Jot Down Cultural Magazine – Un mundo sin Eddie Cochran

Un mundo sin Eddie Cochran

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Eddie

El único e irremplazable Eddie Cochran. (imagen: DP)

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Hemos crecido y vivido en un mundo sin él. Un mundo un poco peor de lo que pudo haber sido, un mundo en el que faltan unas cuantas canciones que él nunca llegó a escribir.  El 16 de abril de 1960, en la carretera que une Londres y Bristol, un taxi perdió el control cuando uno de sus neumáticos estallaba de repente. A bordo viajaban tres jóvenes, dos chicos y una chica, artistas estadounidenses que estaban de gira por Inglaterra. El mayor de los tres, aunque solamente tenía veinticinco años, era el cantante Gene Vincent, famoso gracias a la canción «Be-Bop-A-Lula». Aquel día se destrozó por segunda vez la misma pierna que cinco años antes ya se había pulverizado en un accidente de moto. Por entonces los médicos habían querido amputarla y él se había negado. Tampoco esta vez hubo amputación, pero quedó con dolores que lo arrastrarían a una fuerte dependencia de las drogas hasta su muerte, sucedida poco más de una década después. La chica, Sharon Sheeley, que contaba veinte años y ya ejercía como compositora para algunas figuras del rock and roll, se rompió la pelvis. Además perdió a su novio, que estaba sentado junto a ella y que al intentar protegerla salió despedido del vehículo, sufriendo graves heridas en la cabeza. Lo llevaron, todavía vivo, a un hospital donde murió algunas horas más tarde. Se llamaba Eddie Cochran y tenía solamente veintiún años.

Las consecuencias de aquella pérdida resultan imposibles de cuantificar. ¿Qué podría haber hecho de continuar con vida? Incluso con su temprana muerte y una lista de grabaciones relativamente breve, la importancia de Eddie Cochran en la historia de la música rock fue enorme, aunque no resulte tan obvia como la de otros nombres. Durante las dos décadas siguientes fueron muchos los artistas que imitaron y copiaron rasgos de su música. Elvis Presley era el buque insignia del rock & roll a nivel popular, pero Cochran, como Chuck Berry o Little Richard, aportó elementos para la evolución del nuevo estilo que Elvis no podría haber elaborado por sí mismo. De hecho murió cuando empezaba a romper moldes, insinuando caminos que no se terminaron de desarrollar hasta después de su desaparición. Cuando uno escucha una recopilación de sus grandes éxitos en el contexto de su tiempo, resulta difícil creer que sin haber cumplido los veintidós años hubiese dado, por sí solo, varios pasos hacia lo que vendría después.

Eddie saltó a la fama cuando tenía dieciocho años, en 1956. Durante aquellos meses, su país, Estados Unidos, bullía como un avispero a causa de un nuevo fenómeno llamado Elvis Presley, que no solamente volvía locas a las chicas, sino también a las discográficas. Los productores y ejecutivos revolvían la tierra en busca de jóvenes, preferiblemente blancos y bien parecidos, que pudiesen interpretar aquella música llamada rock & roll que estaba asolando la nación. La mayoría de los nuevos talentos que encontraban provenían del cálido sur, como Elvis y el rock & roll mismo, aunque Eddie Cochran había nacido en el frío norte. Mientras crecía en Minnesota, el pequeño de cinco hermanos era feliz jugando con otros niños o yendo con su padre a cazar y pescar. Su inclinación a la música se manifestó por sí sola cuando su familia lo veía embobado frente a la radio. Uno de sus hermanos le enseñó algún acorde de guitarra y Eddie empezó a practicar; aunque también tocaba el piano, la guitarra era su primer amor. Cuando tenía quince años, toda la familia se mudó a California, a las afueras de Los Ángeles. Allí Eddie se sentía extraño, lejos de sus pasatiempos campestres y sus amigos de la infancia, y se protegió de la soledad practicando todavía más con su guitarra. Su madre recordaba que «si se lo hubiéramos permitido, se habría pasado veinte horas diarias tocando». En cualquier caso, la idea de llegar a ser músico profesional se convirtió rápidamente en su nueva obsesión. Todavía siendo un quinceañero actuó por primera vez ante público, en el colegio. Después lo hizo donde quiera que se lo permitiesen, sin cobrar un centavo, en bailes escolares o inauguraciones de comercios. Tocaba country y rhythm & blues. Y era lo bastante bueno como para que le ofreciesen su primera actuación pagada, en el auditorio municipal de South Gate. Aquel día estaba tan nervioso que se le cayó la púa durante el concierto.

