Michael Caine, el gentleman cockney - Jot Down Cultural Magazine

Michael Caine, el gentleman cockney

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Michael Caine. Foto: Corbis.

Michael Caine. Foto: Corbis.

Hoy cumple ochenta y tres años. Lleva más de sesenta actuando en teatro, cine y televisión. En su abultadísima filmografía hay de todo: grandes filmes, producciones aceptables, proyectos fallidos y pura mierda alimenticia. Sin embargo, la mirada sobre cada una de las películas que ha protagonizado o en las que ha participado descubre en la pantalla una verdad incuestionable: la presencia de Michael Caine dignifica incluso a la más infame de ellas. Caine posee ese no sé qué magnético de las estrellas clásicas del cine. En verdad, y dejando a un lado la mística delicuescente, el secreto no es más que un talento trabajado durante años con determinación, humildad y esperanza. Sangre, sudor y lágrimas. Al propio Caine le gusta citar aquella frase de John Osborne en Mirando hacia atrás con ira: «Nunca mires hacia atrás con ira; mira siempre hacia adelante con esperanza». Lo ha tenido que hacer muchas veces a lo largo de su vida porque nada ha sido fácil y la lucha fue ardua. Para empezar, en una sociedad eminentemente clasista como la británica, provenía de una familia paupérrima y sin vínculos con el mundo del espectáculo, no era guapo y hablaba en cockney. Aun así, se curró las tablas de los teatros de segunda y tercera división y las giras por provincias; sufrió la precariedad y el acoso de los acreedores; pasó épocas viviendo de la generosidad familiar y de buenos amigos; tuvo que aguantar el éxito de sus colegas de generación mientras a él le llovían las negativas en todas las pruebas de casting a las que se presentaba; cedió la educación de su primera hija a sus suegros por su imposibilidad de ofrecerle una infancia digna. En fin, tragó quina a mansalva hasta pasados los treinta años. Al final, la perseverancia tuvo su recompensa y el andrajoso secundario en representaciones desechables pasó a convertirse en icono cool del cine británico de los sesenta. En sinónimo de calidad interpretativa y en un nombre que otorga pedigrí a cualquier producto audiovisual. Además de actor inmenso, Caine es un narrador espléndido, un contador de historias divertidísimo, con un toque de elegancia y humor british edificante. Sus dos volúmenes de memorias —Whats It’s All About? y The Elephant to Hollywood— así lo atestiguan y aportan honestidad e inteligencia a un subgénero, el de la autobiografía cinéfila, tan impostado como impostor.

De Frankenstein a Alfie

Michael Caine fue bautizado Maurice Joseph Micklewhite en una iglesia modesta del sur de Londres. Tanto el nombre como la ubicación no hacían presagiar un futuro rebosante de éxitos, dinero y popularidad. En cualquier caso, pese a pertenecer al proletariado más puteado, recuerda una infancia sin falta de cariño materno ni comida en la mesa. Nada de triste desamparo dickensiano. Nació, eso sí, con algunas taras que le marcaron físicamente. La mirada levemente somnolienta se la debe a la blefaritis, una enfermedad ocular de nacimiento que se caracteriza por la hinchazón de los párpados, así como su modo de andar un tanto torpe es herencia del raquitismo infantil. El propio Caine resume su estampa de mocoso de barrio: «Un chico de ojos escrutadores y párpados caídos, con un tic nervioso, las orejas sujetadas con esparadrapos y unas pesadas botas de Frankenstein anudadas hasta justo debajo de las rodillas».

