Librerías con encanto: una conversación con los libreros de Muga (Vallecas) - Jot Down Cultural Magazine

Librerías con encanto: una conversación con los libreros de Muga (Vallecas)

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Librería Muga. Avenida de Pablo Neruda, 89. ¿En Madrid? No exactamente: en Vallecas. Me encuentro con Pablo e Igor (con acento en la O, que es vasco, por favor) para luego contar aquí sobre su librería, su día a día, quiénes son. Acabamos —no podía ser de otra manera— hablando sobre qué significa ser una librería de barrio, qué es lo que hay que proteger con dinero público, e incluso sobre lo que Xabi Alonso o Guardiola pueden hacer por todos nosotros dejándose fotografiar con La Gaya Ciencia, por ejemplo; quién sabe, si nos dejaran, tal vez en otro par de horas podríamos acabar de arreglar el mundo, acaso conseguir que se pareciera un poco más al mundo que queremos. 

¿Qué es esto de Muga?

Igor: Yo diría que es una librería, pero a veces no lo tengo claro…

Empecemos entonces por el principio. ¿Cómo os conocéis vosotros dos?

Igor: Pablo y yo nos conocimos en la época del instituto, en Atenas, en un viaje de fin de curso. Tenemos de aquello, imagínate, un vago recuerdo… Luego nos vimos menos, él estudió Periodismo y yo Filosofía, aunque no llegamos a perder el contacto.

Pablo: Yo aquí he de decir que Igor fue mi primer librero. Me acuerdo muy bien de aquellas primeras recomendaciones, El Lobo-Hombre, de Boris Vian, publicado por Tusquets. Me lo dejó y me entusiasmó. También me habló de Las flores del mal. Fueron libros claves para mí, para mi desarrollo como lector. Igor es librero desde que tenía diecisiete años. Esto hay que decirlo.

¿Vivíais en el barrio?

Igor: No, no. Acabamos aquí por el local, que es de mi padre. Muga es, por así decir, un negocio familiar, de mi familia. Lo que ocurre es que mi padre no ha participado trabajando aquí. Esto lo hemos hecho nuestro. El tener el local nos ha ayudado mucho, imagínate. Si tuviéramos que pagar un alquiler tendríamos que vender droga; con los libros no llegaríamos. Originalmente éramos cuatro chicos, de entre veinticuatro y veinticinco años, no estaba Pablo en el inicio, en aquellas primeras conversaciones. Iba a empezar con nosotros una persona que sí tenía experiencia en el mundo del libro, pero que cambió de opinión en el último momento.

Pablo: Les conocí porque estaba trabajando por el barrio como comercial de tabaco, y me asomé un día y les vi aquí, en el local, trajinando, rodeados de cajas, de libros. Y me quedé a echarles una mano, me gustó mucho lo que estaban haciendo, el proyecto, el ambiente que había. Pasamos así algunos días, venía y les ayudaba. A la vez, dejé lo de comercial. Y como la chica que iba a meterse, en el último momento, falló…

Igor: Nos envió un fax… Cómo suena ahora. Ya nadie envía faxes. Y justo entró Pablo, apareció y le propusimos que se quedara.

Pablo: En diciembre hacemos catorce años. Recuerdo perfectamente ese momento en que llega el fax [le brillan los ojos, guarda un grato recuerdo de aquello, se le nota el cariño, la gratitud], estaba por aquí, echándoles una mano. Se fueron los tres como en un aparte y estuvieron hablando cerca de media hora. Luego vinieron hacia mí y me propusieron quedarme. Y, claro, para mí fue un shock, lo recuerdo como uno de los momentos más alegres de mi vida. Me hizo muchísima ilusión. También vivía por entonces en un barrio como este del extrarradio, en San Blas. El proyecto me pareció emocionante, me identifiqué plenamente con todos ellos, aluciné. Y aquí sigo.

¿Y qué les habéis hecho a los otros dos?

Pablo: Hasta hace nada éramos tres.

