Todo lo que necesito saber lo aprendí leyendo El péndulo de Foucault - Jot Down Cultural Magazine

Todo lo que necesito saber lo aprendí leyendo El péndulo de Foucault

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La superstición trae mala suerte”, Raymond Smullyan, 5000 B.C.

Me suele dar vergüenza confesar que El Péndulo de Foucault, de Umberto Eco, es uno de mis libros favoritos. Cuando surge el tema en una conversación, la reacción de mis interlocutores suele oscilar entre la incredulidad, el tedio o esa inconfundible mirada esquinada que, si pudieran subtitularse las miradas, se traduciría en “vaya, he ido a topar con un snob/pedante/gafapasta”. Pero a veces la reacción es otra: un brillo fugaz de reconocimiento y la leve sonrisa del que comprueba que no está loco, o al menos que hay método en su locura. Y en ese momento me siento tentado de ofrecer a esa persona el apretón de manos secreto que me acredita como fan de El Péndulo de Foucault, sólo para recordar segundos más tarde que ese saludo masónico concreto tendría que inventármelo.

Leí por primera vez El Péndulo con 15 ó 16 años, y por supuesto no me enteré de la mitad ni pillé la mitad de referencias, guiños y menciones. Sin embargo, quedé inmediatamente fascinado, no sé si como quien contempla un cuadro de Rothko sin acabar de entenderlo o como el proverbial cervatillo deslumbrado por los faros de un coche. Lo he releído unas cuantas veces a lo largo de los años (la última, hará unas semanas para escribir este artículo) y me he ido dando cuenta de que esta novela escrita por un pedante semiólogo fácil de caricaturizar había influido en mi mente adolescente de muchas e insospechadas maneras.

El argumento en sí se explica en un breve párrafo: tres intelectuales snobs llamados Belbo, Casaubon y Diotallevi inventan para divertirse un supuesto Plan de los templarios (con la intervención posterior de jesuitas, rosacruces y demás sociedades secretas) para dominar el mundo gracias a un uso creativo de las corrientes telúricas subterráneas. Desgraciadamente el Plan se les va de las manos cuando un erudito hermetista llamado Agliè, presunta encarnación del legendario conde de Saint-Germain, se toma su juego en serio.

Apuesto a que al leer este resumen algún lector habrá levantado las cejas, exasperado, pensando: “¿otra vez las puñeteras conspiraciones templarias?”. Ay, cuánto daño han hecho Dan Brown y los mil imitadores baratos que siguieron su estela. Mi reacción inicial al leer El código Da Vinci (ese libro radiactivo) fue pensar algo como “¿pero esta mierda no es una versión de uno de los capítulos de El Péndulo?” Con razón me sonaba: toda la teoría sobre María Magdalena, el Santo Grial y el secreto de Rennes-le-Chateau aparece en el capítulo 65 de El Péndulo junto a la fuente de la historia, The Holy Blood and the Holy Grail. La reacción de Eco fue graciosa: “¡Dan Brown es un personaje de El Péndulo de Foucault! Yo lo inventé. Comparte las obsesiones de mis personajes —la conspiración mundial de rosacruces, masones y jesuitas. El papel de los templarios. El secreto hermético. El principio de que todo está conectado. ¡Sospecho que Dan Brown ni siquiera existe!”.

La novela es en su origen una deconstrucción, una burla y una crítica feroz de las teorías de la conspiración, las supercherías ocultistas y el espiritualismo New Age mal entendido, pero lo que el autor consigue (conscientemente o no) es mucho más que eso. Trata a los blancos de sus burlas con ternura y un cierto cariño, presentándolas como víctimas desvalidas de algún enorme error universal. O, como dice Casaubon hablando de su estudio sobre los templarios: “hasta el que hace una tesis sobre la sífilis acaba enamorándose de la espiroqueta pálida”.

Vale, muy bien, pero ¿por qué me enamoré yo de la espiroqueta pálida sin haber escrito ninguna tesis sobre Eco?

Todo lo que realmente necesito saber ya lo sabía antes de saberlo

Pero sabed que estamos todos de acuerdo, digamos lo que digamos”, Turba Philosophorum

Leyendo El Péndulo aprendí a distinguir dos extremos tanto de la femineidad como de la vida en pareja, representados por los personajes de Lorenza Pellegrini y Lia. La primera es el epítome de la mujer fatal, volcánica, apasionada y tan volátil e impredecible como un cóctel de dinitrotolueno. Una mujer a la que es fácil amar y aborrecer, generalmente al mismo tiempo, como en mi verso preferido de Catulo: “Odio y amo. Por qué, quizá te preguntes. Lo ignoro, pero así me siento y me torturo”. Con Lorenza aprendí uno de los mejores y más desconcertantes piropos que he leído, una cita de los manuscritos gnósticos del Nag Hammadi: “Porque yo soy la primera y la última. Yo soy la honrada y la odiada. Yo soy la prostituta y la santa”. Por su parte, Lia es el amor profundo y nutricio, procedente de las afinidades electivas, intereses comunes y un respeto mutuo tanto intelectual como sexual. También representa la victoria de la sensatez constructiva sobre la superchería y las gilipolleces, como demuestra en su lapidario análisis del Plan templario hacia el final del libro. Desde que leí El Péndulo no he podido evitar clasificar a las mujeres con las que he tenido relación como Lorenzas, Lias o una fusión de ambas.

Leyendo El Péndulo descubrí la Cábala y su Árbol de la Vida, un mapa místico de del alma humana y del Universo que resume elegantemente cómo funciona el mundo. Se representa distribuido en diez esferas (o sefirah) que simbolizan los diferentes aspectos de la creación (sentimiento, lógica, imaginación…), y veintidós caminos, uno por cada carta del Tarot, que las unen y relacionan. Las esferas más elevadas son las más espirituales (“más cercanas a Dios”), mientras que las inferiores son mundanas y materiales. Tendría que escribir un artículo entero para hablar de cómo la Cábala aparece en las enseñanzas del Tarot de Jodoroswky o en Promethea, el cómic más alucinado de Alan Moore. Ahora sólo comentaré que mi interés por la Cábala no es tanto espiritual o mágico-folklórico (Madonna con su brazalete rojo de cabalista) sino psicológico-mental, lo que Alan Moore llamaría mágico: la comprensión de cómo la mente humana está formada por arquetipos que luchan entre sí como dioses griegos en miniatura.

Leyendo El Péndulo empecé a incubar un potente virus: la pasión por la extraña dialéctica entre conspiranoia y anticonspiranoia, sobre la que ya escribí hace tiempo en Jot Down. Para cada suceso mínimamente complejo existe una explicación errónea y fácil de entender, pero no siempre resulta fácil justificar dónde reside el error… y es un buen pasatiempo tratar de localizarlo. No me basta saber que la Tierra es vagamente esférica: es mucha mejor gimnasia mental convencer de ello a un miembro de la Flat Earth Society.

Además, la vida se vuelve mucho más interesante si se mantiene la mente abierta a lo imposible. O, por citar al siempre sarcástico Nicanor Parra: “EL MUNDO ES LO QUE ES / y no lo que un hijo de puta llamado Einstein / dice que es”. Al caer un rayo sobre el avión de Hollande cuando se dirigía a su primera reunión con Angela Merkel, mi primera reacción fue pasarme por los foros conspiranoicos que acostumbro a visitar para ver cuánto tardaban en afirmar que había sido un aviso de las élites económicas. Las explicaciones conspiranoicas suelen ser más hermosas que la prosaica realidad; imaginar a Merkel como una Zeus teutona, apretando un botón del HAARP para lanzar un rayo sobre Hollande, es bastante más visual que repasar el parte meteorológico de París.

Citando un fragmento del libro: “Los desastres bursátiles se producen porque cada uno adopta una decisión equivocada, y la suma de todas ellas crea el pánico. Después el que no tiene nervios de acero se pregunta: ‘¿Quién ha urdido esta conspiración? ¿A quién beneficia?’ Y pobre del que no logre descubrir un enemigo que haya conspirado, porque se siente culpable”. Y, sin embargo, por absurda que parezca cualquier conspiranoia al primer vistazo, puede encontrarse en ella un núcleo de verdad, aunque sea en forma de metáfora o arquetipo. El perturbado David Icke sostiene que el mundo está regido por un grupo de poderosos extraterrestres reptilianos camuflados como humanos, un poco como en la serie V. Entre ellos estarían Obama, Bush, la Reina de Inglaterra y (¡cuidadín!) Juan Carlos I de Borbón y Ganímedes. Sin embargo, la sonrisa se te hiela en la cara al leer sobre la abundancia de psicópatas en altos cargos de las grandes corporaciones y organismos económicos. O, dicho de otro modo, no hace falta que la Cámara de los Lores española esté compuesta por reptilianos para preocuparse de qué hilos mueven y cómo.

El Plan templario inventado por los protagonistas de El Péndulo funciona como suelen hacerlo las conspiranoias: relacionando hechos independientes mediante cortocircuitos lógicos, saltando irracionalmente (algunos dirían intuitivamente) de un suceso histórico a otro, introduciendo titiriteros en la sombra que controlan la evolución de cada país. Una resbaladiza pendiente que arrastra a los protagonistas hasta la locura. Según cuenta Eco en Confesiones de un joven novelista, el nombre de Casaubon está tomado del erudito del siglo XVII Isaac Casaubon, que demostró en 1614 que el Corpus Hermeticum, un conjunto de tratados esotéricos supuestamente aparecidos en la época de Moisés, eran más bien una impostura escrita en el siglo II a.C. Pues bien: tras su trip conspiranoico Casaubon aprende algo en los últimos capítulos del libro, una enseñanza crucial y cargada de melancolía por la que pagará un altísimo precio. No la revelaré aquí en detalle, pero tiene que ver con la auténtica y resignada comprensión del mundo material en que vivimos. O, en otras palabras: “Hay que joderse”.

Todo lo que realmente necesito saber es inmoral, ilegal o engorda

El diablo está en los detalles”. Refrán popular

Hará unos seis o siete años conocí a una chica llamada Baudolina (o más bien apodada Baudolina, aclaro por si fuera necesario) que utilizaba El Péndulo de Foucault de forma casi oracular. Es decir, abría el libro por una página al azar y leía lo que ahí apareciera, aplicándolo en una especie de bibliomancia a lo que fuera que la tuviera ocupada en ese momento. No sé si llegaré a tanto, pero sí comentaré aquí qué puede aprenderse de algunos capítulos de El Péndulo, o al menos qué poso dejaron en mi impresionable mente adolescente.

