La teoría de la idiotez masculina - Jot Down Cultural Magazine

La teoría de la idiotez masculina

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Fotografía: wiredforlego (CC)

Fotografía: wiredforlego (CC)

Los premios Darwin reconocen a aquellas personas que han colaborado con la evolución de la especie humana eliminando sus genes del acervo común de la humanidad, mediante su esterilización o su propia muerte. Para ganar un premio Darwin los posibles candidatos deben liquidarse a sí mismos de una forma particularmente estúpida, mejorando de esta manera las posibilidades de que nuestra especie sobreviva en el largo plazo al hacer limpieza de los genes de estos «artistas». La mayoría de los premios son póstumos, pero hay también algunas menciones de honor a gente que merecería haberlo ganado pero ha sobrevivido con su capacidad reproductiva intacta. Uno de ellos es Larry «Cortacésped» Walters, un californiano que en julio de 1982 acopló cuarenta y cinco globos meteorológicos llenos de helio a su tractor cortacésped, cogió unos sándwiches, unas cervezas y una pistola de balines por si tenía que disparar a los globos para descender y se preparó para el despegue. Este camionero que siempre había soñado con ser piloto pidió a un amigo que cortase la amarra pero no empezó a flotar suavemente sino que el artilugio salió despedido hacia arriba como la bala de un cañón. El cortacésped volante no se estabilizó a los diez metros de altura, ni a los cien, ni a los mil, alcanzó una altitud de cuatro mil novecientos metros e invadió el corredor de entrada al aeropuerto de Los Ángeles donde varios pilotos avisaron a la torre de control de que no podían creer lo que estaban viendo. Tras pasar catroce horas en un ambiente gélido sobrevivió, pero tuvo que abonar una multa de mil quinientos dólares por haber invadido el espacio aéreo bajo control. Otra mención de honor fue otorgada a dos individuos que intentaron robar en la casa de Duncan Ferguson, un futbolista escocés famoso por su agresividad que había tenido cuatro condenas por peleas, una colección de tarjetas rojas directas y había estado seis meses en prisión. Uno de los ladrones tuvo que ser hospitalizado tras enfrentarse al jugador.

Las diferencias entre hombres y mujeres tanto en mortandad como en admisiones en un servicio de urgencias son bien conocidas. Entre las causas están los daños fortuitos, las lesiones haciendo deporte o los accidentes de tráfico. Algunas de esas diferencias entre sexos pueden ser debidas a factores culturales o socioeconómicos: los hombres participan más en deportes de contacto y de riesgo y la mayoría de los puestos de trabajo con posibilidades de sufrir un accidente están ocupados por hombres. Pero hay otra posible explicación: que los hombres seamos más idiotas, que tengamos una tendencia superior a asumir riesgos, a hacer cosas sin ningún posible beneficio y con una alta probabilidad de acabar mal, de hecho, muy mal.

Un estudio publicado en el British Medical Journal en diciembre de 2014 utilizaba los premios Darwin para comprobar la llamada «male idiot theory» o teoría de la idiotez masculina. Según esta hipótesis de trabajo muchas de las diferencias en los comportamientos de riesgo, las frecuencias de ingresos en servicio de urgencias o la mortandad se podrían explicar con un sencillo postulado: los hombres somos idiotas y los idiotas hacen cosas estúpidas.

El grupo de trabajo encabezado por B. A .D. Lendrem —por cierto, de quince años de edad—, utilizó para comprobar esta teoría los datos de los ganadores de los premios Darwin en los veinte años registrados desde 1995 a 2014. Los premios hacen una clara distinción entre muertes idiotas y muertes accidentales. Por ejemplo, no se otorgan a alguien que se haya pegado un tiro en la cabeza al intentar demostrar que una pistola no estaba cargada. Es algo bastante frecuente y se considera un accidente. Por el contrario, uno puede ser merecedor de un Darwin si se dispara en la cabeza para demostrar que la pistola SÍ estaba cargada; como el italiano que se pegó un tiro en el cerebro con un bolígrafo-pistola para demostrar a un amigo que era verdad que el pequeño artilugio funcionaba.

