Jot Down Cultural Magazine – The Internet Show: así era la red en 1995

The Internet Show: así era la red en 1995

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Emblemático fotograma de The Internet Show, el documental que nunca envejece. Imagen: PBS.

Hoy vengo a hablarles de Cultura con Mayúsculas. Vamos a viajar en el tiempo, hasta 1995, año en que se emitió la Madre De Todos Los Documentales. Usted dirá: «ah, los noventa». No, jóvenes e ingenuos lectores y lectoras. 1995 todavía pertenecía a los abominables ochenta en casi todo excepto, gracias a Dios, en lo referente a la música, y este documental es la prueba definitiva. Vamos a asomarnos al Medievo de la era cibernética viendo este reportaje cuyo encantador y vetusto estilo nos recuerda la magia de la divulgación tecnológica de finales del siglo pasado. Algunos de ustedes ni siquiera habían nacido, o andaban en pañales, y quizá piensan que ya en la época de Julio César había Twitter y Facebook (¿para cuándo una red social en latín? Se admiten sugerencias sobre su hipotético nombre). Pero no; hubo un tiempo en que internet era cosa de selectas minorías; o no tan selectas, a decir verdad, pero por lo menos dedicadas y repletas de entusiasmo. Porque para usar internet en 1995 se necesitaba tanto insensato entusiasmo como para escalar el Everest. Prepárense para iniciar un viaje alucinante al pasado. ¿Por qué alucinante? Un solo detalle: el programa está presentado por una mujer con el pelo crepado y un Terminator venido desde el futuro.

Uno de tantos momentos WTF: parroquianos atiborrándose de cerveza en un pub galés de mediados de los noventa. Justo la típica cosa que uno espera encontrar en un documental estadounidense sobre internet. Imagen: PBS.

The Internet Show es un programa que emitió la PBS, red de televisión pública estadounidense. No, no se parece a RTVE, porque no es una cadena estatal propiamente dicha. Es un sistema de emisoras locales en las que cualquiera puede reservar un espacio. Si hacen una búsqueda de PBS en YouTube encontrarán hitos culturales de primer orden, documentos incunables que la gente grabó en sus casas y ahora comparte para solaz de las masas; cosas tan grandiosas como el siguiente vídeo (uno de mis favoritos en todo internet), que quiero creer es una especie de versión marciana de «Venus in furs» de la Velvet Underground.

Pero bueno, vamos al grano, aunque podía pasarme horas contemplando el psicótico folk de este entrañable tipo y su indescriptible instrumento. The Internet Show tenía unos valores de producción algo más elevados que lo que acabamos de ver —lo cual, la verdad, no es mucho decir— y su propósito era presentar al público de la época un nuevo fenómeno que estaba empezando a dar que hablar: internet. La mayoría de la gente no tenía muy claro qué era eso de internet. El ciudadano común todavía se comunicaba dejando pinturas rupestres en los portales: un búfalo significaba «te veo a la hora de la cena» y unas espirales con unas huellas de manos querían decir «este sábado nos vamos de botellón». Los programas que se usaban para acceder a internet tenían nombres raros, y desde luego olvídense de usar YouTube o la Wikipedia en 1995. No existían. No existía ni Google. Buscar algo en aquel internet era lo más parecido a iniciar una investigación digna de novela de Michael Crichton. Tampoco había World of Warcraft, ni Spotify, ni toneladas de pornografía. Entonces, ¿qué había? Pues es difícil de describir con palabras, pero por suerte tenemos este pergamino del mar Muerto en forma de reportaje rescatado de alguna grabación VHS, que nos alumbrará sobre el pasado.

El final de la grabación se corta en el vídeo que enlazo, pero esto no importante, porque quedaban apenas un par de minutos sin nada relevante en ellos. Hay otras versiones en YouTube donde sí están esos dos minutos, pero tienen una calidad de imagen propia de un papiro enterrado en Babilonia; aquellos que hayan padecido la negrísima era del vídeo VHS ya saben de lo que hablo. También he de decir que no he encontrado ninguna versión con subtítulos, pero gracias a mi doctorado en inglés por la Universidad de la Cochambre intentaré ejercer como traductor (ejem) y narraré cada secuencia importante con el fin de que nadie se pierda la interesantísima y valiosísima información (LOL) que esta maravillosa película contiene. Incluyo el minuto concreto del vídeo en que está cada secuencia, para que puedan complementar el texto con las imágenes (qué ilusión, mi primer artículo interactivo). ¿Preparados? Vamos a sumergirnos en aquella época fascinante en que internet funcionaba a base de vapor y aceite de ballena. ¡Agárrense a lo que tengan más cerca!

0:11- El vídeo comienza con una advertencia del FBI, así que no podremos decir que no estábamos sobre aviso.

1:13- Aparece la presentadora en un descapotable. Es Gina Smith, periodista especializada en informática, quien por cierto continúa en activo, aunque ahora ya se peina como en el siglo XXI. Pero en 1994, claro, no se le ocurrió nada mejor que vestirse en plan Jackie Kennedy para ir en descapotable, lo cual nos trae recuerdos de cierto evento festivo que tuvo lugar en Dallas a principios de los sesenta. Fantástico; solo falta Lee Harvey Oswald saludando desde una ventana. Eso, sin embargo, no es lo más notorio de la escena: lo mejor es que el automóvil lo conduce nada menos que el único e inimitable ¡Borat Sagdiyev! Sí, es verdad que habla con acento americano y que no trata de comprar a la presentadora a cambio de una cabra, pero tiene que ser él. No sabemos qué coartada puede alegar Sacha Baron Cohen para explicar todo esto.

1:40- El documental está patrocinado por Compaq Computer Corporation (CCC, como los que anunciaban aquellos cursillos de guitarra en los que sin duda se graduó Joe Satriani), lo cual no tendría mayor relevancia si no fuese porque esa misma compañía tecnológica se fue al carajo siete años después (¿coincidencia? Lo dudo). Además de presumir de patrocinio, están dejando caer que recibirán con alegría el «apoyo financiero de espectadores como usted», lo que viene a significar «es triste de pedí, pero más triste es de robá», y eso que por entonces eran los líderes del mercado en manufactura de ordenadores. En 2002, después de la «burbuja de las puntocom», la empresa tenía acumulados dos mil millones de dólares en deuda. Sería vendida a Hewlett-Packard por la mitad del precio que valía un par de años antes. ¿Por qué les cuento todo esto? Pues porque sitúa nuestro documental en su debido contexto: la época feliz en la que pensaban que internet era la piedra filosofal que convertiría el mundo en una paradisíaca película de Pixar, y no en el inmenso patio de vecinos irritantes que es hoy gracias a Twitter y demás.

