Los tres buenos libros de Haruki Murakami, o por qué debería ganar el Nobel de Literatura - Jot Down Cultural Magazine

Los tres buenos libros de Haruki Murakami, o por qué debería ganar el Nobel de Literatura

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Fotografía: Cordon Press.

Tres preguntas: ¿merece Haruki Murakami el Nobel de Literatura, como vaticinan las casas de apuestas año tras año? ¿Es fruto su éxito de una operación de marketing o ha escrito novelas auténticamente importantes? ¿Y cuáles son esos libros imprescindibles, si los hay? Tres respuestas: sí lo merece, sí tiene algún libro magnífico, y los imprescindibles son Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Kafka en la orilla y Al sur de la frontera, al oeste del sol. Este artículo será un intento de justificar estas respuestas, desde mi punto de vista forzosamente parcial. Estaré encantado de contrastar opiniones con los lectores, más teniendo en cuenta que al menos una compañera de Jot Down discrepa conmigo. Decido seguir los pasos del bingo de Murakami: ignoro la desaparición repentina de mi gato, abro una botella de Cutty Sark y me pregunto…

¿Merece el Nobel Haruki Murakami?

Se dice (o así lo recuerdo del Vidas escritas de Javier Marías) que en 1968 Yukio Mishima estaba tan convencido de que iba a ganar el Nobel que preparó una fiestaza en un hotel de lujo… Pero cuando quien ganó en su lugar fue su maestro Kawabata, se tragó la bilis y fingió que la fiesta era en su honor. Durante años Mishima fue favorito al Nobel sin ganarlo: hay quien cree que esa frustración acumulada fue uno de los factores que le hizo perder la cabeza, un proceso que desembocó en un fallido golpe de estado a sablazos, unos cuantos cadáveres y un doloroso suicidio por seppuku. Ya valdría la pena darle un Nobel a Murakami solo para evitar que siga el mismo camino y se presente con una katana en Estocolmo.

Sé que Murakami no es un candidato que se acepte al primer vistazo, como Coetzee o Kenzaburo Oé. No es difícil sacarle defectos a parte de su narrativa, y yo mismo me sobresalto en ocasiones al chocar con frases que pisotean la línea roja entre lo cursi y lo sublime. Otras veces puede caer en la repetición o el formulismo, igual que un músico que dependiera demasiado de las mismas melodías.

Pero le perdono sin dudar los hipidos y vacilaciones: nadie puede ser sublime sin interrupción y hasta mi idolatrado Bolaño perpetró algún cuento mediocre. Murakami se ha ganado mi respeto gracias a unas pocas novelas que logran algo dificilísimo: inspirar al lector, volverle más creativo, darle acceso a sus infinitos mundos interiores. ¿Qué es El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas sino un viaje sin retorno por la propia mente? Sin necesidad de plantear artificialmente grandes dilemas morales, Murakami presenta un mundo en el que la resolución de los conflictos internos (soledad, miedo, desamor) se materializa a través de epifanías oníricas y símbolos que se vuelven tangibles. Tu inconsciente no solo toma cuerpo frente a ti, también decapita a tu gato y construye una flauta con sus huesos. Cuando Murakami está inspirado puede arrojarte a un pozo, escarbar en tu alma y obligarte a enfrentar tus miedos armado con un bate de béisbol.

En palabras de Rodrigo Fresán, fan confeso de Murakami: «pura intuición y —al mismo tiempo, cuando todo parece a punto de venirse abajo— una firme precisión para afectar al lector de maneras siempre impredecibles, haciéndole sentir que aquello que se le cuenta no está escrito sino que está sucediendo en el acto, para que sea él quien termine de convertirlo en íntima trama». La literatura de Murakami merece un Nobel no por la belleza formal de su lenguaje (sus propios traductores comentan que su prosa es sencilla y directa) sino porque logra un acceso inmediato al inconsciente colectivo de medio mundo usando herramientas tan aparentemente banales como la simplicidad, la intriga narrativa y las referencias pop que exasperan a sus detractores.