Igor: Sí, a Santi lo conociste. Es un chico argentino. Eran los dos argentinos y filósofos. El otro, Facundo, ahora vive en Italia. Los dos se han ido por temas personales, sigue habiendo una vinculación. Luego por aquí ha pasado mucha gente, colaborando.

¿Quién más trabaja aquí?

Igor: Hay otras dos personas, María José y Goi (Goizargi), mi hermana, y otra que se va a incorporar ya como fija a tiempo parcial, y que estaba colaborando hace ya un tiempo con nosotros, Rita.

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La librería, lo que queríais hacer, ¿cómo era ese ideal? Erais jóvenes, habíais leído a los románticos.

Igor: Sí. Totalmente. Yo aún recuerdo la sección de filosofía que montamos cuando abrimos. Teníamos las obras completas de los filósofos de Gredos, no sé si recuerdas la colección, las tapas azules. La gente entraba y seguramente lo pensaba: «¿Qué hacen estos chicos aquí, en este barrio…?». Veníamos de la burbuja de la Universidad. Los tres de Filosofía y Pablo, de Periodismo.

Pablo: Construimos esto piedra a piedra.

Igor: Al principio tienes una ilusión completamente irracional por este mundo, no conoces nada. Sí que es cierto que en nuestro caso habíamos hecho un trabajo previo, sobre todo con esta persona que te digo que iba a empezar con nosotros, para conocer el sector, etc. Pero vas con tus prejuicios, como alguien que ve el mundo del libro desde fuera, con esa fascinación. Me imagino a toda la gente joven que está ahora abriendo librerías así, con esa misma ilusión.

En nuestro caso es cierto que tuvimos suerte cuando empezamos, y también nos dimos cuenta muy rápido de que había que deshacerse de la idea romántica de librería que teníamos.

Pablo: Los libreros, por ejemplo, no tenemos tiempo de leer todo lo que queremos, o lo que deberíamos. El día a día no te lo permite.

Algo que sí destaco del inicio, de esos primeros años, es que ellos tenían perfectamente pensado el organizar actividades en torno a la librería. Recuerdo que teníamos hasta una máquina de café, muy regular, nos tomábamos como diez cafés al día.

Igor: Y hemos sobrevivido. Lo cual es ciertamente sorprendente.

Pablo: Ofrecíamos café a la gente, y para ellos, en aquel entonces, era chocante. Lo recuerdo bien.

Y ya no hay café. Habéis recorrido el camino en la misma dirección que el resto de librerías que ahora están tan de moda, por así decir, pero en sentido contrario.

Igor: Muga ha pasado por diferentes etapas, realmente. La primera librería que abrimos aquí era como las que se abren ahora en el centro: teníamos ese mismo espíritu que pueden tener…

¿Tipos infames?

Igor: Bueno, no lo teníamos tan claro como ellos, que lo han hecho muy bien. Me gusta mucho su librería. Muchos hablamos de hacerlo… y ellos lo han hecho. También es cierto que están en el sitio para poder hacerlo. Aquí, en Vallecas, lo intentamos, pero aquí no se puede abrir una librería de ese tipo.

Ha habido una evolución, me dices, hacia un proyecto que fuera viable. Contadme, que nos están leyendo jóvenes emprendedores, decidnos cómo lo habéis hecho.

Igor: Empezamos con esa idea y, como te decía, y esto fue muy rápido, nos dimos cuenta enseguida de que donde estábamos, un barrio del extrarradio, iba a marcarnos el paso. Podemos intentar vender filosofía, pero al final es que no era el sitio. Poco a poco, entonces, vas entrando en contacto con lo que tienes a tu alrededor. Y vas definiendo el proyecto. Es más importante escuchar lo que necesita la gente, saber hacer esto, que generar el tipo de librería ideal que te gustaría.

Así, nos fuimos convirtiendo rápidamente en una librería de barrio, en el buen y en el mal sentido de la palabra. Porque tú no nos has conocido en esa época, pero llegamos a tener prensa, papelería, a hacer fotocopias…

Pablo: Abríamos los domingos por la mañana. La primera estrategia fue abarcar todo lo que podíamos.