Leyendo el capítulo 1 de El Péndulo aprendí que a veces el autor de un libro dificulta la entrada de los lectores a su novela como un juego, un reto, una declaración de intenciones. Eco declaró en una entrevista que las primeras cincuenta páginas de El Nombre de la Rosa eran voluntariamente espesas y difíciles, para enseñar al lector a respirar antes de llevárselo de escalada. En el primer capítulo de El Péndulo consigue un efecto similar con la magnífica cita que abre el libro; magnífica por ser ininteligible al estar escrita en alfabeto hebreo. Apliqué de forma algo oblicua lo aprendido al presentar a los quince años un trabajo de Religión en mi colegio. Al encontrar en el Word Perfect un tipo de letra hebreo, puse de inmediato en la portada del trabajo una presunta cita hebrea cuyo contenido era, en realidad, algo como “vaya gilipollez estoy escribiendo para la recua de subnormales que tengo por profesores”.

Leyendo el capítulo 3 de El Péndulo aprendí, a través de los files de Belbo (protegidos por cierto con la mejor contraseña de la historia) a dejar vagar la mente ante la página en blanco, asociando ideas y escribiendo textos que nunca verán la luz y que por ello mismo son más libres que los pensados para su publicación. Durante la novela contemplé fascinado la renuncia aparente de Belbo a la escritura en favor de la lectura: “ya que no puedo ser protagonista, seré al menos un espectador inteligente”. Imposible no ver aquí un eco del Bolaño que dijo: “Mejor sería que dejaran de escribir y se pusieran a leer. Mucho mejor leer”.

Leyendo el capítulo 10 de El Péndulo aprendí a diferenciar los cretinos de los imbéciles, los estúpidos y los locos. No repetiré aquí los detalles: baste decir que los cretinos son inofensivos, los imbéciles abundantes, los estúpidos insidiosos y los locos muy divertidos.

Leyendo el capítulo 20 de El Péndulo oí hablar por primera vez de Fulcanelli, el alquimista francés que analizó la simbología oculta de las catedrales y los significados místicos de sus medidas. Supongo que este capítulo impactó más a mi amigo Luis G. F., que leyó cuando teníamos diecisiete años El Péndulo, impulsado por mi entusiasmo. Nuestro profesor de dibujo técnico nos había encargado como proyecto de final de curso las proyecciones diédricas e isométricas de cualquier objeto elegido libremente. Una silla, una taza, un reloj… Mi alucinado amigo dibujó una puñetera catedral. Un trabajo soberbio, de matrícula de honor, con un diseño de planta y fachada siguiendo las medidas místico-alquímicas de Fulcanelli. En aquella época yo era muy competitivo y un poco imbécil (ahora soy imbécil a secas), así que tratando de superarle en espectacularidad diseñé una especie de montaña rusa, aprovechando que se acababa de inaugurar el Dragon Khan de Port Aventura. Mi Josep Khan fue apodado “la montaña rusa del no retorno”: debido a una serie de estúpidos errores de cálculo y escala, el diseño garantizaba la muerte de todos y cada uno de los pasajeros, convertidos en una sanguinolenta papilla al padecer nosecuántos ges de aceleración ya en la primera bajada. Y ni siquiera le di a mi montaña asesina proporciones místicas fulcanellianas. “Iba a ponerte un cuatro, pero al final te he puntuado con un seis porque me he reído mucho”, resumió mi profesor, de lo que saqué otra enseñanza: si no puedes vencer a tus enemigos, confúndelos y al menos nos echamos todos unas risas.

Leyendo el capítulo 33 de El Péndulo me fascinó el mundo del candomblé afrobrasileño, sus bailes rituales desenfrenados y posesiones ultraterrenas. A mucha gente le parecen prescindibles los capítulos brasileños de El Péndulo, pero a mí me apasionaron, y me hizo gracia encontrarme años después con el ensayo ¿De parte de quién están los orixá? en el recopilatorio de Eco La estrategia de la ilusión.

Leyendo el capítulo 34 de El Péndulo aprendí que el secreto de los flipper (o “máquinas del millón”) reside en su naturaleza profundamente sexual. En realidad a un flipper no se juega con las manos sino con el pubis: sutiles movimientos de cadera que excitan e hipnotizan a la bola de acero para que permanezca en la parte superior de la máquina, donde se hacen más puntos. Empujones púbicos lo suficientemente potentes como para afectar al movimiento de la bola pero no tan bruscos como para que la máquina haga tiltQué forma tan fantástica de presentar la arrolladora sensualidad de Lorenza Pellegrini: a través de los ojos alucinados de un Belbo que se enamora al verla triunfar sobre la máquina. “La amazona debe enloquecer al flipper y gozar de antemano de que después lo abandonará”.

Leyendo el capítulo 39 de El Péndulo aprendí qué implica ser un AAF, un Autor Autofinanciado que se deja engañar por los cantos de sirena de una editorial poco escrupulosa que le vende sueños de gloria. Poco a poco, le arrancará cheques y más cheques en concepto de gastos de edición cada vez más metafísicos, violando así la ley de Yog, que dicta que el dinero debe siempre fluir hacia el escritor. El editor Garamond, jefe de los tres protagonistas y una especie de vendedor de crecepelos literario, regenta una de estas vanity press en paralelo a su editorial seria. La descripción de sus trucos para sacar dinero a los autores resulta divertidísima y a la vez estremecedora, un buen aviso para cualquiera que desee ver publicado un libro propio.

Leyendo el capítulo 46 de El Péndulo me divertí con las peleas pueriles entre satanistas, luciferinos y ocultistas de diversa laya. Eco parodia sin piedad y de forma muy graciosa estas sociedades satánicas a lo Aleister Crowley, pero lo hace con ese cariño del que hablaba al principio del artículo y que me despertó un gran interés por Thelema, TOPY y similares. Hace poco cayó en mis manos Allá abajo (Là-Bas), novela de Huysmans homenajeada de modo algo oblicuo en el Nocturno de Chile de mi amado Bolaño. Y para mi sorpresa me encontré con que El Péndulo compartía con Là-Bas muchas similitudes, tanto argumentales (un intelectual que se adentra en el submundo de las misas negras) como en el estilo adoptado en el clímax de ambas novelas.

Leyendo el capítulo 48 de El Péndulo aprendí que a partir de las medidas de cualquier edificación, sea una pirámide o un quiosco de periódicos, pueden extraerse proporciones y datos en el fondo irrelevantes, pero que pronunciados con aplomo pueden sonar profundos y significativos. Algo como: “¿sabías que multiplicando la altura de la pirámide de Micerinos por diez elevando a cinco se obtiene exactamente el radio de la Tierra?”, con el añadido opcional de “con una precisión imposible para las herramientas de la época” si se siente uno aventurado. Por supuesto este tipo de cálculos y el tratamiento místico-esotérico que le dan a las cifras son tonterías, pero permiten jugar con los números y despertar una cierta pasión por las matemáticas como argamasa oculta del mundo. O eso me ocurrió a mí, al menos, cortocircuitos esotéricos aparte. Quien quiera un ejemplo recién salido del horno de este tipo de juegos absurdos con los números, puede encontrarlo aquí: todo un señor arquitecto haciendo malabares con las medidas para concluir, por ejemplo, que la suma en codos reales de la superficie, el volumen y el perímetro de la Gran Pirámide da un múltiplo de 888. ¿Y por qué es significativo el 888? Y por qué no, viene a concluir, es un número bonito.

Leyendo el capítulo 49 de El Péndulo aprendí el concepto de caballería espiritual: lazos procedentes de experiencias o profundos intereses compartidos que se extienen de forma más profunda y significativa que los políticos, laborales o ideológicos. Un cierto respeto o reconocimiento gracias al que me puedo sentir cercano a un apasionado por el shibari o un fan de Nobuyoshi Araki, aunque estuviéramos en extremos opuestos del espectro político.

Leyendo el capítulo 51 de El Péndulo aprendí la magnífica expresión piamontesa ma gavte la nata (“quítate el tapón”), utilizada para referirse a quien está tan hinchado y pagado de sí mismo que parece que lleve un tapón en el culo… Sería necesario que se quitase ese objeto del esfínter para desinflarse y que se le pase la tontería.

Leyendo el capítulo 61 de El Péndulo quedé fascinado por la actitud de antropólogo que adopta Agliè ante las mitologías ocultistas y las expresiones populares de la fe: “un escepcicismo hermético, un cinismo litúrgico, ese descreimiento superior que le permitía reconocer la dignidad de cada superstición que despreciase”. De esa visión he heredado la afición a entresacar algo constructivo incluso de los libros o películas más infames o de las creencias más manifiestamente absurdas, y que sin embargo pueden leerse como el anhelo o la materialización torpe de una idea más profunda. Una actitud ante la religión y la superstición más cercana a la curiosidad educadamente escéptica que al ataque frontal desmitificador.

Leyendo los muchos capítulos correspondientes al Plan en El Péndulo me fascinó el enorme número de miguitas de pan que deja dispersas para que el lector curioso investigue lo que le haga tilín, sean los Protocolos de los Sabios de Sión, la temible Okrana (la policía secreta zarista), la criptografía de Tritemio o la historia de los subterráneos de París.

Leyendo el terrorífico capítulo 116 de El Péndulo aprendí a mirar la Torre Eiffel no con los ojos del turista sino con los del paranoico alucinado que ve en su estructura metálica un siniestro clavijero acumulador de corrientes telúricas, un Stonhenge Industrial cargado de energía siniestra… Y evidentemente no es que crea de verdad que la Torre Eiffel alberga malas vibraciones místicas, sino que me divierte el ejercicio de mirar de forma diferente objetos, lugares o incluso personas que tenemos demasiado presentes, domesticados, convertidos en clichés. Lo mismo ocurre con el propio péndulo de Foucault: ya no puedo verlo en el Cosmocaixa o en el parisino Conservatoire des Arts et Metiers (donde transcurre parte de la novela) sin quedarme sobrecogido e intimidado por “su isócrona majestad”.