Después de la Segunda Guerra Mundial, la familia se establece en una casa prefabricada en el barrio de Elephant. Allí había gente chunga. Es un chaval listo, con inquietudes y un devorador de películas en sesión continua. Como muchos chicos de su generación y condición social el cine le salva de la roña y la violencia circundante. De una realidad que no le gusta: «Me convertí en un fanático absoluto del cine, encaprichado con lo que me parecía el hechizo americano. La mayor parte de los sueños acaban en decepción, pero el cine ha sido para mí más fantástico de lo que pude haber imaginado en aquellos oscuros y deprimentes días». Y la idea de la huida del entorno se va convirtiendo en una obsesión: «Había dos caminos para salir del barrio: el deporte y el espectáculo. El deporte estaba fuera de mi alcance, de modo que el espectáculo era la única opción». A la única opción, el joven fantasioso y cinéfilo en ciernes le encuentra ciertos impedimentos. La mayoría de actores a los que admira desde la butaca son guapos y morenos —Robert Taylor, Tyrone Power, Cary Grant— o tienen un atractivo peculiar —Humphrey Bogart, James Cagney—. Él es rubio, se considera más bien feo y desgarbado con su metro ochenta y ocho de estatura. Pronto, no obstante, su determinación encuentra el asidero en otros actores: Spencer Tracy y Jean Gabin. No son guapos ni morenos. Pero son dos pedazo de actores.

Tras el servicio militar y una estancia en la guerra de Corea con la infantería, Michael Caine entra a formar parte de una compañía de segunda capitaneada por el productor Alwyn D. Fox. A este debe el cambio del lábil Maurice por el vigoroso Michael. Son años duros, muy jodidos. A la cima llegan muy pocos. Y para su desgracia, es testigo tanto del ascenso de los triunfadores —Albert Finney, Peter O’Toole, Terence Stamp, Sean Connery— como del abandono e incluso suicidio de los derrotados. Pese a todo, no ceja en su empeño. Las puertas se cierran y los consejos paternalistas van encaminados a disuadirle de realizar carrera en el mundo del espectáculo, pero él sigue. Su participación en la guerra de Corea le sirve, por lo menos, para ser escogido para el filme Una colina en Corea. Necesita un nombre y, por casualidad, se fija en el afiche de un cine en el que proyectan El motín del Caine. Caine es contundente. Tiene pegada. Michael Caine. Le gusta.

Tendrá que esperar a 1963 para hacer su primer trabajo de enjundia en pantalla. Zulú se convierte en su presentación ante el gran público. En el filme interpreta a un arrogante aristócrata del ejército británico en tierras sudafricanas durante la guerra anglo-zulú. Por lo tanto, Caine tuvo que cambiar su acento cockney por un inglés de dicción nobiliaria. Gracias a las buenas críticas, el actor pasó a tener un hueco en las agendas de los productores. En 1965, interpreta por primera vez al agente secreto Harry Palmer, la antítesis de James Bond, en Ipcress. Y, al año siguiente, consigue por fin el éxito internacional (menos en Francia, donde la posibilidad de que un inglés fuera capaz de encamarse con una docena de mujeres fue considerada una farsa completamente inverosímil y ridícula) con Alfie, las aventuras de un cockney seductor y trepa. Pijoaparte va a Londres, vamos.

Carrera superdirecta

Con treinta y tres años, Michael Caine inicia lo que él mismo denomina «carrera superdirecta». Esto es: no para nunca de trabajar en películas. Había pasado tantos años mendigando papeles, con deudas y números rojos que, a partir de ese momento, se propuso coger cualquier proyecto bien pagado que le ofreciesen. El cine tiene mucho de porcino y también de él todo se aprovecha: «Es mucho más difícil actuar bien en una película mala con un director malo que en cualquier otro tipo de películas, y te proporciona una gran experiencia en cuidar de ti mismo».

Pese a su fama de mercenario del celuloide, el actor ha protagonizado un puñado de obras inmarcesibles. Apoquinó como productor para interpretar Asesino implacable, filme duro y sombrío que reflejaba con notable realismo la violencia brutal del submundo de los gánsteres. Estuvo a la altura interpretativa de Lawrence Olivier en La huella, de Mankiewicz; modeló, junto a su amigo Sean Connery, a la inolvidable pareja de pícaros kiplingianos de El hombre que pudo reinar, de Huston; consiguió el anhelado y merecido primer Óscar con Hannah y sus hermanas, de Allen, galardón que volvería a recibir por su interpretación en Las normas de la casa de la sidra; construyó al flemático y entrañable Alfred de la trilogía del Batman de Nolan (tan grande es que salva la insoportable tercera entrega con solo una sonrisa y un asentimiento de cabeza final). También son reivindicables sus aportaciones a comedias ligeras como Lío en Río, de Donen, o Un par de seductores, de Frank Oz, divertido remake de un fallido filme protagonizado por David Niven y Marlon Brando.