Durante una de aquellas actuaciones tempranas como profesional se cruzó con un cantante de country llamado Hank Cochran. No eran familia, ni siquiera se conocían, pero la coincidencia de apellidos debió de parecerles un detalle divertido porque decidieron unir fuerzas. Hank era solamente seis años mayor que Eddie, así que decidieron presentarse como The Cochran Brothers. Por entonces Hank era la voz principal y Eddie el guitarra solista, aunque también cantaba ocasionalmente. Actuaban con frecuencia en directo y publicaron varios singles. No tuvieron éxito, pero la experiencia sirvió para que Eddie se familiarizase con la cara más seria del negocio, con pequeñas giras y visitas al estudio. También aprendió cómo se las gastaban los directivos de las discográficas: un día, su manager les consiguió una audición ante el ejecutivo de una compañía, a cuyo despacho acudieron provistos con sus guitarras. Tuvieron que interpretar alguna canción mientras el tipo leía un periódico, fingiendo no prestarles la menor atención. Una situación humillante. Al final fueron contratados, pero Eddie pudo entender que una discográfica no era el mejor amigo del músico y que en los despachos no iba a recibir palmaditas en la espalda. En fin, en aquellas sus primeras grabaciones podemos escucharle cantar junto a Hank (si no los distingue aún, Hank canta las dos primeras frases, Eddie las dos siguientes) y por supuesto tocando su guitarra. Por entonces todavía no había cumplido los dieciocho.

Eddie también se ganaba sus dólares ejerciendo como guitarrista de sesión para otros artistas, y en 1956 ya podemos escucharle en discos ajenos. Por ejemplo, tocando la guitarra acústica en esta preciosa canción de Tom Forse, o sus característicos arreglos y solos con la eléctrica en este single de Skeets McDonald. Como se ve, Eddie era reclamado por algunos cantantes vaqueros que querían sumarse a la moda rockera y él mismo estaba derivando cada vez más en esa dirección. Parece ser que durante una visita a Texas, Eddie llegó a contemplar una actuación en directo de Elvis. El propio Presley no tendría más de veintiún años por entonces, pero sabemos del poder que ya por entonces desplegaba en escena, un poder que hacía cambiar la perspectiva de quienes acudían a uno de sus shows. Eso le sucedió a Eddie, que desde aquel momento quiso volcarse en un rock & roll más enérgico, dejando de lado el country que centraba la atención de Hank Cochran. Era cuestión de tiempo que el dúo se separase y que Eddie empezase a grabar en solitario. Para ello recibió el empujón de otro músico, Jerry Capehart, a quien habían conocido en una tienda de instrumentos y que se convirtió en su manager. Aunque hay que decir que el primer single que Eddie Cochran publicó a su nombre no era particularmente memorable: «Skinny Jim» imitaba un poco las canciones de Little Richard y, la verdad, oído hoy no destaca entre la producción de sus contemporáneos, excepto porque una vez más demuestra que a tan temprana edad era ya un guitarrista muy respetable.