Y para concluir: leyendo el hermosísimo capítulo 119 de El Péndulo comprendí que en toda vida existe al menos un momento único e irrepetible, una Ocasión, un instante de iluminación personal que le da significado. O, como decía Wilde, “podemos pasarnos años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante”. Un minuto de perfección amorosa, intelectual o mística, un momento de eternidad prometido por el vaivén del péndulo, un satori que deberíamos saber aprovechar.

156 comentarios

  1. Confieso que con lo del incidente del avión en el que iba Hollande me pasó lo mismo, pensé: uf, carnaza para los conspiranoicos. Yo también soy fan del péndulo.

    • Haría el saludo secreto, pero no creo que se viera por aquí! :)

      Con lo del rayo de Hollande esperaba un poco más de reacción en mis foros conspiranoicos habituales, la verdad, les he visto un poco bajos de forma. Igual lo del HAARP era demasiado evidente, no sé…

    • para leer el péndulo , debes tener información metafísica en serio, de lo contrario no sirve de nada ,porque no es en si , una novela barata!!!!!,

  2. Magnífico artículo. Yo caí en la trampa del autor y no sobrepasé las primeras 50 páginas.
    Ahora, lo intentaré de nuevo.

  3. No sé cuántas veces he leído El Péndulo -treinta, cuarenta. Es una obra extraordinaria, mal comprendida. Siempre he pensado que todo el aparato, que tanto nos (usaré el “nos”) divierte, es una manera de llevarnos al mcguffin, el do de la trompeta de Belbo. Lo interesante es que el mcguffin no es un mcguffin y que el mcguffin es todo lo demás (ya sé que no me explico, pero faltaría más).

    En fin, le veo ebrio de fuerza y autoridad, señor Lapidario.

    • Qué alegría encontrar otro connaisseur del Péndulo… Yo he perdido la cuenta también del número de relecturas, contando las parciales, consultas y bibliomancias varias. Y efectivamente, esa nota de trompeta me dejó tan impresionado que he querido terminar el artículo con ella… Busco mi Ocasión entre cuerdas y látigos más que entre instrumentos de viento, pero me temo que sigo bastante sublunar. Qué demonios, todo se andará.

      ¡Nos vemos en la pobre y desharrapada Malkut, señor Rabtan!

  4. Yo también adoro este libro… hace mucho que no lo releo, pero a la luz de toda la neurociencia que me estoy metiendo entre sinapsis, seguro que tiene otro brillo…
    Un saludo. Luz.

  5. Pingback: El péndulo de Foucault

  6. Es una obra magna. Y el mundo seguirá valiendo la pena mientras exista gente que la desprecie.

    Por otro lado, me fascina también el spin-off teenager que se sacó de la manga Vicenç Pagès Jordà, ‘El món d’Horaci’, un libro pràcticamente desconocido, un paranoico y divertido homenaje.

    • ¡No lo conocía! Me apunto la referencia para buscarla: cualquier tipo de homenaje o spin-off de El Péndulo tiene que valer la pena. Gracias por la pista…

    • Hay libros que uno tiene en la lista de pendientes de leer.
      Hay libros que uno tiene en la lista de pendientes de reintentar leer. El PdF es uno de esos.

      Si el post ya era una invitación a reintentar su lectura, ver que alguien vincula El món d’Horaci al PdF es el empujón definitivo.

      Recuerdo, hace unos viente años, haber leído con pasión y devoción el libro de Vicenç Pagès. Quizá es que en aquella época era un teenager… un poco crecidito, diría yo :-)

  7. Excelente aunque lapidario…

    El capítulo del delirio brasileño y el hablar del viejo mundo en el nuevo es, desde luego el que más veces me ha venido a la cabeza mucho después de leer el libro.

    Gracias por anirmarme a releerlo.

    • Me alegra que te impactaran los capítulos brasileños, porque son quizá los más infravalorados de la novela. La posesión de Amparo por la Pomba Gira y, sobre todo, su reacción posterior una vez pasado el trance son absolutamente magníficas.

      A ver si algún día puedo asistir a un rito de candomblé…

  8. Toda explicación errónea fundamenta el ocaso de una verdad. Toda verdad es el fundamento de una oposición cognoscible. Toda obviedad muestra la naturaleza de la que estamos hechos( la mayor parte de los abundantes imbéciles que poblamos el mundo). De los cretinos, a pesar de ser inofensivos, conviene tratarlos capitulo aparte.

    Toda explicación simple nunca será comprendida ni atendida.

    Además si no tuvieramos éste tipo de reglas dónde situaríamos al absurdo , o al dogma, o …. al mismísio Umberto!

    • Buena acotación.
      Suerte tenemos, en realidad, de que las explicaciones simples nunca sean comprendidas ni atendidas: qué universo tan aburrido el nuestro si todo funcionase siempre según la navaja de Ockham.

  9. Trece años antes de que Eco escribiera su libro, Robert Anton Wilson escribió el Illuminatus Trilogy, otro libro satírico de conspiraciones que no tiene desperdicio y que desconozco si influenció directamente a Eco.

    • Tengo amigos que llevan años recomendándome el Illuminatus Trilogy, generalmente entre risas y gritos de “¡fnord!”, “¡fnord!”. :-) Desconozco si Eco había leído a Robert Anton Wilson, aunque probablemente si lo hubiera hecho hubiera aprovechado alguna cita suya para alguna de las frases que encabezan los 120 capítulos…

      Ha llegado la hora, en cualquier caso. Conseguiré el libro…

  10. Recuerdo que lo acabé unas semanas antes de oir hablar del código daVinci. En cualquier caso, me comentaron de que iba el libro de dan brown, y pensé lo que tu, ¡pero si esto viene en el péndulo!….
    En fin, reconozco que me gustó, pero me meto en el saco de los que la parte caribeña o brasileña, no recuerdo… pues como que no…

    • Los capítulos brasileños son en el conjunto de la novela una parte quizás algo extemporánea e inesperada, pero a mí me encantaron… Se nota a Eco cómodo hablando de algo que conoce de primera mano, y su descripción del ritual de posesión de los orixás es fantástica.

      Y sí, El código Da Vinci viene a ser una versión cutre de una nota a pie de página de un capítulo de El Péndulo. :-)

  11. Buen artículo! Es curioso pero a mí me fascinó a esa edad más o menos “El nombre de la rosa” y es algo de lo que no me he podido despegar nunca. El péndulo lo he leído 3 o 4 veces y me gusta mucho pero, a la vez, me irrita el tono profesoral de Eco, dándonos una clase hasta cuando está en Brasil, con su chica y en la cama.

    • En cierto modo el tonillo didáctico de Eco es uno más de los chistes de una novela en que todo se lleva al extremo: los snobs son muy snobs y los locos muy locos… Aunque precisamente la escena en que Amparo y Casaubon hablan de la historia de los rosacruces instantes antes de romper a follar siempre me ha parecido extrañamente tierna.

  12. A mi me fascinó cuando lo leí siendo adolescente. Y luego lo releí. Ahora tocaría una lectura más sosegada, menos voraz para ir desentrañando todas las maravillas que contiene.

    • Un amigo me comentó hace tiempo que El Péndulo de Foucault no había envejecido demasiado bien… Evidentemente, discrepo: yo lo veo suficientemente atemporal como para resultar apasionante en cualquier relectura. Te gustará volver a leerlo, seguro. :)

  13. Hace ya demasiados años que lei el pendulo, demasiados como para tratar de explicar lo que me marco ese librazo, solo dire que lloré durante casi una hora entera tras terminarlo, nada más cerrarlo. Algún día volveré a abrirlo…..

  14. Acabo de descubrir Jotdown y este es el primer artículo que leo: me ha sorprendido-entusiasmado y me ha dejado con ganas de seguir leyendo.
    Cruzo los dedos porque el resto de Jotdown sea tan interesante como tu artículo!

    • Muchas gracias por la parte que me toca! Y si no me fallan las cuentas, somos más de cien colaboradores en Jot Down ahora mismo y muchos llevamos ya un año escribiendo como locos, así que tienes mucho por descubrir por aquí! :) Bienvenida…

  15. La única pena del artículo, es que no haya una sola mención a Gudrun, la secretaría-nibelungo de Garamond. Aquí otro que lo ha leído más de lo aconsejable y me gustaría recordar dos hallazgos del libro: la Facultad de Trivialidades Comparadas y sus departamentos (tripodología felina, urbanística gitana, hípica azteca); y la respuesta al enigma de los conspiranoicos de por qué a ambos lados del Atlántico se erigieron pirámides. Muy cierto que es mucho más fácil apilar piedras con forma piramidal que con forma de Partenón.

    Excelente artículo. Creo que me voy a volver a leer el libro.

    • ¡Gracias! Y voto sí a la relectura. :)

      Jaja, sí, me he dejado a la pobre Gudrun come-vocales en el tintero, junto a otros grandísimos secundarios como el incomprendido comisario De Angelis, el repelente pintor de la cicatriz o (este me fascinaba) el vecino taxidermista obsesionado con los subterráneos…

      Y qué grande lo de la Facultad de Trivialidades, sí, junto a la objeción de Casaubon de que había que ir con cuidado porque alguien podía acabar fundándola de verdad y lloverían las solicitudes… Porque sí, pasaría exactamente eso. :P

  16. Un último comentario, este sobre la historia de la trompeta de Belbo, ¿alguien más lo ve muy similar a la historia acerca de los partisanos de “La misteriosa llama de la reina Loana”, con el anarquista cobarde y virgen amigo del narrador?

    • Uff… Así a bote pronto no me lo parece, pero confieso que ese episodio lo tengo algo desdibujado y tendría que repasarlo. “La misteriosa llama de la Reina Loana” me pareció flojillo (quizá en contraste al Péndulo), no lo he releído y la mayor parte del libro se ha borrado de mi mente. :P

  17. Terminé de leer el libro justo en el avión camino de París, en el viaje de fin de estudios (Hª del Arte).

    No te puedes imaginar la alucinada visita a la ciudad de la Luz. Ese momento al situarse justo debajo de la misma Torre Eiffel, entre los cuatro enormes pilares; la visita a la Iglesia de Santa Genoveva, con el Panteón de los Hombres Ilustres, el cenotafio de Soufflot..

