongas una bola de cada y lo riegues con un par de refrescos de cola más. Ya sabes, «bebida siempre llena».

La otra opción es llenarte un plato entero de buñuelos de nata y sumergirlos en sirope de chocolate. 

Como nota curiosa en cuanto a los postres, añadiré que el jueves pasado encontré en uno de estos locales un bol de cristal lleno de petit suisses de fresa. Un detalle propio de comedor de parvulario. Tal vez una broma privada entre los camareros. Porque el servicio es muy agradable y atento en estos locales, pero es muy raro no sorprender alguna mirada furtiva de auténtico y genuino asco; miradas que solo pueden responderse de una manera. Diciendo muy claramente: queremos más.

Fotografía: Mat @ PEK (CC).

41 comentarios

  1. Muy buen análisis.
    Para profundizar en el tema del buffet sórdido, os recomiendo una visita al buffet “El Puma” en Barcelona. Se considera el primer buffet libre de la ciudad. Poder degustar un cóctel de surimi dentro de una piña entre cuadros de escenas de caza no tiene precio.

    • Cierto, el día que fuí al Puma y observé que entre la escasez de postres había copas de chocolate y nata del Dia% que valían 17 céntimos cada una, precio venta al público, me quería morir, jajajajajaja

  2. Pingback: Hoy es el futuro I: Los buffet libre chinos

  3. El sushi podrá alcanzar cotas altísimas de sofisticación, pero al igual que la tortilla deconstruida de Ferrán Adrià no es más que una pijotada snob del plato de bar más típico que se pueda encontrar en España, el sushi (sobre todo el makisushi) en realidad no es más que el bocadillo japonés (junto con los onigiris), o sea, esa cosa que te preparas cuando vas de excursión y no vas a poder comer caliente y en condiciones, y como tal su auténtica condición es la de ser un receptáculo para rellenar con cualquier mierda que tengas en la nevera, así que el sushi de choped es tan normativo como el bocadillo de nocilla con chorizo.

  4. Muy bueno el artículo. Me ha quedado la duda de cual será el antro del barrio de Hortaleza, pues presumo de conocer todos los lugares de comida mierder de mi barrio y no me suena ningun buffet chino de bebida siempre llena (siempre te cobran la bebida a parte los cabr…itos).

    • Como compañero hortaleceño también amante de la comida mierder (sin perjuicio de que me guste la comida no-mierder) puedo confirmar que existe al menos un buffet chino en el barrio (aunque creo recordar que no es de bebida siempre llena, pero vamos que es un detalle) y es este

      http://www.yelp.es/biz/dim-sum-wok-madrid

  5. El sushi, como dice San Google, es “un plato de origen chino basado en arroz cocido adobado con vinagre de arroz, azúcar, sal y otros ingredientes”. Lo del pescado crudo es sashimi. Así que llamar sushi al chopped sobre arroz pegajoso es correcto. Lo malo es tragarse eso.

  6. Porque por muchas veces me las de de intelectual, me veo reflejado en el catetismo propio del buffet libre y el juramento de “la próxima vez no vuelvo a comer tanto”, idéntica al “es la última vez que me emborracho”, marcando uno por uno los puntos del texto.

  7. Victimas del glutamato

  8. La pregunta que yo me formulo es: ¿Qué necesidad hay en España, uno de los tres países en los que mejor se come en el mundo, por no decir el mejor, de entrar en esos tugurios regentados por orientales para ingerir no se sabe qué…? Esto puede tener algún sentido -relativo- en sitios como Gran Bretaña, Estados Unidos, Australia y otros sitios ocupados por bárbaros culturales, analfabetos en materia gastronómica que se sustentan con cualquier cosa. En mi vida he entrado en una de esas hamburgueserías que nos metieron a presión hace ya demasiados años los yanquis, lo mismo vale para “Los Chinos…”

    • ¿Qué razón hay habiendo mozas y mozos guapetones liarse con el/la más fe@? El morbo, rollo sexo con el bombero torero, pues igual que comer en estos antros.

  9. Me identifico con verseau. Odio esos citios, con c de comida correosa cateta, porque me lo como todo. Con la excusa de probar algo que no hago habitualmente en casa me lo como todo.
    Eso sí, me levanto seis o siete veces, prefiero los platos pequeños, por que como coja un plato grande, la cago, digo, lo lleno hasta los topes.