En cualquier caso, Eddie era un diamante en bruto a la espera de ser descubierto. Bien parecido, elegante pero con esa aureola de rebelde que Elvis había puesto de moda, y desde luego con mucho talento, tarde o temprano alguien tenía que fijarse en él. Su gran oportunidad llegó cuando le ofrecieron aparecer en la película The Girl Can’t Help It, interpretando un playback. El largometraje pretendía aprovechar a toda prisa la nueva moda del rock & roll, utilizando como vehículo a Jayne Mansfield, la versión (aun más) revoltosa de Marilyn Monroe. Aparecerían nombres como Little Richard o Fats Domino, y desde luego era una oportunidad única para Eddie. En su única secuencia cantaba «Twenty Flight Rock» (ahora sí, una canción memorable) aunque aparecía extrañamente envarado. En cualquier caso, debió de molestarle que eliminasen el solo de guitarra del metraje. Querían venderlo como cantante, pero Eddie se consideraba también, y sobre todo, un guitarrista. Incluso se cuenta que se negó a aparecer sin su instrumento, como pretendían los. De hecho, el tema mostraba uno de los rasgos más notables de las composiciones más rockeras de Cochran, que solían estar basadas en un riff o fraseo de guitarra, siempre muy característico. Como sea, «Twenty Flight Rock» no fue un éxito tremendo pero sí pasó a la posteridad como su primer clásico y ha sido repescada muchas veces, entre otros por los Rolling Stones, los Stray Cats (claro) o Paul McCartney, a quien saber tocar este tema con la guitarra le sirvió para entrar en los Beatles.

Aparecer en una película de Hollywood le dio proyección nacional y le facilitó firmar un nuevo contrato con Liberty Records. No era una discográfica enorme, pero tenía algunos tantos de los que presumir, aunque en principio no parecía la compañía más indicada para alguien como Cochran. Por allí pasó Henry Mancini antes de alcanzar la celebridad, aunque sus artistas más vendedoras del momento estaban siendo las hermanas Patience and Prudence, dos chiquillas angelicales, hijas del antiguo pianista de Sinatra, que obtuvieron su primer bombazo en 1956 con la bonita versión de un tema de principios de siglo, «Tonight You Belong To Me». Aquello era lo menos rockero del universo, pero convenció a Liberty de que la música melódica todavía era un producto rentable. Hicieron que Eddie grabase también una canción melódica, «Sittin’ in the Balcony», en donde ni siquiera le dejaron tocar el solo de guitarra (se encargó el músico de jazz Howard Roberts, aunque imitando el estilo de Eddie). La canción era buena y vendió muy bien, así que en Liberty se convencieron de que habían acertado arrastrando a su nuevo fichaje hacia terrenos más cercanos a la música pop del momento. El siguiente single, «Drive and Show», iba en la misma línea. Sin embargo, ya no vendió como esperaban. Lo mismo sucedió con el LP Singin’ to my Baby, único disco de larga duración que Eddie público en vida. No me entiendan mal, el álbum es una delicia, pero la verdad es que, sobre todo en su versión original, tenía menos rock & roll y más baladas de lo que cabía esperar. Aquel no era el mejor Eddie Cochran posible. Si se hubiese quedado en aquel estilo jamás hubiera ejercido tan enorme influencia en siguientes generaciones. Singin’ to my Baby no ofrecía nada que no ofreciesen también otros jóvenes artistas del momento, al contrario, sonaba muy estandarizado. Y en consecuencia no vendió bien, excepto en Inglaterra, donde recibían con invariable entusiasmo toda novedad que llegase de América. Pretender que Eddie Cochran se redirigiese al mercado de las baladas era una suprema estupidez.

Sus ventas no estaban siendo buenas pero su carisma continuaba intacto y su popularidad no decayó. En 1957 volvió a aparecer, esta vez también como actor, en la película Untamed Youth. Mientras en sus actuaciones musicales filmadas (y sobre todo en sus fotos) siempre aparentaba bastante más edad de la que tenía, en el largometraje resulta más fácil percibir al adolescente que en realidad todavía era. La verdad, es algo grande verlo con gorra de cuadros y llamando la atención del espectador con actitud infantil y toda clase de gestos inquietos. Era prácticamente un chiquillo. Aquel era el Eddie juvenil y rebelde al que el público quería ver.