Ciertamente, solo repasando la filmografía de Caine uno queda agotado de tanta actividad imparable. Sin embargo, el propio actor señala que en los setenta, cuando se casó con la modelo Shakira Baksh, de quien se quedo prendado viéndola en un anuncio de la tele, se tomó un pequeño respiro. Coincidió con su abandono del alcohol de alta graduación ingerido a escala industrial. Llegó a vaciar tres botellas de vodka al día. Según parece, la discreta recriminación de su mujer fue suficiente para desquitarse de la compulsión bebedora y dedicarse únicamente al vino en dosis moderadas y con las comidas.

A parte de excelente actor, Caine se ha granjeado fama de buen compañero de rodaje, educado y accesible. Tal vez por haberlas pasado putas durante años, no se ha permitido caer en excentricidades ni en autodestrucciones patéticas. Para tener una carrera tan longeva, a partir de cierta edad es importante cuidar las neuronas y el hígado. Así que todavía tenemos a Caine en acción —recientemente estrenó Juventud, de Sorrentino, y El último cazador de brujas, otro filme alimenticio protagonizado por Vin Diesel— y esperemos que sea para muchos años.

Afirma no ser un entendido en política, pero se identifica con ciertos principios socialistas sin compartir lo que él considera tics paternalistas de la izquierda. De hecho, abandonó durante años Inglaterra harto de los sablazos fiscales del Gobierno laborista anterior a la era Thatcher. Reconoce que sus orígenes le impiden votar a los conservadores, aunque aplaudió algunas medidas liberalizadoras de los tories. Haciendo balance de los Gobiernos de Thatcher dijo: «Ayudó a que los ingleses levantaran el culo y se pusieran a trabajar, pero olvidó a los que se quedaron de rodillas». En 2000 la Corte Real británica le nombró caballero. Michael Caine escogió recibir su caballería con su verdadero nombre. Maurice Micklewhite. En honor a su padre.

«He leído en algún sitio que procede usted de una familia muy pobre», le dijo Anthony Quinn en una ocasión. «Es cierto. ¿Y usted?», preguntó Caine. «Yo también —sonrió Quinn—, pero la diferencia entre una familia pobre mexicana y una familia pobre inglesa es tan grande que no creo que pueda usted comprender realmente lo que es la verdadera pobreza». A lo que Caine respondió con suave dejada de set y partido: «He empleado la mayor parte de mi vida en evitar descubrirlo».

Larga vida a Michael Caine.

22 comentarios

  1. Gran perfil de un grandísimo actor, me ha encantado conocerle así.
    E inevitable sonreír cuando menciona el “filme alimenticio” de “El último cazador de brujas” ¡casi me asusté al verle en semejante invento! pero en cada plano en el que salía él (como en el caso de “Batman”) la cinta palpitaba de nuevo.. después volvía al encefalograma plano del resto de la historia..

  2. Cuando vi “ZULU” en el 64, lo presentaban en los títulos de crédito como ” Introducing Michael Caine”, lo que en circunstancias normales supone siempre que ese actor aparece por primera vez ante el público de cine. Recuerdo que pensé que de dónde había salido ese tío con ese carisma y personalidad apabullantes; era imposible no quedar atrapado por su buen hacer. Luego, cuando muchos años más tarde leí una de sus autobiografías, me enteré de que llevaba muchísima mili a cuestas con mucho teatro y muchas apariciones no acreditadas en numerosos films. Ya con “Ipcress”, se convirtió con su personaje Harry Palmer, en un icono”cool” aunque sin llegar a la locura de un Sean Connery y su James Bond. Siempre me encantó, cayéndome superbien desde el primer momento aunque ha sido una lástima que su “empeño por huir de la pobreza” -o más bien acumular cuanta más pasta mejor, diríamos otros- le haya hecho intervenir en tantos subproductos. Aunque bueno, aquí hemos tenido a un Fernando Fernán Gómez que hacía lo mismo.
    A “Tyron Powell” no lo conozco pero a Tyrone Power, el papá de Romina, lo conoce mucha gente.

