Clásicos que deberías leer aunque te digan que deberías leerlos: La Regenta - Jot Down Cultural Magazine

Clásicos que deberías leer aunque te digan que deberías leerlos: La Regenta

Publicado por

Fotografía: Anthony P. Buce (CC).

Haga la prueba: acérquese a su librería más cercana y vaya a la sección de novedades. Es matemáticamente imposible que no haya una novela de vampiros adolescentes, otra de detectives suecos resolviendo un sangriento y complicadísimo crimen en la nieve, y otra de mujeres luchadoras que se ven obligadas a salir adelante en un mundo distinto al que conocen. Más aún: es muy probable que haya al menos dos novelas de mujeres luchadoras, pues una de ellas contendrá una trama de hoy en día mientras que la otra será una novela histórica ambientada en un lugar lejano y/o exótico. Esta repetición de historias durará hasta que el público esté ya cansado de amores melancólicos entre vampiros y humanas, sectas satánicas secretas y mujeres desarraigadas descubriendo a su pesar que con el tesón suficiente todo se puede solucionar. Y entonces habrá que encontrar otros temas suficientemente amplios como para poder crear muchas novelas pero suficientemente concretos como para acertar con el nicho de público al que se quiere llegar.

Esto de las modas literarias no es nada nuevo: si echamos la vista atrás podremos recordar que gracias al realismo sucio de los ochenta un escritor era casi un fracasado si no salpimentaba su prosa con vocablos tan atrevidos como polla, coño o follar. En los setenta, el principal daño colateral de la guerra fría fue la proliferación novelística de megavillanos soviéticos que querían invadir el mundo. El modernismo de finales del XIX impregnó

nuestras almas dolientes de abril
con fragancias nocturnas de un beso,
el sabor del placer y el exceso
y dos cisnes turgentes de añil.

Y qué decir del siglo XVI, donde todo se llenó de novelas pastoriles, en las que el único problema de los protagonistas es estar enamorados en un campo feliz y florido donde los ríos son mansos y no huele a estiércol ni a mierda de vaca.

El caso es que en el último tercio del siglo XIX surgieron las novelas protagonizadas por mujeres infelices en su matrimonio, fueran o no fueran sus maridos el mismo demonio. Esta moda literaria dio lugar a verdaderas joyas: Madame Bovary y Ana Karenina son las más célebres, pero en Portugal apareció El primo Basilio, Effi Briest en Alemania y en España La Regenta. Las más famosas son las dos primeras, claro, pero es en esta última donde se abre el zoom para hacernos ver no solo el proceso interno de la protagonista sino el nudo completo de ambiciones, deseos, hipocresías y represiones latentes en la sociedad de Vetusta, la ciudad no tan imaginaria en la que vive la susodicha.

Ana Ozores es la mujer ideal. Casada con don Víctor Quintanar, exregente de la Audiencia de Vetusta —de ahí que la llamen la Regenta—, tiene todo aquello a lo que puede aspirar una mujer de su clase. Es guapa, modélica y casta en los dos sentidos de la palabra. Los hombres la idolatran, las mujeres la admiran y a unos y a otras les molesta que sea tan perfecta porque les recuerda que ellos no lo son. La Regenta no es una mujer cualquiera, pero a media ciudad le gustaría verla convertida en una cualquiera. Sobre todo sus amigas de la alta sociedad, damas linajudas de rango y copete, pues todas ellas ya han probado en sus carnes los placeres de la lujuria adúltera y sueñan con que Ana caiga al lado oscuro como han caído todas.

Esta diferencia de enfoque entre La Regenta y otras novelas sobre el mismo tema ya aparece desde el mismo título: Ana Karenina es la novela de una mujer llamada Ana, casada con el señor Karenin, al igual que Madame Bovary —o mejor aún, La señora Bovary— es la historia de Emma Rouault, esposa de Charles Bovary. Ambos títulos, por tanto, nos remiten a mujeres que han adoptado el apellido de su esposo mientras que La Regenta nos indica que el interés que despierta la protagonista se debe al cargo institucional de su marido. Ya saben: la mujer del César no solo tiene que ser honesta sino también parecerlo; pero si no lo es, que se vaya preparando porque la vamos a poner a caldo. Aunque nosotros mismos no tengamos motivos ni para estar orgullosos ni para tirar la primera piedra.