Cuando Liberty Records vio que el giro al pop no estaba resultando, dejaron manos libres a Eddie para que volviese a escribir canciones como «Twenty Flight Rock», más basadas en sus característicos riffs de guitarra y cantadas con un estilo más desenfadado. La vuelta al redil comenzó con la maravillosa «Jeannie Jeannie Jeannie», en donde demostraba que sus habilidades como vocalista habían mejorado mucho en cuestión de meses y donde además nos regalaba otro solo de guitarra marca de la casa. La canción (y otras como «Pretty Girl») podía demostrar a los siempre desconfiados jóvenes oyentes de la época que Cochran no se había domesticado antes de tener edad legal para beber alcohol, pero por desgracia el resultado comercial volvió a ser decepcionante. En Liberty, pues, volvieron a intentar tirar sobre seguro y le hicieron editar una nueva balada, que era divertida, sí, con las voces de las chicas y demás, peroera  una balada al fin y al cabo: «Teresa». Tampoco funcionó. Volvieron a probar con otra balada, esta vez mucho menos interesante y que, como era de prever, tampoco resolvió la situación: «Love Again». La situación era delicada. En aquellos tiempos el negocio musical iba muy deprisa. Había un sinnúmero de artistas tratando de hacerse notar en mitad de la fiebre del rock & roll y la competencia era despiadada. Eddie corría el peligro de quedar fuera del radar. Por fortuna, su inspiración era demasiado grande como para no ofrecer una alternativa.

Y la alternativa estaba en la otra cara del disco, que venía con sorpresa. Mientras la compañía se empeñaba en insistir con el pop, el talento adolescente de Cochran estaba derivando hacia algo que empezaba a salirse de la norma. Era demasiado creativo como para quedarse encorsetado en baladas. Cuando se presentó con una nueva canción que no se parecía a nada que estuviese en las listas por entonces, en Liberty Records, sin mucha fe, le dejaron publicarla como cara B de la insulsa «Love Again». Sin embargo, en cuanto los pinchadiscos de las radios descubrieron aquel tema, se olvidaron por completo de la aburrida cara A y el público descubrió a un nuevo Eddie Cochran que no solamente sonaba rockero, sino que además sonaba distinto. Aquella era la canción que iba a situarlo en el Olimpo. Hablamos, cómo no, de la inmortal «Summertime Blues»:

Aquella canción, que prácticamente introdujo el concepto power chords en la música rock (con permiso de los Everly Brothers y sus guitarrazos diez años anteriores a Deep Purple), fue un gran éxito pero sobre todo tuvo una influencia descomunal en las siguientes generaciones, especialmente durante los años sesenta y setenta. La grabaron o la tocaron en directo gente como The Who, Beach Boys, Blue Cheer, Jimi Hendrix, Ventures, T-Rex… en fin, la lista de gente que la ha homenajeado es muy larga. Pero sobre todo suponía una nueva forma de enfocar una canción rock. Ya no se trataba de aplicar el típico esquema de rhythm & blues, como hacían casi todos sus colegas. Cochran estaba haciendo algo nuevo. La letra, además, era toda una declaración de principios juvenil que reflejaba las ganas de fiesta de los adolescentes estadounidenses (y de casi todo Occidente), incluyendo divertidas frases en las que parodiaba las voces de los aburridos adultos. La canción funcionó tan bien que de una puñetera vez convenció a la discográfica de que habían fichado a un talento fuera de lo normal al que tenían que concederle libertad.