    • Mi primera visita a la Torre Eiffel (¡y al Conservatoire!) fue poco después de haber leído El Péndulo, y digamos que algo influyó… París es una ciudad preciosa, y aún lo resulta más si Umberto Eco le sintoniza a uno los circuitos receptores durante el vuelo. :)

  18. De Eco prefiero “El nombre de la Rosa”.
    Oculi de vitro cum capsula

  19. ¡Cómo lamento que se acaben diluyendo en mi memoria los libros y las películas que más me han gustado! De un tiempo a esta parte voy recuperando, entre lectura y lectura, algunos de esos títulos, aunque la experiencia no alcanza el impacto de la primera vez. Y en esa lista, indudablemente, figura El péndulo de Foucault, que aún resiste en su reducto de materia gris. Y si no acaba por difuminarse del todo, tengo la seguridad de que volveré a sus páginas, aunque solo sea por el simple placer de la lectura.

    • Muchos libros se van borrando de la memoria, pero a la larga unos dejan más poso que otros… En particular, y por lo que he ido comprobando con varios amigos y amigas a lo largo de los años, El Péndulo es de los que más huella dejan, aunque sea en pequeños detalles.

  20. Yo tuve 3 intentos para leerlo. En el primero, aún no estaba preparada. Casualidades de la vida, como a casi todos los jóvenes, me dio por escribir un libro. Me dejé llevar, enlazando unas historias con otras, y fue así como sin quererlo, todo lo que aparecía en El Péndulo me sonaba: vamos, que era el libro que estaba escribiendo prácticamente, pero escrito por alguien que no tenía la rapidez de internet para relacionar las cosas. Increíble. El segundo intento lo corté por falta de tiempo. En el tercer intento, por fín, pude terminarlo, y la verdad, quedo sorprendida por la interpretación que le has dado. La mía es un poco distinta. Creo que Eco no se define (aún siendo telólogo), y deja que sea el lector quien juzgue, por eso hay tantas interpretaciones. De hecho, todos los datos son verídicos excepto los personajes inventados, y todos están relacionados entre sí. Es lo maravilloso del libro, que se crea un juego rocambolesco basado en datos correctos, y deja el final con distintas interpretaciones.

    • Esa es parte de la riqueza del libro, crea una trama irreal jugando con datos y publicaciones reales. Y casi lo menos creíble, suele ser lo más real.

      • Es increíble cómo el Plan empieza sonando absurdo (sobre todo en la versión de Ardenti) y termina resultando totalmente plausible, ¿verdad?

        A mí me sorprendió comprobar tiempo después que la mayor parte de datos y menciones son históricos: la paranoia empieza a la hora de relacionarlos.

    • Es cierto que al final se le pueden dar varias interpretaciones (no está claro, por ejemplo, si Ellos están o no viniendo a por Casaubon, y voy con cuidado de no destripar nada), pero esa multiplicidad de lecturas ocurre con cualquier texto mínimamente inteligente. Sin embargo, creo que la novela no está tan abierta como parece al primer vistazo, sobre todo porque la interpretación que Lia hace del Plan me parece inatacable… Y de ahí se derivan todo el resto de conclusiones.

      Y efectivamente, con el paso de los años una de las cosas que más me han sorprendido de las relecturas de El Péndulo es la enorme cantidad de datos y personajes reales que utiliza Eco: esa especie de mezcla de realidad con ficción y paranoia que en tantas novelas históricas suena a pastiche y aquí queda en cambio perfectamente natural en su delirio.

  21. Pues yo estoy leyendolo!!! no he leido todo el articulo por miedo a descubrir algo que todavia desconozco de la novela. Me costo engancharme, puedo decir que desde los capitulos brasileños estoy más metido. Me gusa su estillo aunque a veces me pierdo entre tanta explicación. Grande Eco!!!

    • Puedes estar tranquilo respecto a los spoilers del artículo: he tratado de reducirlos a la mínima expresión. Y no te preocupes tampoco por perderte o no perderte: lo mejor es dejarse llevar por el espíritu de la novela aunque haya datos y referencias que no te suenen o no queden claros en una primera lectura…

  22. La primera vez que leí el Péndulo fue después de haber leído el Nombre de la rosa. No logré pasar de las primeras cincuenta páginas. La segunda vez me enganchó y lo releo con frecuencia.
    La parte brasileña aporta una visión no eurocéntrica, pero obvia en el relato una explicación. Se elude como se ha pasado de las grandes ideologías al batiburrillo new age. Un personaje que valdría una novela para él solo es el comisario.

    • Se muestra bien poco del pobre comisario De Angelis durante la novela, en efecto… Y aunque sólo sea por su ruptura de la imagen típica y tópica del policía político, hubiera merecido más atención. A mí se me quedó grabada su salida de escena, tan diferente de lo habitual en la novela negra.

      Creo que la explicación que da Eco del paso de las grandes ideologías al espiritualismo de baratillo queda implícita en el subrayado que hace del fracaso de esas ideologías, o más bien de alguna gente que se vio involucrada en ellas… Las referencias al fiasco de Moro o al inútil “con bigotes a la tártara” que frecuenta el Pílades, por ejemplo.

      Y, de todas formas, tampoco tendría por qué dar una explicación global: suerte fue que esa especie de entrada masiva en la Era de Acuario fue un cierto cortocircuito cósmico, el signo de los tiempos o algo así…

  23. Hola Bic! No me lo puedo creer…

    hace años que no lo leo, que ganas me han entrado de volverlo a leer!

    un beso

    Baudolina

    • ¡Baudolina! ¡Qué sorpresa! :) Y cuánto tiempo…

      Pues sí, siempre es un buen momento para sacar El Péndulo de la estantería, jaja. Ábrelo por cualquier página y haz algo de bibliomancia, a ver qué pasa.

      Abrazos varios…

  24. Ostiaaaa, Belbo, Casaubon y Diotallevi, vaya tres, creía que los había borrado de mi mente.

  25. Muchas gracias por el artículo. Leí por primera vez El Péndulo a los 13 años, y creo que lo he releído unas 4 veces después de eso, y me pasa lo mismo, encuentro cosas nuevas que no conocía cada vez que lo leo, el Parzival de Von Eschenbach es tal vez el recuerdo más claro que tengo. Por cierto, el nombre del PC desde el que escribo es “Abulafia”. Saludos.

    • A veces tengo la impresión de que el Parzival me persigue: cuando vi que aparecía mencionado varias veces en la quinta parte del “2666” de Roberto Bolaño (quizás mi novela favorita) me quedé patidifuso…

  26. Vaya, yo pensé que era el único adolescente que descubrió “El Péndulo de Foucault”. Recuerdo la sorpresa entonces (estudiaba 3º de B.U.P.) de los adultos cuando decía que lo había leído y disfrutado, incluso sabiendo que pasé por alto entonces muchos detalles y sublecturas. Lo leí luego varias veces.

    Desde luego que me he animado a enfrentarme al libro para leer con ojos más adultos.

    • Jaja, yo convencí a unos cuantos de mis compañeros de clase para que hicieran el intento… Y aunque en general no funcionó demasiado bien el asunto, en algún caso hice diana (véase la historia de Luis G.F. y su catedral en el artículo).

  27. a mi tambien me gustó el libro cuando lo lei, pero tengo la impresión que desde hace unos años ha sufrido una especie de viaje de ida y vuelta como obra de referencia de la literatura conspiranoica/anticonspiranoica. Esto es, debido mayormente a lo malísimos que han sido muchos plagios posteriores (siendo “El código DaVinci” sólo uno entre miles de ejemplos similares) el libro ha sufrido una “revalorización” como dato espureo, como excepción que confirma la regla, como padre ilegitimo de muchas “obras” posteriores de literatura basura de supermercado de cuya paternidad Umberto Eco reniega. Yo creo que ni tanto ni tan poco, es una buena obra, pero no es siquiera el mayor logro de Eco (este habria que buscarlo en el campo de la linguistica, no en el de la novela, que apenas lo ha cultivado) y desde luego, hay cientos de libros que “me han enseñado más” sobre las vicisitudes del comportamiento humano, los ejemplos serían innumerables. Esta novela de Umberto Eco está artísticamente muy lejos de sus muchos plagios posteriores que con sus ventas han encumbrado a la literatura basura, pero tampoco eso la pone al nivel de otras muchas obras “universales” y “atemporales” de la literatura occidental (algunas de Eco incluidas en este registro) que por una razón u otra han supuesto un paso adelante en la evolución formal de la palabra escrita. Esta última reflexión no es sólo mia, tambien Umberto Eco se ha manifestado en terminos similares.

    • Sin dejar de ser cierto lo que comentas, fíjate que en el artículo, por muy elogioso que sea, no afirmo en ningún momento que sea el mejor o más significativo trabajo de Eco, o que El Péndulo sea en sí misma una obra maestra de la literatura universal. En lo que hago hincapié es en la gigantesca influencia que puede alcanzar sobre el lector, especialmente si es adolescente en la primera lectura o si se sintoniza especialmente con el estilo y la temática.

      Siempre me ha dado la impresión de que los lectores tienen más cariño a esta novela que el propio Eco, que en alguna entrevista parece mostrarse algo displicente con su libro. Lo cierto, sin embargo, es que una vez que sale a imprenta una novela, su creador deja de tener voz y voto sobre ella, y adquiere una vida propia que depende de cómo la reciban sus lectores.

      Y por otra parte, como comentaba un poco más arriba hablando con Tsevan Rabtan: en realidad la dialéctica conspiranoia/anticonspiranoia no es lo más importante del libro, aunque sea lo que más se recuerde (y uno de los aspectos que más me influyó a mí). Toda la tramoya ocultista no es más que un traje, reluciente y con muchas lentejuelas, pero traje al fin y al cabo, para vestir el capítulo 119, el de la trompeta de Belbo y su satori personal.