  10. Yo soy de esos modernos que jalan sushi a tutiplen en los buffets, pero yo no niego que sea porquería, pero choped fijo que no es. Odio el choped y la mortadela y mi paladar los detecta al vuelo.
    Y de postre, unos 6 flanes chino mandarín para ir bajando.

  11. Los buñuelos rellenos de nata bañados en chocolate se llaman “PROFITEROLES”.

  12. Pingback: Sobre la industrialización e idiosincrasia - Be Studios | Blog

  13. ¿Y donde esta el famoso buffet con bebida incluida?

    Porque solo he encontrado los que te dan buffet de comida pero no de bebida.

  14. Lo mejor es la siesta de después con el estómago a reventar que te despiertas y tienes hasta la baba caída

  15. Pues hablando de buffets, en los de “muerde la pasta” si que te dan bebida a tope, hasta cerveza…

  16. En Colloto (Asturias) hay uno con cortador de jamón, pote asturiano y fabada, amén del resto de delicatessen

  17. Es de mala hostia la primera foto con el perro frente al chino Gran Peña. A saber…

  18. Excelso. Aquí en Londres son más rígidos con todo y en los buffets si te sirves en plan excesivo, en plan español, digamos, y te sobra comida al terminar la comilona, te cobran 5 libras por persona por la infachatez.

    Servidor es de familia andaluza y por ende de comer todo lo que caiga en el plato, por abusivo, innecesario e incluso dañino que sea. Si está en el plato, se come. Ley de vida.

    Pero los inglesitos no son de familia andaluza. Y los hay que son muy gitanos. Dentro de su anglosajonismo, pero gitanos. Y se sirven mucho. Pero claro, no pueden con todo, porque Dios no les ha dotado de un estómago andaluz.

    Y he llegado a ver a mujeras inglesas ofreciéndome las sobras de su mierdabandeja de sushi, haciéndome ojitos tipo gato de Shrek para que rebañe las 8 piezas de sushi que les sobran y son incapaces de engullir, y que les van a costar 10 libras, esto es, 5 por cabeza.

    Soy muy inmisericorde con las putas mariconas que no saben comer, para qué negarlo. Además los chinorris lo escriben bien claro: si te sobra mucha comida te vamos a cobrar un extra. Como andaluz hereditario sé lo que es esto porque como te sobre comida teniendo familia andaluza te vas a arrepentir, y esto va desde el tener que merendar los restos de comida hasta el “David come como un pajarito” en un plan despectivo muy malo. Aunque te hayas comido dos jabalíes para desayunar; si te ha sobrado media tortilla de patatas de acompañamiento, eres un puto pajarito. Lo peor.

    Mucho trauma tengo. Por eso me lo como TODO.

  19. Curiosamente me he encontrado con alguno de esos buffets que merece una mención especial por la calidad de lo que se sirve. Fue en un centro comercial del norte de Madrid y es muy difícil comer comida tan abundante y correcta por ese precio en la restauración tradicional.

    Lo de que sean chinos es completamente secundario.

    No me imaginaba que el buffet asturiano estaba tan adaptado a la zona… Y mira que paso por ahí frecuentemente, será cosa de probarlo…

  20. Nunca le agradeceré bastante a mi mujer que tenga algún tipo de alergia a algo con lo que condimentan la comida en los antros que se llaman en España restaurantes chinos. No dejan de vender la misma mierda que en el resto de sus tiendas. Mierda que les compramos encantados.

  21. Yo solo he ido una vez y también estaba la cosa adaptada a lo regional, aunque solo en parte. Cocido no había pero marisco a la plancha sí. Y largas colas, plato en mano para que te lo cocinaran también. Era como el mostrador de una pescadería con plancha detrás. Como no soy de hacer fila prescindí del marisco pero reconozco que me habría gustado probarlo. Lo cierto es que no me gustó la experiencia pero de vez en cuando está bien hacer “chonadas” alimentarias.