  3. Gran, gran articulo de uno de mis , no diría ídolos, porque no tengo o creo no tenerlos. Me parece una palabra (su significado) excesiva, pero lo que he sentido (y siento de alguna manera) siempre por este señor se acerca bastante a la idolatría. Tengo anglofilia aguda,entre otras cosas por su idioma (tan bello, tan musical, tan elegantemente british…aunque suene redundante) y porque me hubiese encantado ser actor (pocos hay como los británicos, con esa escuela teatral tan soberbia) y claro está por su música..desde Los Beatles a la actualidad…pasando por toda la gama de colores musicales, estilos, cantantes y grupos británicos. Al igual que los deportes, que en gran parte fueron sino inventados (algunos se supone que si, dicese del fútbol y del tenis) , si al menos “reglados” por ellos. Hace años leí una biografía sobre Michael Caine muy entretenida en la que narra lo que en el articulo se comenta, pero mucho mas extensamente, of course….titulado “Mi vida y yo. Creo recordar que es del año 1992 . La releí hará un par de años, y me volvió a gustar. Como dice el último párrafo de este excelente articulo… Larga vida a Michael Caine.

  4. Llamadme hereje pero lo único que conozco de Michael Caine son las dos frases que soltó para una canción de Madness.

    • Qué triste. Si tienes que ver dos pelis nada más en que salga M. Caine, prueba con La Huella y (sobre todo) El hombre que pudo reinar.

    • Pues yo me acuerdo de que “The Godfathers” lo mencionaban en una de sus canciones, la titulada “Birth, School, Work, Death”. Yo se lo recordaba en la era y el tío se meaba de la risa porque decía que eso le había costado una pasta a través de su agente. ¡Vaya tío!

  5. Michael Caine tiene increíbles películas casi totalmente desconocidas como pueda ser “Historias peligrosas”. A mí me ganó para siempre cuando con con catorce o quince años lo vi en “La huella”, que desde ese mismo instante pasó a ser una de mis películas favoritas y que a día de hoy aun lo sigue siendo.

  6. El mejor James Bond de la historia hubiera sido Michael Caine. Lástima que rechazó el papel en la única oportunidad que se le presentó. Por tanto, me contento con que los mejores James Bonds hayan sido Roger Moore, Sean Connery, Timothy Dalton y Pierce Brosnan. En ese orden.

    • Roger Moore???

    • Como James Bond ni lo veo ni lo he visto nunca. Demasiado “cool” para hacer de 007, personajillo que en el fondo, es poco más que un funcionario asesino y algo hortera. En cambio, en el papel de Harry Palmer está sensacional y, a que nadie entre ustedes ve en ese rol a Sean Connery, el mejor Bond de la historia sin discusión…
      Roger Moore era un actor con una envidiable presencia física y gran simpatía pero sin ese lado tenebroso que el personaje requería y su elección como James Bond, coincidió con una lamentable caída hacia el ridículo de 007 que, en un intento de llenar los cines con todas las familias posibles, se convirtió poco menos que en un payaso como los de la tele. ¡Había una vez… un circoooo…!

  7. Muy bien el articulo. Sin embargo, me sorprende aprender que Caine fuese progresista. Siempre pensé que era muy de derechas y me parece incluso recordar algunas declaraciones bastante duras. En fin, gracias por el articulo.