  28. gracias por tu articulo, no pasaba la prueba de las primeras 50 paginas…

    • ¡Dale un segundo intento, que merece la pena! Pero tampoco te obsesiones: no es bueno forzarse a leer nada. Con los libros de Eco o se conecta o no se conecta, sólo hay que tener en cuenta la trampa que tiende en las primeras páginas…

  29. El artículo que me hubiera gustado escribir. Leí el Péndulo por primera vez estando en la Facultad estudiando la carrera de Historia. Lo he releído una decena de veces. No sé hasta qué punto ha influido en mi vida, cómo hubiera sido mi vida si no hubiera tenido el Péndulo como libro de cabecera tantos años (ahora lo tengo en una estantería, pero tu artículo me obliga a sacarlo y darle una nueva relectura). ¿Sería cómo soy técnico editorial?, ¿habría prestado yo servicios freelance a AAF?, ¿habría sobrevivido durante años corrigiendo y preparando para su defensa tesis y tesinas ajenas? No lo sé, pero desde luego nunca habría llamado a mi ya abandonado proyecto freelance “Abulafia” ni habría iniciado mi tesina sobre un detestable padre apologeta del siglo II con la cita de la sífilis y la espiroqueta pálida ni habría utilizado durante años (ya la cambié por motivos de seguridad) la clave de acceso que Casaubon intenta reventar durante la novela. Efectivamente, cuando se habla del libro se percibe indiferencia, incomprensión, burla… o ese brillo en la mirada de quien comparte este fanatismo.

    • Qué bonito tu comentario: es como si estuviese leyendo la historia de otra versión de mí mismo que se hubiese atrevido a hacer lo que yo quería hacer y no hice. Porque después de El Péndulo yo querría haber hecho lo que tú: dedicarme al mundo editorial, ejercer de Sam Spade literario como Casaubon… Pero acabé siguiendo otros caminos.

      ¡Un abrazo!

      • Bueno, no te creas que hay ningún glamour, nada de Sam Spade, es todo muy vulgar, me he limitado a arraglar caóticas bibliografías y a documentar cuatro chorradas, a poner y quitar acentos y comas, que hay que ver cómo puntúa la gente. Además, ese trabajo lo tengo casi abandonado. Ahora soy corrector en un boletín oficial autonómico y la lectura cotiadiana es una mierda, la aventura está en otro lado (básicamente como padre de un pequeño becerro que ocupa mi tiempo fuera del trabajo). De todos modos, gracias por tu artículo, me ha gustado muchísimo.

  30. Gracias por el artículo. Fue un a lectura de juventud que he leído un par de veces más.
    Y creo que voy a leerlo de nuevo.
    En mi caso cuando digo que me gusta suelo obtener indiferencia…

    • No es rara esa indiferencia: todo el mundo ha oído hablar al menos de “El nombre de la Rosa”, ni que sea por la película… En cambio “El péndulo” es totalmente imposible de adaptar a la gran pantalla, y es por tanto mucho menos popular. Aunque, como ves por los comentarios del artículo, tiene su propia legión de fans. :)

  31. Me siento totalmente identificado! Esos gustos casi siempre hay que tenerlos en secreto hasta, al menos, la vejez, que si no. Yo lo leí cuando tenia 16-17, aunque ya llevaba años flipando con El nombre de la Rosa.. y con Umberto Eco. Si si, libros asesinos, pero no es fácil que un chaval de 15 años se meriende libros de Semiología y Lingüistica, y si en clase se enteraban que andaba leyendo a Sausurre (mejor dicho, si se enteraban de que leía, a secas) me daban la del pulpo.

    Lo mejor de todo es que a la par de empezar a leer El péndulo y sin saber todavía de que iba, cayó en mis manos un manual bastante curioso de la Cábala, que me hizo comprender algunas cosas. Está claro que viendo esa casualidad estoy destinado a ser jefe de una secta secreta con un papel en la historia acojonante… o inconscientemente me llamó la atención el dibujito de la portada.

    A ver cuando hacemos argún ritual, que me aburro y necesito sentirme partícipe de la historia. Bueno casi mejor me lo vuelvo a leer.

    • ¿Rituales cabalísticos? Yo digo sí, por supuesto. A ver cuándo me da por escribir un artículo sobre Cábala, Tarot y ocultismo y la liamos parda. Y dime que has leído “Promethea” de Alan Moore: un repaso alucinante por cada una de las diez sefirah…

  32. Buenas! Me ha gustado mucho, muchisimo tu articulo. He de confesar que no he leido El pendulo de Foucault, de Eco solo he leido El nombre de la rosa pero me has dado animos para leerlo. Y eso hare en cuanto terminen los examenes y llegue el verano.
    Un saludo!

    • Muchas gracias! :) Si has leído El Nombre de la Rosa (y por tanto has pasado el test-Eco de las 50 primeras páginas plúmbeas), probablemente te gustará El Péndulo…

      ¡Suerte con esos exámenes!

  33. Me leí El Péndulo sobre los 20 creo recordar. Y mi sensación fue la misma que describes al principio: la mayor parte me pasó por encima a tanta altura que ni recuerdo haberla leído. Quince años después me topo con tu artículo y entiendo que es el momento de desempolvarlo y leerlo de nuevo. Gracias.

  34. El péndulo de Foucault es un claro ejemplo de erudición. Es una charla llena de inteligencia entre Eco y los lectores inocentes, en la que alguno terminará imponiéndose.

    • Exactamente. A juzgar por lo que declara en alguna entrevista, Eco enfoca sus novelas casi como retos a los lectores… Quien se sienta intimidado en lugar de juguetón es imposible que disfrute de ellas. :)

  35. Excelente libro! Excelente análisis!

  36. Jaja! Me encantó tu análisis! Cuando lo leí, hace casi 20 años, ni me di cuenta de las 50 páginas y me llamó la atención que, buenos lectores, como mi madre, lo hubieran abandonado al empezar. Yo caí de cabeza con la escena de Belbo pidiendo ayuda desde un teléfono público que, abandonado y con su auricular colgando suelto, es la última noticia que se tiene de él.
    El que no conseguí leer, fue el Código Da Vinci. Vi la película por insistencia de mis hijos y me pareció tan inocente!!!
    Hacía poco que me había mudado a Brasil, ni preciso decir lo que me tocó la parte brasileña. Y cuando fui a Europa hace 3 años, parada obligada fue el museo de Arts et Metiers. No encontré ni noticias del periscopio, aunque conseguí indagar algunos empleados en mi rudimentario francés.
    Y sí, todo lo que hace falta saber, lo sé gracias al péndulo.
    No soy lectora de releer, pero creo que haré una excepción…

    • Qué bonito tu comentario: me alegra saber que no fui el único que exasperó a los empleados del Conservatoire. :)

      Mencionas también algo significativo: hay muy buenos lectores que sin embargo aborrecen El Péndulo o les resulta indiferente… Y es que no creo que la fuerza de el libro esté en su talento literario, sino en la forma en que conecta con cierto tipo de lectores.

      Y has elegido bien la palabra “inocente” para describir El Código Da Vinci: queda tan ingenuo ese batiburrillo de conspiraciones baratas después de la mala baba de Agliè y el Tres…

  37. Bueno que me han convencido tanto el artículo como los comentarios, creo que es lectura obligada, lo buscaré, muchas gracias….=)

  38. BRUTAL!

  39. Pingback: El péndulo de Foucault « El Lobo Estepario

  40. Me pasa como a ti, yo tambien hice una primera lectura con 15/16 años que me absorbió, y después lo he leido 2 veces mas. (¿Bibliomancia? El Cuarteto de Alejandría, supongo)

    • Bien visto lo de la bibliomancia en El Cuarteto de Alejandría, aunque confieso que no la tenía en mente cuando escribí el artículo… Supongo que la bibliomancia aparece donde menos te la esperas. :)

  41. Gracias por recordarme uno de esos maravillosos momentos en que un libro se pega a tus manos y suspende la realidad en torno a ti hasta que la historia termina. El Péndulo me costó una noche en blanco en mitad de curso, aunque siendo un lector compulsivo lo único que a estas alturas quedaba en mi mente consciente es el despliegue enciclopédico de esoterismo y la presencia maternal de Lia con su capacidad para barrer todos los pájaros de mal agüero con sentido común femenino. Está claro que hay que volver a sacarlo de la estantería (si lo encuentro, después de varias mudanzas). Agradezco también la referencia al Illuminatus Trilogy, parece muy interesante.

    • Es significativo que sea Lia la que haya sobrevivido en tu recuerdo y no Lorenza Pellegrini… :) Lo cierto es que Casaubon tiene mejor suerte con las mujeres que Belbo, a pesar de que compartieran una cierta fascinación por Lorenza.

      ¡Espero que disfrutes esa relectura!

  42. Lo que me has hecho reír Camós. La Isla del día de Antes me gusto mucho más… aunque la verdad el principio me costó.

    No sabes tu bien hasta que punto el libro me influenció, y no hablo de dibujar catedrales.

    • Jaja, sabía que te haría gracia recordar nuestros proyectos surreales de dibujo técnico en BUP… :)

      En La Isla del día de Antes me costó muchísimo entrar, pero recuerdo una parte final soberbia, tanto en el alucinado “descenso a los infiernos” como en el desenlace. Pero lo cierto es que no lo he releído ni una sola vez aún: supongo que está el libro ahí agazapado esperando su momento.

  43. Pingback: Allá abajo (Là-bas) de Joris-Karl Huysmans | Hay que joderse

  44. ¡Qué gran libro! ¡Y gran artículo, enhorabuena! Yo también lo leí con 15 o 16 años. Terminé El nombre de la rosa y, poco después, se publicó El péndulo de Foucault. Como usted, pillé muy poco de todo lo que se podía pillar, y recuerdo que, en algún momento del libro me atranqué un poco. Pero volví a coger ritmo y no pude parar hasta terminarlo. Con su artículo me han entrado ganas de volver a leerlo.

  45. Comparto tu pasión por este libro, aunque de verdad, como más gusto da es leerlo en italiano.Eco es un maestro de la literatura y utiliza el italiano de manera soberbia. Te recomiendo por cierto il cimitero di praga, por si aun no lo has leido. Otra obra maestra de Eco.

