
Allá por 2011, recibí un e-mail proponiéndome una entrevista para una revista online llamada JotDown[1]. Venía firmado por la directora de la revista, Mar, quien me explicó que les interesaba mi perfil como científico y escritor.
Por la época, acababa de publicar El ecologista nuclear (Espasa), un ensayo en el que osaba afirmar que la energía nuclear era una opción razonable como parte de un mix equilibrado que pretendiera reducir la dependencia con los combustibles fósiles. El libro, junto a otro muy similar escrito por mi amigo Manolo Lozano Leyva Nucleares, ¿por qué no?, tuvo cierto recorrido y quiero creer que algún impacto, pero en todo caso me sirvió para tirarme del caballo en lo que se refiere a una ingenua idea que había sostenido hasta entonces. Creía, iluso de mí, que era posible anteponer el debate racional a las convicciones ideológicas. Descubrí, para mi pesar, que ni los argumentos cuantitativos, ni la exposición coherente de pros y contras, ni siquiera el conocimiento de la materia que se nos podría suponer a Manolo y a mí —ambos catedráticos de física atómica nuclear y de partículas— servían para nada.
Recibía invitaciones de dos grupos de gente. Por un lado los conversos —asociaciones de ingenieros y asociaciones culturales más o menos conservadoras— que creían que la energía nuclear era la panacea universal y se enfadaban conmigo cuando apuntaba que no estaba exenta de problemas. Y por el otro el amplio sector que cabe bajo la denominación de origen «Nuclear no gracias» y que incluía a grupos ecologistas y asociaciones culturales progresistas. Estas invitaciones solían adoptar la forma de «debate», aunque más bien se trataba de un diálogo de sordos, seguido, habitualmente, por una lapidación pública (en el sentido figurado, afortunadamente, porque el lapidado en cuestión era yo). Se llegaron a dar situaciones tan estrambóticas como un debate en el que mi «oponente», un militante de cierta organización para-ecologista de cuyo nombre no quiero acordarme, defendió con intensa convicción que el uso de la energía nuclear era innecesario porque ya disponíamos de la pila de hidrógeno. Cuando objeté que la pila de hidrógeno era una forma de almacenar energía pero no de producirla, descalificó mis argumentos diciendo que no creía en las mentiras de un esbirro pagado por la poderosa industria nuclear.
Ha llovido desde entonces y la fisión ya no es el bicho malo que era, entre otras cosas porque los medios y las tertulias cuentan con otros demonios (como la IA) que dan más de sí. Pero hace 15 años, cuando recibí la invitación de Mar, mi sospecha no fue que tratara de seducirme —desde luego nada en su amable tono lo indicaba— sino que me propusiera una entrevista-trampa cuyo objetivo fuera demonizar al barbudo profesor defensor del átomo y la radioactividad.
La entrevista no fue nada de lo que me esperaba. Para empezar, no fue Mar quien acudió, sino un tipo moreno y sonriente que se presentó como Ángel Fernández, co-director de la revista. Charlamos durante algo más de tres horas, le llevé a mi laboratorio donde acabábamos de poner en marcha el primer prototipo del experimento NEXT[2], le expliqué todas mis esperanzas y las cuitas que me causaba intentar hacer ciencia en un país como el nuestro. Por la época yo llevaba pocos años en España, había hecho la mayor parte de mi carrera fuera (en el CERN, en Estados Unidos y en Japón) y mi intento de empujar una empresa científica ambiciosa en la vieja piel de toro me estaba costando un parto. NEXT era una propuesta muy arriesgada. La crítica que recibía con frecuencia de mis colegas rezaba, «si fuera tan fácil impulsar un experimento tan ambicioso como el tuyo ya lo habrían hecho los americanos». Yo trataba de defenderme alegando que la mitad de la colaboración venía de Estados Unidos, pero era difícil hacer mella en el complejo de inferioridad patrio. Entre los dolores de muelas que me causaban sacar NEXT adelante y los disgustos que me había buscado yo solo con el Ecologista Nuclear, el tipo al que entrevistó Ángel se consideraba a sí mismo un bicho raro, o como dice el curioso refrán sajón, una clavija cuadrada en un agujero redondo. Un agujero del que, por la época, no veía cómo salir.
