¿Es inevitable el Imperio Galáctico? - Jot Down Cultural Magazine

¿Es inevitable el Imperio Galáctico?

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Imagen: 20th Century Fox / Lucasfilm Ltd. Production / Disney,

Imagen: 20th Century Fox / Lucasfilm Ltd. Production / Disney,

El emperador Padishah Shaddam IV difícilmente podía dar crédito. Las tropas de Fremen capitaneadas por Paul Atreides barrieron como un ciclón a los Sardaukar, las temibles tropas imperiales, y tomaron la ciudad de Arraken por la fuerza. Ese día la vendetta entre los Atreides y los Harkonnen llegaría a su fin con la muerte del despiadado barón y el duelo final con Feyd-Rautha. Ese día la amenaza de destruir la especia forzaría al emperador a abdicar en el joven Atreides, el cual se emparentó con la casa reinante al casar con la princesa Irulan. Ese día se desataría una yihad que plagaría de muerte el universo. Se inauguraba a partir de entonces un nuevo imperio cuya capital estaría en un planeta desértico. En Arrakis. En Dune.

Para los cronistas galácticos hablar de la sucesión entre imperios ha sido una constante casi natural. Se constituyen, se expanden, entran en decadencia y caen en un ciclo como el del agua. Pareciera un proceso incuestionable de reemplazo. Sin embargo, hasta lo que sé, pocos han estudiado a fondo por qué esta transición entre regímenes imperiales es la norma. Por ejemplo, ¿no podía darse que en momentos críticos, como es la llegada de la casa Atreides al poder, pudiera establecerse un sistema político de carácter democrático? ¿No podría ser que al Imperio de Trantor lo pudiera suceder algún tipo de Federación de Planetas Unidos o una República Galáctica?

Hasta mi conocimiento los expertos suelen dar dos explicaciones a la sucesión entre imperios. Por un lado, el argumento cultural por el que determinada razas son incompatibles con la constitución de un sistema democrático. Al fin y al cabo, nadie se imagina a los hutts en campaña electoral. Por el otro, el hecho de que el devenir de los regímenes imperiales viene llevada por los personajes que escriben la historia de la galaxia. Si Palpatine hubiera sido derrotado por Mace Windu en la cancillería jamás habría habido Imperio. Sin embargo, creo que ambas explicaciones se quedan cortas para tratar estas preguntas.

Lo que os invito es a que hagamos un esfuerzo para buscar las causas más profundas y estructurales que empujan a la autocracia. Esto nos obliga a hacer un esfuerzo de comparación entre universos alternativos para intentar interrogarnos sobre si de verdad los imperios galácticos son inevitables.

¿Somos los humanos incompatibles con la democracia?

Cuando Hari Seldon inventó la psico-historia, disciplina que permitía predecir el futuro con una serie de ecuaciones matemáticas, no tardó en augurar la inevitable caída del imperio, cuyas consecuencias trataría de moderar estableciendo aquellas dos Fundaciones, una en Términus y la otra «en el otro extremo de la galaxia». Sin embargo su historia muestra una curiosa paradoja: un gobierno despótico (a veces más amable, otras veces menos) era perfectamente compatible con una gran prosperidad en la galaxia conocida, con clases educadas que competían por ir a la universidad, con nutridas redes comerciales entre sistemas planetarios y con una notable clase acomodada a lo largo y ancho del Imperio. ¿Cómo era tal cosa posible?

Intuitivamente podríamos pensar que cuando existen ciudadanos mínimamente formados pedirán tener algún tipo de representación; un pueblo con un mínimo de inquietud querrá participar de las decisiones políticas, al menos a nivel planetario. Que un Consejo de los Altos Señores de la Tierra, en nombre de algún deformado emperador, coloque a gobernadores en tu sistema se vuelve cada vez más intolerable. Algún tipo de organización, quizá facciones o similares querría proteger los intereses de una parte de la sociedad, cada vez más compleja. Alguien que quiera competir por el poder. Sin embargo, para las ecuaciones psico-históricas de Hari Seldon esto ni siquiera se contempla.