Las aventuras del hombre que olía a mantequilla

Hay escritores predestinados a no ser profetas en su tierra. En Japón se acusa a Murakami de batakusai («apestar a mantequilla»), es decir, de estar demasiado americanizado. El crítico Masao Miyoshi sostiene que Murakami no muestra a Japón en sus libros, sino la idea de Japón que tienen los lectores extranjeros. Una acusación injusta: sus referentes culturales son más americanos que nipones (clubes de jazz y no casas de té, poemas de Ginsberg antes que haikus), y cierto es que sus localizaciones son más universales que reconociblemente japonesas, pero Murakami no está desconectado de la realidad de Japón. Uno de los temas de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo es el contraste entre la plácida vida japonesa de hoy en día y sus raíces sangrientas, reflejadas en los recuerdos gore del teniente Mamiya en Manchuria. El mismo Underground, su libro de entrevistas sobre el ataque con gas sarín en el metro de Tokyo, es una muestra de pensamiento puramente japonés…

Fotografía: Chihyu Lin (CC).

Por otro lado, no se puede reconocer la universalidad de un escritor y criticar que no refleje la realidad de su país: o estamos a setas o estamos a Rolex. A veces se debate sobre si esa universalidad esconde un conocimiento profundo del alma humana o una simplificación de sus mecanismos… En mi opinión, los tres buenos libros de Murakami encierran verdades universales, y su ambigüedad no es fruto de la pereza o la falta de habilidad, sino de la búsqueda del mínimo común denominador entre argentinos, japoneses o lapones. De nuevo Fresán acierta: «[los textos de Murakami] siempre parecen estar dirigiéndose única y exclusivamente a quien en ese momento los lee y experimenta la extraña nostalgia de algo que no se vivió pero, de pronto, se recuerda».

También he leído que darle el Nobel a Murakami no sería un reconocimiento a la vitalidad de la literatura japonesa, sino una admisión del poderío del marketing yanqui. ¡El poder del New Yorker te obliga! Cierto es que las editoriales grandes prefieren unos pocos superventas a muchos libros medianos (el problema de la mid-list), y se podría argumentar que la avalancha Murakami ha ahogado la voz de otros autores japoneses… Pero mi experiencia ha sido la contraria: tras el boom mundial de Tokio Blues resulta más sencillo encontrar en librerías a otros japoneses. Siempre ha sido fácil comprar libros de Mishima o Kawabata, pero gracias a la moda Murakami llegaron a un público más amplio autores como Banana Yoshimoto, Yoko Ogawa, Hitomi Kanehara o Ryu Murakami, sin parentesco alguno con Haruki pero que podría pasar por su primo drogadicto y pervertido. (Un paréntesis: Piercing de Ryu Murakami es una maravillosa novelita de amor psicopático que no habría que dejar pasar).

Lo que no tiene sentido, aunque quede muy hipstérico, es juzgar los méritos de un autor por lo mucho que venda o por el apoyo que reciba. ¿O es que García Márquez no ha sido promocionado por las majors editoriales? Pero no voy a seguir por ahí, que me indigno. Permítanme que vuelva al título de este artículo comentando los tres libros que justifican una carrera.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

Imagen: Tripp (CC) / Vintage.

Un hombre sin rasgos destacables llamado Tooru Okada ve cómo su mundo enloquece lentamente a partir de dos desapariciones inexplicables: primero su gato y luego su mujer… Momento en el que podría haber aparecido Rod Serling en el porche de su casa, fumando un cigarrillo mientras cuenta cómo acaba de abrirse un portal a La Dimensión Desconocida.

La forma en que lo fantástico interactúa con lo cotidiano en Crónica está muy alejada del realismo mágico: sus personajes son conscientes en todo momento de la extrañeza de lo que están viviendo y lo viven casi como un sueño lúcido. El propio Murakami subraya el carácter onírico de lo que escribe: «Para mí, escribir una novela es como soñar; me permite soñar adrede mientras estoy despierto. Puedo continuar un día el sueño del día anterior, algo que no puede hacerse normalmente. Es también una forma de descender profundamente en mi conciencia. Así que aunque sea algo onírico, no es fantasía. Para mí lo onírico es muy real». ¿Qué mejor lugar para acceder al inconsciente colectivo que los sueños hechos realidad?

Crónica no es un generador de frases impactantes para citar fuera de contexto, como peces boqueando en tierra. Su fuerza está en la manera lenta e implacable en que construye una fábula multidimensional a partir de historias fragmentadas que se combinan y dejan entrever ramificaciones infinitas, símbolos que apelan más al instinto que a la razón… Sueños angustiosos de los que despertarse vivo y renovado. Y con un gato.