Igor: Y a partir de un determinado momento de lo que nos dimos cuenta es de que la gente lo que quería de nosotros era, aparte de atender esa demanda, que fuéramos profesionales, que supiéramos de libros. Y dejamos todo el tema de papelería y demás y nos convertimos en una Librería [en mayúsculas]. Pasamos por una etapa, entonces,  en la que no estábamos aportando lo que tiene que aportar una librería.

¿Qué es lo que tiene que aportar una librería? Es la pregunta del millón.

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Igor: Justo esta mañana estábamos hablando de eso. Fundamentalmente somos intermediarios, eso es lo principal. No te puedes olvidar de esto. No somos creadores. Tenemos que intentar dar valor a algo que ya llega a nosotros. Somos el último escalón entre el autor, el editor y el lector. Uno de los escalones, no sé si el más importante. Esa mediación es lo que tenemos que aportar. Y esta mediación, me parece, con el paso del tiempo ha cambiado mucho. Originalmente las librerías, solo por el hecho de tener libros, porque no era fácil encontrarlos, ya estaban haciendo esa labor. Ahora, sin embargo, cuando cualquier libro puede estar en tu casa de un día para otro… tener los libros en la librería no es suficiente. Hay que hacer algo más.

Pablo: Lo primero que aportamos, ya desde el punto de vista del barrio, es un servicio. También teniendo en cuenta que teníamos una competencia muy fuerte con Abacus, la cooperativa que había aquí al lado. Tenían un espacio enorme lleno de libros. Nosotros teníamos que provocar que Muga, aparte de tener los libros, fuera un lugar de encuentro. Y creo que esto lo fuimos consiguiendo, adaptándonos. De hecho, hay gente que no se ve durante años y se encuentra por fin aquí; Vallecas es enorme.

Igor: Cuando le explicas a la gente que no es de aquí lo que es Vallecas… «Ah, un barrio de Madrid». Sí, bueno, un barrio, pero un barrio más grande que casi cualquier ciudad de provincia.

La gente de Vallecas contesta con un «De Vallecas» cuando le preguntan de dónde son. No dice «De Madrid».

Igor: Sí, sí. Ese es otro tema, el de la identidad. La identidad del barrio y nuestra relación con ella es una historia muy bonita. Personalmente, siento que aquí en la librería he aprendido muchas cosas; te lo digo enlazándolo con lo que hablábamos de la burbuja en la que estábamos cuando salimos de la universidad. He aprendido mucho del mundo del libro, sí, y de la vida, sobre todo. El contacto con toda la gente, con la vida no voy a decir real, pero sí con la identidad vallecana, sea lo que sea eso.

Hay otras librerías en Vallecas, gente que lo hace fenomenal. Ahora bien, la sensación que yo tengo con Muga es que la gente lo percibe como algo que, sin ser suyo, sí forma parte del barrio, se sienten orgullosos de tener una librería como esta. Porque al final parece que la cultura ha de pasar por los centros de las ciudades, y un poco también esa función es nuestra: en la medida de nuestras posibilidades colaborar a la hora de dinamizar el espacio cultural del barrio.

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¿Qué lee la gente de Vallecas? Porque por Muga pasa sobre todo gente de Vallecas, ¿no?

Igor: Sí. Y dentro del barrio, un público muy determinado. Te he hablado en alguna ocasión de La esquina del Zorro Rojo, por ejemplo. Es un perfil de público muy diferente al nuestro, más moderno, muy conectado a la música, también. Están haciendo un trabajo muy bueno, la verdad. Te van a gustar cuando les conozcas.

Nosotros tenemos un perfil más político, más social. No abarcamos todo lo que sucede aquí, entonces. Sí que creo que somos una referencia dentro de lo que es el Vallecas más político-social. Vallecas es, para que te hagas una idea, el único barrio donde no ganó el PP en las últimas elecciones. Con todo lo que eso significa. Es un barrio muy popular, con una identidad muy fuerte. La plataforma por la escuela pública empieza aquí, las camisetas verdes famosas empiezan aquí, la gente de la marea blanca, gran parte, está aquí; centros de referencia de defensa de la sanidad pública están también aquí. Con esta parte de Vallecas es con la que más conectamos nosotros.