Una selección de premiados mencionados en el artículo de Lendrem y colaboradores incluía al ladrón que intentó robar el cable de un ascensor soltándolo mientras estaba dentro del elevador, con el resultado de que el aparato se precipitó contra el suelo matando a su ocupante; al que intentó ahorrarse un billete de tren atando un carrito de supermercado al último vagón y subiéndose a él para ser arrastrado durante tres kilómetros antes de que el maquinista se diera cuenta y pudiera detener el tren y retirar el cuerpo del ahorrador; o mi favorito, el terrorista que envió una carta bomba sin suficiente franqueo y que cuando le fue devuelta por el servicio de correos abrió sin darle más vueltas.

Estos tres «lumbreras» cumplen los cinco restrictivos criterios de los premios Darwin:

-Incapacidad de reproducción. Los nominados tienen que haber terminado muertos o estériles o incapaces de usar sus órganos sexuales.

-Excelencia. La estupidez del candidato debe ser asombrosa y única. Se supone que es por el deseo de que los premios tengan un toque de humor. Morir por fumar en la cama no se considera premiable pero morir en la cama de un hospital después de que te hayan aplicado un ungüento inflamable y te hayan dicho específicamente que no debes fumar te acerca a poder ganar un Darwin. Una mención de honor fue concedida a un hombre que quiso suicidarse mediante la ingestión primero de píldoras de nitroglicerina e intentar luego detonarlas corriendo y chocando contra una pared.

-Autoselección. Matar a un amigo al intentar manipular un explosivo no se considera meritorio, pero matarse a sí mismo mientras intenta fabricar un sistema para limpiar la chimenea utilizando una granada de mano está mucho mejor valorado.

-Madurez. Hay que tener edad para conducir de forma legal, estar en su juicio y no sufrir ningún trastorno mental. En algún caso es difícil estar seguro, como el paquistaní que se presentó voluntario para que su sufí le matase y le resucitase después para demostrar sus poderes, cosa de la que solo cumplió la primera parte.

-Veracidad. El suceso tiene que estar verificado, comprobado en una fuente fiable. Las leyendas urbanas y los relatos sin confirmar son excluidos.

También se han seguido otros criterios, como que no debe poner en riesgo la vida de otras personas inocentes y no deben ser el resultado de un intento deliberado; es decir, que nadie se mate a sí mismo solamente por el honroso propósito de conseguir un Darwin.

El equipo investigador revisó los datos de todos los nominados para los Darwin anotando su sexo. Excluyeron a las menciones de honor, tales como el hombre que se masturbaba con la maquinaria de su taller acercando su pene a la correa de una máquina mientras sus compañeros tomaban el bocadillo. En el momento final de entusiasmo se acercó demasiado a la correa, que le enganchó el escroto y le lanzó despedido a varios metros. Al ver la herida —de hecho había perdido su testículo izquierdo— decidió reparar la avería utilizando una pistola de grapas. Cuando fue finalmente a urgencias tenía el escroto del tamaño de un pomelo, ocho grapas oxidadas clavadas en la piel y un testículo superviviente, con lo que perdió su oportunidad de conquistar un Darwin ya que mantuvo la posibilidad de seguir aportando sus genes a las nuevas generaciones.

Los autores del artículo estudiaron a los 413 nominados a los premios Darwin, de los cuales 332 fueron verificados de forma independiente y confirmados por el comité que concede los premios. De esos, 14 eran compartidos por un hombre y una mujer, normalmente parejas aventureras que se pusieron en posiciones comprometidas, dejando 318 casos válidos para el análisis estadístico. De esos 318, 282 eran hombres (88.7%) y 36 mujeres (11.3%). El análisis con el programa informático SPSS confirmó que la diferencia era altamente significativa (p<0,0001). Este resultado es perfectamente coherente con la teoría de la idiotez masculina y con la hipótesis de partida: que los hombres somos unos majaderos y hacemos cosas estúpidas.