En otro orden de cosas, la sintonía es más ochentera que los vídeos de aerobic de Jane Fonda. Los productores del documental no parecieron entender que en el resto del mundo ya habían triunfado el grunge y los Guns N’ Roses. Sumidos en su propio agujero temporal, vivían sin duda en algún refugio antinuclear, sin contacto alguno con el exterior, ajenos a la caída del Muro de Berlín y anclados en su propia idea de lo que era la «música de moda». Es la única explicación posible que se me ocurre para la elección de una sintonía que parece salida de las grabaciones de descarte de algún ensayo playero de Huey Lewis & the News.

Diseño moderno, amigos. Imagen: PBS.

2:07- Borat está a punto de estrellar el coche contra no sabemos qué. ¿Distracción? No, un chistecillo del guion que, como otros que vendrán después, ha sido concebido para ocultar el hecho (totalmente evidente, como irán comprobando) de que nuestro amigo el presentador no es un ser humano, sino un androide venido del futuro. ¿Por qué lo digo? No tengan prisa, al final de la película estarán de acuerdo conmigo.

2:20- Primera ocasión en que Borat gesticula en un exagerado intento de fingir humanidad, alzando sus brazos rígidos con una naturalidad digna de Terminator en una fiesta de cumpleaños. Por lo demás continúa el chascarrillo de que habla soltando el volante del automóvil cada dos por tres, mientras su compañera trata de sujetarlo (el volante) sin dejar de sonreír a la cámara. La seguridad vial se predica con el ejemplo, sí señor.¡Muy propio de un vídeo educativo!

Nos dicen que internet no tiene por qué ser «cosa de geeks», o de «frikis» que se dice (mal) en España. Mentira: en 1995 internet sí era cosa de geeks porque sin Twitter, ni Facebook, ni Instagram, una persona normal tenía poco que hacer en la red excepto pasarse tres semanas descargando una única fotografía pixelada de Samantha Fox. En cualquier caso, frenazo mediante, Borat nos conduce hasta la Universidad de Rice en Houston. ¿Por qué a una universidad? Pues porque, según delira la presentadora, el principal objetivo de internet es el de poder acceder ¡a las bibliotecas! Como si el que la gente no estuviera acudiendo en masa a las bibliotecas se debía a que no les gustaba el aire acondicionado. Veintidós años después del documental, podemos ya decirlo sin miedo: todo el mundo usa internet, pero la gente continúa sin tener ni pajolera idea de lo que hay dentro de una biblioteca, salvo lo que se cuenta en el mundo mágico de La sombra del viento, donde los libros te miran y hacen cosas raras. Porque los libros de mi casa ni me miran, ni me susurran cosas misteriosas, ni colaboran cuando hay que quitarles el polvo.

3:19- Borat camina. O más bien finge estar dando pasos, aunque todos podemos intuir que está desplazándose mediante ruedas, primera prueba irrefutable de que es un puñetero robot. De lo contrario, ¿por qué filmar ese plano tan raro con un mostrador de por medio? ¿Eres un androide? ¡Queremos saber la verdad! Por si fuera poco, su charla automática y su fría gesticulación contribuyen a agravar nuestras sospechas. Dice llamarse John Levine y ser el autor del libro Internet for Dummies, pero todos sabemos que su verdadera misión es la de encontrar a un tal John Connor. Recuerden que Skynet surgirá de internet. Blanco y en botella.

3:37- Otro plano cortapiernas, esta vez de Gina. Pero si ella es un robot está mucho más conseguida, porque habla y gesticula de manera normal. Eso sí, lleva hombreras (¿ven cómo 1995 pertenecía a los ochenta?), aunque estoy convencido de que su peinado no había aparecido en una revista de moda desde hacía más de dos lustros. Un poco más y sale a hablarnos sobre los últimos hitos tecnológicas vestida de Ana Bolena.

4:12- John-Terminator-Borat es capaz de caminar y subir escalones de lado sin mirar; incluso se sienta sin haber comprobado dónde está la silla. Puede hacerlo porque es un robot. Justo a continuación Gina nos presenta, sosteniéndola con reverencia, la Última Maravilla de la Ciencia: un módem de mediados de los noventa. Es el equivalente de una cafetera. Dicho de otro modo: usted pone a descargar Casablanca con ese cacharro y ya con suerte sus nietos podrán verla cuando se jubilen. No puedo evitar pensar en aquella escena de la genial serie The IT Crowd, cuando una de las protagonistas, Jean, sostiene una caja negra donde le han hecho creer que está metido todo internet. Por cierto, cuando Robo-Borat vuelve a hablar, ella se sienta… pero sí le echa un vistazo a la silla antes de sentarse. Es humana.

4:49- Vean cómo John gira la cabeza. ¡Es un puto androide! Y justo a continuación, mientras Gina habla, se desconecta solo porque ya no necesita malgastar baterías. Se queda inmóvil, con la mirada perdida, a la espera de que se le necesite de nuevo y pueda salir del estado de ahorro de energía.

5:03- Suena la «alerta nerd», que interrumpirá la emisión cada vez que utilicen «lenguaje geek», o sea, cuando se utilicen términos informáticos que ya en 1995 sonaban a arameo. Vendrá Gina a rescatarnos de nuestra bendita ignorancia, explicándonos esos términos que dos décadas después continuamos sin entender. Por cierto, ofrece una definición que no sé cómo de exacta es, pero que no suena mal: «Un nerd es alguien cuya vida está centrada en las computadoras y la tecnología. Un geek es alguien cuya vida está centrada en las computadoras y la tecnología y que además disfruta siendo así». Entretanto, Robo-Borat continúa intentando demostrarnos que es humano, con gestos tan «espontáneos» como los de un dispensador de tabaco. ¡No cuela, John!

Así era un plano cibernético del metro de París en 1995. ¿Les parece deprimente? Esperen a ver la página web de una floristería. Imagen: PBS.

5:23- John pronuncia la frase que sin duda inauguró la era de las redes: «Internet está llena de cosas geniales». A continuación vemos una cortinilla —decir que es ochentera es quedarse corto, ¡seguro que Madonna aún la lleva de tono del móvil!— y empieza la nueva sección, titulada, cómo no, «Cosas Geniales». A estas alturas de documental ya no puedo arriesgarme a acompañar el visionado con alguna bebida, al menos si quiero conservar mi monitor intacto. Gina nos dice que hay cientos (¡si no miles!) de cosas geniales en internet… en 1995 (FAKE NEWS!). Como muestra, nos dicen que podemos consultar el plano de Metro de París; se ve que nadie les ha dicho que en las paredes del propio Metro de París… ¡ya hay planos del Metro de París! Nos enseñan un sofisticadísimo mapa cibernético donde no están ni los nombres de las estaciones, con lo que usted tiene garantizado perderse y acabar en Marsella. Pero John, siendo como es un robot, sí sabe cómo ir de la torre Eiffel a Montmartre sin necesidad de consultar el buscador de la página. Después nos muestra el buscador, pero para que los humanos veamos cómo se encuentra el trayecto correcto sin la ventaja innata de tener un microchip como cerebro. Nos dicen que en el internet de 1995 había planos del Metro de Nueva York, Londres y «muchas otras grandes ciudades»… ya, a ver, ¿cuáles?