Leopoldo Alas «Clarín» (DP).

Vetusta es, por tanto, la verdadera protagonista de la historia. A pesar de estar inspirada en Oviedo podría ser cualquier ciudad de provincias de aquel siglo o del nuestro, que conserva aún muchos de los vicios y defectos más de cien años después. No es una novela que pretenda hacer amigos: su autor, Leopoldo Alas «Clarín» carga las tintas contra la Iglesia y contra los ateos, contra los caciques y contra los obreros, contra los señores y contra los criados, contra las mujeres y contra los hombres. En el fondo, la historia de Ana Ozores es una excusa —deliciosa, pero excusa a fin de cuentas— para construir una tremenda crítica a todos los estamentos de una sociedad rancia cuya medicina es un aire nuevo que nadie sabe, quiere o puede proporcionar.

Es posible que, al sentarse a escribir, Clarín se planteara de qué forma podía sacar más jugo a una historia que otros ya habían contado antes de forma magistral. Así que se quedó dándole vueltas a lo de forma magistral y llegó a la conclusión de que lo mejor era que la protagonista se sintiera atraída por un Magistral. O sea, un canónigo. Un cura, vamos. Pero no un cura cualquiera, ¿eh?, sino el hombre más admirado y más odiado de toda la ciudad. Un montañés metrosexual que se aprovecha de ser el confesor de Ana para manejarla a su antojo porque, vaya por Dios, no sabe bien cómo canalizar el impulso sexual que le sale por los poros… Y para darle aún más gracia al asunto, el típico triángulo amoroso mujeresposoobjeto de deseo se convierte en cuadrilátero mujer-esposo-objeto de deseo 1-objeto de deseo 2. Así que, aparte del Magistral, a Ana también le hace tilín y tolón don Álvaro Mesía, cacique de Vetusta y donjuán de medio pelo, de quien todas las mujeres de la ciudad podrían decir cuántos lunares tiene en cada nalga. No son malas opciones, sobre todo teniendo en cuenta que la otra posibilidad es permanecer fiel a su esposo, que casi le dobla la edad y la trata como una niña.

La novela arranca con mucha mala leche desde la primera frase:

La heroica ciudad dormía la siesta.

O lo que es lo mismo, que a los vecinos de Vetusta les gusta creerse el ombligo del mundo aunque a la hora de la verdad sean más parecidos a este ombligo. Es en ese momento de modorra cuando el Magistral sube a lo alto de la torre de la catedral para observar la ciudad con un catalejo como un pastor voyeur que se excede un tanto velando el sueño de su rebaño. Fiel a la famosa máxima de «muéstramelo y no me lo cuentes», Clarín nos explica a la perfección la personalidad de Fermín y de la ciudad —dominador y dominada— con esta escena que se corona con una frase-guinda de solo siete palabras: «Vetusta era su pasión y su presa».

Pero no anticipen juicios de valor. No piensen desde ya que Fermín es el malo malísimo del cuento. Entre los muchos aciertos de la novela hay que destacar el ojo sagaz del autor para hurgar en la psicología pero también en los hechos. Nos gustan, sí, las historias en las que nos plantean las razones por las que los personajes actúan como actúan, ¿verdad? De ese modo nos da la sensación de que el autor sabe cómo hacer para que el malvado nos parezca noble. Pues Clarín le da una hermosa vuelta de tuerca a todo eso diseccionando a cada uno de los personajes para mostrarnos su descontento con toda la sociedad. Al terminar La Regenta, el lector se queda con la sensación de que el autor no está de parte de ninguno. Tan solo un personaje se libra de la quema y no es casual que sea el que menos afín se siente con la vida en la ciudad, el que más ganas tiene de alejarse del mundanal ruido de la Vetusta/España caciquil y mohosa.