Pero además, si uno compara entre imperios galácticos, resulta llamativo la autocracia tienda a prevalecer en galaxias habitadas solo por humanos, como las de Dune o Trantor. Por el contario, la Federación de Planetas o Coruscant tienen —o pasan por—  regímenes democráticos en galaxias repletas de especies alienígenas. Más todavía, en el caso de la Federación ni siquiera es el único sistema político de la galaxia, lo que añade aún  más variedad política. Por lo tanto, a simple vista, parecería que somos los humanos los que empujamos a tener sistemas de gobierno imperiales. Quizá un cronista protoss diría que tenemos una mentalidad políticamente inferior; da igual lo sofisticado de nuestras sociedades, sin la ayuda de otros somos incapaces de establecer una república galáctica.

Sin embargo, cuando uno le da una vuelta a esta idea no se tarda en ver que realmente la presencia de alienígenas conocidos nos indica otra cosa; que la galaxia es más grande. Intentemos pensar por qué el tamaño de la galaxia puede ser relevante.

Cuando la última frontera trae la democracia a la galaxia

Un sistema político que se precie, incluso en las galaxias más lejanas, se basa en tener una buena flota estelar y un buen sistema de impuestos. Y por supuesto, la primera se paga con los segundos, lo que obliga a pasearte por los planetas de tu dominio recaudando. Supongamos que tus ciudadanos se dedican a plantaciones de arroz pundi en Caladan. Pues bien, la cosa no tiene mucho misterio; confiscas una parte y te vas. Pero supongamos que le tienes que poner un impuesto a la Federación de Comercio… ahí la cosa se complica. No porque te pueda plantar un ejército droide en la capital, que también, sino porque tiene muchos de sus recursos en forma de cuenta corriente y no de activos fijos como materias primas.

Imagen:

Imagen: Panther SF Ed.

Esto en sí mismo no tiene por qué ser un problema para el emperador si y solo si se cumple una condición: que seas el único imperio del universo conocido. Puedes ponerles los impuestos abusivos que quieras ya que no tienen escapatoria con una maquinaria burocrática bien engrasada. Pero ojo. Si resulta que la galaxia es grande, la Federación puede coger y largarse con sus créditos a otra parte, lo que hará que tu imperio pierda recaudación. El emperador tiene que afrontar un dilema y cuando necesite hacer una inversión fuerte, como reforzar su flota para una guerra con Anacreonte, puede que no tenga más remedio que transigir y negociar.

Por lo tanto, cuando la ciudadanía del imperio tiene recursos líquidos o transportables —no son ni esclavos ni siervos— y  puede emigrar al Borde Exterior para huir de los recaudadores, es más probable que el emperador se deba acabar sentando con representantes planetarios. Es en ese punto cuando, presionado por la urgencia de un dinero que necesita, se verá obligado a aceptar una bula que limite su poder, un Senado que vele por el acuerdo o algún tipo de institución equivalente. Por lo tanto, hará que el omnímodo poder imperial deba aceptar límites, condición necesaria para dar un paso hacia la democracia si no se dispone de la fuerza militar para rebelarse.

La clave del efecto de la vida alienígena es que es más probable que haya vida extraterrestre en una galaxia amplia. O al revés, que solo haya humanos en una galaxia pequeña. Pero este efecto es engañoso. Al fin y al cabo, aunque pueda variar por contextos, no son otras razas las que traen las repúblicas galácticas sino los propios humanos.

Recordemos que en Dune había una galaxia amplia, que aun sin alienígenas sí vivió la Dispersión, pero que no se había desarrollo dado su sistema feudal. Por el contrario, en Trantor había cultura, educación y comercio pero no había manera de salir de un imperio que lo abarcaba todo. Y aunque con la decadencia aumentó la posibilidad de emigrar a los nuevos reinos de la periferia, esta también trajo el subdesarrollo en la galaxia, sin darse ambas condiciones a la vez. De ahí que en ninguno de los dos universos emergiera una democracia que, por el contrario, sí fue posible en el caso de la Federación de Planetas, las Doce Colonias de Kobol o la República Galáctica donde, con matices, ambas condiciones se cumplieron.

