Rafael Vives: El libro que leería durante la película que no puedo perderme

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Es una obviedad recordar que existen millones de libros, muchos de ellos dignos de recomendación y de obligada lectura. A la hora de seleccionar solo uno creo necesario que el elegido sea uno de esos volúmenes que, amén de contar con una prosa y una historia brillantes, suponga una especie de punto y aparte, una inflexión, un reseteo en nuestra manera de percibir la vida. Por ello, de entre esos incunables que nos marcan y moldean, creo que todos deberíamos, al menos una vez durante nuestra existencia lúcida, sumergirnos en el horror de Se questo è un uomo (Si esto es un hombre) del italiano Primo Levi.

Primo Levi, químico turinés de origen judío y a la postre escritor por imperativo de la desgracia, fue enviado en 1944 al campo de exterminio de Auschwitz, infierno en el que pasó diez meses. De sus 650 compañeros de viaje, él fue de los 20 que sobrevivieron para contarlo. Y vaya si lo contó.

Si esto es un hombre dibuja una experiencia autobiográfica, sin artificios ni heroicidades, que irrumpe de forma irremediable en cada rincón de nuestra conciencia para revolverla de principio a fin. Lo más inaudito, y con el paso del tiempo valorable, es que Primo Levi no juzga, no opina, no parte desde ese poso de odio y venganza del que cualquiera partiría. Solo narra. Solo relata lo sucedido mediante una pluma prodigiosa y una capacidad descriptiva que nos hace partícipes in situ de su día a día. Oscuro pero optimista, Levi expone con todo detalle la inexplicable deshumanización del ser, su miseria, su destrucción y su lucha casi platónica por la supervivencia. De su mano entramos en los barracones del Lager, vivimos la selección obscena y aleatoria que dictamina el fin y llegamos a oler los efluvios de la hiperactiva cámara de gas. Sufrimos la realidad del campo de aniquilación y comprendemos que, en su brutal efectividad, incluso antes que la vida, ya ha aniquilado los sueños, la razón y la dignidad. Partimos de tocar fondo, de lo más miserable de la condición humana y recorremos, una a una, las aristas de la crueldad, la esperanza, la incomprensión, la solidaridad, la fe y, en definitiva, cada uno de los umbrales internos y externos de una persona. Se trata, sin duda, de uno de esos libros que nos enseñan a relativizar y quedan para siempre inoculados en nuestra memoria.

Debemos andar derechos, sin arrastrar los zuecos, no ya en acatamiento de la disciplina prusiana sino para seguir vivos, para no empezar a morir.”

Y ahora llega el momento de la inmersión en el ámbito del séptimo arte. Aún a sabiendas de la existencia de obligados referentes tales como Los albóndigas en remojo, Porkys 2 y Aquí llega Condemor, el pecador de la pradera, creo oportuno recomendar un título algo menos pretencioso pero a mi entender imprescindible. Hablo de una película en toda su concepción simple y hermosa, un regalo, una auténtica proeza del cine actual que debe permanecer para siempre entre las cintas a recordar; The Straight Story (Una historia verdadera). David Lynch. 1999.

El director de Montana se aparta en esta ocasión de sus turbias (y para muchos elogiables) pajas mentales para trasladarnos una historia nítida, sencilla, real y de una humanidad encomiable. En una portentosa interpretación, Richard Farnsworth engulle la pantalla para presentarnos a Alvin Straight, 70 años, viudo, achacoso y casi consumido por su profunda Iowa. Al conocer que su hermano con el que lleva una década sin relacionarse ha sufrido un infarto, arranca su máquina cortacésped y decide recorrer subido en ella 500 kilómetros para visitarlo. Así empieza todo. Así nos atrapa esta comprometida road movie, esta original aventura desde el ocaso cuya cadencia y simbología nos permitirá disfrutar de ella plano a plano. El lento avance de un personaje que se queda sin tiempo va desgranando la naturaleza de una América tosca y costumbrista, sus paisajes, su sicología, sus temores y su modo de entender la vida. Un ejercicio de continua introspección salpicado de encuentros, dificultades, retos, miedos y confesiones. Lynch sorprende por el humilde y delicado tratamiento con el que envuelve esta historia cruda pero esperanzadora, terminal pero optimista.

The Straight Story nos mece a lo largo de sus 111 minutos en una franca y sobresaliente degustación de emociones. Y eso, hoy en día, está al alcance de muy pocas obras.

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7 comentarios

  1. En efecto. Gracias por recordarnos ambas proezas :)

  2. El libro no lo he leído (de momento), pero con la película coincido totalmente; pocas cosas me han llegado a emocionar tanto como el viaje del anciano.

  3. pablo mr

    Es muy interesante comparar los libros de Primo Levi «Los hundidos y los salvados», Jean Amery «Más allá de la culpa y la expiación» y Viktor Frankl «El hombre en busca del sentido».
    Los tres libros tratan sobre sus experiencias en los campos de concentración y cómo les marcó, pero desde diferentes actitudes ante la vida (y la fe). Primo Levi y Jean Amery se suicidaron. Viktor Frankl transmite ganas de vivir. Adivinen cuál tenía mayor espitualidad.
    Si alguien sólo se lee a Primo Levi o a Jean Amery no me extraña que no tenga ni idea de para qué sirve la fe.

  4. No hay que olvidar la BSO de Angelo Badalamenti, una preciosidad de principio a fin.

  5. Alfredo

    La mejor interpretación que haya hecho un actor de un hombre (Oti Rodríguez Marchante)

  6. Jorge M.

    Joder, sí a todo. No puedo estar más de acuerdo. El libro me tuvo obsesionado toda la adolescencia. Y la película…en fin, esa escena final, ese reencuentro.. Un saludo Rafael, y gracias.

  7. Blackadder

    Mi amigo D torció el gesto cuando le recomendé ‘The Straight Story’ escarmentado de esas ‘pajas mentales’ (en palabras del autor) de Lynch.
    Le gustó mucho claro y empezó a hablar con más respeto de DL.
    Siempre he imaginado que DL, harto de Los críticos de cine que le reprochaban ser incapaz de contar una historia sin doblezes (a straight story) les lanzó esa maravilla llena de humanidad para cerrarles la boca.

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