Para lograr esa descripción social tan oscura como atinada, Clarín recurre a una galería fascinante de personajes secundarios. Si esto fuera una serie de televisión —y luego hablaremos de ello— muchos de ellos podrían tener su propio spin-off. Esto sucede sobre todo con las mujeres, como la feroz doña Paula, madre de Fermín; Visitación, la mejor/peor amiga de Ana; Obdulia Fandiño, cuya religiosidad es solo superada por su escote, o con Teresina y Petra, las criadas que todo lo saben. Cada uno de los más de cien personajes aporta su grano de arena para dar forma a una novela que fue considerada un verdadero escándalo en la época. El libro está lleno de momentos en los que no podemos entender cómo hizo Clarín para no aparecer en el fondo del mar con una piedra al cuello: la denuncia social es tan dolorosa como lúcida como sincera como feroz. Quizás la escena más lograda sea la de la procesión —estén tranquilos, que no haremos spoilers—, donde Clarín convierte a todos los asistentes en una versión ridícula de los judíos que se burlan, ningunean o desprecian a Jesús. Ni siquiera al clero o a los mismos penitentes les interesa la Pasión de Cristo: «Ni un solo vetustense pensaba en Dios en tal instante», dice el narrador. Porque la sociedad biempensante de esa Vetusta que tan bien caracteriza a la Españaza de ayer, hoy y siempre ha sustituido a Dios por el morbo, el postureo, el orgullo, el qué dirán, el qué han dicho y el a ver lo que decimos, olvidando que san Pablo dejó dicho que debemos ocuparnos de nuestros propios asuntos (Tesalonicenses, 4:11).

No es en absoluto una novela de ritmo rápido sino de tempo sosegado y continuo. Pasan muchas cosas y muy gordas, pero casi siempre sotto voce, por lo bajini, como sucede con el mismo inicio desde la torre ya mencionado o con algunos episodios que indagan en el carácter psicológico de los protagonistas a través de flashbacks donde se nos narra su infancia y su juventud. No se desesperen. Respiren y concéntrense, por ejemplo, en la belleza de la prosa. Algunos pasajes pueden hacerse más cuesta arriba pero tienen una función básica en el relato. Sobre todo aquellos que tienen que ver con una barca y, ¡ay!, con un sapo. Cuando terminen la novela verán que todo tenía su porqué y también comprenderán por qué el mismo obispo de Oviedo calificó la novela como «un libro saturado de erotismo, de escarnio a las prácticas cristianas y de alusiones injuriosas a respetabilísimas personas». Al buen hombre no le faltaba razón. La Regenta está llena de todo eso y más, pero no por eso debe dejar de leerse: como dijo Oscar Wilde, «Los libros que el mundo llama inmorales son libros que muestran al mundo su propia vergüenza. Eso es todo». Pocas novelas son tan lúcidas al plasmar ese cainismo español de satisfacción indisimulada al imaginar al virtuoso retozar por el barro.

TVE copia

Aitana Sánchez-Gijón en la adaptación de La Regenta de 1995. Imagen: TVE.

Pero más allá del contenido social, una buena novela ha de construirse sobre una trama adictiva, de las que uno no puede dejar de leer para saber qué va a suceder. Bien. La tenemos. Una mujer virtuosa de la que no sabemos si será capaz de salir a buscar fuera de casa la salsa del estofado ya es un filón. Pero que durante toda la novela oscile entre el quiero, el no puedo, el madre mía si quiero y el a ver si al final voy a descubrir que sí que puedo le da un plus añadido de interés. Más aún si el suspense no solo está en si será o no capaz sino, en caso de hacerlo, con cuál de los dos. O si incluso hasta se liaría la manta a la cabeza para matar dos pájaros de un revolcón.