El estudio termina planteando una discusión sobre la validez de los datos y las posibles explicaciones. Una de las limitaciones es el haber usado datos retrospectivos y que pueda haber algún tipo de sesgo en la selección. Es posible que las mujeres nominen más a hombres para los premios Darwin, que el propio comité realice una selección sesgada de los posibles candidatos o que los periodistas, la principal fuente de identificación de nominados, primen historias protagonizadas por hombres para que reciban estos prestigiosos premios, esa solidaridad masculina tan denostada en algunas camarillas. A pesar de estas posibilidades es bastante evidente que a los premiados no les preocupa el riesgo mortal o no lo evalúan adecuadamente y hay dudas sobre su nivel de inteligencia. Unos oficinistas observaban interesados a un trabajador de la construcción que iba demoliendo los pilares de un aparcamiento en el solar adyacente. ¿Cómo iba a hacer para que la estructura se viniera abajo de una forma segura antes de tirar el último pilar? El último día descubrieron que no se lo había planteado. La plataforma de hormigón superior se derrumbó aplastando la miniexcavadora y a su conductor.

No sabemos por qué los hombres se comportan de una manera idiota con más frecuencia y mayor diversidad que las mujeres. Las diferencias pueden ser debidas a aspectos genéticos, psicológicos y también a hábitos de consumo como, por ejemplo, el alcohol. Tres hombres que jugaban una variante de la ruleta rusa tomaban un trago de alcohol y, a continuación, saltaban sobre una mina terrestre camboyana sin detonar. La mina terminó explotando, destruyendo el bar y matando a los tres sujetos. También habían estado bebiendo los dos amigos de Kentucky que decidieron repetir la hazaña de Guillermo Tell, pero como no tenían una manzana a mano usaron una lata de cerveza, algo fácilmente disponible, con el resultado que imaginarán. Sin embargo, el que no existan datos sobre consumo de alcohol en muchos nominados hace imposible un análisis científico de esta variante.

Hay dudas sobre por qué los hombres toman esos riesgos innecesarios; puede ser un rito de paso, una forma de asombrar a los colegas y avanzar en la jerarquía del grupo, una manera de conseguir sexo ya sea por asombro o lástima de la observadora o que sea, simplemente, la respuesta habitual a esa frase de «a que no hay huevos…» sustituyendo los puntos suspensivos por cualquier actividad que te acerque a un premio Darwin. Los investigadores comentan que «presumiblemente, el comportamiento idiota debe proporcionar alguna ventaja selectiva, aún sin identificar, a aquellos que no terminen siendo víctimas de él. Otra posibilidad es que sea un ejemplo de altruismo en el cual algunas personas se sacrifican de forma generosa para mejorar la supervivencia de la especie. Hasta que no haya una explicación satisfactoria del comportamiento estúpido masculino, las salas de emergencia de los hospitales tendrán que ir juntando las piezas, a menudo literalmente». Esa es la tarea de Andy Gray, cirujano traumatólogo y coautor del estudio que declaraba: «Es normalmente a lo que me dedico las noches de los viernes y los sábados». Las críticas del artículo consideran que hay que separar entre tomar riesgos y que algo salga mal frente a realizar algo completamente idiota, dan explicaciones evolutivas como que las mujeres se obligan a sobrevivir sin tomar riesgos absurdos para cuidar de los hijos y algunos comentaristas destapan la batalla de los sexos para lo que recurren a listas de premios Nobel o a avances médicos para negar la idiotez de los hombres. En realidad, un artículo navideño, realizado con humor, y que da para pensar y comentar.

Para leer más:

  • Lendrem BA, Lendrem DW, Gray A, Isaacs JD (2014) «The Darwin Awards: sex differences in idiotic behaviour». BMJ 349: g7094.
  • Web de los Darwin Awards.
  • Darwin Awards en Wikipedia.

27 comentarios

  1. http://9gag.com/gag/aRAAwbQ
    http://9gag.com/gag/aDomx5d

    Interesante timing el de hoy, sí señor, muchas gracias.