La especia debe (in)fluir

Añadamos algo más de complejidad al análisis. Si uno viaja a Dune, durante la yihad desatada por Paul-Muad`Dib podría argumentarse que desaparecieron los vínculos feudales propios del antiguo régimen de los Padishah. Las casas feudales del Landsraad, el equivalente a su cámara de los lores, estarían debilitadas, por lo que podría emerger de manera natural una nueva clase media comercial que incrementase su poder y recursos en el medio plazo. Este hecho haría que gracias al devenir de los siglos, incluso en el sistema teocrático inaugurado por los Atreides, los sucesores de aquellos terminaran reclamando instituciones representativas propias a cambio de financiar al imperio.

Sin embargo, los Atreides tienen en su poder algo que no tienen otros imperios como el de Coruscant o de Trantor; la especia melange. Esta especia tiene su origen en el planeta Dune y es el producto de los gusanos gigantes que lo habitan. Entre sus propiedades está la de servir como droga geriátrica, elevar los niveles de cognición de la Bene Gesserit y permitir los viajes por la galaxia por parte de la Cofradía. Como cuenta Irulan en las crónicas de la época, es el producto más valioso pues quien la controla tiene en sus manos el recurso natural que puede decidir el destino de la humanidad.

Tradicionalmente la explotación de la especia era gestionada por una de las Grandes Casas —por ejemplo, pasó por manos Harkonnen y luego Atreides— pero su asignación y reparto propiamente dicho quedaba en manos de la CHOAM. La compañía, en la que el emperador tenía inversiones millonarias y el accionado mayoritario, se encargaba tras la extracción de asignarla al conjunto de las Grandes Casas. Con el predominio de los Atreides este poder sobre la CHOAM todavía se incrementa más si cabe. Hasta donde llega mi conocimiento, en ninguna de las otras galaxias conocidas se hace referencia a un elemento tan central para el funcionamiento de las estructuras sociales y políticas.

Por lo tanto, a diferencia de otros imperios, aquí la casa gobernante tiene el control directo de un recurso natural precioso, lo que puede tener implicaciones directas sobre el impulso democratizador de la galaxia.

Por la especia hacia el imperio

Si se sigue la lógica que se ha planteado antes, un elemento fundamental para acotar el poder del emperador es disponer de potencial de chantaje. Asumiendo que uno no dispone de la fuerza para armarse, se pude lograr representación en la medida en que el imperio necesite de tus ingresos. Pero el problema en el caso de Dune es que el emperador no necesita el apoyo financiero ni de las otras Grandes Casas ni de sus propios ciudadanos ya que, mediante la CHOAM, controla la especia y todos los ingresos que se derivan. Por lo tanto, puede ser relativamente autónomo, consiguiendo recursos sin necesidad de subir los impuestos. Además, esto le permite repartir bienes públicos entre sus súbditos en un momento dado y que sea visto como un generoso regalo sin coste —aumentando su popularidad totalmente gratis, a diferencia de otros regímenes—.

Imagen: Universal Pictures /Raffaella De Laurentiis.

Imagen: Universal Pictures /Raffaella De Laurentiis.

Pero la especia todavía les da más margen de maniobra a los emperadores Padishah. Los súbditos son más tendentes a rebelarse en aquellos sistemas políticos que son corruptos, desorganizados, inestables o que no generan bienestar. Sin embargo, para ello los súbditos o ciudadanos necesitan disponer de señales claras de la decadencia del imperio. En el caso de Trantor este proceso se hizo cada vez más evidente con la parálisis del gobierno tras la muerte de Cleon I. Sin embargo, en Dune esto no es tan evidente. Pese a que hay toda una pérdida de bienestar por equilibrios políticos y burocráticos con la Cofradía, Bene Gesserit, los Tleilaxu, la Casa Imperial o el Landsraad, los ciudadanos no lo saben porque no es pérdida sino falta de ganancia. Mientras la especia fluya parece que el sistema político va bien, luego la rebelión será más improbable.