Kafka en la orilla

Vintage

Imagen: Vintage.

Merece la pena leer esta novela sin ideas preconcebidas, así que solo diré que la historia mezcla a un adolescente fugado, un vagabundo amnésico y un montón de inolvidables momentos WTF. Es la novela de Murakami más cerrada, planeada y compacta, así como la más visual e imaginativa. En este blog (cuidado, spoilers en el enlace) se ilustran con gracia los momentos icónicos de la novela en que sueños y realidad chocan violentamente.

Dice Umberto Eco que cualquier obra es una «máquina de generar interpretaciones». Una buena novela resuena en el interior de los lectores, generando teorías sobre su contenido que suelen ir más allá de la voluntad del propio escritor. Poco después de la publicación de Kafka en la orilla, en la web de Murakami se habilitó un espacio para que los lectores (solo japoneses, por desgracia) enviaran sus preguntas e hipótesis sobre puntos concretos de la novela. Se recogieron más de ocho mil entradas, de las cuales el propio Murakami contestó más de mil, a veces flipando ante enfoques que no se le habían pasado por la cabeza. Su amigo y traductor Jay Rubin comenta que a menudo contesta a las preguntas de ese tipo con un ambiguo «quizás» o «interesante», limitándose a desmentir las interpretaciones más descabelladas.

La gracia de Kafka en la orilla es que genera estas mil interpretaciones sin trampas ni torturas narrativas. Cuando el lector ve que un personaje hace llover sanguijuelas del cielo, lo acepta gracias a la lenta construcción previa de un mundo roto invadido gradualmente por los sueños y la irracionalidad… Un escenario creado con maestría a partir de un crescendo calculado de situaciones inexplicables que mantienen un tono surrealista-onírico-metafórico; un marco en el que los lectores pueden dar su propia interpretación de por qué llueven sanguijuelas y no extintores. Por poner un ejemplo de narración fallida: cuando los poderes de la isla de Perdidos aparecen y desaparecen al poner y quitar el tapón de una bañera-estanque, muchos espectadores reaccionaron con hastío: ese tapón no tiene sentido ni desde el punto de vista fantacientífico ni desde el místico-religioso, con lo que acaba en la tierra de nadie de las ocurrencias arbitrarias. Mi teoría es que ese tapón estaba inserto en el recto de Damon Lindelof y por eso sacarlo le deshincha (ma gavte la nata, como dicen en El Péndulo).

Al sur de la frontera, al oeste del sol

Imagen: Tusquets.

No todas las novelas de Murakami tienen la cualidad onírica del Pájaro o Kafka. En Tokio Blues (Norwegian Wood), la novela más conocida de Murakami, no hay elementos fantásticos sino improbables, algún baile de coincidencias en la línea de La música del azar. Pero Tokio Blues no me parece una novela redonda: algunos requiebros forzados dan la impresión de que Murakami hubiera preferido introducir un elemento onírico en lugar de torturar la trama para que todo encaje. Y es que el objetivo reconocido de Murakami al escribir Tokio Blues fue demostrarse a sí mismo que podía escribir una novela 100% realista… Y la primera imagen que me viene a la mente al oír eso es la de Michael Jordan tratando de demostrar que también se le da bien el béisbol.

Aunque esta última comparación sea probablemente injusta, porque en mi opinión si hay una novela magnífica que demostró que Murakami puede ser un buen escritor realista: Al sur de la frontera, al oeste del sol. En ella un protagonista cuarentón, reflejo en algunos aspectos del propio Murakami, se reencuentra con una amiga íntima de la infancia, con efectos catastróficos. Esta es una novela introspectiva y sorprendentemente cruel con su narrador, que se echa una larga mirada a sí mismo y no parece satisfecho con lo que encuentra. Independientemente de la opinión que cada lector se forje sobre las acciones del protagonista, es inevitable empatizar con su sorpresa ante la facilidad con se pierde el control de la propia vida y se destruye todo lo que considerábamos sólido y estable.