  2. No sé si me hace mala persona, pero me he reído mucho leyendo esto. Gracias.

  3. Hay sustancias que son psicológicas,
    Abren mcho la mente y piensas mucho, si no tienes las ideas claras y aún encima estas sustancias las mezclas con alcohol, se hacen estas idioteces, así son la mayoría de estos circundantes, menos cerebro que un mosquito, las mujeres utilizan, intuición femenina.

  4. Todos los estudios demuestran que tanto entre los seres humanos mas idiotas, como entre los más inteligentes, la mayoría de hombres abrumadora. Si alguien quiere saber más sobre el tema, la Tabla Rasa de Pinker ofrece bibliografía abundante al respecto. Ahora es muy guay hacer chistes sexistas que tengan como protagonista al hombre, como hace años ocurría lo propio con la mujer. Pero la idiotez masculina no puede ser comprendida sin la otra parte: la brillantez. Ambas cosas son ciertas

    • Correcto. Es algo sabido en psicología que la distribución típica del CI en la población general adopta la forma de una campana de Gauss, siendo las medidas más extremas copadas mayoritariamente por los hombres.

      Para comprobarlo empíricamente solo es necesario leerse el listado de los Premios Nobel de Física. De arriba abajo o de abajo arriba, da igual, igual da (que no igualdad):

      https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Ganadores_del_Premio_Nobel_de_F%C3%ADsica

      Sabiendo esto yo me atrevería a decir que los lectores de una revista cultural como Jot Down somos por fuerza mucho más inteligentes que las lectoras y por eso podemos ver este tipo de artículos y no uno que nos diga lo mediocres que son las mujeres en general.

      Dado que tenemos una capacidad de abstracción más desarrollada y por lo tanto no nos damos por aludido con artículos, comentarios, noticias, etc.

    • No estoy seguro de que esa idiotez masculina y por ende la brillantez tengan un componente únicamente genético. Si fuera así serían genes localizables en el cromosoma ”y” que de todos es sabido, es el único que no recombina. Para mí es más lógico pensar en razones culturales para explicar esa falta de ”sentido común” en algunos congéneres nuestros.

  5. Son un clásico los premios Darwin. Mi favorito era ese al que un amigo le cortó la pierna entera para cobrar el seguro. Y ese que dices “es imposible”, pero resulta que ha pasado bastantes veces, el concurso de escupitajos a ver quién llega más lejos hecho desde un balcón con las consecuencias que se pueden imaginar.

    Un pequeña crítica. ¿Decir que el hombre es estúpido por naturaleza y poner ejemplos no es políticamente incorrecto? Porque me imagino que un artículo similar pero hablando de algún defecto habitual de la mujer sería fuertemente criticado. Me recuerda al anuncio aquel de las patatas fritas en el que nadie se escandaliza de la insinuación sexual de una agente de policía a un conductor cachas, pero que al revés sería un escándalo.

  6. Bueno, puede ser estupidez, pero también hay que reconocer que los tíos tenemos una visión de la vida mucho más lúdica, lo que en muchas ocasiones supone hacer el idiota.

  7. El humor suele ser, con frecuencia, una señal de inteligencia, sobre todo el humor más difícil, el de quien sabe reírse de sí mismo. Es el humor que echo en falta en muchas mujeres (feministas).

    • ¿Y ese humor no lo echas en falta en los hombres machistas? Imagínate la cantidad de hombres que se habrán sentido ofendidos por este artículo. ¿Crees que saben reirse de sí mismos?