¿Qué lee la gente de Vallecas, entonces…?

Pablo: Bastante ensayo político, en muchos casos. Y luego una literatura muy ligada a todo esto.

Igor: Editoriales como Impedimenta, que pueden gustarnos a nosotros, por ejemplo, pues aquí no encajan, es un perfil diferente. Incluso la Jot Down. Cuesta.

¿Y la relación con el resto de libreros? ¿Cómo lo vivís, estando aquí, en principio algo apartados (geográficamente, al menos)?

Pablo: La verdad es que estos años hemos estado un poco más unidos. Es cierto también que ha habido cierto movimiento en el gremio de libreros. No ha habido ningún cambio, pero sí un amago de cambio. Te lo contaba a ti Santiago Palacios. Se perdió por cuatro votos. Yo entiendo que la cosa está dividida entre generaciones, una de gente de más edad, que mantiene un poco la estructura, la forma de hacer las cosas de siempre, y luego hay otra serie de personas, a las que se une también gente más mayor, que vemos la necesidad de un cambio, que apostamos por algo diferente, sobre todo en lo referente a estar conectados, organizar actos juntos, etc. Hace un par de años, por ejemplo, nos juntamos la Alberti, La Buena Vida y Lé y nosotros en torno a Petros Márkaris en La Casa del lector del Matadero. Y muy bien. La librería es un mundo que, al final, te cierra mucho, siempre hay algo que hacer. Por eso este tipo de iniciativas cuestan. Pero sí, lo hablamos estos últimos años, el intentar unirnos para hacer más actividades de este tipo.

Igor: Hay como dos mundos en choque, y no creo que solo sea en el sector del libro. Hay una idea más tradicional sobre lo que representa el pertenecer a este mundo, y otra idea que tiene presente todo lo que está pasando, las nuevas tecnologías. Hay también un debate abierto entre nosotros, si las librerías somos cultura o no, si nos tendrían que proteger o no, si somos intermediarios de valor o no lo somos. Lo que está pasando es como un cambio de paradigma.

¿No tenéis la sensación de que hay otras dos comunidades que están muy diferenciadas: la que está en la red, con librerías muy activas en torno a las cuales se mueve bastante gente, y otra, distinta, que apenas tiene presencia en las redes pero que sí que tiene una gran presencia en las librerías, incluso un gran peso, por la cantidad de libros que compran?

Igor: Yo creo que la presencia de las librerías en la red no es tanta. Es algo anecdótico. Hay presencia, pero no de gente que sea capaz de generar actividad a través de la red. No la hay. No existe ese mercado. Al menos no todavía.

Pablo: Esa discusión la tenemos aquí. Si existe esa gente que tenga presencia y que, además, genere un resultado. Nosotros tenemos Twitter, Facebook…  Y lo hablamos muchas veces, ¿conseguimos que venga más gente porque retuiteemos algo, porque lo compartamos en el Facebook? Tal vez sea algo que está por explotar, o que está ahora explotando… Hoy por hoy creo que la gente no usa las redes para esto. Que pongas una foto de un libro no va a hacer que la gente vaya a la librería a comprárselo, tampoco. No lo creo.

Otro público, tal vez uno más joven, con menos capacidad de compra, sí que puedes conseguir que se acerquen a la librería.

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Queda muy bien sacarse la foto con el libro, tuitear a una editorial de moda, darle al «me gusta» cuando se comparte la última portada… pero toda esa gente, ¿compra libros? ¿Genera negocio? Es a lo que voy. ¿Qué notáis vosotros?

Igor: Ah, el postureo… No lo sé. Lo cierto es que yo no me veo con la capacidad de análisis global necesaria. En nuestro caso no hemos trabajado más las redes porque en un momento dado te das cuenta de que tu gente es la que viene a la librería. Ninguna librería, y esto es mi opinión, va a poder competir con Amazon, con grandes empresas con una presencia en internet brutal. Ninguna. Ni la suma de todas las librerías.