Finamente, la especia permite que el trono imperial pueda pagar directamente a sus fuerzas militares, bien nutridas y pertrechadas, asegurándose su lealtad incondicional. Así se entiende la lealtad de los Sardaukar durante la dinastía Corrino o cómo los Fremen siguieron, más allá de la religión, apoyando a la Casa Atreides. Con el añadido de que un potente aparato militar es fundamental para un sistema autocrático. Por desgracia, no ocurrió lo mismo en el caso del imperio de Trantor. Como el débil emperador Cleon II no disponía de una fuente de ingresos propia para asegurarse la lealtad incondicional de sus fuerzas militares terminó ejecutando al exitoso general Bel Riose por miedo a que le usurpara el trono. Al fin y al cabo, muchos emperadores antes que él habían sido depuestos por un general ambicioso.

Por lo tanto, en el universo de Dune la casa imperial dispone de la especia como mecanismo para ser independiente económicamente de sus súbditos, dar apariencia de buen gobierno y asegurarse la lealtad de sus ejércitos. Esto no es así en Trantor o Coruscant, donde no hay un recurso natural tan precioso. De ahí que establecer una república galáctica parezca más factible en estos últimos casos que en un universo con la maldición de los ojos azules.

Breve tipología de imperios galácticos

Un último aspecto a poner sobre el tablero son las propias instituciones del imperio. Aquí no puedo entrar en detalles muy pormenorizados porque cada caso tiene sus propias estructuras, actores políticos y mecanismos. Sin embargo, sí que puede interesarnos para preguntarnos si hay algunas formas imperiales que tienen mayor durabilidad que otras. Al fin y al cabo, no todos los imperios son iguales. No parece que sea el mismo tipo el que emerge tras la caída de la República Galáctica que el que existe en Dune o Trántor. No solo por las condiciones en las que aparece sino incluso por los elementos de los que deriva su legitimidad. Si hay que hacer una tipología rápida, probablemente lo más sencillo sea recurrir a dos grandes modelos generales.

El primero es el de un imperio personalista, en el que entraría claramente el caso del Imperio Galáctico de Coruscant o, por ejemplo, el Dominio Terran. Estos imperios se originan de modo violento tras la caída del régimen anterior. Aunque suelen estar apoyadas por un poderoso ejército o movimientos políticos, esas organizaciones no son lo suficientemente autónomas o desarrolladas como para evitar que el líder tome control total de las decisiones políticas del régimen y su reclutamiento. De hecho, con frecuencia las minan para evitar contrapoderes —véase la tasa de rotación de un almirante en el Imperio Galáctico—. Además, suelen apoyarse en una fuerte policía secreta, el recurso de la violencia arbitraria y el culto a la personalidad para ensanchar su base de poder.

El segundo es un imperio de tipo monárquico como los casos de Dune o Trantor. Este tipo de imperios típicamente se apoyan en las familias nobles y redes de parientes para que el gobernante llegue y se mantenga en el poder. Lógicamente, esto es fundamental para la sucesión —que normalmente recae en un miembro de la familia pero no tiene por qué ser el primogénito—. La Corrino ha sido una dinastía que ha tenido saltos irregulares dentro de la propia Casa pero en el caso de Trantor diferentes familias nobles se han alternado en el poder como los Kamble, Wyam o los Entum. En todo caso, lo relevante es que para participar del gobierno hay que tener cercanía con la familia imperial y para eso suele ayudar el matrimonio. Los Atreides en esto no fueron una excepción.

El emperador ha muerto. Viva el emperador

Aunque a veces no lo vemos, los imperios galácticos —como las repúblicas— se apoyan en equilibrios políticos internos. Tienen coaliciones entre diferentes actores políticos. Y estas coaliciones tienden a ser mucho más inestables en los imperios de corte personalista que en los de tipo monárquico. Comparemos por un momento el Imperio Galáctico con el imperio Atreides. Supongamos que somos unos arribistas ambiciosos con ganas de llegar a gobernadores de nuestro sistema planetario y no tenemos ningún tipo de escrúpulo para conseguirlo.

