Noche de paz, noche de tregua

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Un centenar de naciones juran que habrá paz y amor entre los libres. Que la Navidad acelere ese día’

Los jóvenes que acudieron con espíritu casi festivo y aun romántico a la llamada de los cañones de agosto se dieron durante el verano del 14 de bruces con la realidad de una guerra industrial en la que la materia prima más barata para los estados mayores todavía era la carne humana. Tras las matanzas de las primeras ofensivas en las que la artillería y las ametralladoras modernas se cobraron su peaje de sangre, el barro, el frío y las trincheras cada vez más profundas estabilizaron una línea que aún duraría cuatro años desde la frontera suiza a la costa del Canal.

Frente a frente quedaron muchachos que veían cómo los del bando contrario sufrían igual que ellos intentando mantenerse calientes según el clima iba empeorando. Pero su obligación, lo que se les exigía, era matar a aquel bávaro que se arreglaba todos los días sus frondosas patillas o al simpático galés que recorría por las mañanas las posiciones de sus compañeros repartiendo té.

Cuando en la víspera de Navidad comenzaron a aparecer extrañas luces a lo largo de las trincheras alemanas, los ingleses se temieron que ni siquiera en Nochebuena podrían escapar de aquella locura y les tocaría rechazar un ataque: “Hoy no, jodidos hunos, hoy también no…”. Súbitamente cesaron todos los ruidos de preparación que venían desde las líneas germanas; pero en vez de la esperada barrera artillera, lo que llenó el aire helado de Flandes fue el Stille Nacht, Heilige NachtLas lucecitas que presagiaban un avance era en realidad velas adornando miles de pequeños arboles y el ajetreo, la cena de Navidad.

El recuerdo de los familiares y amigos con los que no podrían pasar ese día tan especial a un lado y otro del frente se unió entonces al hartazgo de la guerra y los asombrados tommys no dudaron un instante en unirse a sus enemigos. Donde apenas unas horas antes a cada bala se respondía con otra bala, ahora se respondía villancico por villancico. Las gaitas escocesas acompañaban a las canciones alemanas y las luces del Kaiser iluminaban la tierra de nadie dando al momento ese toque mágico que aunque a veces no queramos reconocer tiene la Nochebuena. Espontáneamente e ignorando las advertencias de sus oficiales 100 000 hombres, a lo largo de kilómetros de alambre de espino, habían decidido que ellos también tendrían su Noche de Paz ese año.

Amaneció el Día de Navidad y la camaradería seguía instalada en el ambiente. Algunos atrevidos salían desarmados de sus refugios, pero por primera vez en semanas nadie les disparaba. Al ver esto desde enfrente se animaban a salir otros pocos y cada vez más y más cerca. Tímidamente unos y otros iban acercándose sin saber muy bien qué hacer o qué decirle a ese tipo al que te habían enseñado a odiar. Y entonces, desde alguna parte del sector inglés, alguien pegó una patada a un balón lanzándolo hacia los alemanes. El fútbol acudió al rescate y los teutones recogieron el guante: basta de obuses, al menos en Navidad, solucionarían sus disputas con goles. Mientras se elegían los onces, el resto del frente tendía la mano al otro, se intercambiaban botones de recuerdo, se hacían fotos juntos, los barberos afeitaban y cortaban el pelo a navaja al enemigo y como buenamente podían se contaban chistes y se felicitaban las fiestas. Todos reían cuando los recios prusianos defendían a muerte la bondad del tabaco turco que pretendían canjear por el virginiano de los isleños, y los corrillos internacionales se formaban alegremente alrededor del té que calentaba a los espectadores. El partido fue muy disputado y costó buscar un 100×70 más o menos liso entre tanto cráter de explosiones, pero quienes llevaban meses pegándose tiros ni siquiera necesitaron un árbitro. Como era de prever, ganaron los alemanes 3-2. Al menos al fútbol ya sabéis que siempre gana Alemania.

Durante el resto de la guerra los mandos se preocuparon de que algo así no volviese a suceder, de que los soldados no comprobasen que ‘el enemigo’ era como ellos, que todos echaban de menos el pudding y el ponche de sus madres, que eran los mismos veinteañeros que habían presumido de novia enseñándole las fotos al de la ametralladora de enfrente. Al terminar el día 25, desde los cuarteles generales se ordenó que no se tolerase ni una confraternización con el enemigo y que cualquier acto de este tipo fuese severamente castigado, incluso con la amenaza del pelotón de fusilamiento. Algunos oficiales permitieron que el milagro durase un par de días más pero en general la esperanza había durado poco, y durante el Boxing Day se reanudaron los combates.

Los hombres que vivieron aquel día han contado que por nada del mundo se lo hubiesen perdido, que fue la mejor Navidad de sus vidas incluso lejos de los suyos y en un paisaje tan desolador. O precisamente por eso. La Tregua de Navidad fue despreciada y silenciada por las altas esferas y tachada de falta de patriotismo en muchos periódicos, pero con el tiempo se convirtió en un mito y en una referencia obligada para comprender lo absurda que puede llegar a ser la guerra —al menos esta lo fue porque hay guerras que sí merecen ser luchadas—. Te dan un fusil y te dicen que tienes que matar al que está frente a ti sin que te haya hecho nada personal, sin saber ni quién es ni quién puede llegar a ser, como diría William Munny. La Navidad obró este milagro: que cien mil hombres se diesen cuenta de que tenían en común más cosas de las que los separaban, y se negaron a semejante idiotez. Quién sabe qué hubiese ocurrido si hubiesen sido un millón.

Feliz Navidad a todos.

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14 comentarios

  1. POr si no la habís visto: Joyeux Noël (Feliz Navidad, 2005)
    http://www.youtube.com/watch?v=aaJcSNBh-ok&feature=related

  2. Silvi_ta

    Ha estado usted cumbre!

  3. Galahat

    Es una historia que siempre me ha parecido fascinante y no sé por qué no ha tenido la debida repercusión. Representa a la perfección el sinsentido de la guerra.

  4. Gran historia. ¿Dónde fue?

  5. Seguro que todos la conocéis pero por si acaso…
    Pipes of peace – Paul McCartney
    http://www.youtube.com/watch?v=sa7Wwmuo9yY

  6. Qué bonito, ostia…

  7. Una historia muy emotiva de la que nunca había oido hablar. Intentaré ver la película que ha comentado Kike.

    ¡Gran artículo!

  8. javimgol

    Preciosa historia. Felicidades al Sr. Espuny

  9. Me recuerda el principio del Viaje al final de la noche de Celine :)

  10. La historia está bien pero la foto es de soldados británicos jugando al fútbol en Salónica durante la I Guerra Mundial.

    http://www.iwm.org.uk/collections/item/object/205195297

  11. Recuerdo que cuando era niño, mi vecino “Pepe” un anciano ya, contaba una historia muy similar esta vez en verano, en un frente olvidado en el que niguno de los bandos tenia orden de avanzar, durante la guerra civil española.

  12. Pingback: El espíritu de la Navidad | el calzador

  13. Dagonde

    Una de mis historias bélicas preferidas narrada de forma impecable. Felicidades.

  14. El espíritu de la paz, aunque vapuleado, ignorado, continuamente roto por intereses tales como los nacionalismos, la intolerancia, el poder, la vanidad, la avidez, a veces se presenta cuando menos lo pensamos. Como siempre, excelente artículo. De esperanza.

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