Pablo: Bueno, eso es discutible.

Igor: Sí, bueno, esto se podría discutir. Pero yo creo que la cuestión es que tienes que ofrecer algo distinto, algo que ni Amazon ni estas grandes corporaciones pueden ofrecer. No por ofrecer distinción o diferencia, sino porque es tu espacio: un determinado tipo de mediación que tiene que ver con la cercanía, con el valor que le puedes añadir a una persona que necesita en un momento determinado orientarse, estar al día. Y, sobre todo, que le gusta el contacto.

Yo estoy en este sentido completamente convencido de que el 50% de la gente que nos compra libros a nosotros nos los compra porque quiere que existamos. Pasan por la FNAC, ven un libro, y se vienen a comprarlo aquí. Porque quieren que estemos, que sigamos.

El mercado del libro, por suerte, está muy regulado.

¿Te refieres al precio fijo? ¿Estás a favor?

Igor: Tengo mis dudas. En estos términos: si el precio del libro está pensado para proteger a editoriales, librerías y creadores de tamaño medio y pequeño y no funciona y siguen cerrando librerías y editoriales… Algo hay ahí que da qué pensar.

En los VIPS te encuentras libros a 3,95 €. Libros cuyo precio de venta al público era de 22,24 €. ¿Cómo va esto?

Pablo: Porque la editorial los salda. Sacan el libro del catálogo.

Igor: Esto está todo especificado en la ley del libro. Plazos, etc. [Así es. Les dejo aquí el enlace. Artículo 10. Exclusiones al precio fijo]

Pablo: Los grandes centros como VIPS y demás compran mucho.

¿Y el autor? ¿Qué tiene que hacer ante eso?

Pablo: No puede hacer nada. Al estar fuera de catálogo se habrán liquidado los derechos antes de hacerlo.

Igor: El tema del precio yo creo que es el tema del libro de hoy. El precio es tu presentación. Realmente, hacerlos, todos lo sabemos, no cuesta mucho.

Imprimirlos no cuesta. Hacer un libro bien sí que cuesta. Hay que saber hacerlo, por ejemplo.

Igor: Sí, eso es verdad. Pero el sacarlo es muy barato. Lo que pasa es que el precio de lo que cuesta hasta que llega al lector final se va multiplicando por cinco, o más incluso. Todo eso es la cadena del libro. Hay quien piensa que todo eso es innecesario, pero esa cadena es la que hace que el precio llegue al consumidor final.

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¿Son caros los libros?

Igor: El tema del precio no es objetivo. Las cosas no son caras o baratas en abstracto. Lo son con relación a lo que la gente percibe de ellas. Aquí, por ejemplo, desde muy pronto, ese 5% de descuento que tenemos de margen para jugar con el PVP lo hacemos.

Para la mayoría de la gente los libros son caros. ¿Quiere eso decir que son objetivamente caros? No. Si fuéramos ricos en España se comprarían más libros.

Pablo: De hecho, es lo primero que se ha notado con la crisis. Esa familia que compraba algún libro al mes ha pasado de comprar uno o dos a no comprar ninguno. Incluso gente que no ha perdido su trabajo: por precaución han decidido guardar el dinero que antes dedicaban a ocio, o parte de ese dinero.

Igor: Es un tema importante este. Creo que el libro corre el riesgo de convertirse en un signo de distinción. Consumo libros porque me lo puedo permitir, formo parte de una élite. Y no lo digo en sentido peyorativo. El lector de libros como parte de una élite cultural. Son élites que existen naturalmente.

El otro día lo hablamos en la charla en torno al cómic. El libro puede acabar, por muchas razones, desatendiendo el elemento popular. El libro tal vez debería intentar cubrir no solo esa parte elitista, ser más popular, no sé si a través del precio… Habría muchas posibilidades. A mí esto me preocupa un poco, porque si solo van a poder comprar libros los que tengan dinero, porque no hay dinero para bibliotecas, etc., al final se van a hacer libros solo para esta gente. Y a mí eso no me gusta.