  46. Mientras leía este comienzo de párrafo: “Citando un fragmento del libro: “Los desastres bursátiles se producen porque cada uno adopta una decisión equivocada, y la suma de todas ellas crea el pánico. Después el que no tiene nervios de acero se pregunta: ‘¿Quién ha urdido esta conspiración? ¿A quién beneficia?’ Y pobre del que no logre descubrir un enemigo que haya conspirado, porque se siente culpable”. Y, sin embargo, por absurda que parezca cualquier conspiranoia al primer vistazo, puede encontrarse en ella un núcleo de verdad, aunque sea en forma de metáfora o arquetipo…” no podía dejar de pensar en el 15M. La verdad es que me pusiste a reflexionar sobre Marx y las conspiraciones financieras, desde la perspectiva del ciudadano “de a pie”. ¡Muchas gracias! Tu artículo es muy bueno. He aprendido más de la literatura -directamente; soy licenciada en Letras- que miles de horas en la Universidad. Estoy leyendo “El cementerio de Praga” y me está gustando muchísimo. Voy a leerme luego “El péndulo de Foucault”, que no he leído nunca, por alguna extraña razón que no alcanzo a comprender (he leído todo el Eco académico y me fascina y, por supuesto, “El nombre de la rosa”, considerado por mi catedrático del Opus como el punto culminante del neonominalismo que nos lleva a ruina como sociedad). Me pasaré otra vez a leerte.

  47. Pingback: Jot Down Cultural Magazine | Josep Lapidario: El libro que leería durante la película que no puedo perderme

  48. Yo tras leer el primer párrafo del artículo ya tenía el reconocimiento en la mirada y la sonrisa cómplice magnífico el artículo

  49. También lo leí de adolescente, y me gustó aunque no me enterase de la mitad. Años más tarde me lo compré en italiano, y me gustó hasta más… Eso sí, siempre que se lo recomiendo a alguien, aviso, el principio es una trampa/pestiño que sólo entiendes cuando llegas al final.
    Ninguno de Eco me ha gustado tanto como éste, y mira que El nombre de la Rosa me gusta mucho también.

  50. Excelente. Me ocurre como al autor del artículo. Lo he leído 4 ‘ o 5 veces y cada vez descubro algo nuevo. Es un libro que te hace esforzarte en tener la mente abierta a cualquier tipo de conocimiento y de perspectiva, facilitándote la posibilidad de indagar más en cualquier aspecto que te interese. Y no digamos la maestría de Eco a la hora de superponer todos los elementos y crear la novela. Por supuesto, manejando la lengua es un sabio, que te hace sonreír con sus ingeniosos juegos de palabras.
    Un libro muy recomendable.

  51. Pingback: Anónimo

  52. Genial, genial el articulo, genial los recuerdo de las multiples lecturas… definitivamente, tengo que volverlo a leer, ahora me urge

  53. Me maté de la risa con tu articulo. Soberbio! Por suerte cunado digo que uno de mis libros favoritos es el Pendulo, por estas tierras (Uruguay) la sonrisa cómplice de la que hablas es más repetida que el “uf”. Tambien aprendi muchisimo con él. Unm atiz que quisiera compartir es el hecho de que a traves del personaje de Agliè, Eco deja una hendija abierta, quiero decir que no es solamente una acida critica, cerrada a “lo oculto”, sino que mas bien, pone los puntos sobre las ies: Es todo una vasta estupidez, pero hay cosas que quedan colgadas, onda “hay más cosas entreel cielo y la tierra que lo que tu filosofia comprende, Horacio”. Lo que me parece un juego maravilloso. En todo caso, como dijo un amigo tras leer el libro, “y pensar que todo se reduce a que Belbo queria tocar la trompeta”.
    Un abrazo

  54. Yo también leí “El Péndulo” de adolescente. Y tampoco entendí prácticamente nada. Pero el poso quedó. Y aprendí. Y recordaba.

    Después de leer tu artículo hace un tiempo, me animé a releerlo. Tengo que agradecerte que lo hicieras. ¡Qué buenos momentos! Cuántas cosas que leo ahora y pienso “ahí, otra perlita que no habría entendido de no haber sido por…”. Desde luego no es un libro fácil. Pero desde ahora, me apuntaré al saludo secreto.

    Próximo reto: “El nombre de la Rosa” en versión original. Ahora con los traductores online, tiene que ser más fácil :D

  55. De lo mejor que he leído sobre el libro que más influencia ha tenido en mi vida de lector.

    Muchísimas gracias.

  56. Gracias por el artículo,el péndulo fue mi escuela de interpretación y de desencriptación de otros textos,leídos y por leer y una puesta al día del esoterismo milenarista del final del pasado siglo.Siempre lo recomiendo a quien quiera iniciarse en estos temas de forma veraz.Su relectura, es inexcusable.Es un homenaje a la inquietud humana y a su legado cultural.

  57. Pingback: 50 libros al año - Resumen 2012

  58. Hola, a mí también me gustó el Péndulo… y claro que me enteré de muy poco cuando lo leí de adolescente. Pero es maravilloso y hay que releerlo. Me sabe mucho a Borges.
    Gracias por el artículo.

  59. ¡¡Maravilloso tu artículo Josep!! Qué bueno es recordar ese sentido de la maravilla, la sorpresa y el encanto que es adentrarse en las páginas de ese libro.
    No podría decir que soy precisamente un fanático del péndulo, pero siempre fue un libro que me fascinó y me atrajo de una manera especial. Mi historia con él es más o menos particular y bueno, aunque quizá no tenga interés más que para mí mismo, igual la quiero compartir.
    Cuando tenía como 16 años leí por primera vez “El nombre de la Rosa” (cosa que he seguido haciendo periódicamente con el paso de los años) e inmediatamente Eco se convirtió en una especie de héroe para mí (hasta le escribí una carta pues en ese entonces el e-mail era todavía una rareza). Así que el paso natural fue hacerme con el “Pédulo de Foucault”, la segunda novela de este ensayista que le tenía tanto miedo a la narrativa. Por esas cosas del destino le comenté a una gran amiga, de mi misma edad por ese entonces, mis intenciones al respecto. A los pocos días hablando nuevamente con ella me salió con que le había contado a su papá (profesor de filosofía en el Instituto) de mis intenciones para con el libro y que él me había mandado decir que esas eran temáticas y lecturas para gente grande y que si quería entenderlo de verdad primero debería leer mucha filosofía y principalmente a Nietzsche.
    Me sentí molesto y contrariado pero mi personalidad juvenil dada, tristemente, a aceptar casi siempre lo que decía la autoridad, se dejó convencer por ese “consejo”. Así que el libro fue a parar al estante de la biblioteca a la espera de que yo estuviera “preparado” para leerlo. De vez en cuando tímidamente me atrevía a abrirlo y ojearlo, como un libro sagrado, y aunque no terminaba de entender por qué tenía que ser necesario leer mucha filosofía para poder adentrarse en una historia de literatura, terminaba por sentirme intimidado por esa cita extraña de la primera página, por el enigmático diagrama de la siguiente, ya que en ese entonces no sabía qué era la cábala (bueno, ahora tampoco lo sé realmente… jeje), por los extraños nombres de las partes del libro (Keter, Hokmah, Binah, etc) y sobre todo por esa primera cita, en hebreo, que me hacía pensar que efectivamente me hallaba ante una obra, cuyos secretos serían difíciles de arrancar.
    Así pasaron, literalmente años, hasta que cierto día, ya en la Universidad (como a mis 24), de un momento a otro, pensando en otras cosas, la respuesta llegó como por arte de magia, como buda debajo de la higuera, como un iluminado, inmediatamente entendí que, muy probablemente, lo que el papá de mi amiga quizá pensó era que yo pretendía leer la obra de Michel Foucault, el filósofo, y por eso su consejo… > : ( en ese momento me maldije por tonto, y la verdad es que también la maldije a ella (a mi amiga) por imbécil y por distorsionar mi idea y causar esta confusión de tantos años… esa misma noche, apenas llegué a mi casa, comencé con la lectura de “El Péndulo” y bueno, el resto es historia, quedé fascinado, cautivado y me sumergí en la magia de esa extraña historia, de esa monumental sátira (será que puedo decir esto?) o crítica a lo sobrenatural.
    Obviamente no pude evitar compartirlo con un par de amigos con quien tenía en común obsesiones similares a las mías y una de las cosas que más nos impactó a los 3 por igual, fue la cantidad de citas y referencias a textos, autores y libros antiguos y enigmáticos. Incluso pensamos, a modo de ejercicio y de una maneras más bien ingenua, que podríamos ponernos en la tarea de buscar entre los 3 (Como si fuésemos Casaubon, Belbo y Diotallevi) todas esas referencias literarias a ver cuántos de esos libros se pueden encontrar y consultar hoy día las bibliotecas o librerías. Pero en el fondo creo que habíamos mordido un poco el anzuelo y aunque no lo reconociéramos abiertamente, y muy a nuestro pesar, nos habíamos creído un poco todo ese rollo “conspiranoico” y lo que queríamos era encontrar esas mismas ideas que los personajes del libro, en ese mar de referencias literarias, urdir una trama similar y vivir la misma aventura o alguna parecida.
    Evidentemente todo se quedó en palabras y poco a poco lo fuimos olvidando.
    Hace mucho tiempo que no hablo con ellos dos, pero después de leer este artículo me han entrado ganas de volverlos a contactar y proponerles el tema, hablar de ese libro que se cruzó en nuestras vidas hace ya más de 10 años y ver qué sale.
    Gracias Josep por tu artículo y por hacerme recordar uno de los libros que más me ha marcado en la vida. Extrañamente, nunca lo he vuelto a leer, pero después de este rato, seguro que esta noche lo primero que haré, apenas llegue a mi casa, será tomarlo de la biblioteca y sumergirme, una vez más, en sus páginas llenas de magia.

    D.E

  60. También lo lei de más joven y también recuerdo haberlo terminado borracho de cosas que no entendía pero sin sentirme idiota por no hacerlo. Y es que, además, tiene un componente maravilloso de novela de aventuras.

    Pero si hay un libro de Eco con el que me lo paso pipa es con el “Segundo Diario Mínimo”. Le pago todas las cañas de un domingo cualquiera a quien no se parta de risa con los consejos para hacer el indio correctamente.

  61. Josep, me imagino que habrás leído “Promethea” de Alan Moore, recientemente republicada. Lo digo porque toda la serie se basa en el diagrama que aparece en tu artículo, el de las diez figuras de la cábala… para mí, prácticamente el mejor (con esa pizca de exageración que se me debe excusar por la combinación de “maravilloso”, “poco conocido”, “friky” e “inteligente” que se me ocurre al pensar en él) cómix que haya leído. Y como sé que aprecias a Alan Moore… otro saludo secreto… ¡marchando!