  8. Pingback: La teoría de la idiotez masculina

  9. La falacia de los premios Darwin es que presupone que las conductas estúpidas tienen o se basan en un componente genético y que se tratan de algo exclusivamente individual. Si miramos la humanidad en su conjunto, vemos una enorme diversidad de conductas y una enorme adaptación a una enorme diversidad de entornos. Si todos fuéramos prudentes y nos limitásemos a hacer cosas juiciosas, seríamos una panda de clones haciendo todos lo mismo, lo que es una muy mala adaptación a un entorno cambiante y diverso. El problema es que probar cosas nuevas tiene un doble coste: en primer lugar la ignorancia de qué hacer, qué probar; en segundo lugar el peligro de fracasar de manera más o menos dramática. Todo el grupo saca beneficio de los locos que tienen éxito («Un hombre que tiene ideas nuevas es un loco hasta que sus ideas triunfan»), pero para que estos sean posibles tiene que haber los que fracasan. De modo que la estupidez no se entiende si no se engloba en un conjunto de muchos comportamientos de todo un grupo que persigue sobrevivir en condiciones muy diversas. La otra cuestión es porqué las mujeres no colaboran en la búsqueda de nuevas soluciones y se limitan a beneficiarse de los éxitos de los hombres que tienen éxito, dejando solo para ellos los peligros de asumir el riesgo. Seguramente se deba a que las mujeres dedican mucho más tiempo a la procreación que los hombres, lo que hace que solo las mujeres conservadoras tengan éxito evolutivo.

  10. He echado de menos en el artículo a los practicantes de balconing -que por cierto, siempre son hombres-, pero claro, el requisito de la Excelencia los excluye totalmente. Es demasiado vulgar.

  11. El autor tal vez desconoce el caso de un trabajador de una histórica universidad pública española que apostó a que era capaz de poner la pierna sobre el raíl de una vía al paso de un tren. Y no añado más.

  12. O ese otro premio Darwin a principios de los ochenta en Australia donde un recién graduado de Kung Fu tomó fielmente las palabras de su maestro al recibir el cinturón negro: “con este nivel puedes matar a cualquier animal salvaje que quieras”. Sin perder ningún tiempo, e imagino con mucha solemnidad, esa misma noche se adentró en la jaula de los leones del zoológico de la ciudad. Al día siguiente los empleados encontraron parte de un brazo cercenado y el puño de éste cerrado con un manojo de pelos de melena de león.

  13. ¿De dónde han sacado lo del tractor cortacesped? Mas más bien una silla de jardín… https://en.wikipedia.org/wiki/Larry_Walters

  14. Interesante. Respecto a la pregunta que deja abierta al final el autor, yo creo que es bastante evidente. La selección natural nos hizo a los hombres con un tren superior más musculado y eso no es por azar, sino debido a una presión de selección durante muchas generaciones debida a la caza, que exige además un comportamiento más audaz. Hoy en día la gran mayoría ya no cazamos, pero dicho temperamento sigue presente y por ello los hombres tendemos a prácticas más arriesgadas: el 97% de las muertes por accidentes laborales son hombres, dado que los hombres son quienes se especializan en las profesiones más peligrosas. Como son hombres la inmensa mayoría de quienes mueren salvando a otras personas. Curiosamente esto ya no se señala y rara vez o nunca veremos noticias y artículos en ese sentido, pero ya sabemos los sesgos de los medios de comunicación españoles hoy día al respecto. Jamás bajo pena de linchamiento tuitero veremos un artículo titulado “La teoría de la cobardía femenina” o uno que ensalce el valor masculino, no pasarían el filtro ¿Por qué, si serían igualmente ciertos que este? De manera que debido a una presunción ideológica hay una parte de la realidad que sistemáticamente se pasa por alto. Es la moda del momento.

  15. Imagino la que hubiera caido si el titular hubiera invertido el género….

  16. El hombre quiere follar con todas -os los que pueda .

  17. Lawn chair es una silla de jardín, y es lo que utilizó el de los globos. El cortacesped se llama lawn mover.

  18. Está demostrado que los hombres son más estúpidos, pero también más inteligentes. Por cada mujer superdotada hay 9 hombres con una inteligencia dos desviaciones típicas por encima de la media.
    Pero esto también se cumple en la otra cola de la distribución normal, es decir por cada mujer con una inteligencia escasa hay 9 hombres.
    Parece que las mujeres no sobresalen tanto, para lo bueno y para lo malo.

    Por lo tanto sí, hay más hombres estúpidos.

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