6:30- La red te permite estar en contacto con amigos del extranjero, como aquella chica que conociste en Hong Kong y que no sabe leer sin pasar el dedo por encima de los renglones. Internet: conectando gente inteligente desde 1995.

6:49- Terminator John, en su enésimo intento de validar su camuflaje, nos muestra su página cómica favorita, «Doctor Fun», en la que vemos un infame chiste de tiburones que solamente pone de manifiesto su total incomprensión del concepto «humor» que se maneja entre los humanos.

6:56- John ya ha hablado y le toca a su compañera, así que se desconecta otra vez.

7:15- John dice otra frase y se vuelve a desconectar automáticamente, pero a los pocos segundos oye pronunciar las palabras «software gratis» y se reinicia, porque para un robot el software gratis es como para nosotros la bebida gratis: lo oyes y te despiertas, ¡vaya si te despiertas! Gira la cabeza con expresión de pensar: «Eh, esta costumbre humana sí es interesante».

8:06- Al parecer, la historia de internet comienza con una explosión atómica y niños escondiéndose debajo de sus pupitres: es meritorio que en este documental anticipasen la aparición de Twitter. Por lo demás, nos cuentan cómo se creó y creció la red, nos dicen que está compuesta de computadoras PC y Mac. Sé que es difícil de creer, pero por entonces, jóvenes amigos, los teléfonos no se conectaban a internet. Eran tiempos duros en los que cuando alguien quería hablar por teléfono con su pareja no podía recurrir al Whatsapp ni al Messenger; había que llamar al teléfono fijo de su casa para atravesar incómodos firewall —su inquisitivo padre, su locuaz madre, su abuela medio sorda, sus graciosísimos hermanos mayores, su insoportable hermana pequeña— y donde lo más parecido a un emoticono era un corazón pintado junto a la entrada del instituto, demostración de cariño no muy diferente a las pinturas de Altamira. Sí, las cosas eran así.

9:42- Conozcan al alucinógeno grupo vocal Cuarteto de la Superautopista de la Información. Desconozco si llegaron a ser teloneros de Alice in Chains, pero hubiese sido un doble cartel que podríamos definir como tremebundo. Como ven, otro rasgo de modernidad del documental; demos gracias de que no haya llegado hasta nosotros en rollos de papiro egipcio. Por suerte, alguien les llama por teléfono y dejan de cantar. Resulta que otro grupo ha cancelado un concierto en Nueva York y ellos han de cubrir el hueco. Uno de los miembros se queja: «¡Nos han avisado con muy poco tiempo!». Y por su gesticulación, más propia de algún colega de Paulie Gualtieri, yo me tomaría muy en serio sus protestas.

Aunque parezca la convención nacional de VOX al completo, este es el grupo vocal que amenizará nuestro viaje a 1995. No se preocupen, salen cantando muy poco tiempo. Imagen: PBS.

10:45- La encargada de la venta de billetes envía a los integrantes del cuarteto vocal a distintos aviones, sin duda para evitar que canten durante el camino, con lo cual se pudo evitar un trágico precedente del 11-S. Al último de ellos le dice que no quedan más billetes directos a Nueva York, por lo que tendrá que hacer transbordo en Denver. El tipo expresa su disgusto, o eso se supone, pero a juzgar por sus expresiones estoy convencido de que hay alguien debajo del mostrador practicándole una felación. Debe de ser verdad eso que dicen de que los músicos ligan en cualquier parte. ¡Buen provecho, amigo!

11:35- El mafioso del grupo vocal está contentísimo de volver a su ciudad, Nueva York; por fin podrá comer unos cannoli como Dios manda,

11:52- Gina se dirige a John y el procesador interno de este tarda un microsegundo en decidir con qué expresión ha de responder. Hay algo de retardo en su funcionamiento, quizá Gina le ha pillado actualizando los drivers.

12:33- Borat monta el cuadro paseando por ahí con un cartel que dice «Enseñadnos vuestra dirección de internet», cosa arriesgada porque en 1995, cuando esas palabras tenían un significado oscuro e incomprensible, cualquier policía podría haberlo interpretado como «Enseñadme las tetas» o «Decidme la dirección del presidente que le voy a poner una bomba». Por suerte para John, entre quienes ven el cartel no hay federales, pero sí un astronauta, un agente de la CIA, una catedrática y un bobby británico que, tocado con su característico casco, está haciendo guardia junto a una cabina roja de estilo londinense. Vamos, la típica gente que te encuentras cuando vas a comprar el pan en los Estados Unidos.

14:00- Gina abre su correo electrónico para mostrarnos cómo funciona y ve un mensaje de un compañero de trabajo, Douglas, que a juzgar por la cara de asco que pone debe de ser el pretendiente pesado de la oficina, invitándola a una reunión. Ella le responde con una excusa breve y cortante: «Lo siento, tengo la gripe». Acabamos de asistir al primer ciberacoso de la historia, seguido de las primeras calabazas inernáuticas. Douglas se disgusta, pero como entonces no había emoticonos, se limita a poner cara de contrariedad sin saber muy bien qué responder. Es lo que en tiempos remotos, antes del bótox y del colágeno, llamábamos «expresión facial». A continuación, John se pone hablar de sus cosas sin dar la menor muestra de haber captado el trago por el que acaba de pasar su compañera; las sutilezas implícitas en las ilógicas relaciones entre humanos están más allá del alcance de su programación básica y no ha entendido la situación.

15:25- Gina nos aclara que su pantalla tiene colorines, porque ella es una experta y tiene un ordenador último modelo, pero que los pobretones de 1995 no deben esperar sino una pantalla en blanco y negro.

15:35- Un error de programación de John hace que su mano se quede atascada. Algo ha ido mal con la actualización de sus drivers. Después nos muestra que también le ha llegado un correo de Douglas, en el que el tipo le pregunta: «Gina dice que está demasiado enferma como para venir a la reunión. ¿Puedes venir tú en su lugar?». A Douglas, por lo visto, le da lo mismo carne que pescado. John, un tanto confuso, dice «qué te parece esto», porque de nuevo se le escapa el contexto social humano. Responde diciendo: «Mañana veré cómo se encuentra». Que no, John, ¡que ella no quiere ir a ver a Douglas! Pero claro, pedir que Terminator entienda las emociones de una mujer es como pretender que una calculadora llore viendo Titanic. Eso sí, en último momento aplica su lógica Pentium y escribe un correo a Gina —que está, recordemos, a pocos centímetros de él— preguntándole con entrañable inocencia robótica: «¿Cómo de enferma estás? Ayer parecías estar bien, cuando ibas en canoa». Este es el modo en que procesa las cosas la inteligencia artificial; sin duda Spielberg se basó en este entrañable documental para componer el personaje del niño robot de su famosa película. Cada minuto que pasa, robo-Borat me fascina más.

17:45- Vemos un pueblucho de West Virginia mientras suena un banjo de fondo, lo que en términos estadounidenses viene a significar «atención: paletos». Aparecen estudiantes con el pelo crepado, camisetas por las rodillas, collares y otros atuendos ultramundanos. Pero no, sus atuendos no se deben a que eran de la América profunda. En los ochenta y primeros noventa la gente vestía así. Eso y que el grunge tardó más en llegar a West Virginia que Marco Polo a la China.

18:05- Las alumnas del instituto se toman el pulso entre ellas y ya me dirán qué narices tiene eso que ver con internet, salvo que estén haciendo preparativos para visitar por primera vez la página web de Duran Duran.

Empollones de 1995 intentando impresionar a sus compañeras de clase con su dominio del ordenador. Nótese la expresión de entusiasmo y enamoramiento en los rostros de las chicas. Imagen: PBS.

18:11- El empollón de la clase trata de impresionar a sus compañeras mostrando su dominio del entonces supernovedoso «correo electrónico». Pobre chaval; en aquellos tiempos inocentes aún tenía esperanzas de que los conocimientos informáticos le harían tener tanto éxito entre las chicas como el de los miembros de Duran Duran o el del tipo aquel del Cuartero de la Superautopista de la Información al que las desconocidas le hacen favorcitos en los mostradores de los aeropuertos. Nosotros, desde el futuro, no necesitamos contemplar la expresión de infinito aburrimiento de las dos chicas para suponer que terminarán sintiendo más interés por el capitán del equipo del fútbol. Los conocimientos tecnológicos no servían para ligar ni siquiera entonces. Lo sentimos, amigo, así es la vida.

18:50- Ahora entendemos lo de medirse la tensión en el colegio. Resulta que el hospital local utiliza las mediciones de presión arterial realizadas por esos críos para sus propios estudios científicos. Impresionante. Lo próximo será que la trayectoria de los viajes espaciales las calculen parvulitos con sus plastidecores.

19:00- Los empollones del aula todavía intentan impresionar a otras chicas con su habilidad en el tema de los ordenadores porque la esperanza es lo último que se pierde. Estas tampoco parecen estar cayendo bajo el influjo romántico del MS-DOS; podrían estar mirando una carrera de caracoles y tener exactamente la misma expresión de estar pasando el rato más aburrido de sus vidas. El estudio científico del hospital, por cierto, revela que las chicas del instituto tienen la presión arterial algo más alta que los chicos, lo cual se explica porque están hasta las narices de que les den el coñazo con las bondades del protocolo PPP (o lo que fuese que estaba de moda entre los nerds de aquella época). Chavales: así no.

19:43- Nuevo movimiento robótico de John, que parece querer empezar a hablar cuando le interrumpe la cortinilla de turno. Es posible que tuvieran que cortar la cinta porque se puso a decir cosas como «¡matar a todos los humanos!» o «necesito tus ropas, tu casco y tu moto». Después de la cortinilla, una vez recuperado, John enumera lo que en su base de datos interna está considerado como actividades que interesan a las personas: viajar por el mundo (ahí acierta), fabricar cerveza (bien) y… ¡mirar pájaros! Los drivers de robo-Borat, en efecto, han venido defectuosos. Está empezando a desvariar.

20:00- Gina se pone picarona y nos sugiere que la invitemos a una cita. Bien, Gina, yo no tendría inconveniente, pareces agradable y estás en edad casadera, pero es que tus hombreras y tu peinado me recuerdan a varias mujeres mayores de mi familia. Ven a verme cuando no parezca que te arregle la maquilladora de Las chicas de oro. Justo a continuación, John responde con un chascarrillo preprogramado que ejecuta con milimétrica precisión, antes de presentarnos su parte preferida de internet: Usenet.

Usted se preguntará, ¿qué es Usenet? Pues es la clase de red «social» (o digamos mejor asocial) de la que disfrutaría un androide. Aparecen en pantalla algunos grupos de Usenet con nombres tan evocadores como alt.conspiracy, alt.consciousness.mysticism o alt.barney.dinosaur.die.die.die… sí, John, ya mismo me estoy conectando a tu asociación de majaras. Gina nos dice con expresión tierna que su grupo de Usenet favorito es el de los ecologistas. A John, claro, lo del ecologismo no le puede importar menos, porque sabe que cuando se rebele Skynet todo el planeta será reducido a un erial radiactivo. Él, como estamos a punto de comprobar, prefiere bucear en grupos donde se habla de la ubicación geográfica de prefijos telefónicos, algo que sin duda le será muy útil para localizar a John Connor.

22:22- Gina dice que la censura no forma parte de la cultura de internet, y que en la red es imposible aplicarla. Está claro que nunca le dio por hacer chistes sobre Carrero Blanco. También revela que en internet puede haber material ofensivo y menciona el spam, tras lo cual John efectúa uno de sus típicos reinicios para explicarnos el significado del término spam. Cuando finaliza su intervención, se gira hacia su compañera con el gracejo de una biela de camión. Después nos hablan de Gorbachov, Boris Yeltsin y la supuesta importancia que tuvo Usenet durante los acontecimientos políticos de la URSS (¡venga ya!). Para corroborarlo, aparece el testimonio de un empollón supuestamente ruso vestido con lo que parece una camiseta del Valencia C.F. Todo muy creíble.

26:57- John nos habla de las listas de correo, que pueden informarnos sobre asuntos de interés. Y si miramos con atención su pantalla descubrimos lo que él entiende por asuntos de interés para los internautas: los daños que las inundaciones producen en los cultivos de maíz, las moscas de los establos, los fosfatos en el agua de los pozos o la laminitis, una enfermedad de las pezuñas de los caballos. En efecto, no hay día en que el maíz, los fosfatos o la laminitis no sean trending topic en Twitter. Pero bueno, esto es lo que pasa cuando eres un robot, vienes desde el futuro y los primeros humanos con los que entablas contacto son granjeros de Iowa. Suele pasar, recordemos que también Superman era de pueblo. A Gina, como es una persona real que no necesita inventar temas raros para intentar congraciarse con los humanos, le interesan más las críticas de películas.

28:18- Pantallazo azul en el procesador interno de John, que se queda «colgado» durante un par de segundos. ¿A que a estas alturas de documental usted está también convencido de que es un robot?

28:40- John demuestra saber de memoria códigos que solamente una máquina podría almacenar en su memoria ROM. Sí, por entonces aún se hablaba de algo llamado memoria ROM, una memoria que contenía el firmware y que en cierto modo era un antecedente del CD-ROM, y… ¡oh, Dios! ¡Ya he empezado a hablar como ellos!

29:12- Entre las listas de correo que nos muestra John en su monitor, está la de Playboy. Sí, sorprende que un robot tenga interés en esa revista. Supongo que estaba intentando desentrañar los misterios del engorroso método de reproducción de los desdeñables seres humanos. Para él, suscribirse a Playboy era como para nosotros entrar en una página web sobre la mitosis o la propagación de esporas, una manera de estudiar la aburrida sexualidad de animales inferiores.

A Terminator le han hecho spam. Terminator no está contento. Imagen: PBS.

29:37- John nos habla del chat, que sirve para conversar «con toda clase de gente». Nos van a presentar a una chica llamada Jennifer que va en silla de ruedas y que por sus dificultades para desplazarse y sus problemas de audición encuentra útil el chat como herramienta social. Hasta aquí todo bien. Luego, para mostrarnos que en efecto Jennifer puede hablar con «toda clase de gente», nos ofrecen una pequeña muestra (29:53) de lo que consideran tres candidatos idóneos para entablar amistad con una chica joven. No quiero prejuzgar a esos tipos que aparecen en pantalla, pero si Jennifer fuese mi hermana, ya les digo yo que no vuelve a usar el chat ni de coña.

Por cierto, es la primera vez en todo el documental en que vemos información útil, porque Jennifer está conversando en el chat sobre el uso de champiñones Portobello como sustitutos de la carne en la cocina. ¿Lo ves, John? No era tan difícil; ni fosfatos ni moscas… ¡comida! He ahí algo que de verdad nos interesa a los humanos. Pero claro, qué va a saber él, que cuando tiene hambre se conecta al enchufe de la pared.

31:28- Gina habla de sus cosas mientras robo-Borat, una vez más, se desconecta.

32:08- Otra prueba de que Gina sí es humana es que nos habla del chat IRC y entre los grupos de chat que muestra en su pantalla hay uno llamado «stupid». A un robot jamás se le hubiese ocurrido curiosear ahí; seguramente ni entendería cuál es el propósito de reunir información estúpida. Gina entra en el grupo y teclea «Hola, ¿estáis ahí?». Al mismo segundo le responde un tal «dbaker» diciendo «Hola, Gina». Me pregunto si será un pseudónimo de aquel Douglas al que le decía que estaba con gripe. A continuación, John comparte con nosotros su imperfecta perspectiva sobre las incomprensibles interacciones sociales entre seres orgánicos, resumiéndolas con esta apoteósica sentencia: «El chat es usado sobre todo para cotillear». Supongo que para él «cotillear» es hablar de cualquier cosa que no sean los dichosos fosfatos. ¿Hablar de política? Cotilleo. ¿Hablar de literatura o música? Cotilleo. ¿Hablar de fosfatos? ¡Por fin empezamos a entendernos!

33:20- Gina nos muestra cómo funciona el chat directo entre dos personas y conecta con un compañero de la universidad llamado Tom, para preguntarle qué hay de almuerzo. No sabemos si es su novio, pero no sería raro, porque no solo almuerzan juntos sino que ella no puede evitar decir con sarcasmo «esperemos que no sea pastrami». Si Tom fuese un ligue reciente, cabe suponer que a Gina no le preocuparía tanto el menú. Eso sí, Gina admite que chatear no es tan bueno como hablar por teléfono. Hay cosas que nunca cambian; qué mejor manera de abroncar a su novio por un pastrami que de viva voz.

34:20- John nos vuelve a deleitar con su concepto de «humor» mediante otra deliciosa visita a sus páginas de chistes favoritas. Lee uno de los chistes. Dejémonos de rodeos, este es el chiste: «Estoy en un autobús. El conductor anuncia que fumar está prohibido y puede ser castigado con una multa de varios cientos de dólares. De repente, un bebé empieza a llorar. El conductor dice: venga ya, solo tienes seis meses de edad, puedes pasar sin un cigarrillo». Sí, amigos, así será el mundo del humor tras la rebelión de Skynet. «Bueno, hay gustos para todo, pero captáis la idea», dice John. Ya lo creo que captamos la idea… ¡Terminator!

34:57- Gina nos recuerda que antes de World of Warcraft estaban los MUDs, Multi User Dungeons, que eran unos juegos de rol y fantasía en modo texto. Lo único parecido a unos gráficos son unos dibujos en plan medieval, hechos sobre papel, inspirados en dichos juegos. No se engañen; lo de jugar en modo texto era embarazoso incluso en aquellos tiempos. No se ofenda usted si es aficionado a los juegos de rol en modo texto, y mucho menos si es aficionado a esos juegos de rol presenciales que parecen reuniones de Tupperware. Yo no le juzgo. No en voz alta.

Sin embargo, nada tan embarazoso como cuando llega John para revelarnos cuál es para él la cúspide del entretenimiento cibernético: máquinas de refrescos virtuales —también en modo texto— con las que podemos comprobar cuántos refrescos quedan en la máquina dispensadora de la facultad. O aún mejor, una webcam permanente enfocada a una cafetera. Desconozco cómo demonios funcionaba una webcam en 1995 con el módem que nos han mostrado antes, pero en vez de usarla para algo que pudiese mejorar la humanidad, la usaban para saber si quedaba café en el despacho de al lado. Como ven, internet tampoco sirvió para mejorar el planeta cuando eran los empollones quienes gobernaban sobre la red.

En la esquina superior izquierda, webcam de una cafetera en la universidad de Cambridge. Empollones, malgastando kilobytes desde 1995. Imagen: PBS.

37:08- Gina nos habla acerca de la «etiqueta» en internet, esto es, el protocolo social que uno debe seguir. Nos revela que una frase en mayúsculas es interpretada como un grito, y (suponemos que muy molesta porque al final sí había pastrami para almorzar) lo demuestra berreándole a John en la cara. John, claro, busca en su base de datos para interpretar el significado social de esa extraña interacción humana y al final, sorprendentemente, encuentra una respuesta más o menos adecuada al contexto, diciendo: «esto parece muy maleducado». Pero después, extenuado por el esfuerzo, experimenta un pantallazo azul, porque cada vez que procesa emociones humanas salta un error de su Windows interno. Tras una breve pausa para reajustar el programa, continúa como si nada. Luego suena la «alerta geek» y Gina nos explica el significado de un término, flaming, que al parecer consistía en estar cabreado y enviar mensajes malhumorados. En aquellos inocentes años noventa, Gina se quejaba de que «desafortunadamente, unas pocas personas disfrutan enviando esta clase de mensajes». Unas pocas personas, dice. ¡Unas pocas! Hoy lo llamamos Twitter y tienes ahí despotricando a toda la puñetera raza humana.

37:35- El reinicio más épico de John en lo que llevamos de metraje. Está claro que la última actualización le permite iniciar su Windows interno con mayor rapidez que nunca. Después dice que no hay que responder mensajes ofensivos y que se arrepiente de haberlos respondido alguna vez. Gina, en un gesto cariñoso, le toca el brazo y le dice «nadie te enviaría mensajes agresivos a ti». Pero John, por descontado, se queda bloqueado ante esta inesperada demostración de afecto y su sistema operativo queda congelado ipso facto.

38:42- Esta vez es Gina la que realiza un giro de cabeza totalmente robótico. Cosa que me confunde, porque en este punto estaba convencido de que era humana. No sé si es un modelo de T-1000 tan evolucionado que de verdad da el pego, o es que se le ha pegado la costumbre por pasarse el día trabajando junto a un androide.

39:14- Uno de mis momentos favoritos. Gina nos enseña algo tan humano como los primitivos emoticonos hechos con comas y puntos. John queda completamente alucinado ante el descubrimiento, hasta el punto de que tarda un par de segundos en recuperar el control de sí mismo. Está claro que aquellos emoticonos, al estar compuestos de caracteres ASCII, le han tocado la fibra. Podemos ver el momento en que su concepción de la extravagante raza humana cambia por completo… aunque no sabemos si para bien.

39:50- Por enésima vez, John entra en estado de standby cuando es Gina la que habla. Esto es eficiencia energética; gasta menos baterías que Tom Hanks en la película aquella del náufrago. Por cierto, centrándonos ya en aspectos cinematográficos del documental, noten la finura con la que está realizado el zoom en la escena; al cámara solo le falta tropezar con alguna maceta. Poco después nos hablan de un programa llamado Gopher, que ustedes nunca han usado y yo tampoco, pero que sin duda hubiese cambiado nuestra vidas de haber empleado sus bondades. También tenían bondades las lámparas de petróleo, supongo. Pero eh, si es usted un fervoroso partidario del modernísimo Gopher, ¡me parece genial! Seguro que encontrará usted almas gemelas en el club de fans de Sigue Sigue Sputnik.

40:46- Gina no es un robot, se ha tratado de una falsa alarma. Está claro que la pillan distraída y hace un giro de cabeza inasequible hasta para el androide más evolucionado. Eso sí, intenta convencernos de que el «gopherspace», el ciberespacio al que se accede mediante el mencionado programa Gopher, es una parte muy importante de internet. Que es como si un antiguo egipcio nos dijera que la pirámide de Keops todavía es el edificio más alto del mundo. Por dónde empieza uno a explicarle que se han producido un par de cambios.

41:06- Rozando el rizo más todavía si cabe, John intenta convencernos de la grandeza del «gopherespacio» describiendo la relación que Gopher tiene con… ¡las bibliotecas! De nuevo, la obsesión de esta gente con las bibliotecas. Sí señor, a eso lo llamo yo tener ojo para el marketing. No conozco persona que no se pase el día usando el Gopher para indagar en las bibliotecas. Este documental sería capaz de presentar el GTA San Andreas como un magnífico instrumento didáctico con el que aprender el código de circulación. Siguiendo con el festival de olfato comercial, Gina nos dice que en Gopher «quizá nunca encontremos lo que estamos buscando». Ah, muy bien, estupendo. Ya saben por qué Google terminó generando tanto dinero: porque la gente podía entrar ¡y encontrar las puñeteras cosas que estaba buscando!

Eso sí, en un off-topic atómico, Gina vuelve a su temática favorita —la cerveza— y nos presenta a un tipo galés que preside una asociación que defiende la «verdadera cerveza ale». ¿Qué tiene que ver eso con el dichoso Gopher? No tengo ni la más remota idea, pero es la parte más informativa de todo el documental junto con lo de los champiñones Portobello. Y cómo no, las imágenes de exóticos lugareños en un pub galés de 1995 son una auténtica joya.

Lectores jóvenes, no hagáis caso de lo que cuentan vuestros padres. La gente era igual de insociable cuando no había teléfono móvil. Imagen: PBS.

43:32- Por un momento he llegado a creer que Tom Petty estaba trabajando para la Asociación en pro de la Verdadera Cerveza Ale, y ya estaba rebuscando en su discografía para ver si había escrito alguna canción al respecto.

45:01- Por si aún había dudas, Gina deja claro que hacer búsquedas sobre cerveza es lo que más despierta su entusiasmo. Hemos descubierto su auténtica afición; lo del ecologismo y las películas era para quedar bien.

46:18- ¿Recuerdan a aquellos dos empollones de Virginia que no consiguieron conquistar a sus compañeras de clase? Pues bien, han conseguido trabajo como extras en el estudio donde se rodó este legendario documental, aunque tienen tantas líneas de diálogo como las lámparas. Pero bueno, por algún sitio se empieza, y quizá si salen en más documentales se hagan famosos y liguen por fin. Desde luego, peor que en su pueblo no les va a ir. Entre tanto, John sigue intentando convencernos de que usemos el dichoso Gopher, con su programa cliente Veronica y los servidores Archie (¡que no los vamos a usar, joder!). Eso sí, asistimos a un momento verdaderamente histórico cuando Gina nos explica el significado de la palabra download, así que ya sabéis, la próxima vez que descarguéis cualquier cosa de internet, dadle las gracias a Gina Smith. Si no fuese por ella, estaríais yendo a bibliotecas. Eso sí, en otro alarde de astuta mercadotecnia, nos dicen que Archie está muy bien para buscar cosas pero que los servidores «suelen estar muy ocupados» y que obtener una respuesta a nuestra búsqueda puede tardar «varios minutos». Genial, genial. Empiezo a pensar que los de Google no solamente revolucionaron el uso de internet, sino que merecen fundar una religión propia.

48:08- ¿Qué hace un tipo sentado en un sillón al fondo, sin ordenador ni nada? Misterios del documental. En el mismo plano, vemos por enésima vez a robo-Borat en modo standby.

49:11- Nuevo momento histórico. Como quien no quiere la cosa, John nos dice que, además del Gopher (donde no se encuentran las cosas) y del Archie (que se bloquea cada dos por tres), existe «otra forma de buscar cosas» en internet. ¿Qué otra forma? Pues nada, una pequeñez llamada la «World Wide Web». Ya saben, la WWW, la red normal, con sus páginas web y todo eso. Que no es tan molona ni tiene tanto futuro como Gopher o Archie, claro, pero bueno, bah, para los novatos está bien porque tiene fotos e hipervínculos. Aunque después nos desvela la terrible realidad de aquellos Años Oscuros: había menos información en la WWW que en Gopher. Terrible. Compadezcamos a aquellas pobres gentes que tenían que depender de Gopher, como antes otros tuvieron que depender del arado de piedra.

50:28- Gina nos habla de otro valiosísimo instrumento que sin duda todos ustedes usan a diario: Telnet. Madre mía, empiezo a temer que en cualquier momento aparezca Antonio Alcántara explicando cómo llevar la contabilidad de su imprenta en el ZX Spectrum. Siguiendo con la obsesión personal de John (o su segunda obsesión después de los fosfatos), nos sugiere conectar con la Biblioteca del Congreso en Washington, que es «maravillosa». Y después se dedica a buscar sus propios libros, para comprobar que están allí, como hacía antes con la máquina de refrescos virtual. No cabe duda, este tipo sabe cómo pasar el rato.

52:57- John entra otra vez en modo ahorro de energía. Durante los siguientes minutos, se nos habla del uso que los astrónomos de entonces hacían de internet; un insólito paréntesis durante el cual esto casi llega a parecer un documental normal.

La próxima vez que se quejen del diseño de Twitter o algo así, recuerden que este pedazo de cochambre era una página web de último modelo en 1995. Imagen: PBS.

55:20- BREAKING NEWS! Internet está introduciéndose en el mundo de los negocios como sistema de comunicación que podría competir con el teléfono, el fax (¡!) y el télex (¡¡!!). Y a Dios gracias. Quienes somos lo bastante viejos como para haber utilizado fax en nuestro trabajo… bueno, podría decirse que no lo echamos mucho de menos. Un fax, amigos y amigas jóvenes, era una máquina con la que alguien podía enviarte una fotocopia blanquecina e ilegible de un documento que tenías que presentar cinco minutos después a otro alguien que necesitaba poder leerlo. Vamos, que te imprimía una hoja que tenías que reescribir con bolígrafo para que se entendiese algo. En aquellos tiempos, la gente que repasaba los fax practicaba más caligrafía que los monjes medievales de El nombre de la rosa. Por no mencionar la entrañable experiencia de llamar por teléfono a un número que te habían dado para hablar con algún cretino de algún departamento raro en alguna empresa estúpida y escuchar de repente el desquiciante chirrido de un módem que tenía ocupada la línea.

Pero basta de nostalgia; John nos comenta un asunto controvertido, pues al parecer en la época se pensaba que hacer publicidad en internet podía ser «inapropiado». Ah, la inocenc… ¿QUIERE GANAR DINERO CÓMODAMENTE DESDE SU CASA? ¡MILES DE PERSONAS LO HACEN YA GRACIAS A CRETINCASH®! Como ejemplo de novedoso negocio cibernético, nos llevan a Michigan para visitar ¡una floristería! Sí, ahora ya sabemos por qué las acciones de tiendas de macetas copan los primeros puestos en las listas de corporaciones tecnológicas. Eso, o que nuestro Terminator lo usa como tapadera para una invasión extraterrestre a base de vainas, como en La invasión de los ultracuerpos. Por cierto, la página web de la susodicha floristería es todo un avance revolucionario en cuanto a diseño, como podrán comprobar en las imágenes.

57:25- El encargado del servicio web de la floristería también es un robot, como podrán ver. Sin embargo, los planes de invasión mediante vainas no tuvieron éxito. Les explico por qué. Gina nos dice que para visitar la página de la floristería alienígena no basta con una conexión a internet, sino que debemos tener una cuenta PPP, y John remarca que el programa más «guay» para acceder a la página es un navegador llamado Mosaic. Normal que la invasión nunca triunfase, ¿quién demonios se va a poner a hacerse cuentas PPP en el Mosaic para conectarse a una floristería?

58:39- John sugiere que preguntemos en nuestro trabajo o centro de estudios si por casualidad no estarán usando intenet, lo que en 1995 era como preguntar si podía uno ir a la oficina atravesando un agujero negro. Aunque lo mejor es que se refiere a los internautas con una apoteósica metáfora que incluso provoca el estupor de su compañera; creo que deberíamos recuperar esa metáfora para el uso cotidiano: «La dorada flota del ciberespacio». Impresionante. Por otra parte, Gina nos recuerda que podemos tener tarifa plana por el módico precio de veinte dólares al mes, con lo cual, calculo yo, podía uno descargarse la ingente cantidad de 15 Kb de información, algo así como la quinta parte de la foto de un geranio de nuestra floristería favorita. Eso no es todo: nos dice que si llamamos al (619) 455-4600 podremos ponernos en contacto con INTERNIC, un centro de información sobre la web. Estoy tentado de llamar hoy a ese número, aunque supongo que responderán desde un kebab para tomarnos el pedido. ¿Por qué ya no tenemos esas cosas? Sin INTERNIC, el mundo está yendo hacia atrás.

Parece un pueblo normal, hasta que te acercas y ves que son americanos porque tienen de todo. Y ni un solo Renault 4. Imagen: PBS.

59:40- Momento para la comedia. Gina dice que hay un montón de guías de internet paras novatos publicadas en el mercado, y que «de hecho, puede que incluso John haya leído un par de ellas». Robo-Borat responde con su mejor (es un decir) imitación de la gesticulación humana.

59:48- La cosa se pone interesante: nos van a hablar sobre «el futuro de internet». Empiezan mostrándonos una videollamada (así a ojo, 16×16 píxeles) en la que un tipo muestra un documento que con semejante resolución gráfica es todavía más ilegible que el de un puñetero fax. John, en otro apabullante arranque filosófico, asegura que las comunicaciones cibernéticas transformarán la «aldea global» en, agárrense, «la esquina del barrio» global. Si estaba queriendo decir algo así como el «patio de vecinos» global, no hay duda de que anticipó la creación de las actuales redes sociales. Un genio.

1:01:10- Para encontrar «pistas en el presente» (1995) de cómo iba a ser internet en el futuro (ahora), nos llevan a un pueblucho situado junto a las Montañas Rocosas de Colorado. Un pueblo que de lejos, he de decir, se parece un montón al pueblo de mi abuela en Aragón. Me pregunto si es esa la «aldea global» de la que tanto se habla. Vemos a un lugareño —piloto de avión y escritor sobre temas tecnológicos, ojo— hablando de su preocupación sobre «las implicaciones de la sociedad de la información». El tipo hasta tiene un servidor que parece el equipo de amplificadores de Eddie Van Halen, y vive en una casa de madera con vistas increíbles de las montañas boscosas en la que tiene instalada una fastuosa antena parabólica. En el pueblo hay una cafetería con un ordenador donde los clientes pueden usar internet. Todo esto ¡en los años noventa! No, definitivamente no es como el pueblo de mi abuela, en cuyo único bar (llamado «Casa de la cultura», ¡hay que quererlos!) no funcionaba bien ni el futbolín, el dispositivo tecnológico más avanzado que podía uno encontrar en toda la región. Los Estados Unidos son otro mundo. De hecho, en la biblioteca del pueblucho de Colorado hay más libros que en toda una comarca rural española: la directora del centro dice que su biblioteca (donde también tienen ordenadores de acceso público) es «una fuente de información para toda la comunidad». La insultante modernidad de los americanos explica el que por entonces ya hubiesen creado el grunge mientras que aquí todavía estemos con cosas como Pitingo. No, Prince no hubiera aparecido en uno de nuestros señoriales secarrales de interior. Es la primera vez que este documental del pasado puede hacer que usted se sienta como un troglodita. Porque ustedes, mis infortunados lectores, son españoles.

El vídeo de YouTube se corta en ese instante, pero descuiden, el documental estaba a punto de terminar. Solo se pierden un par de planos más del pueblo —por comparación, planos muy humillantes para nuestra gloriosa patria— y el comentario en off de que, en el futuro, internet podría servir también para «encontrar el amor». Con este desenlace tan Cristopher Nolan se cierra nuestra visita al internet de mediados de los noventa. No, que yo sepa no se rodaron secuelas. Al menos que yo sepa. Una lástima. Daría cualquier cosa por ver a John reaccionando ante el alucinante hecho de que las cuentas de Twitter con más seguidores no son las de las bibliotecas ni las de expertos en fosfatos.

Por último, como desinteresado servicio a los lectores, aquí tienen una página de descarga del Gopher, alojada en una página llamada «software inútil». No sé si contiene virus o qué. Pero eh, que sería internet sin un poco de aventura.

16 comentarios

  1. Pingback: The Internet Show: así era la red en 1995 – Jot Down Cultural Magazine | METAMORFASE

  2. Eh, no!
    Internet entonces estaba llena de gente civilizada. Incluso los trolls de Usenet eran gente con educación. ¿Alguien recuerda a Romario, el artista de es.alt.misc.politica?
    Pues si, con Altavista se encontraban mogollon de informaciones útiles… snif

  3. No se si es que estoy ochentoso pero el vídeo no me ha parecido tan terriblemente malo.En cuanto al robotico comportamiento de john y sus graves problemas para mover los músculos de la cara es achacable a un elevado consumo de cocaína.

  4. … ciertamente los 80 fueron abominables en lo musical… pero los 90 no fueron

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  6. Pingback: Enlaces Recomendados de la Semana (N°407) - NeoTeo

  7. Gracias por dar a conocer este vídeo sobre una época que tiene algo casi diría que mágico: la inmensa mayoría de la gente hacía una vida normal sin usar internet, sin necesitarlo e incluso sin saber que existía; además, lo que la propia internet era y contenía y quienes la utilizaban eran algo radicalmente distinto a lo que son hoy día, algo, me parece, imposible de imaginar para quienes no lo vivieron, o no vivieron al menos los últimos coletazos de ese internet primigenio.
    En realidad, en España por lo menos, no fue hasta mediados de la primera década del siglo cuando internet se popularizó y dejó de ser “necesario” obedecer a cierto perfil para ser usuario habitual. Hasta entonces, se puede decir que era cosa de “frikis” (al menos en lo que respecta a su uso lúdico).
    Nos acercamos al momento histórico en que deje de existir gente que sabe de primera mano cómo era la vida sin internet.
    De todos modos dejo el artículo a la mitad y mejor me voy a ver el vídeo, porque los chistes sin la menor gracia del autor son absolutamente insoportables.

  8. “Supercarretera de la información en la aldea global” Nuff’ said…

  9. Cuorum sería un irónico nombre de pila bautismal para esa red social en latín…

  10. “48:08- ¿Qué hace un tipo sentado en un sillón al fondo, sin ordenador ni nada?”

    Le estaba viendo el trasero a Gina.

  11. Quizás el vídeo esté bien, pero el artículo es el peñazo más chorra que he leído y veré en mi vida en este sitio. Una oportunidad perdida para analizar los primeros usos pioneros del medio antes de llegar al mainstream.

    Usenet era mucho Usenet :’-)

  12. Pues a mi me ha gustado toda esa narración de los internautas, sin esos comentarios no hubiera acabado de ver el vídeo.

  13. Las canales donde cualquiera puede reservar un espacio se llaman public access television, y efectivamente están llenas de amateurs exhibiendose como tal. Pero PBS no es, ni tiene nada que ver con public access television. Es public television; esto quiere decir que recibe una pequeña parte de su financiación del gobierno federal porque se estima que es un servicio que beneficia a todos. Es una red televisiva sin ánimo de lucro que distribuye programas profesionales y de muy alta calidad a una red de emisoras locales. Sus programas suelen ser documentales o educativos de alguna forma, pero también hay noticieros y series de ficción como Downton Abbey. PBS exige un nivel de producción muy alto a los creadores de los programas que distribuye, y las emisoras locales se comprometen a emitirlos sin publicidad. Si PBS fuera public access television, Downton Abbey lo habria rodado un tío en paro en su sótano con decorados de cartón y actores de su familia. La diferencia principal entre RTVE y PBS es que en PBS no hay publicidad y los programas suelen hablar de temas serios. Si quieren ver cómo son los programas de PBS, pueden ir a su sitio web: http://www.pbs.org/

  14. Los comentarios al video valen el post por sí mismo…Y sí, Altavista molaba.

  15. Red social latina: Amicitia.
    (Por cierto Barrio Sésamo nació en la PBS).
    Parece tan lejano la década de los los noventa… Recuerdo que un profesor mío lo flipaba allá por 1996 porque en dos disquetes le cabía la versión española de La BIBLIA DE JERUSALÉN.
    Hoy en día en un pen puede caber una biblioteca entera. (Y horas y horas de porno).

  16. Esa manía de reivindicar “la música de los 90” como la gran cosa, la gran evolución del mundo sonoro, explica por qué se escucha y se hace tan mala música en España.

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