¿Qué más necesitamos para una buena novela además de una buena trama? Personajes interesantes y bien construidos. Buf. De esto tenemos de sobra. Ana Ozores, al igual que sus colegas Emma Bovary y Ana Karenina, destilan fuerza literaria. Esto no significa que nos caigan bien, claro, porque en más de una ocasión nos gustaría acercarnos a Vetusta y zarandear a la Ozores para que no sea tan bobalicona y melindrosa. Pero no cabe duda de que la Regenta partiría con ventaja en un hipotético ranking de los personajes femeninos mejor construidos de la literatura española. Que a todo esto, ¿se han dado cuenta ustedes de que la mayoría de esos grandes personajes —Celestina, Laurencia, doña Inés, Fortunata, Jacinta, Yerma, Adela y la novia de Bodas de sangre, por citar solo algunas— tienen en común una relación digamos peculiar con la sexualidad? Esto es frecuente en nuestra literatura, pero ya no lo es tanto en el caso de los hombres. Ya saben, la tontería esa del macho hispano seguro y confiado en lo que tiene ahí colgado. Pues nuestro amigo Clarín nos presenta a tres hombres que no saben muy bien qué hacer con su carga de testosterona. El marido, a quien no le interesa el sexo y no se entera del problema que eso puede acarrearle; el Magistral, un semental encerrado en una sotana; y por último Mesía, que tras tantas idas y corridas está a punto de necesitar la pastillita azul y ya en su cincuentenez comprende que tanto vicio no le ha proporcionado la felicidad deseada. De todos ellos es Fermín el personaje más completo y con más recovecos por donde hurgar y deleitarse. Galdós, que sabía un poco bastante de esto de crear personajes, dejó escrito que el Magistral es la figura culminante de la obra de Clarín, además de ser «el estado eclesiástico con sus grandezas y sus desfallecimientos, el oro de la espiritualidad inmaculada cayendo entre las impurezas del barro de nuestro origen». En serio, querido lector: aunque no le importe la represión sexual de la mujer en el siglo XIX, aunque le aburra la crítica social, aunque a usted esto de la descripción de caracteres le suene a chino, lea La Regenta aunque solo sea para conocer a don Fermín de Pas y luego hablamos. Si no le parece que el Magistral es un personaje ídem entonces yo ya no sé lo que le puede interesar en este mundo.

Un último elemento para asegurarnos de que estamos ante una buena novela: que el estilo esté depurado y a la altura de la trama. Ay, amigos, el estilo de La Regenta. La obra maestra del naturalismo español. Sí, ya saben, ese movimiento literario creado en Francia que busca plasmar la realidad analizando a los personajes con la distancia y la asepsia de un científico. Que oye, fantástico por Zola. Yo acuso y Germinal y todo eso muy bien, sí. Pero vamos, que pocas lecciones de describir la realidad nos tienen que dar los franceses, sabiendo que cuando nosotros estábamos con el Lazarillo de Tormes ellos todavía estaban con Gargantúa y con Pantagruel, unos gigantes alcohólicos que conquistaban ciudades inundándolas a base de meadas. Que no es por criticar a los franceses, ojo. Que ojalá hubiéramos tenido aquí su Ilustración y sus vanguardias. Pero si para una cosa en la que hemos sido buenos en literatura vienen de fuera a darnos lecciones, apaga y vámonos. Y si creen que esto es una exageración, ahí tienen la Celestina, la novela picaresca, el Arte nuevo de Lope, los artículos de Larra, los Episodios nacionales… y por supuesto el Quijote, cuyo realismo echó por tierra el mundo irreal de las novelas de caballería: un género que nació, oh là là qué casualidad, en Francia. Sí, amigos. Si buscan buen naturalismo, elijan el de un experto en la materia. Porque, por el mismo precio, en España le añadimos al naturalismo algo que no es tan frecuente por allí fuera: un sentido del humor amargo y cínico que ayuda al lector a saborear mejor la realidad más descarnada. Y de esa tradición tan cervantina y quevedesca bebe precisamente Clarín para terminar de dar lustre a esta joya literaria. Así que no lo duden y tachen ustedes por su cuenta la última casilla que falta.

Gráfico1vTrama adictiva.

Gráfico1vGrandes personajes.

Gráfico1vEstilo depurado.

Gráfico1nComenzar a leer este novelón.

Ayuda para vagos y maleantes: antes de nada, es preciso aclarar que es muy complicado adaptar La Regenta en texto y alma. Es por eso que las tres versiones existentes se quedan cortas a la hora de dar vida a tanta chicha. La primera, dirigida por Gonzalo Suárez en 1975, está protagonizada por una Emma Penella cuyo buen trabajo no siempre logra hacer olvidar al espectador que el papel no parece hecho para ella. Además, varias de las tramas de la novela fueron eliminadas para que la película no fuera excesivamente larga. Por otro lado, la versión televisiva de Méndez-Leite de 1995 cuenta con algunas interpretaciones estupendas, como las de Aitana Sánchez-Gijón, Carmelo Gómez o Cristina Marcos, aunque se nota demasiado que al director le caen más simpáticos unos personajes que otros —Mesía mejor que Fermín, por ejemplo— y la carga crítica a todos los estratos sociales queda así más diluida. Suárez, Gómez y Sánchez-Gijón se reunieron en 2007 para rodar Oviedo Express, en la que una compañía de actores llega a Oviedo para representar una versión de La Regenta. Se trata de una simpática comedia que precisamente por serlo carece de la crueldad del original. Así las cosas, parece necesario que para disfrutar de esta joya tendrán que echar mano al libro. O crear una petición en change.org para que la HBO se plantee hacer una versión de La Regenta ambientada hoy día en un pueblecito del sur de Estados Unidos y así conseguir que todo el mundo se entere de una vez que alguna vez también supimos ponernos oscuros, críticos y profundos y, ya de paso, que Clarín goce del prestigio que merece: el de un insolente jovenzuelo que con solo treinta y tres años consiguió escribir una verdadera obra maestra.