Ángel solo necesitó un minuto para convencerme de que la entrevista no tenía trampa. Mentiría si no reconociera que hubo seducción. Lo mío con él fue un flechazo, en parte por su simpatía, en parte por su enorme y variada cultura y en parte, pura química. El tipo era otra clavija cuadrada, otro pulpo en el garaje nacional. Los dos teníamos en común un exceso de entusiasmo y una considerable imprudencia, que a él le ha llevado a seguir dirigiendo una de las publicaciones más brillantes y exitosas de nuestro país y a mí a enrocarme en la pretensión de que es posible realizar en España uno de los experimentos más competitivos del mundo en la búsqueda de desintegración doble beta sin neutrinos.
—¿Doble beta sin qué?
—Doble beta sin neutrinos, querido lector. Se trata de una reacción nuclear muy rara y difícil de detectar. Si lo conseguimos demostraríamos que el neutrino es su propia antipartícula.
—¿Y eso para qué serviría?
He perdido el número de veces que me han preguntado por la utilidad de la ciencia básica. En todas esas ocasiones me salía del alma responder:
—Para nada. Para absolutamente nada.
Pero nunca me he atrevido, cobarde de mí. En lugar de eso contestaba:
—Para saber por qué el universo está hecho solo de materia.
—¿Y eso es importante?
(Implicando, «importante» en el mismo sentido de que el Barça le gane al Madrid o viceversa, es decir algo serio, relevante, de utilidad patria).
—Hombre, de no haber sido por la aniquilación temprana de la antimateria, el universo no se habría formado nunca.
—¿Y quién aniquiló la antimateria?
(Bien, ya se ha enganchado).
—¡El Neutrino de Majorana!
—¿El Neutrino de Majorana?
—¡El mismo que viste y calza!
Ángel me convenció de que era importante hablar de Ciencia en España y, ciertamente, por la época, ningún científico serio escribía en la prensa convencional o lo hacía muy de tarde en tarde. La llamada divulgación científica era un desastre. Creo que lo sigue siendo, pero por razones diferentes. Por aquel entonces, los artículos los pergeñaban (sin IA) autores que no sabían, en general, de lo que estaban hablando y el resultado era vergonzoso. Hoy en día el nivel es más alto (pero hay quien sigue en las berzas[3]), otros que se limitan a fusilar el artículo de turno de Nature o Science y los que le dan a la manivela de la IA. Además, la divulgación científica ha sido infectada por el click-bait, la exageración y una extraña patología psicótica que lleva a muchos «divulgadores» a oscilar entre la exageración («la energía de fisión es para mañana») y el escepticismo fatalista («la mayoría de los resultados científicos son falsos»). Estos últimos años han visto también proliferar a los comisarios políticos de la ciencia, que desde sus blogs y páginas materiales e inmateriales lo mismo denuncian la corruptela de los científicos —que existe, dado que los científicos son gente de carne y hueso, pero no deja de ser anecdótica— que deciden, sin pudor alguno, sobre la importancia relativa de investigaciones que solo conocen superficialmente.
El caso es que Ángel y yo montamos un blog en JD, «faster than light»[4] donde publiqué muchos artículos tratando de divulgar ciencia en serio. Introdujimos también un invento que creo que ha sido muy fructífero, «científicos entrevistando a científicos». Algunos ejemplos. La entrevista a Fabiola Gianotti, directora general del CERN[5] a Pedro Miguel Etxenique, premio Príncipe de Asturias y padre de la Ciencia en el País Vasco[6], a mis admirados maestros y colegas Dave Nygren y Sandro Bettini[7], a mis admiradas amigas Concha González-García y Ariella Cattai[8], a Francis Halzen, PI de Ice Cube —y, según mi apuesta, Premio Nobel en los próximos años[9]—, al prestigioso científico (y gran divulgador) Pablo Artal[10], a Juan Ignacio Pérez Iglesias, «Iñako», responsable durante años de la cátedra de cultura científica de la UPV/EHU y actualmente consejero de Ciencia en el País Vasco[11] a Javier Aizpurua[12], actualmente líder del proyecto Basque Cube que maneja el ordenador cuántico de Euskadi, uno de los más grandes del mundo[13] y recientemente a Nekane Balluerca, rectora de la UPV/EHU[14].
