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Mecenazgo: el arte de patrocinar

Horacio lee ante Mecenas, de Fyodor Bronnikov.
Horacio lee ante Mecenas, de Fyodor Bronnikov.

Jot Down para SUR Escuela de Profesiones Artísticas, fundada por Círculo de Bellas Artes  y La Fábrica. Empresa Asociada: ACCIONA

Los patrocinadores son una cosa tan extendida en la sociedad actual que hemos acabado asimilándolos como un zumbido ocasional en esa maraña ruidosa que es la vida cotidiana. Pero la acepción actual del patrocinador dista mucho, y no debe confundirse pese a ciertos puntos comunes, con los mecenas de las artes que existieron en la antigüedad. Porque el patrocinio publicitario que conocemos se aleja del artístico al tener un fin distinto y ser un trámite exclusivamente comercial, que tiene como objetivo inmediato la respuesta económica. En el fondo todo hoy en día está sujeto a un patrocionador: los programas de entretenimiento de la televisión, los informativos de los medios de comunicación o incluso este mismo artículo. Y todo depende de ese patrocinador para sobrevivir: la cadena emite porque alguien la avala y el periódico se edita porque alguien se anuncia en sus páginas. Pero el auténtico arte de patrocinar, el mecenazgo ejercido en tiempos pretéritos, tenía un objetivo más alejado del mundo empresarial: la cultura.

Patrocinadores clásicos y el creador tradicional

El origen del patrocinio financiero se podría rastrear hasta la antigua Roma. Se suele apuntar que Rómulo, aquella persona a la que la leyenda señala como un auténtico hijo de loba, fue el principal impulsor de dar empuje a la relación de patrón y cliente, normalmente de clase alta los primeros y de clase media o baja los segundos. El objetivo de aquella empresa era funcionar como herramienta para que los sectores más distantes de la sociedad no tuvieran que vigilarse entre ellos con miradas de desconfianza y suposiciones de acabar con la espalda convertida en un aparcamiento de puñaladas. El patrón cubría las necesidades vitales del cliente y este se sometía a su autoridad. Pero lo realmente destacable ocurría cuando algunos de los patrones decidían financiar a personas para cosas más interesantes que acompañarles al mercado, arreglarles la fachada o ejercer de palmeros. Se trataba de aquellas personas que admiraban las piezas artísticas que sus subvencionados eran capaces de producir, una suerte de cazadores de talentos con ojo para fichar a los mañosos y mantenerlos para disfrutar de sus creaciones sin exigir a cambio un beneficio monetario. Cayo Clinio Mecenas vio el potencial de los poetas y le puso un piso a Horacio, con el bonus pack de un puñado de esclavos incluido, para que este estuviera tranquilo y relajado a la hora de escribir sus sátiras, odas y epístolas. Mecenas también tenía especial preocupación por recuperar el carácter bucólico de Roma y con ese fin se haría cargo de la vida y formación de otro poeta llamado Virgilio (aquella persona que tendría un cameo en La divina comedia de Dante Alighieri), quien aprovecharía la ayuda ofrecida para escribir las Geórgicas, un tratado de las bondades de la agricultura que servía como secuela espiritual de las Bucólicas con las que el poeta ya había hecho promoción de lo saludable de la vida pastoril. Virgilio introduciría también el product placement poco discreto: cada libro vendría con los agradecimientos a su mecenas entre las páginas. Con el tiempo el propio nombre de aquel patrón acabaría sirviendo para designar a todos los patrocinios que apuntaban a las artes.

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Un comentario

  1. Jose Vicente Casadiego León

    Soy José Vicente Casadiego León, escritor, poeta e investigador cultural de Villavicencio, Meta, Colombia, preparo una antología de mi obra poética -1978, 2018- Premio Nacional de Poesía en 1991, he auto publicado el cuadernillo de poesía El equilibrio de ser bueno, con más de 50.000 ejemplares, publicado con otros autores el libro Umbral de lunas, 1982, los cuadernillo de poesía El Silencio de la luciérnaga, Libellus génesis, Percusiones del oboe, Amigo lector no busquéis al autor, los libros de poesía Leyenda de antiguos caminantes, Cantos del desterrado I y Cantos del desterrado II, segunda edición.

    En estos momentos de pandemia solicito comedidamente a las personas de buen corazón una ayuda económica para afrontar la cuarentena decretada por el gobierno en todo el país, como es de saberse en Colombia el Estado no tiene claridad sobre la importancia del arte y la cultura para el desarrollo integral de los pueblos, por tal motivo no somos beneficiados con el auxilio estatal,

    Además, aquí en Colombia programan actividades de entrega de mercados, más con el fin de realizar actos de corrupción que ayudar verdaderamente a la población vulnerable.

    Para cualquier ayuda, mi correo es: correo electrónico: [email protected], Celular + 57 8 3024071326, cuenta de ahorros de Bancolombia 05779573771 a nombre de José Vicente Casadiego León.

    Muchas gracias.

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