Que gane ya el puñetero Nobel y pasemos a otra cosa

Murakami ha escrito otros textos notables: Sputnik mi amor es un precioso cruce entre sus dos estilos, el onírico y el realista; La caza del carnero salvaje tiene la fuerza maníaca de las confesiones escritas del tirón; El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas es un viaje psicoanalítico alucinado y alucinante… Y entre los cuentos de Sauce ciego, mujer dormida hay alguno genial, relacionado cómo no con extrañas desapariciones. De las obras recientes de Murakami solo se me ha atragantado 1Q84, que hubiera funcionado mejor dividida en historias independientes. Si he elegido solo tres novelas es porque con ellas hay más que suficiente para concederle a su autor cualquier premio que tengamos a bien imaginar. Miembros de la Academia: denle ya el puñetero Nobel para que podamos hablar de otras cosas.

No estoy seguro de por qué Murakami despierta tantos odios. Una cosa es que no guste su estilo, lo que entra en el terreno de la crítica legítima y personal… Pero mucha gente se deja llevar por el lado oscuro de la Fuerza y lo pone a parir sin haberlo leído siquiera. Supongo que resulta tentador hacerse el perdonavidas y mirar por encima del hombro a un escritor que emplea lenguaje claro y sencillo, vende mucho y planea siempre sobre los mismos temas. Pero el haterismo anti-Murakami olvida a menudo que un autor no tiene por qué ser un outsider para ser necesario… basta con que sepa abrir un portal (o en su caso, un pozo) a la Dimensión Desconocida.

Una escena de Noruwei no mori / Tokio Blues. Imagen: Asmik Ace Entertainment / Fuji Television Network.

43 comentarios

  1. En la lista de “las tres buenas de Murakami” cambiaba Kafka en la orilla por la La caza del carnero salvaje, pero, vamos, muy muy de acuerdo.

    • De todas maneras, es bien conocido que cuando algo se vuelve verdaderamente popular empiezan a salirle odiadores hasta debajo de las piedras. Bolaño era un escritor de culto respetabilísimo hasta que empezó a leerlo todo el mundo (incluyendo todos los críticos norteamericanos) y de inmediato surgieron los primeros detractores. Si Murakami no hubiera escrito nunca Nowergian Wood/Tokio Blues y se hubiera conformado con ser leído por cuatro gatos nadie pondría el grito en el cielo.

  2. Sin ser un entusiasta de Murakami, me gusta más este artículo a favor que el artículo en contra de su compañera. Enhorabuena.

  3. Mishima no intentó dar un golpe de Estado y en el “incidente”, o mucho me equivoco, o el único que salió con los pies por delante (y sin cabeza) fue él (o tal vez llegara a hacerse el seppuku alguno de los otros integrantes del tate no kai que le acompañaban, no recuerdo bien, pero lo que no hubo fue muertes de otros).

    • Bueno, golpe de estado como tal no fue, pero hubo sacudida de sables, un par de manos casi cercenadas y un discurso encendido sobre la pérdida de valores de Japón. Tenía entendido que murieron un par de miembros más del Tatenokai, entre ellos el que ayudó a Mishima con el seppuku, pero tendría que revisar la historia. Prometo escibir un día sobre Mishima con más calma (este artículo ha sido preparado a salto de mata en el fragor del combate por le Nobel), investigar los detalles y precisar este episodio. :)

  4. Sería muy cínico afirmar que Murakami no sabe escribir. Escribe bien, tanto formalmente como el mensaje que quiere escribir. Y su literatura es universal (occidental) porque llega al fondo del alma de todos los hombres y blablabla. Ahora bien: ¿esto merece un Premio Nobel?. La escritura onírica, buscar que aflore el inconsciente, la belleza de sus descripciones… ¿Cuántas veces se ha hecho esto ya en la literatura universal? Murakami es un buen escritor, pero no ha aportado absolutamente nada nuevo a la literatura universal, nada que lo diferencie del resto de escritores que ya hicieron algo parecido en los dos siglos pasados, ni en la manera de escribir, ni en el ángulo desde el que enfoca la realidad del ser humano. Tampoco esto es motivo para odiarlo. Simplemente, no tiene las cualidades que se esperarían de premio Nobel. Y no es cuestión de gustos: es algo objetivo.
    Por los mismos motivos, tampoco lo merecería Roth. En cambio, la perspectiva de Kundera (aunque no su forma de escribir) sí que es diferente, y es quien espero que gane.
    Muy buen artículo, de todos modos, aunque no estemos de acuerdo en las apuestas :)