En Arrakis está perfectamente delimitado quién está dentro y quién fuera  de los núcleos de poder. Si eres una Gran Casa, por ejemplo, puedes pintar algo. Por lo tanto, sabes que tu objetivo es colocarte entre ellas, normalmente mediante matrimonio. Además, una vez dentro de la nobleza del Landsraad estás en una zona relativamente segura, o al menos más que el resto. Por el contrario, si eres un arribista del Imperio Galáctico no está nada claro que vayas a durar mucho. Hacer carrera militar puede terminar con un problema de asfixia repentina y el cargo de Moff dista con mucho de ser hereditario, así que es incierto que vayas a poder hacer un cursus honorum. De ahí que bajo permanente amenaza de ver frustradas tus expectativas puedas preferir en un momento dado armar una rebelión antes que terminar en el pozo de Carkoon.

Del mismo modo en un imperio monárquico como en el de Dune hay equilibrios de poder complejos, sí, pero también reglas muy pautadas sobre el reparto de las rentas. Por ejemplo, la especia se asigna según tu participación en la CHOAM. En el Imperio Galáctico, sin embargo, todo depende del arbitrio del emperador Palpatine, que da y quita a placer. Esto es especialmente problemático para el tema de la sucesión. De nuevo, en Dune hay reglas claras. En el Imperio Galáctico… bueno, puedes acabar arrojado a un pozo en la Estrella de la Muerte por tu discípulo y generar un vacío total de poder. En estos imperios todo depende de una persona tan central que su ausencia puede llevar al colapso de todo el sistema y las transiciones al sucesor son difíciles si no hereda las lealtades del tirano difunto.

Por lo tanto, los imperios galácticos de tipo monárquico podrían ser más duraderos al tener más institucionalización y reglas que los imperios personalistas, algo que les permitiría perdurar como régimen y sobrevivir a sus fundadores. Por supuesto, esto no significa que la caída del Imperio Galáctico necesariamente lleve a una nueva república y no a un segundo imperio, pero para un demócrata en Dune o Trantor la aventura siempre será más complicada que frente a imperios edificados sobre una sola persona.

¿Son los imperios galácticos inevitables?

Con estas cuestiones sobre la mesa podemos retomar la pregunta inicial y empezar a arrojar algo más de luz. Más allá de narrar gestas galácticas o disertar sobre limitaciones culturales, hay elementos que nos dan pistas tales como el tipo de universo e imperio ante el que nos encontramos. Cuando los ciudadanos son pobres y no tienen capacidad de emigrar a otros sectores planetarios es más complicado poner coto al poder del emperador. Algo que también ocurre cuando la Casa Imperial dispone de recursos preciosos para ser autosuficiente y consolidarse. Es más, un elemento que aún se verá más reforzado si estamos ante un imperio de carácter monárquico, bien institucionalizado, que ante uno de corte personalista.

Por supuesto, esta comparativa deja muchísimos otros factores en el tintero —este texto no puede ni quiere ser un repaso exhaustivo—. Además, mi enfoque también es limitado. Por ejemplo, los imperios dependen mucho de sus orígenes y su historia ¿O es que la Federación de Planetas no tiene una historia totalmente diferente al de un imperio nacido de la Jihad Butleriana? Del mismo modo, las decisiones en momentos críticos pueden marcar el curso de la historia galáctica, aunque puede que menos de lo que nos parece. Basta con recordar cómo la República Galáctica, por su diseño institucional, se abocaba a la crisis y el colapso. En todo caso, apenas estamos empezando a plantear estas cuestiones. Tómese estas ideas como un primer paso.

Sin embargo, quizá no estaría mal recordar que, más allá de sus determinantes o cómo lo expliquemos, una galaxia democrática debe ser un objetivo a perseguir para cualquier humano o alienígena. Porque los imperios benévolos de la Fundación son los menos y los de Palpatine son los más y, sobre todo, porque se ha demostrado que la tiranía en la galaxia es un mal evitable.

20th Century Fox / Lucasfilm Ltd. Production / Disney.

20th Century Fox / Lucasfilm Ltd. Production / Disney.