¿Y cómo respondió Eddie a esa libertad? Pues con una breve pero arrolladora racha de clásicos, que, aunque no repitieron el enorme éxito comercial de «Summertime Blues», estaban modernizando el sonido de aquella década sin que sus propios contemporáneos fuesen plenamente conscientes. Primero publicó otro tema con una similar base rítmica pero un aura diferente, llamado «C’mon Everybody», del que también se han hecho sonadas versiones, desde Sex Pistols a Bryan Adams, pasando por UFO o Humble Pie, y cuya estructura ha sido imitada mil veces. La siguiente canción sí era un rhythm & blues más tradicional, pero, ¡qué canción! Aunque no era tan vanguardista como las anteriores, su melodía parecía compuesta por cualquiera de los mejores escritores a sueldo que trabajaban para las discográficas negras. Pero no, era obra de Eddie Cochran, un veinteañero blanco, un genio en el comienzo de su ebullición, que ya paría cosas como «Teenage Heaven». La racha continuó con su tema más contundente hasta la fecha, la absolutamente descomunal «Somethin’ Else». Aquello era rock & roll. No me sorprende que Sid Vicious estuviese obsesionado con berrear temas de Eddie Cochran mientras montaba una moto. La música de Cochran era la misma materialización de lo cool:

Además de otros temas más rockabillyLittle Lou»), grababa también algunos más cercanos al blues, como «Teenage Cutie», que se adelanta casi una década al sonido de Creedence Clearwater Revival. Sin embargo, las listas de éxitos se le volvían a resistir. Era un artista popular y hacía giras que funcionaban bien, pero no vendía muchos discos. Esto resulta difícil de explicar, salvo por el hecho de que la moda del rock & roll estuviese empezando a decaer. Pese a estar un paso por delante de muchos otros, o quizá precisamente por ello, las ventas de aquellos temas no fueron espectaculares. Quizá como revulsivo publicó otra versión, el «Hallelujah I Love Her So» de Ray Charles. No era una canción escrita por él, pero el talento de Eddie lo impregna todo en ella. No solo su voz hace justicia al tema, sino que además toca el piano y demuestra sus más que evidentes progresos como guitarrista (¡tenía veinte años!). También recomiendo escuchar la versión en directo que realizó para una radio británica, con la adición de una sección de cuerda… ¡impresionante! Esta sería una de sus últimas grabaciones registradas.

Con todo, dudo mucho que Eddie Cochran hubiese sufrido el síndrome de obsolescencia que afectó a otros artistas de aquella generación. Estaba convirtiéndose en un profesional muy completo. Podía haber salido adelante como músico, pero también como productor. Si se fijan, no era solamente la estructura de algunas de sus canciones la que estaba abriendo nuevos caminos, sino el sonido mismo de sus discos. Cuando el talento de Cochran resultó tan evidente que no tuvieron más remedio que dejarle hacer a sus anchas, empezó a toquetear también los sistemas de grabación. Experimentaba grabando por varios canales de una forma que, incluso con las limitaciones técnicas de los cincuenta, anticipaba lo que unos años más tarde harían (con ayuda de sus respectivos técnicos, productores e ingenieros) los Beatles o los Beach Boys. Piénsenlo bien: a finales de los cincuenta, ¡había un chaval de veinte años adelantándose a todos ellos! A esto hay que sumar la considerable experiencia añadida como músico de estudio, ya que no había dejado de ejercer como guitarrista de sesión y podemos escucharle tocar en canciones de John AshleyBorn to Rock»), Bob LumanGuitar Picker»), Galen DennyWhat Ya Gonna Do»), Bob Denton Pretty Little Devil»), Troyce KeyBaby Please Don’t Go»), por citar unas cuantas.

Por desgracia para la historia de la música, un accidente de tráfico se lo llevó a una edad tan temprana que ni siquiera podemos empezar a hacernos una idea de cuáles eran los límites de su potencial. Le faltaban seis meses para cumplir los veintidós años. Paradójicamente, fue después de muerto cuando obtuvo su primer número 1 en el Reino Unido con «Three Steps to Heaven», la canción que entre otras inspiró «Queen Bitch» de David Bowie (quien también incluyó guitarrazos a lo Cochran en mitad de «Space Oddity»). Era una balada, pero ya no cualquier balada, sino que seguía mostraba a un Cochran más maduro que se había apoderado del estudio de grabación. En 1960. Piensen que en 1970, cuando se separaron los Beatles, murieron Jimi Hendrix o Janis Joplin o cuando Bowie estaba ya grabando lo mejor de su carrera, Eddie Cochran hubiese tenido solamente treinta y un años. Quién sabe lo que podría haber estado haciendo por entonces. Hemos estado viviendo en un mundo sin Eddie Cochran. Y eso, la verdad, ¡es terrible!