    • Bueno, en su autobiografía, esa que se ha mencionado por aquí, “Mi vida y yo”, por cierto bastante aburrida y previsible, ya se lee claramente que Caine es alguien que quiere quedar bien con la mayor cantidad de gente posible. Sobre todo, si son productores y directores de cine. Teniendo eso en cuenta, es normal que intente contentar a derechas e izquierdas ya que después de todo, ambas serán potenciales espectadores de sus películas, lo que acabará redundando en sus ya abultados bolsillos. Y cualquiera que haya leído sus tibias memorias se percatará de cuál es el motor que básicamente le mueve: DOLLARS.

      • Que miserable querer ganar dinero con su profesión y desempeñarla bien.
        QUEMADLA
        ES UNA BRUJA!

        • ¡Anda! ¿Cómo lo has sabido? Que Michael disfruta travistiéndose de bruja con escoba, digo… ¡Pues menudas juergas nos hemos corrido juntos, disfrazaos de Tía Rogelia por las calles del pueblo cuando venía de incógnito a España a ponerse ciego de chorizos y lomos embuchaos de la matanza! ¡Y qué tragos de vinazo de ése que tenemos en las bodegas bajo tierra al laíco de las eras! Yo le decía: Maikel, Maikel, ¡coño, Maikel, escúchame joeer y deja la bota vino! ¡Vamos a hacer como en La huella pero con boina, tú me empiezas a insultar y yo hago de Olivier despreciándote! Y lo intentábamos pero como estábamos trompas, nos entraba la risa y él decía que no podía, no podía, cuando me veía vestido de la casa de Bernarda Alba y con esos dientes de mula… ¡Era un cabrón cuando quería pero yo se la devolví escondiéndole las gafas en una excursión al monte! Tardó dos días en volver al pueblo y lo hizo porque la Guardia Civil se lo encontró cerca de Aranda de Duero palpando las paredes. Ahora cuando lo veo en Batman, pienso que se ha empochecido bastante, ¡pero es que son 83 tacos ya! ¡Aaaayyyy…!

  8. Qué raro que no se nombre Tiburón IV o En Tierra Peligrosa, sin duda los dos peores momentos de Caine en la gran pantalla. Por otro lado, tiene estupendas pelis a reivindicar: desde El Vestida para matar de De Palma o La Mano y Ejecutivo Ejecutor a Shiner o Harry Brown. Deathtrap (La trampa de la muerte) es un remake inconfesable de La Huella, y además, con Christopher Reeve y está muy, muy bien. Sin Pistas es realmente divertida.

  9. Es extraño no mencionar la película blood and wine
    Donde actúa con otro grande. Y donde por lo visto sus intercambios de opiniones fuera del rodaje acompañados de una buena botella SALUD!!!

  10. -¿Son ustedes dioses?
    -Somos ingleses, que viene a ser lo mismo.

    Michael Caine es el puto amo

  11. Michael Caine tiene una amplia carrera. Por mencionar algunas películas que no han surgido aquí, y que son estimables:
    “Comando en el mar de China” de Robert Aldrich
    “El último valle”, una de las mejores películas de las guerras de religión que asolaron Europa.
    “Ha llegado el águila” de John Sturges
    “La mano”, de las primeras y mejores películas de Oliver Stone
    “Evasión o victoria” de John Huston
    “Educando a Rita”, por el que lo nominaron a un Oscar (de actor principal)
    “El cuarto protocolo”, una digna adaptación de Frederick Forsyth
    “Sin pistas”, donde interpreta a un Sherlock Holmes muy peculiar
    “Ejecutivo ejecutor”, precedente descarado de “American Psycho”
    “El americano impasible”, dignísima segunda adaptación de la obra de Graham Greene
    Y sobre todo la mejor película, aunque sea para televisón, que se ha hecho de “Jack el destripador”, hecha en 1988 en el centenario de los famosos asesinatos de Whitechapel.

  12. Siempre me han gustado sus trabajos. Y por añadir algo, a mi me gusta mucho Que ruina de función.

  13. Pingback: TGIF: Sir Michael Caine cumple 83 años | América 2.1

  14. Excelente Actor!!! Siempre me gusto su estilo particular para actuar que lo diferencia de otros actores. Particularmente me parece que fue un galan, exquisito en sus actuaciones dando lo mejor de si.

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