19 comentarios

  1. Pingback: ¿Es inevitable el Imperio Galáctico?

  2. Totalmente de acuerdo.

  3. Pingback: ¿Es inevitable el Imperio Galáctico? | EVS NOTÍCIAS.

  4. Interesante revisión.

    Formularía la pregunta de otra forma: ¿es posible un gobierno galáctico que no sea un imperio? El artículo sobre la República Galáctica me llevó a pensar que tal vez no.

  5. Muy interesante el artículo!
    Sobre la paradoja del imperio despótico de Trantor si que tengo algo que decir. En mi opinión la psicohistoria si predice que el imperio y la prosperidad son compatibles, pero tambien que un imperio monárquico es inestables (de hecho la psicohistoria llega a estar tan desarrollada que se pueden producir todas las crisis producidas por falta de representación y demás). Una vez conocido esto el objetivo es diseñar un nuevo sistema de gobierno que sea más estable y maximice la prosperidad.Aunque en no se llega a ver el culmen de este “segundo imperio” si que se ven sus comienzos, que es más parecido a una democracia (con sus elecciones y todo) que a un mperio monárquico. Eso si, ese sistema tiene sus fallos, tal y como se explica en los límites de la fundación, pero eso es otra psicohistoria ;)
    Saludos!
    Pd: En “corrientes del espacio” de asimov tambien se hace referencia a una sustancia capaz de condicionar la estabilidad del imperio.

    • Jode, qué de errores. Por escribir con el móvil :(
      Respondiendo a la pregunta de si es inevitable un imperio galáctico: yo digo que tanto imperio y democracia son inestables y seguramente se vayan alternando a menos que se encuentre un nuevo sistema de gobierno, véase fundación o “Galaxia” de “Fundación y tierra”

  6. Estimado autor,

    revísese la saga Mass Effect, que pese a ser videojuego también es un hito cultural de nuestra era. En ella uno de los temas que se tratan es la democracia como sistema de gobierno en la galaxia y el interés que los humanos puedan tener en erosionarla para establecer un Imperio.

  7. Sobre el Universo de Trantor, Asimov se basó en el transcurso de la historia terrestre, siendo Trantor un reflejo del Imperio Romano, su auge y caída, cómo se separa en Bizancio y se forman nuevos reinos en los viejos dominios romanos, siendo Bel Riose una suerte de Belisario como el último gran general romano pero que es llamado por un Emperador celoso, eliminando así las opciones de reunificar el Imperio.

    En cualquier caso, en la conclusión del universo Asimov, cuando los ciclos de la Fundación y los Robots se unen se llega a la “solución final” del universo con Gaia, el ente natural bajo gestión robótica que vela por los humanos, incapaces de autogobernarse.

    • Esto sería el triunfo de la tecnocracia pura, la gran máquina de Big Data que tiene todas las respuestas y ejerce toda planificación de recursos. Aparece en muchos cuentos de Asimov, y en Alphaville de Godard, mucho antes que en 2001, Odisea del Espacio. Pero no resuelve el dilema de si el crecimiento sostenible (y la plena felicidad) es posible o es secuencial, crecer y luego repartir sin crecer y luego volver a crecer… Al fin y al cabo es lo que marca esta sucesión de regímenes al no ser los humanos capaces de medir los tiempos justos de cada cosa, o hacerlos compatible.

  8. Lo de las sucesiones me ha recordado a la primavera árabe. Los regimenes que menos la sufrieron fueron las monarquías hereditarias.

  9. Recurrir a la ciencia ficción para hablar de nosotros mismos. Qué buena idea! Gran texto.

    Saludos.

  10. Pingback: Núm. 114-126 (diciembre de 2014) « Andalán.es

  11. Interesante disertación. El género de la ciencia ficción funciona de maravilla cuando expone en su contexto reflejos de nuestra historia y de nuestras sociedades pasadas, presentes y futuras. La variedad de regímenes y formas de gobierno varía según el autor y la obra. Sin ir tan lejos como el artículo plantea, evocando sistemas de gobierno de las obras que aparecen en el texto, me viene a la cabeza un sistema también perteneciente a un relato/película enmarcado en la CF como es Starship Troopers. Sin Imperio, sin democracia, una federación globalizada y un único gobierno para regir la vida de los humanos con oscuros intereses de adoctrinamiento, orden social y belicismo consensuado.