 

33 comentarios

  1. Pues habrá que tachar la última casilla. Genial el artículo, como siempre.

  2. Acabé de leer La Regenta hace poco más de un mes. Es una maravilla. Hagan caso al autor de este artículo estupendo, lean este clásico y no se arrepentirán. Uno de los libros más crueles y bellos que he leído nunca.

    • Me ha gustado lo de cruel y bello. Como la vida misma.

    • Mi madre dice que la gozaba leyendo obras clásicas y que echaban por la tele en los 70 y 80 o quizás esas obras que leía no pero sí otras ambientadas en los siglos de los libros que leía. Ahora añora aquellas series o películas escuchando las músicas de inicio en ytb. Yo conozco todo eso por mi madre, de tanto haberle oído títulos de libros, resúmenes o partes, personajes, lugares, etc. Desde el Cid o el Arcipreste hasta Nada o más o menos la literatura de los 90. Más la universal occidental. He leído poco pero sé muchísimo de oídas a mi madre o de documentales de la 2.

  3. Interesante artículo, que sin duda anima a emprender la lectura.

    Sin despreciar la interpretación del autor, quisiera aportar que lo de “heroica ciudad” quizá sencillamente haga alusión al lema de Oviedo, grabado en un lateral de la Plaza del Ayuntamiento: “la muy noble, muy leal, benémerita, invicta, heroica y buena ciudad de Oviedo”; aunque es cierto que títulos similares se aplican a otras ciudades.

    En cuanto a lo de comparar los naturalismos, entiendo que los comentarios tienen su retranca, pero el francés, sea o no “naturalismo del bueno” también ofrece experiencias de lectura únicas y contundentes.

    Gracias por este artículo, en todo caso.

    • Claro que hace referencia al título de “heroica ciudad”. Y de ahí la coña de que la heroica ciudad duerma la siesta. Por cierto, creo que el título de “invicta” si no me equivoco sólo lo tienen Numancia y Oviedo.

    • Yo si creo que Clarín quería apuntillar a la nobleza con el paralelismo “heroico” / “dormir la siesta”.

      Mi querida ciudad se fue tornando cada vez más y más en centro administrativo, político y religioso frente a las poblaciones que rodean donde abundaba la minería, ganadería, industria… de ahí interpreto yo que el heroicismo de antaño se tornase en los señoritos que campan (cada vez menos) hasta hoy mismo por Vetusta.

      Me sumo también a las gracias por el artículo!

  4. ¡Qué pena no haberte tenido de profesor de literatura en mis años mozos! Lo más seguro es que no hubiera elegido una carrera de ingeniería y de esta manera no hubiera tardado tantos años en descubrir mi verdadera pasión, la literatura. La leeré, claro que sí, es una deuda que tengo contigo, con Clarín y conmigo mismo -claro está- y que seguro que me gustará tanto como tu forma de atrapar al lector con estas bellas críticas.
    Un fuerte abrazo de tu siempre amigo,
    Javier
    http://www.lalibreriadejavier.com

  5. Excelente artículo sobre una excelente novela. “Tonto el que no la lea”.

  6. No pierdan el tiempo leyendo sobre la vida de otros, créanme. Cuando lleguen a viejos van a arrepentirse de no haber cambiado la lectura por sexo desenfrenado, timbas de póker y ríos de cerveza. Están advertidos.