En quince años de escribir sobre ciencia y científicos en JD —una empresa en la que Ángel y yo conseguimos, por cierto, enredar a varios de ellos, entre los que destaca Pablo Artal—, creo que conseguimos sacar los pies del tiesto nacional que he descrito antes. Supongo que sería arrogante por mi parte afirmar que la divulgación científica en JD no tiene nada que envidiarle a cualquier otro medio nacional, pero no necesito hacerlo. Pasen y vean.
La pandemia, como todos recordamos, cambió las cosas en muchos aspectos. También cambió el tono y la necesidad de lo que escribimos en JD. En esos años fatídicos divulgar ya no era simplemente un ejercicio para los raritos interesados por la ciencia. Era, y así lo demostró el seguimiento que tuvieron los artículos que escribí con mi amigo Carlos Pena[15], una necesidad existencial. Carlos y yo nos encontramos, durante un largo periodo, oscilando entre Casandra —nuestras profecías, basadas en entender lo que era una exponencial se cumplieron con precisión matemática y por supuesto nadie nos escuchó— y Jeremías, es decir los que le echaban broncas (en vano) a las instituciones por su espectacular necedad.
Pero los artículos se leyeron. Informaron en tiempo real. Sirvieron para que mucha gente entendiera mejor qué pasaba. Combatieron a los antivacunas, desmintieron los bulos de uno y señalaron las memeces de otros. Por mi parte, saqué en claro la lección de que la Ciencia es necesaria y debe llegar a los ciudadanos. Desde entonces he visto crecer una vena anti-científica que no consigo explicarme, excepto en términos de la estupidez humana y el aumento de la entropía del universo, que tiene muy mala leche[16]. De ahí la necesidad de seguir en las trincheras.
Mar no era de ciencias, pero se leía todo lo que escribía y siempre tenía comentarios agudos y a menudo divertidísimos sobre mis artículos. Nunca nos encontramos físicamente (faltaría más) pero hablamos muy a menudo por teléfono y me costó muy poco tenerle un gran aprecio. Estos días, se está escribiendo mucho en el gallinero nacional sobre las supuestas artes de seducción de mi amiga, que tantos corazones rompieron, por lo visto. Me pregunto si todos esos autores están hablando de Mar o de ellos mismos, si no estarán confundiendo ciertas fotos en blanco y negro con el reflejo de su vanidad herida en el espejo de Narciso.
Yo nunca conocí a esa Mar-ta-Hari que tanto obsesiona a ciertos señores —y alguna que otra señora— de estos días. Para mí, Mar era una voz a la vez dulce y gamberra, una voz que te acariciaba y a la vez te hacía desternillarte. Nuestras conversaciones solían ser breves y a destiempo, a menudo comentando alguna idea que se le había ocurrido. Una vez se empeñó en que le describiera la física de la descomposición de un cadáver y tuve que declinar. Otras veces me proponía que escribiera de agujeros negros, dimensiones extra o civilizaciones extragalácticas[17]. No solo hablábamos de ciencias. Me llamaba a veces para preguntarme mi opinión sobre cualquier cosa o persona, viva, muerta o incluso no-muerta[18].
Llegan a mis oídos quejas de que JD no paga por sus artículos. No puedo hablar por mi propio caso, porque nunca he querido cobrar los míos, ya que considero mi contribución a la revista parte de mi trabajo como científico. Y lo curioso es que, en las muchas ocasiones que he compartido unos cafés, unas cervezas o algunas hierbas medicinales con otros autores de JD, el tema del dinero no ha salido. Hemos hablado de todo. De la necesidad de transformar la sociedad. De cómo revolucionar la cultura. De cómo dinamitarla. De la máquina del tiempo. Del perpetuum mobile. De los grupos de rock-and-roll que nos chiflaban de mozos. Hemos llegado casi a las manos y luego a las lágrimas debatiendo Doble Zero, Triana y Radio Futura. A la sargento Margaret y al que suscribe nos dieron las del Alba hablando de cine, de libros y de amores perdidos. Pasadas las tres de la madrugada, nos ha visitado Kavafis, para anunciarnos que, finalmente, habían vuelto los bárbaros. No han sido pocas las veces que el amanecer nos ha sorprendido en la playa de la Concha y no todas han sido un sueño.
Pero no hablábamos de dinero. Hablábamos, sobre todo, de amor.
¿Amábamos a Mar? Con locura. Como también amábamos a Alejandría.
Cuando supe de su muerte, me asomé a la ventana y —lo juro— escuché pasar una alegre compañía y recordé el poema de Kavafis[19]:
Cuando, de pronto, se deje oír a medianoche
el paso de una invisible comitiva,
con músicas sublimes y con voces,
tu suerte que cede, tus obras
malogradas, los planes de tu vida
que acabaron todos en quimeras, será inútil llorarlos.
Como el que está listo ya hace tiempo, como el valiente,
despídete de ella, de la Alejandría que se marcha.
Vaya pues este artículo por Mar que se marcha, por Mar que todos perdimos, por Mar cuya vida fue como esa secreta comitiva de sublimes instrumentos que Antonio oyó pasar un día bajo sus elevados balcones.
- https://www.jotdown.es/2011/10/juan-jose-gomez-cadenas-la-ciencia-es-mas-grande-que-los-cientificos/ ↑
- https://next-experiment.org/ ↑
- https://www.jotdown.es/2024/04/saber-universo-mala-divulgacion-i ↑
- https://www.jotdown.es/category/ciencias/fasterthanlight/ ↑
- https://www.jotdown.es/2017/12/fabiola-gianotti-eng/ ↑
- https://www.jotdown.es/2016/09/pedro-echenique-cientificismo-pensar-la-ciencia-la-unica-fuente-conocimiento-verdadero-error/ ↑
- https://www.jotdown.es/2012/09/david-nygren-y-alessandro-bettini-the-physics-as-fountain-of-eternal-youth/ ↑
- https://www.jotdown.es/2013/11/coversaciones-de-fisica-en-el-santa-cristina-ariella-cattai-y-concha-gonzalez-garcia/ ↑
- https://www.jotdown.es/2014/05/francis-halzen-i-always-advise-to-my-students-dont-read-too-many-books-do-things/ ↑
- https://www.jotdown.es/2014/06/pablo-artal-la-ciencia-importa-tan-poco-que-el-gobierno-central-la-cedio-completamente-a-las-autonomias/ ↑
- https://www.jotdown.es/2025/02/juan-ignacio-perez-iglesias-entrevista/ ↑
- https://www.jotdown.es/2019/12/javier-aizpurua-la-ciencia-vale-la-pena-sin-necesidad-de-sentarnos-a-calcular-el-credito-personal-que-ganamos-con-ella/ ↑
- https://www.jotdown.es/2025/12/el-club-de-los-audaces-o-por-que-la-mejor-ciencia-europea-se-esta-haciendo-en-san-sebastian/ ↑
- https://www.jotdown.es/2026/01/nekane-balluerka-entrevista/ ↑
- https://www.jotdown.es/2022/01/la-ruleta-rusa, https://www.jotdown.es/2021/11/cronica-de-una-suerte-anunciada/, https://www.jotdown.es/2021/03/antineutrinos-antivacunas-astrazeneca/, https://www.jotdown.es/2020/08/la-segunda-oportunidad-de-don-estanislao/, https://www.jotdown.es/2020/07/el-virus-y-el-elefante/, https://www.jotdown.es/2020/05/como-combatir-una-pandemia-el-traje-nuevo-del-emperador/, https://www.jotdown.es/2020/04/ensayos-sobre-la-ceguera/ ↑
- https://www.jotdown.es/2026/05/el-aleph/ ↑
- https://www.jotdown.es/2012/02/juan-jose-gomez-cadenas-the-songs-of-distant-earht/ ↑
- https://www.jotdown.es/2021/11/elegia-vampiro/ ↑
- Traducción de Juan Manuel Macías, Ed. Pre-Textos 2015. ↑







