Juanjo Sáez: «De los libros no se puede vivir; ni yo, ni nadie» - Jot Down Cultural Magazine

Juanjo Sáez: «De los libros no se puede vivir; ni yo, ni nadie»

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Fotografía: Jorge Quiñoa

A pesar de que el dibujante Juanjo Sáez (Barcelona, 1972) suele decir que no ha dado un palo al agua en su vida, lo cierto es que desde que agarró profesionalmente los lápices en los años noventa ha colaborado en medios como Rockdelux, Ara, El Mundo, Qué Leer o El Periódico de Catalunya, realizado trabajos de diseño y publicidad, elaborado un cómic para el disco Principios básicos de astronomía de Los Planetas, realizado la serie de televisión Arròs covat y apilado una bibliografía importante (Crisis de ansiedad, Hit emocional, Yo, Buenos tiempos para la muerte, Viviendo del cuento) entre la que se encuentra el tomo El arte, una obra que recientemente ha visto publicada una nueva edición ampliada celebrando su décimo aniversario. Sáez nos recibe en su estudio Familiares de Juanjo Sáez en pleno Raval barcelonés.

No sueles cortarte con tus declaraciones y en ocasiones eso se magnifica.

No, porque siempre pienso que no tengo nada que esconder y que no miento, nunca miento. Lo que pasa es que a veces te ves en situaciones en las que alguien se molesta. Pero, claro, si vas con la verdad por delante el tema es aguantarle la cara luego a la gente.

Incluso hiciste unas declaraciones político-independentistas que se convirtieron en noticia.

Sí, era la primera vez que me manifesté diciendo una cosa así como muy bizarra porque estaba muy quemado en ese momento. Dije de votar sí a la independencia y después no pedir el pasaporte catalán y quedarme con el español, porque yo soy español pero también estoy hasta los huevos de España. Voto sí a la independencia, pero no renuncio a mi pasaporte porque yo nací en España y mis padres son españoles. Yo sería un español viviendo en el extranjero, esa era mi solución. Y se hizo eco de ella como una gran noticia.

También te implicaste mucho con Podemos cuando aparecieron.

Yo me metí mucho. Y, de hecho, estuve colaborando con el partido, me impliqué todo lo que pude en mi medida como dibujante y desde mi posición. Tampoco me puse a militar, pero desde mi lugar sí que hice cosas. Creía mucho en el proyecto, pero visto lo visto ahora creo que han perdido mucho fuelle y que los han machacado, veo que son unos ingenuos en realidad.

Otros dibujantes también se han implicado políticamente como Gallardo con Ada Colau.

Sí, con lo de Guanyem. Yo también me metí ahí pero acabé saliendo porque lo de las asambleas y tal a mí no me gusta nada, ese rollo de que todos votamos. Empecé a ver que, como en todos lados, se forman circulitos de poder, ciertas jerarquías, que aparentemente todo era muy democrático pero después no lo era, y yo, como siempre, me entusiasmo mucho pero después me deshincho. Ada Colau, por ejemplo, ha enviado cartas a la gente invitando a que denuncies a tu vecino si alquila un piso ilegal a turistas. A mí me tocan los huevos también los turistas y si te toca un piso así al lado es jodido en un momento dado, pero la carta esa da miedo, recuerda a otras cosas que sí que me voy a cortar de decirlas. Denunciarlo es muy poco nosotros, en España y en Cataluña en general somos muy individualistas y recibir esa carta da repelús. Te implicas mucho en movidas de estas y te decepcionas, es muy difícil. Y los que somos dibujantes y autónomos y trabajamos por nuestra cuenta en el fondo tenemos un espíritu que es muy neoliberal, somos como neoliberales pero de buen rollo. Neoliberales con ética y moral, que quieren que todo el mundo esté bien y que exista un sistema de bienestar, pero que vamos a nuestra bola y creemos mucho en la competencia entre nosotros, en buscarte la vida. Yo nunca he pertenecido ni al APIC ni a nada de eso. En un momento se decía: «Bueno, tenemos que regular las tarifas». Y yo pensaba: «Qué mierda, yo me lo he estado currando aquí para cobrar pasta, no voy a cobrar lo mismo que Miguel Gallardo, que se espabile y yo me espabilo». Eso es neoliberalismo puro, claro, somos neoliberales, pero ocurre que no quieres que la gente pase hambre ni que los echen de casa, pero tampoco que me líes, porque yo voy a mi bola. Nadie nos representa, Podemos y esta gente en el fondo están apelando al obrero, yo soy de origen obrero, mis padres eran obreros, pero yo nunca lo he sido, no he dado un palo al agua en mi vida. Nunca he sido ese trabajador, ese discurso obrero lo escuché y pensé: «Hostia, qué bonito», pero a mí que no me coman la olla.

No eres obrero, pero hablas mucho del origen obrero de tu padre en tu obra, y por otro lado tienes un libro llamado Viviendo del cuento.

Claro, es que nosotros vivimos esa contradicción, estamos en un limbo. Sí que tengo orgullo de clase, de haber nacido en un barrio obrero, pero yo no soy un obrero y de hecho estoy muy puteado con los obreros porque están votando a la derecha en masa. El obrero ahora mismo se dedica a votar al PP, y entonces piensas: «Pero ¿qué mierda es esta?». A nosotros los autónomos, que podemos ser desde un taxista a un tío que tiene una panadería o un dibujante, no nos representa nadie.

¿Alexander Calder sigue siendo tu artista favorito?

Puede que sí, o de los que más. Sí, porque es una cosa tan sencilla y tan simple que no creo que se haya superado, me sigue gustando mucho.

¿Qué ha motivado reeditar un libro como El arte diez años después? ¿Propuesta editorial o necesitabas volver a él?