    • A mi también me parcería bien que lo ganara Roth, aunque en los últimos libros parece que eso habla de lo mal que tiene la próstata. O Milan Kundera, aunque el último libro, el que acaba de salir, es una mierdola. O Don DeLillo. O Cormac McCarthy. O pasando a Inglaterra, Ian McEwan o Hilary Mantel.
      Pero en el fondo preferiría que lo ganara Pynchon.
      Tengo un problema, me gustan demasiados autores ;)

      • Jajaja, qué cruel y certero lo de Roth. Y qué pena lo del último libro de Kundera: me lo estaba reservando con ilusión para leerlo en las próximas semanas. Al que no veo con el Nobel es a Cormac McCarthy, y mira que soy fan de “La carretera”. Pero no sé, no sé…

        • Bueno, es que Kundera es un señor de casi noventa años. No sé si con esa edad estaré lo bastante bien para ir solo al baño, pero desde luego no para escribir novelas.

    • Gracias por el comentario!
      En general desconfío de las valoraciones “objetivas” en literatura, al menos en cuanto a las características necesarias para ganar el Nobel. Además, en este tipo de premios acaban pesando más otros factores que los puramente técnicos: Borges, Nabokov o Joyce nunca lo ganaron y es difícil sacarles defectos objetivos. Mi apuesta es forzosamente subjetiva, porque precisamente el punto fuerte de Murakami está en su talento para la subjetividad, para provocar reacciones impredecibles en el lector. No veo tan importante que su ángulo de visión sea novedoso o que haya abierto o no nuevos caminos: en el mundo de la literatura hay que premiar tanto a los genios de vanguardia como a los ingenieros que saben construir con los elementos que tienen a mano…
      A ver cómo acaban resultando las apuestas. :)

    • Perdón por la ignorancia. ¿Cómo se puede valorar si a nivel formal es mejor o peor escritor cuando la mayoría lo leen en idiomas diferentes al original que además es japonés con la brutal diferencia a todos los niveles que existe entre japonés y por ejemplo español? ¿Hasta qué punto depende del traductor la percepción de muchos aspectos de su forma de escribir?

  5. Qué buen artículo, también a mí me ha gustado más que el de su compañera de revista, que reducía un poco el asunto a que no le gustaba Murakami.
    A mí me gustan sus novelas pero le daría antes el Nobel a Joyce Carol Oates, por poner un ejemplo… También me alegraría si se lo dieran a Stephen King y sonreiría con perverso placer ante las legiones de críticos e intelectuales indignados por semejante blasfemia. No veo nada de malo en que un autor guste a millones y venda en consecuencia. Al final lo que me importa como lector es disfrutar y hay infinitas formas de llegar a ese disfrute literario.

    • Jajaja, confieso que me entran escalofríos de placer al imaginar la reacción si por algún tipo de cortocircuito los académicos decidieran darle el premio a Stephen King.

  6. A mí “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo” me pareció una gran nada conduciendo a ninguna parte. Recuerdo un pasaje aceptable que se salía de la trama y se desarrollaba en Mongolia, y aún tuvo algún interés… pero poco más. Un misterio hacia ningún sitio, con un desenlace Ídem… ¡a través de más de 900 páginas! Creo que experimenté algo así como lo que debieron sentir los fans de “Lost” en el último episodio.
    Si este es de los buenos, apaga y vámonos. Que se lo den a Kundera, o a Roth, o a McCarthy, o a Atwood, o que nos descubran a algún autor del que poco o nada sabemos… pero a Murakami no, por favor.
    P.D.: Próximo editorial de Jotdown: “Por qué Bono, el de U2, merece el Nobel de la Paz”. Lo veo venir…

    • Gracias por el comentario! De los autores que enumera, no me disgustaría tampoco que recibieran el Nobel Roth o Kundera… Con McCarthy y Atwood no lo tengo tan claro, la verdad.

      Discrepo en lo de que no ocurra nada en “Crónica”: por ejemplo el pasaje de Mongolia no se salía de la trama, era parte integral de la misma a través de la imagen del pozo que luego se reproduce en el patio del protagonista.

      Y si alguien le da el premio Nobel de la Paz a Bono, aquí estaré el día siguiente para llevarme las manos a la cabeza en algún artículo. :)

  7. Una pequeña errata:al final del párrafo sobre “al sur de la frontera…” hay un “con se pierde” donde debería poner un “con que se pierde”.

    Por lo demás, me ha encantado el artículo. Lo dice un fan de Murakami.