16 comentarios

  1. Pingback: Un mundo sin Eddie Cochran

  2. En mi adolescencia bebía los vientos por el revival del rock´n´roll que nos traía a la tierra patria Loquillo, Segarra y Cía. Con mi cassette de doble pletina, hurtaba a mis padres las viejas cintas de chistes, celo en ristre, y me ponía graba que te graba a Juan de Pablos y algún otro espacio donde echaran Little Richard y compañía. Adoraba a todo ese grupo y a Elvis. Pero con el paso del tiempo, como todo, fuí evolucionando – o no – hacía otras complejidades musicales. Sin embargo, de lo que más me quedó dentro fueron las canciones de este tipo. Cuando la gente decía Elvis por aquí y por allá. Yo les contestaba. Ok, Elvis, pero escuchais el estilo personal de Cochran. Suena fresco, vivo, auténtico. A día de hoy, me sigue pareciendo una delicia escuchar Summertime Blues y todas estas maravillas que citais en el post. Muchas gracias por este regalo.

    • Tu historia me recuerda muchísimo a la mía (Loquillo, Flor de Pasión, años 80, …). La única diferencia es que mi musico de bandera no era Cochram, si no Buddy Holly, aunque al gran Eddie lo tuve siempre de segundo en la lista.
      Qué buenos tiempos!! y qué buena música!!

    • Mi evolución personal en aquellos años fue un poco distinta a la vuestra. Crecí admirando las virguerías guitarreras que escuchaba en los discos de Jimi Hendrix, Pink Floyd o Deep Purple de mis hermanos mayores. Yo empezaba a decantarme por mi cuenta por los estilos más sencillos y directos de The Clash o Dr. Feelgood. Cuando empecé a buscar las fuentes de donde bebía el estilo vacilón de Wilko Johnson, e incluso de los hemanos Young, me topé de bruces con el blues: Muddy Waters, BB King… Admiraba a Chuck Berry, y para mí el Rock era negro. No apreciaba a Elvis salvo en algunas canciones, como cuando emulaba a Big Mama Thornton en Hound Dog. Ya mayor descubrí a este chico, Eddie Cochran, quien me hizo cambiar mi opinión por completo. Lo había escuchado montones de veces, pero no me había fijado lo suficiente… He de admitir que tenía cierto prejuicio con el country y su sobrino el rockabilly. Por suerte para mí, me he curado por completo, y la medicina con la que lo he conseguido ha sido más y más Eddie, Elvis, Gene Vincent y Stray Cats (qué bueno, el Brian!!). Se llora a Lennon, Janis Joplin o a Curt Cobain, y es injusto no acordarse de los pioneros.

  3. Fantástico artículo. A mí siempre me ha asombrado la increíble madurez (en todos los aspectos) de un artista tan joven. Larga vida a Eddie Cochran. Larga vida al rock ‘n’ roll.

  4. fantastico post, del nivel que siempre muestra Jotdown
    Y muchas gracias por hacerme conocer a fondo a este cantante!!

  5. De siempre ha estado entre mis favoritos, una de las que mas me gusta es “My Way”, nada que ver con la archifamosa, por cierto.
    Sorprende el Numero y el nivel de buenas canciones que nos dejo el pobre Cochran en una vida tan corta como la suya. Al menos tres o cuatro de sus canciones, de las mejores del genero, la mayoria escritas en el articulo:

    Summertime blues, Cmon everybody, My Way, three Steps to heaven y alguna mas.

  6. Gracias por este articulo y por acordarse de uno de los grandes de todos los tiempos. Instrumentista, compositor, cantante, productor. Vamos un completo y magnifico profesional ¿Qué hubiese hecho Eddie si hubiese estado más tiempo con nosotros? Pues con toda seguridad muchas cosas y muy buenas. Creo que hasta habría acabado fundado su propia discográfica. En fin, la música popular perdió uno de sus valores más seguros y creo (es una opinión personal) que en América todo se retraso unos años. En general no se le ha reconocido lo suficiente, pero los verdaderos entendidos no tienen ninguna duda que con su desaparición se perdió un valor importante en la evolución musical.