Fue un libro difícil para mí, después de publicar Viviendo del cuento tenía cierta presión porque aquel funcionó muy bien. Con El arte la primera edición no quedó realmente como yo quería, desde la misma portada, yo no estaba satisfecho y siempre tuve la idea de redondearlo cuando se reimprimiese la segunda o tercera edición. Es algo que nunca se hizo porque el libro iba muy bien, la propia portada no la querían cambiar por haberse convertido en una seña de identidad del libro. También se reedita por cuestiones prácticas, el libro se descatalogó, hubo ahí ciertas tensiones con la editorial, Random House, que sufrió una serie de cambios, entró en crisis, se fusionaron con Penguin tras la compra de esta por parte del accionariado italiano, hubo cambios, yo quería que me llevaran a Latinoamérica pero no lo hacían, porque no les interesaba o lo que fuera. Yo empecé a hablar con la editorial Sexto Piso comentándole a Random que o movían ficha o la iba a mover yo, ellos se lo tomaron como un farol y yo acabé publicando un libro con Sexto Piso en México. Se putearon y no sé exactamente si ese fue el motivo de descatalogar el libro, pero la cuestión es que no me renovaron, los contratos vencieron, el libro se tiró como un año a la venta, después se agotó y, justo cuando iba a negociar el nuevo libro, echaron a mi editora, Mónica Carmona, por motivos internos de fusiones y una colección que al parecer no iba todo lo bien que querían. Al final me quedé sin editorial, pero yo tenía una relación muy buena desde hace cerca de diez años con Astiberri.

¿Y un libro que funcionaba, no?

Sí.

¿Cuántas ediciones tuvo?

Ocho, el último año que estuvo a la venta vendió casi mil ejemplares, los últimos mil que quedaban. Todo eso se quedó ahí muerto. En Astiberri iban detrás y la reedición diez años después ha confluido en esto, ellos no acababan de confiar en que fuera bien porque supongo que estaba muy explotado, quizás llevaba veinticinco mil ejemplares vendidos o así, pero resulta que sí que se está vendiendo, la gente comenta y envía fotos. La gente se hace fotos con el libro, joder, un libro que sobrevive diez años es algo difícil y pensé que molaría hacer algo, he añadido un prólogo y un epílogo porque el libro lo hice cuando mi madre estaba enferma, y ella falleció después. Pensé que era la ocasión de explicar un poco el motivo real u oculto que tenía el libro, en su momento no lo hice, pero ahora ya han pasado diez años y lo puedo hacer, tenía esa deuda pendiente. Solo se le han añadido cosas, no se ha modificado nada, porque es un testimonio de cuando lo hice; ahora sería distinto, no sería el mismo libro.

Lo hiciste bajo presión porque Viviendo del cuento funcionó bien. Y en este prólogo comentas que El arte es el libro que mejor te ha ido y que te ha llevado por medio mundo.

Gracias a este libro fui hasta Hanói y me tiré allí un mes, he dado muchas vueltas con este libro, funcionó mejor que Viviendo del cuento. También trata otros temas —habla del arte y de una madre— que, sin darme cuenta, eran temas de interés general de verdad. Cuando lo hice estábamos en el momento del inicio de la novela gráfica y de tocar otros temas más generales, de no hacer cosas solo para comiqueros. Entre una cosa y otra salió esto, y salió así porque lo de la novela gráfica y tal todavía estaba muy verde, no habían llegado María y yo ni Arrugas.

El contenido son conversaciones (imaginarias o no) con tu madre. ¿Era el pretexto o tenías realmente la necesidad de decirle algo a ella?

Tenía una necesidad y era una excusa para no perder nunca el tono del libro y escribirlo todo de tal manera que lo entendiera una madre. Ese era el pretexto: voy a hacer un libro de arte contándoselo a una madre para que lo entienda todo el mundo, pero detrás de eso tenía un motor personal, el de que te entiendan en casa. Yo nací en una familia obrera donde nadie se había dedicado a dibujar ni nada de eso, y aquello era un «¿De dónde ha salido este ahora?», ellos no entendían nada en casa. Naces ahí de repente, por suerte eso no se puede comprar y cada uno nace donde nace, con una vocación que no sabes de dónde sale pero que a su vez te hace sentir incomprendido en casa, eres el raro. Yo tuve suerte, entre comillas, de no tener hermanos y que no me comparasen con el normal.

El «normal».

«Tu hermano el que trabaja, el que no sé qué… ¿Y tú qué vas a hacer?». Lo de siempre, te sientes como un bicho raro en casa. Mi motivo real era ese, que me entendieran en casa. Como mi madre estaba enferma y yo pensaba «vete tú a saber si algún día se lo puedo explicar, si va a entender algo», tuve la chorra de hacer el libro a tiempo, mientras ella aún vivía. Yo todos los trabajos los enfoco en realidad como si hiciera un fanzine, lo hago para mis colegas y para mi casa.

¿Y qué queda del fanzine Círculo primigenio?

Es lo mismo pero a lo bestia, ahora me lo publican y me lo pagan, y hago cosas de más envergadura, de muchas páginas. Tengo la suerte de que si digo que quiero hacer unas páginas desplegables me lo hacen, pero en realidad es lo mismo

¿La actitud y el espíritu  sigue siendo la misma también o ha cambiado?

Ha cambiado, que ahora tengo cuarenta años, antes tenía veinte, y tienes como más amplitud de mirada y haces cosas de mayor envergadura, es un discurso más elaborado, más extenso.

Uno de los temas que siempre planea en todas tus obras es el hacerte mayor.

Sí, eso me agobia un huevo. Es que es fatal, esto no nos lo habían explicado. Yo me imaginaba con treinta años y pensaba: «Hostia, ya seré dibujante, a ver si me puedo ganar la vida y tal». Y te imaginas mucho después,cuando seas viejo con sesenta años, pero ¿cuarenta? Es una edad absurda, que no tiene sentido. Porque tú por dentro te sientes igual, no es un «ya soy hombre», me da la risa pensar que soy un hombre porque es una edad absurda, intermedia. Y lo de hacerse mayor es muy raro, crees que te va a cambiar algo y después te das cuenta de que no cambia nada, te duele una rodilla a veces, el cuerpo no acompaña tanto y esas cosas.

Una cuestión más física.

Sí, y no ves de cerca, ahora no veo una mierda, enfoco con la mano porque me niego a llevar gafas. En mi caso es físico, tengo colegas que veo que han cambiado mucho más porque se han montado familia y todo el rollo.

Igual ese es el punto de inflexión.

Igual sí, yo como he pasado de formar una familia de repente estoy en un limbo raro. Pero sí que me agobia todo esto, ser mayor es un coñazo.