  8. Como siempre un placer leerte y muy de acuerdo en todo.

  9. Por fin un artículo bien argumentado y no el de su compañera de ayer que se limitaba a decir: “Murakami no mola porque es popular y mainstream”

  10. Con el Nobel de Literatura siempre me ocurre lo mismo: deseo que se lo concedan a un autor que me gusta y al mismo tiempo detesto que comparta lista con José Echegaray.

  11. Lo de Murakami no es buena literatura y punto.
    Mi opinión es que quienes le admiran tanto o no han leído buena literatura o la han leído mal.
    Pero para como van los tiempos, no sería de extrañar que se llevara el preciado Nobel.

    • Duvanys. Mientras que lo primero que dice me parece una opinión perfectamente válida.
      Con lo segundo lo desmonta, el descalificar desde un púlpito de prepotencia sin más motivo queda fuera de lugar, más propio de un hooligan futbolero que de una opinión literaria.

      En otro foro le diría que ha lanzado un bait muy flojo para flamear, que ni siquiera merece estas líneas.

  12. El último premio Nobel justo se lo dieron a Paul Newman/Andrew Craig, lo sabe todo el mundo.

  13. Dicen por ahí arriba que Murakami tiene talento para “provocar reacciones impredecibles en el lector”. En mi caso, tras degustar tres de sus obras, terminé prediciendo con bastante exactitud esas reacciones, que son concretamente dos: un tedio indescriptible (El pájaro que da cuerda…) y la vergüenza ajena más coelhiana (“si la felicidad aparece en tu puerta, aprovecha la ocasión: sé feliz”). Parece que el autor de esta recomendación tan enjundiosa vuelve a quedarse sin Nobel. Qué falta de sensibilidad la de estos escandinavos.

  14. Pues mira premino nobel merecidísimo para Modiano. Autor del que disfruto tanto como de Murakami.

  15. Pingback: Murakami, el Nobel, y la miel en los labios | Saeba´s Website

  16. Mi voto es para Antonio Lobo Antunes, y no pienso cambiar de opinión (este año).

  17. Leía este artículo saboreándolo, desquitándome del horripilante escrito de Lara Álvarez sobre el genio Murakami. Y de pronto me encuentro con un exabrupto inenetedible sobre “Perdidos” que ni Álvarez hubiese escrito sobre Murakami. ¡Como puede alguien que conecta con “Crónica del pájaro” o “Kafka en la orilla” no haberse enterado de nada de Perdidos! Precisamente, si hay una diferencia.esencial entre el mundo de Perdidos y las historias murakamianas (se parecen en bastantes aspectos) es que en las historias del japonés los finales son abiertos y en la serie los misterios acaban resueltos. Por cierto, es la serie favorita de Murakami.

  18. Hola,
    como te animas a recibir discrepancias, diré que Murakami sí se merece ganar el Nobel… Estos premios no distinguen a los escritores más relevantes sino a aquellos que con más eficacia construyen una especie de humanismo político en que “verdad” se identifica con “belleza”, un artefacto que queda a medio camino de la corrección, de la emoción, de las exploraciones personales y sociales de nuestro tiempo, es decir, a medio camino de todo. Murakami podrá ganar el Nobel, como también lo ganaría Erri de Luca. Pero la literatura de verdad no se queda a medio camino sino que es valiente y se aventura a la parte menos conocida de la conciencia, por eso Roth o Houellebecq no lo ganarán.
    No sé qué opinas de esto.
    Te mando un saludo.

  19. Muy buen artículo. Opino igual, que se lo den ya, un Nobel más asequible que los últimos no estaría mal. Mis novelas favoritas justamente son Kafka y Crónica.. Los disfruté muchísimo. Son los primeros que leí y me impactaron. Buenísimos, frente a otros más flojillos (1Q84, un decepción)

  20. ¡Nos hacía falta un artículo así! Ya estaba un poco desesperada de ver harukifans y harukihaters agarrados de los pelos. Comparto pelanemente tu opinión: Mirakami no es un genio literario ( como , a mi parecer, si lo fue Mishima), pero definitivamente tiene lo suyo: escribe bien, sabe contar buenas historias y sabe crear mundos que de alguna forma nos tocan, aunque no sepamos bien por qué y aunque ni siquiera entendamos del todo lo que está sucediendo. Como si conectara con nuestro inconsciente y y no con nuestra racionalidad.
    Sólo cambiaria Al Sur de la Frontera… Por El Fin del Mundo. Ah, y también se me atraganto 1p84…los dos primeros libros me gustaron mucho, pero el tercero me pareció un bodrio y me arruino los otros dos en retrospectiva.