  7. Soy fan Eddie Cochran desde los 10 años (tengo 41) cuando ya escribía fanzines sobre él. Crecí en un ambiente musical muy rico escuchando desde la Velvet o la Creedence a Otis Redding o los Clash, por citas ejemplos archiconocidos. Lo veo como un tesoro personal y mi admiración es grande por innumerables talentos de todos los estilos y épocas. En ese sentido, me siento muy identificado con los otros comentaristas.

    Para que os hagáis una idea, cuando apenas tenía unos 8 años, mis grupos preferidos eran los Smiths y los BeachBoys. Sin embargo, mi percepción sobre Eddie Cochran siempre ha sido distinta al resto de estos grandes genios.

    Eddie tiene algo muy especial. Aún hoy en día. Es increíblemente rico y moderno. Su música no suena como la música de su generación. Especialmente cuando le daban libertad. Se nota que se le sale el talento por todos lados. Incluso cuando se prostituye musicalmente con canciones que son una auténtica mierda y a las que él conseguía aportar siempre algo que les daba valor. Daba igual el estilo. Podía tocar cualquier cosa como el mejor en cada estilo. Sus grabaciones con Chuck Foreman con apenas 15 años le situaban muy cerca de la técnica de Chet Atkins. Y cómo tocaba blues!!! Realmente negro. Country. Jazz. Clásica. Daba igual. Tocaba e innovaba cualquier estilo.

    Su prodigiosa capacidad técnica a tan temprana edad es simplemente sobrecogedora. Pero su creatividad y capacidad de innovación es asombrosa. Evoluciono técnicas de grabación grabándose a sí mismo y tocando varios instrumentos o doblándose en la guitarra. El sonido de sus grabaciones era fantástico. Y eso grabando el humilde estudio de GoldStar. Era un productor tremendo y con una gran visión. Prueba de ello es el ‘Opportunity’ que hizo con Jewel & Eddie. Una canción con mucha reminiscencia a los Everly Brothers (amigos de Eddie), pero sobre todo a lo que vendría pocos años después en Inglaterra. Si no conoces esta canción, ya estás tardando en oírla porque es puro sonido Beatles, solo que algunos años antes. Es un gran documento.

    Y como guitarrista, qué decir. En mi opinión, estableció las bases de la música rock. Sin quererlo. Sin buscarlo. No solo por el uso de Riffs y Power Chords, sino además por sus solos usando varias cuerdas , su forma de encordar la guitarra y ese sonido tan particular. Su gira por Inglaterra y la prohibición estatal que impedía llevar a músicos de acompañamiento hicieron que, por casualidades de la vida, Eddie Cochran enseñara a tocar la guitarra a toda una generación de guitarristas ingleses que posteriormente parirían el rock inglés. Algunos como Harrison le siguieron por todo el país. De hecho, no extraña ver a Harrison con una Gretsch. Por algo será.

    Como bien dice el articulista en este gran artículo que profundiza en la capacidad e impacto musical de Cochran, más allá de los clichés ñoños a los que suele estar asociado, la influencia de Cochran en el Rock es brutal. Solo hay saber tocar un poco la guitarra para verlo claro. Estaba muy lejos de sus contemporáneos y casi ningún crítico ha sido capaz de verlo. Que le pregunten a Harrison, Townsend, Page, Edmunds, etc; que tienen que decir de Cochran.

    O al mismísimo Hendrix (aka Dios). De hecho, Hendrix comentaba en su última entrevista antes de morir que prefería a Cochran a cualquier otro guitarrista ‘anytime’. Y no hablamos precisamente de un don nadie.