  22. Mis padres son asiduos de buffets chinos y woks con la idea fija de que haya jamón. De hecho se hicieron habituales de uno, en el que la paletilla estaba allí expuesta y directamente lo cortaban ellos… El día que les acompañé entendí como nunca la expresión “tierra trágame”. Aunque en buffets de desayuno de hoteles he llegado a ver cosas que ni siquiera imaginais, como a un patriarca gitano que apenas podía andas de lo que pesaba, meterse 7 huevos 7 en diferentes cocciones con una cara de satisfacción que muy dificilmente podrá olvidar mientras viva.

    • andar* podré*

      • Yo vi en un 5 estrellas a un inglés (tamaño XXXXL) meterse un plato con no menos de diez donuts a los que cubrió con chocolate líquido. Esperé para ver si se moría y en un descuido quitarle el reloj, pero el tío se lo comió todo y se levantó a por más, lo juro, me fui traumatizado.

  23. Otro día tienes que hablar de los locales de tapas españolas regentados por orientales. Cada día hay más y tengo que decir que a algunos no se les da nada mal.

    Saludos!

  24. Por partes…

    Hay restaurantes / buffets orientales que están de puta madre. Sin ir más lejos los Xi Yue de Coruña son una maravilla; o en plan no buffet el Simbo o el Town; y otros son cutres con ganas.

    Sobre los locales “hispano” regentados por orientales. El bar de al lado de mi oficina lo han cogido un matrimonio chino y ella hace unas tortillas españolas que te caes para atrás de buenas que estás.

    • Eses de Coruña, si. Buffet oriental en el que te sirven churrasco y chorizo criollo, mejillones, gambones a la plancha (creo recordar) y cosas así. Todo un ejemplo de adaptación

  25. Pingback: Incognitosis de fin de semana (VI) | Incognitosis

  26. Supongo que el restaurante referido es el Orient, en la calle Leganitos. He ido algunas veces y, hombre, sushi de choped o mortadela nunca he visto (suelo preferir el de salmón), los tallarines no están mal, las gambas a la plancha y las costillas tampoco y el helado de stratiacella tampoco. Como opción para grupos numerosos o cuarentones de rodríguez es más que aceptable. Claro que si nos ponemos en plan “La casa de Lúculo”…

  27. Amo los buffets. Disneyland París, hace ya unos años. Buffet de desayuno del Disneyland Hotel, primera hora de la mañana, lleno a rebosar. Con un plato en la mano, voy hacia la cola para intentar atrapar una tostada para mi hija. Había comida de sobra, pero lo que escaseaban eran los platos limpios. En medio del tumulto, me cruzo con una señora que, al apartarme para que pase, me mira un segundo y me arrebata el plato vacío de las manos. No sé su nacionalidad porque no pronunció palabra. Yo tampoco. Me quedé petrificado.

  28. Por favor, segunda parte de este artículo haciendo zoom en los buffets libres chinos de cinta. No en los que cada platito es de un color y sin darte cuenta sales gastándote una pasta sino en los de “después de los helados volvemos a los niguiris que ya que hemos venido y vamos a pagar lo mismo…”.

  29. Hoy me estoy dando atracón de la sección “Busco en la basura algo mejor”, ¡ qué descubrimiento! El zorrillo de firefox está sudando de tanta pestaña abierta con artículos de Álvaro Corazón Rural. Eres grande, muy glande.

  30. El problema no es la comida china, sino el uso que hacen de ella los chinos. Su cultura, al menos su parte dedicada a “la venta” viene a ser algo así como “materia prima de baja calidad, precio irrisorio, que dure lo que dure y, cuando se te rompa, vienes a por otro, que son muy baratos”. Pensad en una zapatería.
    Pues en la gastronomía, al menos en este tipo de restaurantes, piensan de la misma manera. Ni de coña me acerco yo a un antro de esos otra vez, suficientes bacterias he cogido ya al visitarlos.

  31. Este post me hizo reír a carcajadas el peor día de mi vida. Gracias, Álvaro

  32. El artículo y los comentarios son la risión!! En especial el del estómago andaluz xd

  33. Te ha faltado mencionar que luego te cobran esos 7,5 con un ordenador de los ochenta con el típico software imposible de las películas cutres de informáticos, eso sí, con sinogramas que podemos traducir como “infintio – 7,5”

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