    • No estoy de acuerdo en que la Federación de la Tierra en Starship Troppers no sea democrática. Sabemos que para ser ciudadano y tener derecho al VOTO, hay que servir en el ejército. Parece que hay un claro “cursus honorum” con unas reglas bien conocidas por todos. Y lo que es fundamental, no parece haber restricciones sobre el papel (no seamos ingenuos, como en toda sociedad organizada, habrá élites político-económicas que lo tengan más fácil) para acceder al poder político por razones de sexo, raza u origen social (no voy a decir religión porque la creemos reemplazada por el culto al estado y a la violencia perennemente presentes). Prueba de esta “igualdad de oportunidades” e ¿igualitarismo? son el hecho de que ante la incompetencia del líder de la Federación, éste es sustituido por una mujer, de origen indio para más señas. Que los hombres y las mujeres se duchan y comparten vestuarios en el ejército o que se baten en primera línea de batalla junto a los hombres contra los arácnidos.
      Es decir, la posibilidad de participación política es en apariencia abierta a todos, mientras que en la República de la Antigua Roma o Galáctica o en las democracias de la Antigua Grecia era un privilegio de determinadas, con perdón, castas (patricios/ciudadanos/”princesa” Leia de Alderaan, condiciones todas de origen hereditario).
      Lo que nadie pone en duda es el carácter totalitario de esa democracia. Parece que la capacidad crítica, la libertad individual y el cultivo de cualquier manifestación cultural, que no sea la guerra, han sido extirpados. Asistimos a la victoria “total” de un sistema, es decir, el momento en que nadie se cuestiona los valores del mismo, que se abrazan con entregado entusiasmo. O al menos los protagonistas así actúan… Pero queremos pensar que hay disidencia. Debe haberla. ¿No?
      Por tanto la conclusión final no es tanto el tipo de sistema que gobierne la galaxia, si bien creemos que aquellos de corte democrático o “republicanos” son más propicios para alcanzar el bien común y la excelencia del individuo, sino si ese sistema “crea” ciudadanos libres, críticos, justos y honrados, conforme a unos principios morales aceptados por todos y respetuosos con otras culturas alienígenas, siempre que no nos sean hostiles.
      Pero para lograr todo ello, seamos conscientes de que el esfuerzo debe ser bidireccional. Los ciudadanos no pueden abdicar de todas sus responsabilidades en sus sistemas de gobierno. Por muy virtuosos que sean los mismos.

  12. Asimov llevó la caída del Imperio Romano al espacio. se podría hacer lo mismo con la caída de la República Romana, cosa que EMO en las precuelas de Star Wars no está nada conseguida.

    Empecemos por un sistema estratificado de clases. Con los recursos de sistemas enteros a repartir, habría más desigualdades por pura variación estadística: el techo para los muy ricos estaría mucho más arriba, un Bill Gates o Craso galáctico poseería sistemas enteros. Podría haber, por qué no, relaciones cliente-patrón ante gente tan poderosa.

    ¡Y esclavitud!. Las tendencias antiigualitarias del racismo se multiplicarían con el especiecismo antialienígena . ¿Derechos humanos para un gamorreano? Si, hombre. Y no hablamos de las IA.

    Y, lo más importante: las distancias. Los regímenes participativos de la antiguedad no podían extenderse más allá de una ciudad. Podrías ser ciudadano romano viviendo en Capua, pero no ir a votar. Las distancias eran lo suficientemente cortas para enviar un ejército fácilmente pero no para que la democracia funcionara.

    En una situación así hay dos opciones: fragmentación o autocracia. Y se podría tener una China galáctica que se pasase milenios pasando de una forma de organización a otra.

  13. Bravo por el artículo, y bravo por la referencia a Warhammer 40.000.
    FOR THE EMPEROR!

  14. Pingback: ¿Es inevitable el Imperio Galáctico? | Asociación A.M.G. Alcobendas

  15. ¿La especia? ¿Pimienta, romero, tomillo?

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