    En mi opinión, Hendrix y Cochran son probablemente los dos guitarristas más geniales y rompedores de la música rock. No es una casualidad. Como tampoco es una casualidad que pusieran a Cochran en el funeral de Hendrix, tal y como había pedido. Sé que hay cientos de genios en la música y, concretamente, a la guitarra. Pero la versatilidad de Cochran, lo precoz de su talento, su técnica y creatividad, junto con su contexto, lo convierten en un guitarrista único. Sinceramente, creo que solo Hendrix le puede alcanzar, aunque no creo que fuera tan versátil como Cochran y, para ser justos, uno murió con 21 y otro con 27 en épocas musicales distintas. Con todo el respeto del mundo, en ese sentido, no hay color. Otra cosa es la tremenda innovación de Hendrix, incuestionable. Así que, sí, soy un zumbado que poner a Cochran al mismo nivel, como mínimo, que Hendrix. Matadme si queréis. Y ya, ya sé que no tiene sentido compararlos pero es que… ;)

    Y, bueno, podría hablar durante horas de Cochran pero poco podré decir que no sepáis ya. Me ha gustado mucho el artículo. Está escrito por alguien que realmente conoce la obra de Cochran y eso se nota. Felicidades por el artículo, Emilio. Lo he disfrutado mucho y, además, estoy muy de acuerdo contigo en muchas de las apreciaciones sobre su impacto musical.

    Por cierto, perdón por el comentario tan largo. Me he venido arriba, jeje.

    Saludos!
    D.

    • Al final de su corta vida Hendrix declaraba que ya no podía extraer sonidos nuevos de su guitarra, estaba en un bache. Hay que admitir que sus conciertos se habían convertido en un cliché, repitiendo el acto hasta el infinito, quizá necesitaba más tiempo para renovarse. A diferencia de los Who por ejemplo, que en cada álbum trataban de aportar algo nuevo… Muchos se preguntan que habría pasado con Cochran de no haber muerto tan joven, bueno, les propongo una alternativa, habría devenido en algo similar a los Who, un artista en todo el sentido de la palabra antes que un efectista (de esos que sobran por montones). La esencia del rock personificada.

  8. Coincido con el comentario de arriba; su mejores temas “My Way” junto con “Rock and Roll Blues” canciones vacilonas que resumen hacia donde se dirigía este genio.

    Además del curioso e inédito instrumental Jam Sandwich, una grabación improvisada en una sesión calentamiento con una calidad tan brutal que ya les gustaría minimamente rozar a muchos “artistillas del tres” al cuarto de ahora.

    https://www.youtube.com/watch?v=pQ7PiEjbju0

  9. A la edad de 13 escuche junta a los clásicos temas de Elvis, por casualidad escuche c’mon everybody y quise saber quién con esa voz se salía de lo común, desde ese hasta hoy y tengo 48 años… No he dejado de escuchar y admirar a ese pedazo de Artista que llegó ser Eddie Cochran y como tal sus temas me marcaron diferentes épocas de vida…
    Por lo demás “muy interesante post” que ma actualizado diferentes cosas que desconocia de Eddie Cochran.
    Felicitaciones

  10. Grandioso artículo. Muchas gracias.
    Sin duda Eddie tenía un talento excepcional.
    Larga vida al rock and roll !

  11. Me encanta leer un artículo que deja en claro que hoy no existen figuras como Cochran, por más que se lo propongan la industria domina todo mucho más que en los 50, y salvo subirse él mismo por Youtube y quedar allí perdido, nadie tiene oportunidad de mostrarse, y aun desde allí sólo rescatan a tipos como el insulso Bieber de consumo y venta seguras, inofensivos. Comparto todo este contenido, hace tanto que no leo algo tan bueno, lejos de la monografía histórica habitual. Cochran no iba por el lado de baladas, estaba encontrando su camino, el verdadero no tuvo tiempo de desarrollar su potencial. Quedó en misterio lo mejor. Y eso seguirá fascinando generaciones, el poder sin límites de la juventud, vamos Eddie Cochran es la vida misma, desde sus discos vive e inspirará a otros siempre!

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