    • Jajaja… Saludo secreto recibido: “Promethea” es probablemente mi cómic favorito, y tanto el número dedicado al Tarot como los del paseo por las Sefirah de la Cábala me parecen de lo mejorcito que se ha escrito. Bueno, y la incursión en el sexo tántrico es también absolutamente genial. :)

  62. Estoy en mi primera lectura del “Péndulo…” (pág. 580) y confieso haberme hecho un archipiélago de ideas; sin embargo, la lectura que hice del artículo y los comentarios vertidos al respecto, me han dado luz para comenzar a articular lo que ahora en mí sólo son un interfaz de entendimiento. Leí antes “El cementerio de Praga” y me empezó a llamar la atención la aparente obsesión de Eco por las sociedades secretas y todo ese mundo subterráneo que a veces influye los destinos del mundo.
    En lo personal, me agrada más la bibliomancia con la poesía de Neruda, de Benedetti o la rebelde lucidez de Eduardo Galeano.

  63. Conocí un extracto de esa obra de Umberto Eco en un libro de texto gratuito de la educación básica a los 15 años de edad, y 15 años después leí el libro, dándonos 30 años… cifra a la que si le sumamos 3 (el número perfecto) nos dará 33, la edad a la que Cristo murió.

  64. Hola Josep!! magnífico artículo, realmente es maravillosa la forma que tienes de escribir.
    Después de lo leido tanto en su artículo como en los comentarios, me da un poco de vergüenza admitir que soy muy fan de las teorías conspiranoicas, la razón ? la mencionas en el artículo : “la vida se vuelve mucho más interesante si se mantiene la mente abierta a lo imposible”

  65. Felicidades por el artículo. Yo como tú, lo leí en la adolescencia, como dos veces. Me dejó imprenta, pero a la vez una nebulosa de no recordar nada concreto, sino la esencia en sí misma.

    Es curioso, desde que leí el libro siento algo similar a lo que te sucede con la Torre Eiffel. En mi caso sucede en la Ile de La Cité, cuando llego tengo la inquietud de ir donde fue quemado Jaques de Molay.

    Me has hecho tener ganas de llegar a casa y desempolvarlo.

  66. Estimados:
    Me encuentro en la pagina 401 del libro. Tuve mis dificultades en las primeras cuarenta paginas, pero ahora lo leo con notable entusiasmo, tanto que me tope con esta gran interpretación que han hecho tanto quien escribió el articulo, como los comentaristas, a los cuales me sumo.
    A mis 29 anos, me ocurre que leí primero el código Da Vinci que el Péndulo.., así que claramente me doy cuenta porque don Umberto dijo lo que dijo respecto a D.W.. y me queda sonando eso de “existe verdaremente D.W.?”
    Les dejo un gran saludo a todos y os felicito por sus palabras.
    El nombre de la Rosa fue el primer libro que leí verdaderamente en mi vida, lo lei a los 18 y recién ahora a mis 29 vuelvo a leer a Umberto Eco…y, definitivamente, lo seguiré haciendo.
    Adelante los que quedan!!!
    Que se rompa, pero que no se doble./

  67. Hola! antes que nada, me leí vuestro artículo luego de terminar de leer el péndulo hace unas horitas. Super completo, me ayudó a ordenar las ideas encontradas y pocitos en la memoria que me quedaron, a medida que leía inconcientemente iba descartando y sumando data al cpu cerebral, hasta que masomenos por la mitad me entregué al goce de leer por puro placer. Lo primero que pensé ya en las primeras páginas…
    Museo + templarios; codigo da vinci/Dan Brown….
    se me hizo extenso en algunos capítulos, me quedó dando vueltas en la mente la parte de la fiesta esotérica, los humúnculos, el coven druida… y ahora me cae la ficha de que tendría que haber mantenido un cuadernito, como para anotar tanta data, tanto citas como nombres de autores. El tema del mundo subterráneo y conspiraciones ya me venía latiendo de leer a Ernesto Sábato, o Edward Bulwer Lytton, y lo de l@s “menhires” agujas de acupuntura, recuerdo haberlo leído en alguno de los tantos libritos publicados en esa editorial Realismo Fantástico… En sí “El Péndulo…” me resultó una ensalada de ocultismo con la posibilidad de mandarle a gusto el aderezo del conocimiento personal, y así urdir un bagaje de relaciones, donde como hacen alusión en el libro todo tiene que ver con todo… el clímax, la trompeta, la carroza fúnebre, y el extasis de Jacopo Belbo, son la frutillita del postre, y da gusto llegar a esa parte, fuera de serie. Personalmente, no se si lo leeré de nuevo, porque me dejó una impronta muy difícil de superar, es de esos libros que si le metés atrapan y dejan huella.. si lo hubiera leído hace 10 años no se si me hubiera sido tan absorbente (en su mejor forma)- Pensaba en un libro de Manuel Mujica Láinez, “El Escarabajo”, que cuenta con la presencia de un personajito del péndulo, no voy a decir quién para no quitarles la sorpresa, pero de paso aprovecho para recomen dárselos, una buena lectura también. En conclusión, a la mitad del libro le entré super rápido avanzando hasta que me percaté de que la trama era más vasta de lo que intuía, y que este iba a ser de esos libros que te conectan, no con uno, sino decenas de libros (literalmente) que van a seguir extendiendo sus ramas de conocimiento. Un librazo

  68. Sin ironías, ¿hay un espiritualismo New Age bien entendido?

  69. Enhorabuena por el artículo, Josep; me quito el sombrero. Yo solo he leído “el péndulo” dos veces: la primera de pe a pa y a ritmo “nopuedoparar” (y yo que creía que iba a ser mi lectura de verano, y no llegó ni a julio) y la segunda ya más pausadamente, como saboreando. Leer tu artículo me ha despertado las ganas de una tercera lectura, que gracias a mi memoria de pez para los libros y las películas será casi como la primera, porque lo extraño es que de este libro tan solo recuerdo muy vagamente la trama y un batiburrillo de sensaciones y sentimientos (los míos al leerlo); una extraña sinestesia. Después del “Diccionario jázaro”, creo que es el libro que más me ha impactado de los que he leído hasta ahora. Un librazo, como acabo de leer por aquí, y un señor artículo. Gracias.

  70. Pingback: STRIPTEASE LITERARIO DE LUCÍA GUERRERO | El Breviario

  71. Comparto con vos TOTALMENTE el encanto por ese libro.
    excelente.

  72. Entonces ya va siendo hora que lo lea. Lo tengo en mi estantería hace bastante tiempo y por una cosa u otra todavía no lo leo.
    Gracias por compartir tus impresiones, muy completas por lo demás.

  73. Usted y yo deberíamos ser amigos. Nunca me he sentido tan cómplice de alguien.

  74. Muy buen artículo. Dan ganas de volverme a leer el “Péndulo”, aunque confieso que, si bien me gustó, no me fascinó ni la cuarta parte que “El nombre de la rosa”. Eso sí, con los posteriores libros de don Umberto no he podido pasar de las primeras páginas (salvo “El cementerio de Praga”, que no está mal); es lo que he llamado “el efecto Eco” (o “por qué mi biblioteca es tan mala”): http://abordodelottoneurath.blogspot.com.es/2013/02/el-efecto-eco-o-por-que-mi-biblioteca.html

  75. Por muchos años pensé que acá en mi ciudad yo era el único loco, alucinado con la maestría de una novela tan singular y abarcadora. Con el paso de los años me he dado cuenta de que los fans del libro somos legión. Hoy, que he releído el libro una vez más a propósito del artículo (la vigésimo-no-se-qué), coincido totalmente con Josep en lo importante que fue esta obra para mi formación. Yo lo leí por primera vez en mi adolescencia; después de un par de intentonas pasé de las cincuenta primeras páginas y de ahí, como decimos en México, pa’l real… Gracias Josep por enlazarnos a todos nosotros con este bello texto. Estoy seguro que cada uno de los que ha leído el péndulo sigue buscando en su vida ese rasgo que Casaubón atribuye a los Templarios y su tiempo: “Ternura, melancolía, palidez de una gloria senescente”

    Un gran abrazo a todos.

  76. Excelente libro, también uno de mis favoritos. Lo leí después de devorarme la enciclopedia de Manly P. Hall ‘The Secret Teachings of All Ages’ y guardan bastante en común.

    Saludos,

  77. “Casaubon en nuestra maravillosa historia de los metales incluya lo que el señor Aglie ha dicho y no me diga que el agua no es un metal”

    Soy el unico que encuentra en Mr. Garamond un personaje delicioso?

    Muy divertida y a la vez supongo que será una muy acida critica a las editoriales la parte en que el Señor Garamond envuelve a los ingenuos autores novatos con sueños de grandeza.

    No he releido esta obra pero creo que la siguiente será con ayuda de un marcatextos y muy lentamente, apoyándome en el Internet y tratando de encontrar las mil y un referencias a las que hace referencia el Señor Eco.

    en este punto me cuesta imaginar el inmenso trabajo de investigación y documentación que debio llevarle al autor la recopilación de datos tan precisa para escribir este libro, por eso me resulta dificil creer que alguien se toma tantas molestias para documentar una obra lo haga para escribir una sátira. Por lo tanto el propósito real del libro por parte de Eco me resulta un tanto confuso,esta claro que no esta escrito intencionalmente para atraer grandes masas de lectores avidas de teorias conspiratorias y faciles de enganchar.

    Quiero pensar que si bien queda demostrado lo sencillo y hasta patetico que resulta hacer una teoria conspiratoria que atraiga a masas de gente dispuestas a creer cualquier cosa, el autor si debe sentir cierta fascinación por el tema y tiende un anzuelo muy interesante para quien quiera engancharse e investigar por su cuenta más alla de lo que describen las páginas del libro…

    O simplemente creo que soy un estupido y recordemos, los estupidos eventualmente llegarán a los templarios

  78. Lo leí en la adolescencia durante una larga enfermedad y la verdad es que lo único que recuerdo es lo de las editoriales de vanidad. Nada del argumento. Pero tú me has hecho desear releerlo. A ver si ahora me aprovecha más.