¿Y qué hacemos?

Igor: ¿Te refieres a contenidos? No creo que sea un tema tanto de contenido como de promoción del libro. No estoy diciendo que se tengan que escribir libros sobre Cristiano Ronaldo todo el rato…

Pablo: El libro tiene que llegar a la gente como algo más natural. No como algo especial o selecto.

Igor: Los jugadores de baloncesto americanos, por ejemplo, hacen promoción de libros constantemente, salen leyéndolos. ¿Ves aquí a algún futbolista haciendo algo parecido?

Xabi Alonso, Guardiola…

Igor: Sí. Se les tiene como un par de culturetas. No, a ver. Se trata de conseguir que la gente vea el libro como un entretenimiento posible, que no es algo ajeno a la vida cotidiana. Porque estamos convirtiendo el libro en algo distintivo, y nos incluyo a nosotros también, es autocrítica.

Vender libros, sean los libros que sean, ¿es siempre una buena noticia? Estoy pensando en Belén Esteban y similares.

Igor: No, no. Muchas veces, cuando nos reunimos el gremio de libreros hablamos de que habría que proteger las librerías porque son un elemento de cultura, de transmisión de valores, etc. Solemos discutir porque hay posturas diferentes. Personalmente, lo que digo es que no hay que proteger a las librerías, sino a la cadena del libro. Y proteger la cadena del libro no es proteger un sector concreto, es conseguir que determinadas cosas existan y lleguen a la gente.

¿Pero cómo se hace eso? Vamos a lo concreto.

Igor: Primero, con dinero.

¿Subvenciones?

Igor: Pero, ¿qué es subvencionar? Es invertir dinero en determinados sectores sin esperar que tenga un rendimiento. Se hace con los libros y se hace con las energías renovables. El Estado lo hace, claro, el Estado se dedica a subvencionar. Esa es su tarea. Todos invertimos, pagando impuestos, para que determinadas cosas salgan adelante. La cuestión es cómo se gestiona ese dinero. Por qué se subvencionan determinados proyectos y por qué no otros. La cuestión es que lo que subvenciones tenga una repercusión como la que tú quieres. Por mi parte, lo que subvencionaría es la cultura que consiga generar más cultura. No tanto proyectos concretos. Se ha subvencionado mucho a la edición, la creación, se subvenciona a las librerías desde el momento que proteges el precio, por ejemplo, o con el IVA superreducido.

Pablo: Sí, dentro del mundo de la cultura el IVA del libro es el único que no se ha tocado. De momento.

Igor: No creo que sea porque lo respeten mucho. Es que si lo tocan esto no es como el cine; esto se hunde, directamente.

En lo que hay que gastarse el dinero es en promocionar el libro como tal.

Pablo: Claro. Dotar a las bibliotecas de barrio de más fondos para comprar libros. Es un ejemplo. Que sea accesible, fácil llegar a un libro.

Igor: Mira, otro ejemplo; nosotros ahora queremos lanzar dos concursos: uno de creación literaria y otro de creación vinculada al periodismo. Para chavales. Puedo hacerlo y dar un lote de libros, etc. A mí lo que me gustaría es llegar a esa gente que quiere dedicarse a esto porque le gusta y que vean que es posible, que puede formar parte de su vida, que es viable. Que el premio fuera, por ejemplo, un curso de escritura creativa durante un año en alguno de los sitios que hay aquí en Madrid, que son fantásticos. O tiempo de prácticas en un periódico. También traer a escritores que les hablen a los chavales de qué es escribir, etc. Y sí, hay gente que lo va a hacer. Podremos pagar alguna cosa… pero no tenemos medios. Lo quiero hacer en el entorno de Vallecas. Si hubiera un sitio donde acudir para poder pedirles dinero, que colaboraran (Ayuntamientos, etc.) sería fantástico.

Es un tipo de apuesta. Un ejemplo que se me ocurre porque estamos ahora con ello.

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Leíamos hace nada que un tercio de los españoles no lee nunca o casi nunca.

Igor: Las compañías discográficas han encontrado la manera de enfrentarse a la crisis del sector proporcionando experiencias a la gente, experiencias colectivas (conciertos, etc.). Alrededor de los libros no es tan fácil hacer esto mismo. A mí me flipa el tema de las lecturas en el mundo anglosajón, que haya gente que se junte para escuchar a un autor leer su libro.

¿Habéis probado a hacerlo aquí?

Pablo: Nosotros no. Justo Lola Larumbe ha empezado a hacer algo parecido. Empezó con Belén Gopegui.

Hemos hablado también en alguna ocasión de lo precario de todo este mundo.

Igor: A mí me preocupa mucho ahora, lo veo, lo difícil que es hacer de algo como esto un proyecto de vida. Pablo ha dejado trabajos, rechazado ofertas, porque es que este era su proyecto de vida. ¿Sería esto ahora posible? Creo que no.

Tenemos que hablar aquí de nuestra editorial este mes [enero]: Capitán Swing. Dani Moreno lleva prácticamente la editorial él solo. Y para mí ha editado el que yo creo que es el libro del año: El precariado. Una carta de derechos. Habla de todo esto. El libro tendrá probablemente sus erratas. Aunque me fijo poco yo en eso.

El problema no es tanto lo que cobra o no la gente. El problema es que hay gente que no cobra. Hay una idea como de que existe la clase trabajadora, de que toda la clase trabajadora formamos parte de la misma clase. Y la realidad es que no. Hoy en día el que tiene un contrato, por malo que sea, está mucho mejor que el que no tiene un contrato. En el libro lo que el autor sostiene es que está surgiendo una nueva clase social, cada vez más masiva, que no tiene acceso a una serie de derechos (laborales). Hoy en día hay un montón de gente que no aspira ya a tener los beneficios del estado del bienestar, cuando sí hay gente que los tiene.

Es tremendo este tema.

Al hilo de esto que dices y del debate que se generó en torno a la entrevista que publicamos en esta casa a Marta Ramoneda, ¿es tan escandaloso lo que allí se denunciaba en los comentarios? ¿Puede una librería ofrecer condiciones laborales mucho mejores?

Igor: No, en absoluto. Ahora bien, si se puede, se ha de hacer. Hay gente que hace grandes inversiones en este sector en infraestructuras, locales, etc.; y no en el trabajador. Yo te digo que esta librería, la nuestra, no hubiera llegado donde está si todos los que estamos aquí no hubiéramos sentido que era algo nuestro.

Pablo: Totalmente. Es así.

Igor: Se trata de invertir en las personas. Ahora bien, no sé si La Central, el caso que dices, puede hacer lo que nosotros aquí.

Pablo: Bueno, ella hablaba de lo importante que es para ellos tener unos libreros preparados, por ejemplo. Si luego te ciñes al convenio, que es muy justito…

Igor: Bien. Pues lo que dice este señor [Guy Standing] es que no puedes hacer que una economía funcione cuando cada vez les quitas más derechos a la gente; no puedes sostener un proyecto si no está basado en la gente que lo lleva día a día. Si compras un local de puta madre en pleno centro de Madrid y además construyes una imagen alrededor de ti determinada, eso te renta al principio… pero a la larga se tiene que basar en la gente. De otro modo se caerá.

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Bien, pues vosotros diréis, ¿cómo acabamos?

Igor: A mí una de las cosas que más me gusta de nuestra librería es, cómo te diría, como cuando se habla de la biodiversidad. Nosotros tenemos grandes ventas de muy pocos libros; eso sí: vendemos muchísimos libros, muchos tipos diferentes. Y eso me encanta. Al cabo del tiempo te vas dando cuenta de que mueves libros de editoriales muy diferentes.

Esta mañana nos acordábamos: recomendábamos a George Martin mucho antes de que se hiciera famoso. Ahora nos llega gente y nos lo dice: «Vosotros me metisteis en esto». Ahora vende cientos. Ya no le hacemos ninguna falta.

La historia es que aquí puedas encontrar cualquier libro, cualquier editorial. Si me preguntas qué libro he vendido más me tengo que parar a pensar, porque realmente tengo esta sensación. Además, nosotros, los que trabajamos aquí, también somos muy diferentes. Y esto a mí me gusta mucho.

[No puedo acabar sin dejar aquí anotado el libro que me recomienda Igor: La trabajadora, de Elvira Navarro. Que va a ser verdad que lo de ser librero del tipo Buen Recomendador es desde chico. Lo dejamos así]

Fotografía: Joaquín Gómez.

6 comentarios

  1. Futbolistas recomendando libros… no estaría mal. Es tema para un libro, desde luego.

  2. Esto es tremendo. Leo que lleváis catorce años en el barrio y me parece que fue ayer. Mi hijo mayor va a cumplir veintiun años y eso quiere decir que cuando tenía 7 comenzó a seguiros.
    Hoy no es un gran comprador de libros, ni siquiera comprador. Cuando quiere leer alguno se “lo baja”, o busca entre los que los que ya se leyó. Sin embargo, sí es de los que con quince años se leyó “Juego de tonos” porque Igor se lo recomendó a su madre para él. También es de los que salía del cole deseando subir la cuesta para entrar en “Muga” – bajar las escaleras- tirar el abrigo- coger un libro-sentarse en el suelo a leer, seguido de su hermana de tres que repetía orgullosa todo lo que él hacía. Parece que fue ayer.

    Después de leer la entrevista me sale escribir un comentario de texto a modo de ensayo para rebatiros (estamos en Vallecas) algunas de las ideas que lanzáis pero, mejor que eso, prefiero dejar constancia de mi gratitud y admiración hacia vuestro trabajo durante estos años .

    Gracias por vuestro esfuerzo durante todo este tiempo. Por convertiros en el “primer escalón” entre el autor, el editor y quienes nos acercamos al conocimiento. Por hacerlo fácil. Por generar un espacio que favorece la conciencia social, por ser un lugar de referencia y encuentro en el barrio, por vuestra disponibilidad y generosidad. Un placer teneros cerca.

    PD. Soy de las que echa de menos el café.

  3. eso de preguntarte “¿en Madrid? ” y responder que “No, exactamente” demuestra ignorancia, Vallecas es un distrito de Madrid, desde hace 70 más de años. Nuestro código postal es 28018 ó 28053.

  4. “De hecho, hay gente que no se ve durante años y se encuentra por fin aquí”
    Es cierto, esto lo ví hace unas semanas, la primera vez que visitaba esta librería , muchos años después de escuchar de su existencia y de haberlos encontrado luego por la fería del libro.
    Me llamaron la atención varias cosas: Lo primero: Lo mal comunicada que está la libreria con el mundo exterior. A tomar por culo de la boca de metro más cercana y un poco más cerca de la del cercanias (tampoco mucho). Lo segundo: Lo grande que es el local para tratarse de una libreria de barrio, disponiendo incluso de un rincón específico para actos. Y lo tercero: La poasistencia que había para la presentación de un libro que había recibido muy buenas críticas (Indies, hipsters y gafapastas), achacando esto al primer factor ya mencionado..Ahora mismo tienen en oferta a la editorial Capitan Swing y una agenda de actos con alguna que otra cosa interesante..De momento, intenté volver pero me perdí xD

  5. Magnifica entrevista de reconocimiento a una de las mejores librería que hay en Madrid, de la que los vecinos de este barrio nos sentimos tan orgullosos.

    Como usuario suscribo ese sentimiento de centro de actividad cultural abierto al barrio, y la predisposición de de toda la plantilla para colaborar con las más dispares propuestas: ciclistas, yayos flautas, madres contra la droga y cualquier autor que no tenga donde hacer una presentación sabe que ahí tiene su casa.

    Enhorabuena por lo conseguido, que no es poco. Es posible que falte la pasta, pero prestigio hay para exportar.

    Un gran abrazo y suerte por nuestro bien.

  6. Pingback: Librerías con encanto: Muga (JotdDown) – Joaquín G

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