  7. Pues a mi me parece un ladrillo tremendo.

  8. Es una pena que en Asturias nos hagan leer este libro demasiado pronto y escasamente explicado, con lo genial que es cuesta mucho apreciarlo a edades tempranas

    • A mi en Madrid me lo hicieron leer en la época de BUP y me pasó justo eso: me pareció un auténtico y soporífero coñazo, fui incapaz de acabarlo. De los pocos libros que no he acabado

  9. Una novela que comienza con una sonrisa de medio lado y termina con un zarpazo

  10. Clarín es para mi uno de los muy grandes escritores, no solo españoles, sino de su tiempo.

    Hace algún tiempo tuve la curiosidad de releer Effi Briest, de Fontane, Madame Bovary de Flaubert, La cartuja de Parma, de Stendhal y Tess de Thomas Hardy, todos traducidos al castellano. Fue una experiencia instructiva y gozosa por la calidad de los autores y el tema comparable a La Regenta. Probadlo, vereis que hareis descubrimientos…

  11. Hombre, al hijo de Clarín lo fusilaron en la Guerra Civil, así que a Clarín no lo tiraron al mar con una piedra atada al cuello; se lo cobraron al hijo.
    En fin, Vetusta…

  12. Pingback: Clásicos que deberías leer aunque te digan que deberías leerlos: La Regenta | yaneko34

  13. A mí La Regenta me parece un libro sublime. No sé si el hecho de que fuera de España sea poco o nada conocido me produce:

    – Pena, ya que creo que se merece más y revalorizaría la imagen de la novela escrita en España
    – Placer, al ser consciente de estar disfrutando de un lujo al alcance de unos pocos privilegiados.

    Algo semejante me ocurre con la obra de Eça de Queirós (El crimen del Padre Amaro, El primo Basilio, Los Maia).

  14. Buenos dias, es solo mi opinion, no quiero ofender, ni menospreciar el articulo.
    bueno… pues yo vengo a poner el contrapunto. Que tiene de malo que los tiempos cambien y con el las modas y los gustos? no por estar de moda tiene que ser malo, si la literatura se hubiera quedado estancada en la tematica de la regenta, ahora mismo ya no se publicaria nada, todos los temas son caducos, y al igual que en el cine proliferan segun que epocas una u otra tematica, o en la moda, segun las crisis las faldas se alargan o se acortan, en la literatura ocurre igual.
    Lo que esta claro, que como en todo, el gusto es subjetivo y el que ha escrito el articulo es un fan, fan, pero fan de poster, de la literatura del siglo de oro español, no le critico, lo respeto, pero que a el le encante, no quiere decir que sea lo mejor de lo mejor.
    Yo me he leido la regenta, y me he leido tormento y me he leido el quijote y me he leido el lazarillo de tormes y la celestina y un sin fin de clasicos españoles, que puede ir desde cervantes a cela pasando por pio, y la unica obra que salvo de las que he dicho es la de tormento, que me gusto muchisimo y de vez en cuando aun la vuelvo a leer. Pero la regenta??!! vargame er señó (y lo digo y lo escribo asi directamente para quien me quiera tildar de inculta), es un coñazo!! sera una obra maestra, sera… pero para mi una obra maestra es una que me hace sentir y la que puedo enteder sin necesidad de estudiar ciencias politicas, economicas e historicas… mucho bla, bla, bla, que se podria haber quedado en la mitad, recuerdo cuando en clase de literatura se lo dije a la profe, el tio se permite el lujo de hacer un capitulo entero sobre una cocina, la descripcion de una cocina!! hay que tener cojones!! y verborrea, eso no se lo quito, pero es de ser un pedante, y hablar por hablar, no me molesta que los libros sean largos, ni cortos, me da igual que tengan 1500 paginas si me atrapan me atrapan, pero el señor clarin consiguio que quisiera cortarme las venas, pasan muchas cosas, si, pero es tan lento el desenlace hay tanta paja, por el simple hecho de la pedanteria de “se escribir” que ralla el aburrimiento, el tedio y el hastío, encima lo tengo en dos tomos… que cuando lo compre se ve que con un solo tomo no daban, y cuando acababas el primero aun te quedaba tooooooda la segunda parte.
    Como he dicho, sobre gustos colores, pero que sea un clasico y que este considerada una obra maestra no quiere decir que sea de grato leer, es un coñazo, obviamente, es mi humilde opinion, y le falta dinamismo, y no me parece bien que se desprecien otros generos en pos de este. Me imagino que en aquella epoca al igual que en la actual, tanto los criticos, como las editoriales, como los periodicos… si los untabas bien, hablaban bien de la obra… espero que muchos best sellers actuales no salgan dentro de cien años en los libros de literatura, como clasicos españoles o mundiales dignos de eclipsar a otras obras que han tenido menos repercusion, o menos bombo y platillo, porque hay verdaderas mierdas, hechas por la publicidad y el marketing verdaderas primeras ventas, o han hecho que todos lo lean. Pongo el ejemplo de las 50 mierdas de las sombras de grey, millones de ejemplares vendidos, declarado porno para mamas o amas de casa, que ha estado en su momento, que ha creado un antes y un despues, que ha sido transgresor… (Vamos, no pretendo comparar una obra de clarin, con esa mierda, no me mal interpretes, clarin sabia escribir y realmente es una buena novela, lo otro es oportunismo y mierda sobre mierda, sin sentido y sin argumento y sin lexico, lo que quiero comparar es el marketing! puede que no me explique bien)
    Bueno lo dicho, que a mi la regenta me aburrió como una ostra, y no creo que por eso no sea digna de estar en una libreria….