    Y soy consciente de que he llegado dos años tarde.

  79. Hola, cuántos comentarios, y el tema del cáncer? Excelente explicación en el libro. Libro para leer muchas veces. También leí El nombre de la rosa en la universidad, con mayor análisis. Umberto Eco es un genio.

  80. Me pasa lo mismo que a usted, autor. A los 15 quedé influenciada de por vida por Eco, con El péndulo. Como usted, recibía mirads y preguntas llenas de incredulidad de parte de los adultos más educados o con años de historia académica y educativa “Le entendiste?” y callaba pensando “entendí lo que tenía que entender…”.
    Después El nombre de la Rosa, La Isla del día de Antes la tuve que acometer dos veces. La primera, no fui iniciada. La segunda vez, superé la iniciación de las 100 páginas, para agarrar ese ritmo que Eco menciona en las Apostillas al nombre de la Rosa – aunque, fue después de haber leído Baudolino -.
    Temía que La misteriosa llama de la reina Loana, fuera su última novela, quise detenerme ahí, ahora que apareció El cementerio de Praga y otros libros, puedo tranquilamente, embestir esas obras.

    Gracias por compartir su experiencia.

  81. Perdón, recién comienzo a leer y me topo con la siguiente frase: “La novela es en su origen una deconstrucción, una burla y una crítica feroz [… del] espiritualismo New Age mal entendido…” ¿Cómo “mal entendido”? Se me fueron, de golpe, las ganas de seguir leyendo…

  82. Uno de mis libros preferidos desde que lo leí con 18 años. Me sorprendió, me maravilló y, por supuesto, no me enteré de la misa la media (Eso empezó a cambiar un año después, cuando empecé a leer a autores como Borges). Es una pena que no haya más gente que disfrute de estos libros. En cuanto a que el primer capítulo de El Péndulo es difícil… Bueno, a mí me hizo reír de pura incredulidad. Fue como una explosión mental, y ésa fue la razón y la única razón por la que seguí leyendo el libro.

  83. Pingback: Los tres buenos libros de Haruki Murakami, o por qué debería ganar el Nobel de Literatura

  84. Y Baudolina… Era más Lorenza… O más Lía?

  85. Lo leí cuando se publicó y sigue siendo uno de los libros con los que más me he divertido leyendo. Cualquier día lo releo también.

  86. Pues si, todo es una loca teoría conspiranoica. Como por ejemplo que 8 judíos controlen casi todos los medio de comunicación de E.U., o que los bancos centrales de casi todos los países del mundo sean empresas privadas pertenecientes a 12 familias judías o que los puestos clave del gobierno norteamericano estén ocupados por gente perteneciente a una sociedad secreta de la Universidad de Yale.

  87. Como complemento a mi comentario anterior diría que libros como el Código Da Vinci y el Péndulo de Foucault son puras tonterías que sirven como cortina de humo para ocultar a los que realmente mandan en este mundo.

  88. Me apunto a la hermandad secreta de seguidores de El Péndulo. Los demás no se han dado cuenta aún de que es lo que el Quijote para los libros de caballerías ….

  89. Buenísimo artículo. Se me ha puesto la media sonrisa en la cara en cuanto he empezado a leerlo: soy otro de los iniciados en el Péndulo.
    Además, soy masón, lo que le añade una gracia extra porque en la Masonería abundan personajes como los del Péndulo, que se creen de verdad las paparruchas esotéricas que relata el libro. Yo lo recomiendo mucho, pero, ay, no suelo tener mucho éxito.

  90. Si, es asi …. ‘El Pendulo …’ es un texto de multiples entradas y mas salidas. Es inagotable la capacidad de U. Eco para abrir ventanas en nuestra mente cartesiana : la sorpresa presente, la conspiracion hecha ironia, el sarcasmo elegante, la erudicion sin estridencas, el guiño a otras lecturas. Creo haberlo releido por partes sin orden, unas 15 o mas veces, y siempre encuentro algo nuevo, o que se me paso por alto. Un placer cada relectura, a distintas edades, Anoteme como devoto de Eco, su ‘Baudolino’ es una fabula tierna de un embaucador natural, que no hay de dejar de releer.

  91. No sé como se unen Eco y Bolaños, pero veo que no soy el único que los une. El Péndulo de Focault me cautivo a los veintipoco y hace más de 25 años que lo vengo leyendo, a los Detectives Salavajes los leo solo desde hace tres. En 25 años mis partes favoritas de la obra fueron cambiando, algunas las descubrí luego de varias lectura.
    1) El objeto de deseo en la historia de Jacobo con el Gnis (como se escriba)
    2) Me faltaron dos lecturas para comprender por que ***
    3)El amor entre Casaubon y Amaparo.
    4) Adelina Canepa y el tío.
    5) El Bar Pílades y su barra de estaño.
    6) La escena donde Amparao que atrapada por los rituales sincreticos Brasil.
    7) Una aleman quería pero no podía.
    8) Los AAF.
    9) El pasadillo que un Garamond Editores que en la otra editorial.
    10) El Filename del Flipper

    Podría hablar horas y horas de esta obra.

    Me gustó tu artículo.

  92. Pingback: Dos artículos para disfrutar a Haruki Murakami

  93. Suscribo todas y cada una de las opiniones expresadas en este artículo. Dicho esto, ¿para qué insistir? Quisiera no obstante contribuir así: en mi único viaje a París (hasta la fecha) fui expresamente a comprobar lo del Boulevard Lafayette 145… et voilà! Gracias por el artículo.

  94. Pingback: ¿Qué teoría de la conspiración consideras que podría ser cierta? - Jot Down Cultural Magazine

  95. Que tremenda emoción descubrir que El péndulo tenga tantos adeptos e iniciados! Voy por mi segunda lectura luego de varios años, y descubro que en la primera no comprendí casi nada. Con este reencuentro estoy absolutamente fascinada, comprendo que la suma de todas las conspiraciones de medio pelo que circulan por el mundo, Eco las compendió allí con tanta ironía e inteligencia. Encantada.

  96. Es un libro magnífico, de una enorme erudición; una verdadera obra monumental de la narrativa.

    • tanto, que lo he leído varias veces a lo largo de mi vida, cada con las mismas espectativas de la primera. y nunca me ha defraudado

  97. El libro decepcionó a mucha gente ya que casi todos conocimos a Umberto por El nombre de la rosa. Para añadir alguna cosa más que no se ha dicho, El péndulo de Foucault, para mi, es un libro para saborearlo, para disfrutarlo párrafo a párrafo. Aprendes de Paris, de Milán, de las editoriales, de bebidas, de la ilustración, de los movimientos estudiantiles de los 60 en Europa, de la postguerra, yo que sé, hay mil matices y mil lecturas. Me quedo con una de las miles de reflexiones que tiene “creo que llegamos a ser lo que nuestro padre nos enseñó en los ratos perdidos cuando no se preocupaba por educarnos”. Los que hayamos leido este libro creo que casi todos hemos visto con complaciente mala leche el fenomeno de los pilares y toda esa moda.

  98. Cuál es el libro antagónico de Péndulo de Foucault??
    Graciass!!

  99. Si yo me siento infeliz al ver cuán estúpida es la gente, no quiero ni pensar cuánto desasosiego puede sentir aquellas personas (como parece ser su caso) que tienen más conocimientos que yo.

  100. Muy buen artículo Josep. He tenido esa sensación de “Esto lo hubiera escrito yo si supiera escribir”.

  101. Fantástico artículo. Es mi libro favorito (junto a La Guía del Autoestopista Galáctico y sus secuelas, aunque poco tienen que ver con El Péndulo). Acabo de leer Número Cero de Eco y me ha decepcionado. Al principio tiene pasajes que me recuerdan al Péndulo pero todo se diluye y casi no hay historia, solo unas reflexiones interesantes al final del libro.

  102. He encontrado este artículo por casualidad y es emocionante e incluso desconcertante leer lo que uno piensa. He disfrutado leyéndote porque mi vivencia con este libro es tan similar que podría decirse que tu texto es profético y conspiratorio de mi vida.
    Gracias por ordenar y poner en tan bellas palabras, yo no sería capaz, una forma de ver el mundo que no puedo evitar después de leer el Péndulo con 16 años e irle sacando el jugo y su verdad a lo largo de la vida.
    Como sincero agradecimiento, sólo puedo recomendarte, en caso de que no hayas estado todavía, que visites Jerusalén y la veas con esos cristales… te prometo que disfrutarás del viaje. Gracias de nuevo!

  103. La conspiracion masonica es real amigo, tan real como terrible, El Pendulo de Foucault como el Codigo da Vinci solo se escribieron para ridiculizar este tema, para desviar la vista muno muy brillante, el Pendulo y otro un folletin es verdad, pero el fin el mismo, ridiculizar que esas cosas existan, pues existen. Yo recomendaria ver las peliculas de Stanley Kubrick donde en todas ellas cuenta las claves de estas sociedades secretas luciferinas

  104. Me he enterado del fallecimiento de Eco y he vuelto a este fantástico artículo.
    Gracias

  105. como David, ante la ida de Ecco y en pos de su capítulo 10, me encontré con este maravilloso artículo, tan fan de esta novela he sido que me pasé casi un año en la biblioteca nacional de mi ciudad intentando dar con los relatos insertados, observando la magnífica ilación entre los hechos reales y los generados por la mente brillante de Ecco. sí, el péndulo nos obsesionó a varios!!!!!

  106. Muchas gracias por tu artículo. Hace años regalé el libro a mi hijo, y ahora, motivado por tu artículo, me decido a leerlo, a pesar de la alergia que me dan los libros voluminosos.
    Me ha encantado tu resumen y espero disfrutar de su lectura que ya he empezado

  107. Pingback: IMM (43) | El blog de Lahierbaroja

  108. Pingback: El péndulo de Foucault – Umberto Eco | Librocinio

  109. Estaba leyendo blogs sobre que libros leer y me apareció este excelente artículo de José Lapidario, no he leido el libro pero lo voy a leer, me llamó la atención la cantidad de comentarios, personas que se apsionaron por esta obra, sus opiniones todas interesantes, me preocupa que José Lapidario ya no conteste los comentarios, es bueno leer la interacción que existe y me encantó ver que también comentó su amiga Baudolina, es como leer una novela dentro de una novela

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