  21. No me parecen respetuosos los comentarios hacia Mishima.

  22. No soy un lector educado en letras más que las que buenamente me han interesado y he leído. Con todo, como lector los premios (por ejemplo los Nobel) solo me sirven para guiarme en nuevas lecturas, y no hace falta que sean premios Nobel premiados, me basta con que muchos piensen que son premiables. Desgraciadamente si que sigo estos rigores mentados sobre los premios aunque a mí verdaderamente me parezcan deleznables. Hay autores que me han dicho mucho más que autores premiados y que numca recibieron más que algún premio menor. Por ejemplo Philip K. Dick. Así que esa es mi posición ante el tema de los premios. Importa muy poco.
    Sin embargo si tuviera que votar (ya que utilizo los premios) desde luego que votaría a favor del premio Nobel para Haruki Murakami. He leido una buena parte de sus novelas, y desde luego de manera compulsiva. La última que he leído es “Baila, baila, baila”. Su trama es menos tremebunda que otras, quizás porque quiere tocar un tema lo más plenamente que pueda. El comienzo del libro retrotrae a “El Ser y el Tiempo” de Heidegger (al menos bajo mi punto de vista) y a visiones claramente existencialistas. No sé si es mejor o peor que otros, pero a mí me sugieren demasiado sus libros para que sea solo una conexión JuliánMarukami.

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  24. En lo personal creo que Murakami es muy similar a Gabriel quien ganó el Nobel de literatura y bajo esa comparación si Gabriel lo ganó con un estilo muy similar al de Haruki por qué no otorgarselo a el? Yo disfruto mucho de su estilo aunque no se por qué no le encontré el gusto a the wind up bird chronicle

  25. Bueno, yo diré que a mi si me gusta Murakami y cuando leí en la red que el darle el Nobel sería como darle un Grammy a Arjona, quedé sin aliento… Lo peor fue que comprendí a qué venía esa comparación o metáfora (¿?) .

    Ahora, el simple hecho de que el trabajo de este escritor genere tanta polémica y opiniones divididas, es la razón por al cual SI merece el galardón. Al fin de cuentas, es un autor que no deja indiferente al lector (sea que lo amen, o lo odien, que encuentres sentido en sus historia o que te deje tratando de encontrárselo, que apruebes a sus personajes o los señales por algo). Y es este mismísimo debate el que demuestra inevitablemente la relevancia del trabajo de Murakami.

    Nota: He leído varias de sus novelas, más no me jacto de haber leído todos su slibros publicados. He de confesar que sus notas sobre lo que para él significa el correr, no me llaman mucho la atención, además no quiero conocerlo personalmente…

    • Si , comprendo lo que dices. En la crítica que menciona este artículo, sobre por qué Murakami no merece el nobel. Hace referencia a que este autor escribe siempre la misam novela. Bueno, siempre se dijo eso de García Marquez también. Además es como una frase, un dicho de lo escritores que ” siempre escriben la misma historia pero endifernete contexto”.

      En mi humilde opinión, creo que no es que escriba siempre la misma historia, sino que ciertos elementos aparecen constantemente en ellas. Esto, no es repetir, es como cuando ves las pinturas y esculturas de un mismo artista, empiezas a ver que era o es a fin a ciertos temas, a ciertos colores, pinceladas, composiciones, etc. Al reunir esos elemntos forman el estilo propio de cada artista. Creo que lo mismo pasa con los escritores. Esos conceptos, imágenes o ´similitudes que parecen en sus textos que aprecen reptirse, no lo hacen sino que forman el estilo de prosa o versos.

  26. Pingback: Tokio Blues | Sólidos amorfos

  27. Leo este artículo con intención de encontrar el punto fuerte de Murakami, el porqué de su tirón, y… La conclusión final me mata: merece el premio nobel porque es un escritor mediocre que escribe cosas sencillas y a la gente le mola.
    No me convence.
    Es pop, sencillo y ni si quiera es bello en su sencillez. “…un autor no tiene por qué ser un outsider para ser necesario… basta con que sepa abrir un portal…” nunca antes había escuchado a nadie defender algo con el argumento de que con una mínima mediocridad basta para ser un grande…

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