    • Sonia, los acentos existen. Y los puntos y comas. De nada.

      • Gracias Luna, es cierto que no pongo acentos al escribir, aprendí a escribir en papel, no a mecanografiar, pero puntos y comas si que he puesto, pero esta bien ver que siempre hay quien es mas inteligente que una, algo que decir importante?

    • A mí La Regenta me encanta, como el comentario que le hizo Galdós y el estudio crítico de la edición que tengo, que es de Castalia; y me encanta tu crítica también, he hecho muchas risas. También con otros comentarios que hay hasta leer el tuyo.

  15. Para enfrentarse a los clásicos, ese topicazo, una de dos: o se educa uno en ello desde la más tierna, en un ambiente familiar y escolar propicio… O bien lo deja para más tarde; para, ya con el bachillerato acabado y algún otro conocimiento sólido y bien fundado, tomado de la experiencia vital, o de la misma universidad, empeñarse en empezar a leer y a aprender cosas de sustancia, las que nos dan los clásicos, ese topicazo.

  16. Se supone que aún vivo en otro siglo siendo Marroqui my odiada por media España. Aconsejo que esas maravillosas novelas deben ser leídas juntas (Anna Karenina, Madame Bovary , La bella del señor , La regenta), pero debo confesar que me gusta más Emma y Ariane. LO SIENTO, SOY FRANCOFONA.

  17. Leí La Regenta hace muchos años obligada por uno de mis profesores de literatura. Mis compañeros se compraban resúmenes de las obras, yo las leía de verdad. Recuerdo que la primera vez que la leí, a pesar de mi corta edad, me gustó mucho. Es cierto que había oído hablar del argumento muchas veces en mi casa, por razones que ahora no son importantes.

    Recuerdo haberla leído años después y disfrutarla más.
    Ya en la universidad otra novela cayó en mis manos y me recordó, en muchos aspectos, a La Regenta. Se llamaba El despertar (The Awakening). Este libro está escrito por una estadounidense Kate Chopin. Gran escritora.

    El Despertar es explora cómo una mujer de finales del siglo XIX se da cuenta de que no está viviendo para sí misma, por primera vez ve los límites de su vida. La protagonista vive en una tediosa y pequeña sociedad de la que forma parte. Comienza así, una metamorfosis mediante la que intenta alcanzar su independencia emocional y sexual.

    La hipocresía de la sociedad, la atmósfera asfixiante en que se desarrollan ambos personajes, el adulterio de ambas son algunas de las características que conectan ambos libros.

    Por supuesto, estos temas se tratan en muchas otras novelas, pero cuando se menciona a La Regenta, de inmediato recuerdo El despertar.

    Ambas fantásticas obras.

    Un saludo y felicidades, Ernesto, por tan magnífica entrada.

    Livia de Andrés

  18. Pingback: Cómo comentar un texto | Una sola ventana

  19. Pingback: Clásicos que deberías leer aunque te digan que deberías leerlos: Cándido | MANHAS & MANHÃS

  20. Pingback: Leopoldo Alas (Clarín) – La regenta | lcl eso bach

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies