Cómo cambiar la sociedad usando el retrete

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Imagen de dominio público.
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Cualquiera que alguna vez haya disfrutado ojeando carteles de propaganda soviética sabrá que los comunistas adoraban los trenes. Resultaban ser mucho más que un medio de transporte: con ellos vendría la modernidad y la promesa de una vida mejor. Pero habría sido más exacto que en lugar de una locomotora hubieran puesto como símbolo del progreso uno de esos pequeños tronos blancos. Al margen de la espinosa cuestión de cómo representar entonces a Stalin montado en uno, los cambios sociales en todos los ámbitos que puede llegar a traer asociado consigo este curioso artefacto lo convierten en algo sencillamente revolucionario. Por poner un ejemplo, la instalación de letrinas separadas en las escuelas de países pobres puede aumentar la matriculación de niñas hasta un 17%. Pero vayamos por partes.

Si nos preguntasen cuál ha sido el mayor benefactor de la humanidad que haya existido nunca muy pocos mencionarían al ingeniero Joseph Bazzalgete. Su sistema de alcantarillado para Londres —posteriormente imitado en las demás ciudades unido al uso del jabón, redujo la mortalidad infantil en un asombroso 80%. Además de incrementar la esperanza de vida, al limitar el impacto del medio centenar de enfermedades que pueden ser propagadas por las heces aumentó la productividad laboral y la asistencia escolar, lo que aceleró a largo plazo el desarrollo de la sociedad. Según algunas estimaciones cada euro invertido en saneamiento generaría más de nueve para el conjunto de un país, una rentabilidad difícil de encontrar en cualquier otro ámbito. Pero sobre este tipo de consecuencias imprevisibles y profundas a partir de un cambio tan mundano hay un ejemplo especialmente instructivo, que relata la periodista Rose George en su muy interesante libro sobre cloacas La mayor necesidad.

Durante las décadas de los ochenta y noventa el gobierno indio instaló casi diez millones de letrinas públicas por todo el país. Como tantas otras decisiones burocráticas terminó siendo un dispendio de recursos por no querer conocer la realidad previa ni calcular las consecuencias. Se ignoraron las costumbres y peculiaridades culturales de la población a la que se quería beneficiar y el resultado fue que buena parte de tales infraestructuras resultaron inútiles. La gente seguía prefiriendo cagar en el campo, era una costumbre demasiado asentada, y además consideraba que esas estructuras de cemento y ladrillo eran demasiado buenas, mejores que sus propias casas, como para usarlas para tan vergonzosos propósitos. Así que muchas letrinas se reconvirtieron en pequeños templos, viviendas o almacenes. Aparte de que otras carecían de suministro de agua y las personas que debían encargase de transportar el agua niñas en la mayoría de los casosno estaban por la labor y terminaron por sabotearlas obstruyendo sus conductos. Así que ante esa experiencia se optó por otra manera de hacer las cosas.

En Samiapalli, una aldea del estado de Orissa, se ofreció a sus habitantes que a cambio de que instalasen pagando de su bolsillo un retrete en su casa se les proporcionaría suministro de agua. Pero evidentemente no todos estaban en condiciones de realizar ese gasto, por lo que se decía a sus ciudadanos más pudientes que fueran más generosos ya que «si vosotros tenéis retretes pero ellos no, la mierda de una casta más baja os contaminará la comida». El saneamiento debía llegar al 100% de la población, pues basta que una pequeña parte siga con sus antiguas costumbres para que continúe el contagio de enfermedades. Al mismo tiempo que se instalaron los servicios se estableció una multa por realizar las necesidades a la intemperie cuya mitad del importe iría al bolsillo de quien fuera el delator. Y por último se instalaron carteles con un lema en principio algo desconcertante pero sin duda eficaz: «Solo daré a mi hija en matrimonio a alguien que tenga retrete y cuarto de baño».

Una vez que tuvieron el nuevo baño adosado a sus casas, muchos decidieron que no era apropiado que la habitación más lujosa fuera esa y decidieron pedir créditos para mejorar sus viviendas y construirlas con cemento, un material más adecuado para resistir los ciclones que ocasionalmente afectan al lugar. La disponibilidad de agua corriente redujo apreciablemente las tareas domésticas y las mujeres pasaron a participar más activamente en las asambleas y en diversas actividades económicas. Mientras que las niñas tenían más tiempo entonces para acudir a la escuela. Como decíamos antes, es importante que esta disponga también de su propio baño, pues en los días en que menstrúan muchas optan por quedarse en casa, lo que les lleva a terminar perdiendo el hilo de lo que se enseña en clase y finalmente acaban abandonando los estudios. Así que la suma de ambos factores la presencia de agua y baños en las casas y también en las escuelasincrementó la asistencia de las niñas a clase de apenas la décima parte de ellas a nada menos que ocho de cada diez.

Como consecuencia de este círculo virtuoso las poblaciones vecinas de Samiapalli comenzaron a imitar ese sistema. Pues efectivamente los lugareños, a la vista de los resultados, terminaron haciendo propio el lema de no casarse con alguien que careciera de baño. Ante este éxito, el gobierno indio ha decidido extender estas medidas a escala nacional desde hace un par de años en una campaña llamada precisamente «no toilet, no bride». Sin retrete no hay esposa. Lo que ha dado lugar inevitablemente a numerosas bromas al respecto como esta o esta. Pero el ministro de Desarrollo Rural Jairam Ramesh ha insistido en ello: «Si consultas a los astrólogos sobre Rahu-Ketu (el alineamiento del sol y la luna) antes de casarte, también debes mirar si hay un aseo en la casa de tu novio antes de decidirte». En conclusión, un cambio en algo en principio tan poco sublime terminó creando una sociedad más próspera, saludable, igualitaria e instruida… aunque sus carteles propagandísticos no estén a la altura de los soviéticos. Qué le vamos a hacer, no se puede tener todo.

Imagen de dominio público.
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Fotografía de portada: Tom Coppen (CC)

 

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6 comentarios

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  3. Isobel Pantoha

    Ya ve, Sr Bilbao que la gente se corta mucho con eso del cagar y aqui noscribe ni dios, pero vaya que a mi ma gustao cantida incluso leido en diagoná!

  4. http://www.youtube.com/watch?v=qD5kNTbY3_Q
    …NO HAY GUSTO MÁS DESCANSADO….

    Sabeis la historia de de Grumbalski ….no?

  5. Isaías

    Fantástico. Una historia genial. Y una buena bofetada para los genios planificadores que luego resulta que no tienen ni pajolera idea

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