En tus viñetas, en Crisis aparece muy a menudo la figura del niño. Y en El arte hablas de Michel Gondry, un hombre que promueve como arte la forma de ver las cosas como lo haría un niño.

Yo es que nunca he querido hacerme mayor y tener responsabilidad ni mierdas.

Es decir, en tu caso el no querer hacerte mayor es más por las responsabilidades que por ver el mundo desde el punto de vista de un niño.

En realidad es por las dos cosas, por no dejar de jugar y estar jugando siempre, pasártelo bien, y por las responsabilidades, que son un coñazo. El sistema y las responsabilidades que te van colocando alrededor, esas que piensas que sobran, que para qué tanta movida. Al tema del niño interior yo creo que me agarro. Ahora tengo una novia más joven que yo y ella es la más sensata de los dos.

¿Es un tema generacional?

Creo que somos la primera generación que se ha podido permitir montarse la vida con este tipo de profesiones tan elásticas como para permitirte cierto margen, hemos podido vivir a nuestra manera y eso es algo antes no se podía. Te miran un poco como «el tío raro este», pero ahora se puede. Yo creo que ese ha sido el gran cambio en nuestro país de nuestros padres a nosotros, tenemos estudios y hemos podido estudiar con una educación gratuita y pública. Y también hemos podido elegir profesiones que antes no eran ni profesión, ese es el gran cambio. Por eso jode tanto que ahora quieran volver un poco al sistema de antes con la educación, porque esa fue la lucha de nuestros padres.

¿Y se han empezado a valorar cosas que no se valoraban antes como, por ejemplo, el arte?

Sí, claro, es que nuestros padres no podían, pero nuestra generación sí. Se ha producido un boom del ocio, ir al cine, salir. Ese ha sido en verdad el gran cambio de nuestro país, pero la gente no se acuerda, ya estaba asumido que era así. Pero ahora otra vez la gente no puede ir al cine porque no tienen pasta, la educación ya ves cómo está y la sanidad lo mismo. Pero yo creo que nuestro cambio generacional ha sido que hemos podido vivir más a nuestra manera, ser un niño durante más tiempo.

Alguien te ha comentado que hay profesores que utilizan tu libro en sus clases.

Por lo visto hay gente que lo usa, sí. A mí eso me choca mucho, me encanta y me hace muy feliz, pero me choca porque el libro es una cosa que yo hice desde mi punto de vista. Hay gente que dice que es un ensayo en cómic sobre el arte, pero no es un ensayo para nada, es lo que yo pienso en torno a todos esos temas, mi visión, pero no pretende contar ninguna verdad ni sentar cátedra. También creo que si el profesor quiere transmitir mi misma idea a los alumnos y le sirve, pues de puta madre, pero creo que ese maestro tiene que pensar lo mismo o que mi libro ha de coincidir con lo que quiere enseñar y no al revés, que no coja el libro como una verdad que tiene que transmitir. Si le viene a cuento, pues genial, para mí es un elogio coincidir con alguien que realmente sabe de qué va todo eso.

La estructura del libro es útil, haces un catálogo ordenado de los artistas que te gustan y lo que te interesa de cada uno.

Eso es fruto de la churra y quizás de que pienso bien. Tal vez por eso ha funcionado.

El aspecto autobiográfico es constante en todo lo que haces.

Es que soy muy egocéntrico, lo sé.

¿Y un artista debe pasar por ahí? ¿Tener ese punto de honestidad, hablar de sí mismo?

Lo de egocéntrico lo digo como medio en broma, porque antes de que lo digan los demás lo digo yo, pero hablo siempre de mí porque es lo que más conozco. En realidad de mí no hablo tanto y de lo que hablo es de mi visión de las cosas. Lo tengo que hacer desde mí porque es un ejercicio de honestidad, ser egocéntrico es creer que todo gira a tu alrededor, pero en mi caso para nada. Claro que me gustaría que todo girase a mi alrededor y pensar que yo soy el eje del universo, pero aquí lo inevitable es mi punto de vista y creo que es el valor que puedes dar hoy en día al mundo de la creación, lo único que nadie ha explicado antes es tu propia visión porque es solo tuya. Lo único distinto es desde dónde lo mirarás tú, dónde estarás colocado, tu circunstancia y tu individualidad. Yo creo que es lo único que podemos aportar hoy en día, porque las historias están todas contadas: un hijo, una madre, el héroe, la travesía del desierto. Los mitos clásicos ya lo contaron todo, lo único distinto eres tú, que no habías nacido antes.

En todos tus libros existe ese aspecto íntimo, Crisis de hecho era muy personal, te desnudabas bastante, aunque los dibujos eran viñetas que habías publicado en el Ara, también añadías unos interludios devastadores.

Sí, en ese libro los interludios son muy heavies. Creo que buscar la empatía de los demás es importante, que a la gente le sirva también como refugio donde decir: «No estoy solo, a mí me han pasado cosas como a este tío». Creo que la creación o la narrativa tienen esa función, buscar el apoyo, la colectividad, la empatía. Yo intento que la gente descubra a un tipejo como ellos, si quieres que la gente confíe en ti tienes que dar confianza. A mí todo el mundo me cuenta cosas tremendas de su vida, la gente se confiesa mucho.

¿Y eso cómo lo llevas?

Es algo muy valioso, muy importante, que la gente tenga confianza conmigo para contarme cosas suyas íntimas que necesita contar a alguien. Yo lo hago y la gente lo hace conmigo, ese es uno de mis éxitos, estoy feliz con eso, y hablo de gente cercana pero también de gente desconocida. Si es que me tomo las cosas un poco a pecho, no sé cómo decirlo, hago tebeos pero intento hacerlos en una dimensión que vaya más allá de hacer un tebeo. Porque lo que hacemos en realidad parece que tiene muy poco sentido, hacer tebeos o películas, fui al festival de Sitges y estaba viendo una película mientras pensaba qué sentido tenía todo eso. Como perros salvajes, ¿la habéis visto? Es una basura inmensa. Hay hambre en África, hay mucha miseria por ahí como para gastarse dinero en esa gilipollez. Es paradójico, porque por un lado es cierto ese sentimiento de que lo que hacemos es absurdo, pero por otro lado tenemos la necesidad de ordenar un poco, de poner palabras a las cosas, de dar sentido a la vida, no sé cómo decirlo. Tiene un poco de utilidad el buscar la empatía y dar cierto sentido a lo que nos pasa, pero más allá de ahí es una gilipollez todo, es inútil, lo que hacemos no sirve para nada.

Pero tú mismo comentas que ver películas o escuchar música te ayuda a dejar de pensar en ti mismo.

A dejar de pensar en gilipolleces, sí.

¿Eso es una ayuda?

Sí que existe la necesidad de evadirse un poco, pero igual más allá de eso no hay nada. Si las películas no consiguen ni entretener, ni ayudar a olvidarte de la miseria de vida, entonces sí que es inútil.

Otro de los grandes temas que tocas es la muerte.

Otra putada.

Otra putada que también es una constante en tus libros.

Es un tema que me ha amargado la existencia, siempre. Ahora quiero creer que la estoy empezando a aceptar, pero no, una mierda. Lo del camino hacia la madurez es eso, ¿no? Ir aceptando que te vas a morir, que se van a morir los tuyos. Asumirlo, y decir «Ya soy libre», vivir plenamente. Esa es la eterna lucha, pero no sé si lo conseguiré, estoy en ello porque vivir de este modo, con el buitre ese encima, es un coñazo. Es fruto de la neurosis, siempre buscas algo para estar medio amargado.

Sueles ser muy activo en Facebook.

Sí, Facebook yo lo enfoco como mi magazine, es un poco reality. Aunque ahora me estoy empezando a putear.

¿Por la gente?

No, por Facebook en sí mismo, porque se ha convertido en una corporación gigantesca que tiene un montón de esclavos, entre los que me incluyo, que trabajamos cada día para Zuckerberg y no nos paga nada el hijo puta. Es más, te cobra porque ahora hay contenidos que cuando a él le interesa te los censura limitándote el alcance, cosas que no le interesan a él, a su país o a quien sea. Te das cuenta de que eso es una dictadura y que no hay alternativa, estamos todos regalándoles contenidos, y parece que no es de nadie, que hay un silencio ahí, pero no es verdad.

Pero participas mucho.

Claro, tienes acceso directo a la gente, pasan cosas en tiempo real, es de puta madre. Pero le estamos dando mucho poder.

Es también un lugar donde si no piensas mucho lo que dices la puedes liar bien.

A veces sí hay efectos difícilmente previsibles. A mí ya me gusta, ese margen de peligro de que se te pueda ir de las manos un tema y crecer hacia sitios raros, a mí me interesa. Y sí, la gente se putea, pero es a lo que juego, como ser un torero desde casa aunque haya gente que no se da cuenta. Y en las redes también hay personas que me dan cierto miedo.

¿Por qué?

Porque hay mucha gente que tiene trastornos de personalidad y eso solo lo utilizan para magnificar su problema, hay mucho enfermo. El narcisismo que hasta hace poco se veía como una frivolidad, creo que gracias a las redes está alcanzando un nivel patológico como en su día ocurrió con la anorexia y el boom de las modelos delgadas, aunque la anorexia tiene un efecto más directo porque se ve enseguida a una persona que no come. Los trastornos de personalidad cuesta más verlos, son más sutiles, pero hay gente que está fatal y esto lo potencia. De aquí a un tiempo veremos qué pasa.

En el fondo, las redes son un escaparate.

Hay personas que pienso que van a acabar regular y no se controlan, sobre todo en Instagram. Ese narcisismo es una patología, en un grado todos somos presumidos, pero ahora entras en el Instagram de determinada persona y ves que solo hay ocho mil selfies, y yo si fuera el padre de ese chico o chica lo llevaría al psicólogo. Esto suena un poco a abuelo cebolleta, pero no estoy en contra de las redes.

¿Eres apocalíptico con la tecnología? ¿Internet se va a cargar el papel? ¿Hay demasiada información?

No, la información, cuanta más, mejor, eso no lo veo mal y no tengo una visión apocalíptica de nada, pero sí es cierto que, los que somos un poco mayores, cuesta adaptarse. Y existe esa tendencia a decir que lo de antes era mejor. Yo veo estos libros de Yo fui a EGB y Papel y plástico y todo me parece bazofia, lo miro y digo: «Qué cutre era todo, qué triste, qué mierda, ahora todo es mejor».

¿Te parecen cutres las épocas pasadas, o el tipo de libro que apela a la nostalgia?

Las dos cosas son cutrísimas, porque el pasado era cutre. Y pensar que era maravilloso y hacer un libro de ello es realmente cutre. Además, nosotros venimos de un baby boom, hay mogollón de cuarentones. Y a mí me parecen tristísimos esos juguetes, era una mierda todo, teníamos todos lo mismo y todos veíamos lo mismo, yo creo que ahora es todo mucho mejor. Lo que pasa es que los neoliberales son muy hijos de puta y están luchando a saco por esclavizar a la humanidad, y los cambios vienen muy rápido antes de que encontremos una forma de estructurar todo eso y que todo funcione de una forma equitativa. Es todo muy despiadado, pero antes era igual, mi padre fue un esclavo toda la vida, se la pasó currando como un cabrón y murió de currar. Yo no me cambio por él, pero sí es cierto que cada vez nos cuesta más adaptarnos, ahora voy con un iPhone 4 y la gente se ríe, yo pienso «si esto era el colmo de la tecnología hace nada». Todo va superrápido y a nosotros nos cuesta un poco ir a ese ritmo. La tecnología va por un lado y la gente va por otro, los artistas no hemos sabido ver lo que haremos.

Hablando del día a día como artista. Tu estilo parece muy anárquico, improvisado. ¿Piensas mucho las cosas? ¿Tienes una metodología definida o eres más visceral?

Pienso mucho y cuando entro me tiro. Lo medito mucho y cuando me pongo es porque ya tengo todo cocinado y puedo dejar margen a la improvisación, pero no me siento delante de la hoja en blanco a ver qué sale.

¿Y tantos tachones están premeditados? ¿Son reales o un recurso, una decisión estética?

Son reales, si están es porque me he equivocado, algunas veces sí que he quitado algo porque era una página entera donde he pensado «esto es basura, mejor lo tiro». A mí me gusta ser punki y que se vea que equivocarse está bien. Es que en el mundo del cómic hay un rollo de virtuosismo en plan: «Lo hago todo de puta madre y me queda siempre guay», que es superfalso, supercarca, una macarrada. Gente que lo haga bien hay mil millones y todo el mundo tiende a igualarse, pero cuando lo haces mal lo haces mal a tu manera. Es decir, hay una forma de hacer bien las cosas pero de hacerlas mal a tu manera hay mil. Creo que te definen más las cosas que haces mal que las que haces bien.

¿Y estás cansado de que alguien comente al ver tu trabajo «eso lo puede hacer un niño»?

No me importa que me lo digan, no me ofende tampoco.

Es algo que le ha pasado a mucho contemporáneos.

Le ha pasado a Mariscal, a Calpurnio o a Miró. Es algo que se da más en nuestro país que en otros sitios porque aquí veníamos de años de dictadura y de ignorancia, pero de esos niveles de ignorancia tampoco culpo a la gente. Cuando me dicen algo así eso no me ofende, y no pienso que quien lo dice es un ignorante. Es solo una circunstancia que vivimos aquí, aún nos queda mucho trecho.

¿El panorama es distinto al salir a otros países?

Latinoamérica está en un punto muy parecido al de aquí e incluso más atrasado, a nivel literario creo que nos llevan bastante ventaja, pero a nivel estético no. En Francia y otros países nos van por delante, hay más cultura porque ellos no pasaron la dictadura que hemos pasado nosotros. En Latinoamérica hay un nivel de analfabetismo salvaje por culpa de sufrir una dictadura tras otra, es que tras las dictaduras esto no queda como si nada. Wyoming decía aquello de que se murió Franco pero los franquistas no, y nuestros padres se criaron ahí. Pues claro que gana el PP, es que estamos ahí todavía y, claro, la derecha sigue con su misión sagrada machacando la cultura, aquí todo lo que sea cultura es sospechoso, somos «vagos, bohemios, raros», todos esos términos son despectivos y todo eso lo vivimos. Todavía tienes que justificarte, yo aún tengo que justificar mis horarios ante la familia, los desconocidos, los colegas, las familias de novias. «¿Tú trabajas por las noches?». Eres como un vampiro, un tío raro, un sospechoso. Yo trabajo cuando tengo curro. Me dicen los vecinos: «El otro día escuchamos ruido en tu estudio por la noche», y a mí me da más miedo el vecino vigilando lo que hago que cualquier otra cosa, yo hago mi vida y soy muy respetuoso.

Nos consta que eres muy estricto con el horario de levantarte.

Sí, yo madrugo mucho, me levanto a las 11 de la mañana.

Y has asegurado que uno de tus logros es poder seguir levantándote a esas horas.

Claro, es maravilloso. Lo mejor de la vida, trabajo de tarde y noche. Tampoco me voy a dormir a las cuatro de la mañana aunque a lo tonto igual curro diez o quince horas por temporadas, pero es un trabajo muy agradable para mí, no voy a picar piedra. Y si miro todo lo que hago al día, ahora estoy con una serie nueva con sus visionados y lecturas de guion, un libro nuevo, viñetas para el Ara el fin de semana, hago toda la imagen de Lowi, en realidad resulta que curro como un cabrón, pero no madrugo. De hecho, creo que trabajamos más que la mayoría: Facebook va que vuela en las horas de oficinas y el fin de semana está muerto, pero si un artista está mirando el Facebook en horas de trabajo se está engañando a sí mismo porque no hay nadie que le pague esas horas. Creo que los que trabajamos por nuestra cuenta somos mil veces más responsables que esa otra gente, porque si no lo haces hoy lo tendrás que hacer mañana o por la noche. Ellos solo tienen que cumplir el horario y ya está, y eso es lo que te echan en cara: que no tienes horario. Para llevar una carrera de este tipo en solitario tienes que tener mucha voluntad, tiene que ser una cosa que te mole. Yo ya me divertía antes haciendo fanzines, que eran lo mismo.

¿Y ha llegado un momento en el que has dejado de divertirte?

No, lo llevé peor de los veinticinco a los treinta y cinco porque pasé una etapa donde me lo tomaba con mucha presión, pero ahora pienso que todo lo que hago es guay. Trabajar por encargo también me parece interesante porque te saca de tu zona de confort y te ves obligado a hacer cosas que no harías, y de ese modo aprendes.

Es decir, que en realidad es mentira lo de Viviendo del cuento y no has estado viviendo del cuento.

De los libros no se puede vivir, ni yo, ni nadie. Al poco tiempo de tener representante le pregunté: «¿Cuándo voy a vivir de hacer los libros?», y me contestó: «Pero si nadie vive de hacer libros, ni los escritores. Igual hay uno o dos que venden cien mil, pero todos viven de hacer conferencias y artículos». Hay mucha polémica con eso de que en España no se puede vivir del cómic, y es que son ingenuos, porque ni en España ni en ningún lado, parece que quieran volver a Bruguera, a las galeras. También hay gente dentro del mundo del cómic que tiene idolatrado trabajar para América y tal y le gustaría que hubiera una Marvel española, y pienso: «Pero ¿tú estás loco? Aquí hacemos cómic de autor», eso es industria, eso también son las putas galeras. Te pagan bien y puedes vivir de eso, pero cuando no les interesa te echan y a tomar viento. Yo creo que en realidad es mucho mejor un sistema europeo: si vendes mucho te forras, si vendes poco te jodes, neoliberalismo, la selva, pero tu trabajo interesa. También hay que ser consciente de que el mercado español no puede albergar una industria porque es muy pequeño y hay pocos lectores. Yo empecé entrando en el mundo del cómic justo cuando empezó el cambio, antes el tebeo en Fnac no tenía sección propia. El boom de la novela gráfica empezó con Persépolis, un cómic que de repente la gente random lo leía, también estaba Jimmy Corrigan, y a Maus se le conocía por el Pulitzer. Cuando llegué yo con Viviendo del cuento, ya no pareció una cosa tan rara. Ahí empezó todo, fue un cambio radical.

¿Y ahora?

Pues se alcanzó un cenit, se empezó a editar de todo, aparecieron obras muy buenas tanto nacionales como internacionales, empezó a publicarse material de interés en Europa, Estados Unidos e incluso aquí en España, y eso ayudó a que creciera mucho. Aunque fue culpa sobre todo de la calidad de los autores y de editoriales que se lanzaron a publicar porque había material que publicar. Nos hicimos mayores, gente como Paco Roca hizo mucha obra y ahora creo que estamos en la resaca de todo eso. Todo llegó muy arriba y ahora ha bajado, la crisis económica bajó el consumo una barbaridad y, como todo se mide por ventas, parece que la cosa está peor. En realidad se sigue haciendo material muy interesante, lo que pasa es que la gente no tiene dinero para gastar, ha bajado esa resaca, pero no se ha vuelto a estar como antes, no se ha vuelto al punto de partida. La sección de cómics se ha quedado en las librerías e incluso está mezclada en ellas, ahora son libros. Yo creo que esa conquista se hizo y no se ha perdido, sino que se ha normalizado.

¿Te interesa el cómic americano?

No, lo ojeo y empecé leyendo eso. Pero para mí ya no funciona, y además es muy facha esa figura del justiciero, hay una edad cuando tienes quince o dieciséis que mola lo de la justicia por tu mano y la violencia y tal. Después, te ves el último Batman de Christopher Nolan, donde los malos son los antiglobalización, los antisistema…

Tenían asambleas y todo.

Sí, y dices: «Hostia». Y a mí la peli esa me moló, pero lo que cuenta ya no funciona como cuando eres pequeño, y te das cuenta de que a nivel narrativo son cómics muy simples y no pasaba nada, había peleas de dos viñetas. Hubo gente clave como Miller, que trataba a los niños como si fuesen adultos, estaba guay aunque fuese muy maniqueo, y estaba Alan Moore, que era el empollón, lo estabas leyendo y parecía que leías cosas secretas.

¿Y Gaiman?

Ese ya no me gustaba, ese ya eran pajas mentales.

¿Un autor contemporáneo que te guste en el mundo del cómic?

Chris Ware, Daniel Clowes y toda esa gente, toda la nueva ola, siempre cito los mismos. Y los franceses como Sfar, yo creo que ahora estamos en la resaca de todo aquello y lo que sale nuevo, como Riad Sattouf por ejemplo, no deja de ser posasociación.

¿Pos bande dessinée?

Sí, eso de la BD es como la prehistoria pero no hace tanto, solo hace diez años. No creo que se haya superado eso, fue otra etapa dorada del cómic. Parece que van ocurriendo épocas muy buenas con mucha producción y tal, y eso permite un gran salto, después viene la normalidad, después de un tiempo vendrá un poco de crisis y al final se volverá a dar otro salto a la nueva generación, ahora hay gente de veinte años que hace cosas muy vanguardistas.

¿Del panorama actual en el mundo de la ilustración qué destacarías?

De chavales que conozca: Magoz, lo demás es muy estético.

Hay autores y autoras que solo tienen Instagram y miles de seguidores y funcionan así, sin necesidad de Facebook u otra red social.

Sí, hay una generación que su book es ese, y no lo veo mal, pero esa herramienta te lo va a cobrar. En Facebook, cuando quieres promocionar cosas, si no pagas te lo capa, de golpe tienes alcance limitado y no paran de bombardearte para que promociones tus publicaciones a cambio de dinero. Instagram lo hará si no lo hace ya, porque está vinculado a Facebook. Les empezarán a cobrar y se les girará la tortilla. Pero a mí lo que me molesta es el discurso, la ideología chunga que hay detrás y que no se ve. Siendo feminista no puedes trabajar para Marie Claire, es una revista que es todo anuncios, todo, y que vende un modelo de mujer muy jodido, patrones de belleza inalcanzables para que estén medio locas todas y durante esa locura consuman mucho. Eso no se puede hacer, pero el dinero es muy goloso y hay que vivir de ello, yo tampoco puedo hablar porque he trabajado para grandes marcas también, pero vamos que yo no soy eso. Yo soy neoliberal [risas] y así yo puedo hacer lo que quiera, no sé cómo decirlo. Lo asumo.

¿Qué te parece lo que hace Banksy?

Banksy siempre me ha gustado, porque tiene discurso, lo que pasa es que también lo absorbe el sistema como a todos en el momento en el que hace exposiciones y se vende su obra. Hace de Andy Warhol, la historia se repite, el sistema todo lo absorbe, todo se compra y se vende, te ponen la sardina delante y es difícil ser puro.

¿Hay algo nuevo que te haya sorprendido?

Nuevo totalmente creo que no, hay descontextualizaciones, cosas que se cambian de lugar, interesantes. Pero creo que la revolución que hemos vivido recientemente son las redes sociales, lo han cambiado todo. No creo que haya existido ningún movimiento artístico con esa capacidad de convulsionarlo todo, incluso la realidad que tienen los smartphones y el llevar un ordenador en el bolsillo junto a las redes sociales. El arte no tiene esa capacidad porque para empezar se distanció mucho de la masa crítica, del pueblo.

Pero defiendes el arte como como algo emocional.

Sí, pero las redes sociales han hecho que cambien las emociones y las relaciones sociales. Existen nuevas formas de conocer gente, de ligar. El amor ha cambiado totalmente, las relaciones de pareja se han revolucionado.

La gente se conoce por los perfiles.

Antes nos conocíamos por la música, la música creaba una red social, los heavies íbamos todos a los conciertos, ahora Facebook es el eje de todo.

¿Es un cambio a mejor?

Bueno, es diferente, porque antes todo giraba en torno a movimientos culturales y ahora no, ahora la gente joven no se moviliza por la música, se moviliza por un evento en Facebook o por corrientes de opinión. Es todo más voluble y es difícil para nosotros entenderlo, antes los vínculos entre las personas venían muy determinados por movimientos artísticos, ya fuese el grunge, lo emo, el indie, los libros de Stephen King, los neoconceptuales o cualquier otra cosa. Ahora a los chicos les gusta todo, eligen de todo, lo mezclan todo, y no son tan sectarios en ese aspecto, pero al mismo tiempo la cultura ha perdido el poder transformador de la sociedad.

Pero se mantienen cierta estéticas.

Porque lo venden en el H&M, pero es un poco chiste, lo hacen por temporadas. Ahora todo es un collage, lo ven un día y piensan que es chulo. Cuando nosotros éramos jóvenes era muy difícil ir vestido de heavy, no había tiendas, pero ahora hay de todo y la gente lo descubre un día en un blog, o en Stranger Things, es algo puramente estético. Y escuchan de todo y mezclado, no son fieles, no hay tribus, de hecho las tribus que hay ahora son grupos como los swaggers, movidas estéticas que van delante de la Apple Store a mirar los móviles. Todo gira en torno a la tecnología y lo que vomita internet,  ese ha sido el cambio, lo del arte y todo eso está pasado de moda, es de puretas ya.

Te va el heavy.

Cuando llegas a cierta edad rebobinas mucho hacia atrás, lo que escuchabas a los dieciséis vuelve con fuerza y además lo mío por el heavy es una cosa muy rara, porque es lo único heterosexual, lleno de testosterona y del pasado que me interesa. Es muy machorro, y a mí todo eso del tema machorro me repatea mucho, pero en cambio el heavy me mola, es lo único que me gusta. Lo disfruto.

¿Lo de Bob Dylan y el Nobel qué tal?

Lo de Bob Dylan me parece bien, lo comenté en Facebook y me echaron a los perros. Me parece bien, pero no soy fan y no sé si realmente su trabajo tiene el valor literario suficiente para tener semejante premio, aunque el hecho de que premien a gente por el valor literario de su obra y que no sean puramente escritores me parece guay. Es como lo del Pulitzer a Art Spiegelman, un premio periodístico y alguien que dice «Hostia, este tebeo es tan de puta madre. Es un testimonio tan heavy de un superviviente del Holocausto y encima está tan bien hecho con este lenguaje que le damos el premio Pulitzer», eso es la polla. Lo de Dylan  creo que es lo mismo. «Este pavo ha escrito tanto y ha revolucionado tanto que si una letra suya es mejor que muchos poemas, pues qué coño, vamos a dárselo». Si se lo merece o no ya no lo sé porque yo tampoco sé tanto de literatura ni de Dylan, que es lo que discute la gente. Pero el hecho de que se premie a alguien que sea tan excepcional en lo suyo como para trascender tanto está guay. Imagínate que le dan el Premio Nobel a un dibujante de cómics, sería la polla. Siendo músico y que te den el Premio Nobel de literatura es que eres la megapolla, lo veo muy épico, como si se lo dieran a un pastor porque han descubierto que tiene en una cabaña veinte novelas escritas que son la mejor literatura jamás conocida. Que se lo den me parece más molón que dárselo a Vargas Llosa, ¿no? Total, son unos premios muy sospechosos y el de la paz ya ni hablemos. ¡Pero si se lo han dado a Obama en plena guerra! ¿En qué cabeza cabe? Ha matado a peña tío, si con matar a uno solo ya no te lo tenían que poder dar. Obama ha matado a gente, entre las penas de muerte bajo su mandato y las guerras. Que estabas en la guerra, colega, es cierto que habrás sido un presidente enrollado y todo lo que tú quieras, pero con matar a uno ya no vale. Y tampoco es un premio que no se vuelva a dar, el año que viene se lo dan a otro y punto. Dylan es un chulo palanganas, es como «Me meo en vuestra cara y ahora tengo el Nobel y a callar».

Has dicho que estás con otra serie.

Sí, se llama Heavys tiernos, y estamos en pleno proceso de producción así que tardaremos unos meses, con TV3, como Arròs covat. Me liaron a que me hiciera productor y ha costado mucho, porque eso es más trabajo y menos dinero, pero hay más control creativo. Lo haremos a nuestro aire, y si va mal será por nuestra culpa y si va bien, también, así no le podremos echar la culpa a nadie.

¿Y el nuevo libro?

Pues va de llorar, es un libro que está estructurado en torno a cartas a mis seres queridos. Es autobiográfico, pero quiero que tenga más forma de novela gráfica. Es que cómics como estos ya he hecho muchos y ya me aburren un poco. De hecho, tengo otro empezado que es parecido a El Arte pero en el mundo de los cómics y no lo voy a hacer, porque es repetir lo mismo, prefiero el reto de hacer una novela gráfica de verdad. Voy a ver qué es una novela a nivel estructural y a nivel gráfico, no sé qué saldrá porque yo me monto ahora un gran castillo y después me da palo y a lo mejor lo hago de otra manera, o yo qué sé, pero estoy dándole vueltas. Yo creo que se pueden hacer muchas cosas todavía, me gustaría hacer un libro que lo abras y que haya momentos que parezca un libro y otros que no lo parezca tanto. También le doy vueltas al diseño gráfico del libro porque llevamos mucho tiempo y los libros siempre son iguales, ha cambiado poco su diseño y el tema digital al final no ha tenido el boom esperado.

No ha despegado como pensaba la gente.

El libro digital no ha aprovechado para jugar con el espacio y en general ha sido un poco bluf. Lo digital lo que se ha comido es a todo lo que implicaba una consulta, mira la Enciclopedia Catalana, que movía una pasta. Pero son temas que ocurren periódicamente, con el VHS se decía que el cine iba a morir y ocurrió al revés, vino una etapa dorada para el cine.

Llegó el MP3 y saltamos a lo digital, pero con los libros no.

Es que un libro es un invento cojonudo y el CD es un invento de mierda. Los CD son superdelicados y se borran, si no los guardas en un mueble negro solo tienen unos años de vida. A mí se me han borrado, he ido a ponerlos y no se leía nada, desaparecidos. Además, te están vendiendo un soporte, te podían vender igual un pendrive. Pero el libro funciona sin enchufe, es apilable, portátil, no tiene batería, no necesita software, tienen una capacidad de almacenaje de no sé cuántos gigas.

¿Tus libros los tienes en edición digital?

Solo Crisis, es el único que está pirateado y el único que está en digital. En el momento en el que cedes los derechos te lo piratean, a la gente le da palo escanearlos a no ser que sea un manga de los que quieren todos los chavales. Pero Crisis al día siguiente ya estaba, y un gracioso lo compartió en Twitter.

¿Trabajas aquí?

Sí.

¿Y el ordenador?

No uso ordenador, tengo un portátil, pero lo uso muy poco.

¿Y esta es la iluminación que utilizas para trabajar?

Sí, es que me molesta la luz un poco, en general tengo que llevar gafas de sol, todos me dicen que hay muy poca luz, pero es que me refleja mucho, tengo la pupila y los ojos claros y me molesta, me lloran. De niño me dolía la cabeza y llevaba esas gafas de sol para niños con las que pareces un gánster; de esas que se oscurecen.

Y en lo musical te has aficionado al trap.

Es que es el nuevo punk, es todo lo que da miedo a los padres junto. Me gusta bastante y encima son canciones que son muy pop y por eso asustan, esos padres lo escuchan, después prestan atención a la letra y se cagan, porque es una barbaridad.

Hablan un idioma nuevo.

Sí, y es muy muy creativo. Y destructivo, es muy negativo, yo si fuera padre no sé cómo me lo tomaría.

¿Kinder Malo y Pimp Flaco o Pxxr Gvng y La Zowi?

Kinder Malo y Pimp Flaco son los peores, esos no me molan. A mí me gusta Pxxr Gvng [Nota: Pxxr Gvng se han disuelto tras la salida de Steve Lean y los miembros restantes han formado un grupo llamado Los Santos] y La Zowi. Yo estoy con ellos, con Yung Beef y todos esos, son muy auténticos, son de aquí. Es muy creativo lo que hacen, muchísimo, y se les critica mucho pero tienen una capacidad de trabajo acojonante, porque no paran de editar material. Y es un movimiento que ha surgido totalmente al margen de la industria, ellos cuelgan sus producciones en YouTube, no lo registran con nada y cobran de YouTube, tienen igual dos millones de visualizaciones, les paga más YouTube que cualquier discográfica.

Con Sony Pxxr Gvng firmaron solo por un disco.

Y para el disco encima a Sony le dieron lo peor adrede, las peores canciones son las del disco, lo bueno está todo fuera de ahí. Sony les ofreció un adelanto, y pillaron la pasta y luego ya veremos.

También es un género que nació de los camellos.

Es que ellos eran camellos, y ahora hacen esto. Lo que por otra parte está muy bien, no venden droga, están ahí y lo que hacen es supercreativo, Yung Beef es un chaval que es muy inteligente y tiene un talento acojonante, lo que pasa es que tiene un nivel cultural de menos cero, es prácticamente analfabeto, pero es muy creativo. Hace canciones con mucho nivel de producción y de vídeos, La Zowi ha hecho un vídeo ahora que lo ves y dices «Vaya nivel». Hacen un tema, lo cuelgan por la noche y lo tienes por la mañana.

Con autotune a tope.

Es el punk, es como lo que se decía de los Sex Pistols: no saben tocar y no saben cantar. Estos tampoco saben tocar ni nada. En los conciertos van por ahí subiendo a la peña y canta la gente, hacen fiesta, el nuevo punk. Y tienen mogollón de seguidores, de repente te sacan un vídeo y tienen más visionados que Metallica, millones, sin industria, sin mercadotecnia, sin productores, nada, desde la plaza del MACBA directamente al mundo, es muy fuerte lo que hacen estos chavales, muy creativo, se inventan cosas locas y piensas: «Pero ¿esto qué es? Hostias, qué cabrones». Como el single del disco, «Tu coño es mi droga», ¿qué? ¿Cómo pueden hacer eso? Pues porque no tienen productor, no tienen mánager, no tienen discográfica. YouTube es la única plataforma libre, cuelgas lo que sea, mientras no sea pornografía puedes colgar lo que te dé la gana y nadie se mete, cada tantos visionados ellos insertan publicidad.

Nadie se mete a no ser que alguien denuncie.

Sí, pero es libre, no como Facebook. El último vídeo que hicieron del disco, ese «Tu coño es mi droga», tenía una versión para móvil en formato scroll vertical que te vuelves loco, y la distribuyeron por WhatsApp y Telegram. Son creativos hasta para eso, son genios. Y las discográficas, claro, van de culo, no saben qué pasa con esto, flipan con lo que han hecho, les ofrecen cosas y dicen que no. Hasta usan el autotune, que es otra cosa que es el anticristo, es que es toda la mierda junta, es el punk, antitodo, Yung Beef va con los dientes picaos, es un punkarra, y en un vídeo sale con una tía que en medio de las tetas lleva tatuada una cruz invertida. Tengo algún colega que tiene hijos que los siguen y está escandalizado, nosotros escuchábamos Iron Maiden, que era el colmo de lo antipadre. Eso sí, estos son muy machistas, dicen cosas muy fuertes y hacen apología de la droga, pero yo creo que es ficción. Yung Beef es el novio de La Zowi, tienen un crío y yo les veo con el carrito paseando por aquí aunque después canten sobre putas y no sé qué, tienen ese toque de ficción.

El ideal gangsta.

Yo creo que es igual que el black metal, te lo escuchas pero luego no sacrificas bebés, igual hay una canción que habla del Apocalipsis y de fetos, pero no eres satánico, gente flipada siempre habrá, pero yo creo que forma parte de su iconografía y su universo. También dicen cosas chulas de repente y te das cuenta de que son inteligentes. Antes he dicho que no había ningún movimiento interesante reciente, pero sí que creo que este nos ha dejado a todos noqueados. Y el sexo es otra película ya, nosotros nos hemos quedado atrás, en el sexo para ellos no hay tabú, hacen de todo. Para nosotros es oscuro, para ellos es parte de la fiesta.

6 comentarios

  1. Pingback: Juanjo Sáez: «De los libros no se puede vivir; ni yo, ni nadie» – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Me ha encantado

  3. Muy buena entrevista y mejor aun el entrevistado. Tuve la suerte de ser compañero suyo en el instituto y solo cosas positivas de él. Honestidad al 100% , saludos desde Lanzarote

  4. No sabía quién era Juanjo Sáez y he entrado a leer la entrevista por el titular. Pese a la extensión, merece la pena. Le voy a pasar el enlace a mi hija menor, que está de Erasmus en Turín como parte de sus estudios de Bellas Artes. Creo que le puede aportar bastante, aunque parece que se va a decantar más hacia la fotografía.

  5. Me encanta este pibe.

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