Jot Down Cultural Magazine – Día ocho: caminos inescrutables y, a veces, maravillosos

Día ocho: caminos inescrutables y, a veces, maravillosos

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Fotografía de Ricard García Vilanova.

Shortcuts. En los arcenes de un país en guerra

Estábamos en el frente de Raqqa, la capital del Estado Islámico en Siria, cuando ocurrieron los terribles sucesos de Barcelona. Nos enteramos tras transmitirnos sus condolencias uno de los combatientes con los que compartíamos rancho y una azotea donde dormir cada noche. Supimos que había habido un ataque en las Ramblas, pero no conocimos los detalles hasta un día después, cuando volvimos a tener acceso a internet.

Las muestras de simpatía se encadenaban entre aquel batallón formado por kurdos y árabes y un puñado de siriacos. Las agradecimos, como no podía ser de otra manera, pero no sin reconocerles que eran ellos los que estaban en la primera trinchera frente al monstruo. La mayoría habían perdido familiares, amigos o compañeros; sus casas y, en definitiva, la posibilidad de disfrutar de una vida en la que volver a ver amanecer no sea una victoria.

Han sido veinte días de cobertura en Siria, tiempo suficiente para tomar el pulso a una de las arterias por las que se desangra actualmente nuestro mundo. Hemos visto en primera línea cómo se combate a un enemigo capaz de globalizar el terror hasta tu calle; hasta el quiosco donde te guardan puntualmente la Smart de cada mes. Es precisamente en la siguiente donde desplegaremos nuestro trabajo sobre el terreno. Hablaremos de la cueva donde vive el monstruo, pero también de la revolución que se está viviendo fuera, en el mismo corazón de Oriente Medio, y justo cuando se cumplen cien años desde que se trazaran esas fronteras que hoy se evaporan sobre la arena del desierto.

Cerramos este primer shortcuts con una foto que probablemente nadie esperaba, principalmente porque así fue para nosotros. Los atajos que hemos atravesado durante las últimas tres semanas te pueden llevar desde una ciudad en la que se combate sin tregua casa por casa, hasta una boda en cuestión de unas horas, las que pasaron entre aquel último desayuno en Raqqa y la última cena en Siria.

Fue fantástico por lo inesperado, por el contraste tan brutal entre ambos escenarios pero, sobre todo, por la incontestable constatación de que ni siquiera el horror más abyecto es capaz de doblegar la voluntad de gente decidida a recuperar sus vidas.

Se trate de las Ramblas, o de los arcenes perdidos de Siria.

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